Posted On 18/08/2021 By In Entrevista, Opinión, Pastoral, portada With 427 Views

Misionar en contextos marginales. Una mirada luterana contextual | Maximiliano Kim – Gabriel Burgueño

Comparto la entrevista que me realizó Maximiliano Kim que fue publicada tanto en Peregrino Protestante  como en el circuito de ALIM (Alianza Luterana Internacional para la Misión)..

 

Tengo el agrado de entrevistar brevemente a un pastor y amigo que está viviendo en Mar del Plata, que tiene un corazón dirigido a servir a los “olvidados y marginados” de la sociedad, para suplir sus necesidades y, que conozcan a aquel que dio su vida para que tengamos salvación y vida eterna: Jesucristo.

Es raro encontrarse con un pastor de tradición protestante, que haga el trabajo que comúnmente hacen los famosos “curas villeros” en el conurbano de Bs As, o las iglesias pentecostales.

Es sin lugar a dudas, un tipo desafiante de las estructuras institucionales, que, según él, en la mayoría de los casos entorpecen la misión; y están más preocupados por mantener dentro de sus puertas a la feligresía que hacer misión.

En esta breve entrevista sentiremos el desafío de un hombre que se denomina así mismo “un hijo de vecino”, “un tipo de clase obrera” y “un pastor de los olvidados”.

(Pastor Gabriel y su esposa con “Cachi”)

 

M (Maximiliano Kim): ¿Quién es usted?

G (Gabriel Burgueño): Mi nombre es Gabriel Burgueño, y soy esposo de Natacha; padre de Esperanza y Amelia. Soy pastor de dos misiones de tradición luterana, en proceso de incorporación a IELA (Iglesia Evangélica Luterana Argentina). También estudiante de Licenciatura y profesorado universitario de Teología, en la Universidad Católica de Mar del Plata (EUT).

Fui ordenado hace 3 años, dentro de la tradición presbiteriana por miembros de la comunidad presbiteriana de Corea, China y Argentina. Hace casi 5 años que trabajo como plantador de iglesias en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina.

 

M: ¿Qué misión hace en Mar del Plata?

G: Nuestra misión en Mar del Plata es compleja. Desde el primer momento Dios nos llamó a trabajar en contextos de marginalidad. Cuando digo marginalidad digo muchas cosas, no solo pobreza material, hablo de pobreza estructural, sistemática y que penetra todas las esferas de la persona. Nuestra comunidad sufre de problemas graves de infraestructura, educación, salud, higiene, violencia de género, infantil, víctimas de abuso sexual, discapacidad, trastornos de la personalidad, problemas de aprendizaje, etc…

En nuestra misión hablamos de altos índices de delincuencia (visitas a la cárcel, trabajo de reincorporación social, etc.), hablamos de altos índices de adicciones (asesoramiento a padres con hijos adictos, trabajo con jóvenes atrapados en adicciones, acompañamiento en el proceso penal, etc.), hablamos de altos índices de analfabetismo y problemas de aprendizaje (trabajo de alfabetización, ayuda escolar, acompañamiento terapéutico para problemas de aprendizaje), hablamos de altos índices de abuso sexual infantil, prostitución, falta de educación sexual en adolescentes (acompañamiento de víctimas de abuso sexual en el proceso de restauración emocional y en el proceso penal, trabajo con personas de la comunidad LGBTI+ en contextos marginales, educación ética y moral de la sexualidad en adolescentes).

Estos son algunos de los problemas que nos enfrentamos día a día en la Misión Luterana San Agustín, donde tenemos comedor social y asistencia material (ropa, calzado, alimentos, leña, medicamentos, acondicionamiento de hogares en contextos de “villas”, etc.)

El trabajo es inagotable, la necesidad es inmensa, pero entre toda esa acción social, no olvidamos la enseñanza bíblica. Nuestra Escuelita Bíblica brinda catequesis a más de 25 niños, en el comedor practicamos la oración y compartimos reflexiones bíblicas antes de repartir los alimentos. De esa manera nuestro trabajo es catequético y social, siguiendo los pasos del Maestro.

Todo esto lo realizamos prácticamente solos, la Misión Luterana Esmirna (Misión fundacional) que cuenta con solo 15 miembros, realiza esta titánica tarea. También tenemos hermanos bautistas, pentecostales y católicos que nos envían ayudas de diferentes puntos de América, gracias a ellos pudimos crecer y ayudar a más de 50 familias olvidadas por el estado, la iglesia y la sociedad.

 

M: ¿Qué necesidades hay?

G: Ufff, que necesidades no hay, jajaja. Mira, aprovecho para aclarar algo, nosotros no hacemos asistencialismo como hacen los demagogos. Para nosotros, la misión significa compromiso con las realidades personales de cada uno de aquellos que son alcanzados por nuestro trabajo. Para nosotros cada persona de la misión, tiene nombre y apellido, su realidad es la nuestra, no buscamos hacer prosélitos ni dar ayuda a cambio de un asentimiento obligado a nuestra fe luterana. A la misión y a mí nos importan las personas, y eso nos lleva a trabajar no solo en suplir necesidades físicas y espirituales, sino también a trabajar en una reconfiguración cultural de los valores y el trabajo.

Así que nuestra necesidad primeramente es de trabajo para nuestros jóvenes. Necesitamos que se creen oportunidades para que nuestros pibes, estigmatizados por su aspecto, su forma de hablar, sus expresiones y otro tipo de actos discriminatorios, puedan realizarse como ciudadanos honestos y alcanzar su propio proyecto de vida. La segunda necesidad es monetaria, puesto que darle de comer tres veces por semana a 60 personas no es fácil, tampoco lo es con los gastos derivados que surgen, como medicamentos, leña para el frio o materiales de construcción para dignificar a nuestros hermanos. Pocos saben que yo no recibo ayuda económica de ninguna institución, que trabajo para ganarme mi pan y el de mi familia 60 horas semanales; y que toda la misión se sostiene “a pulmón”. La tercera necesidad es de humanos, necesitamos humanos que se quieran sumar al proyecto, profesionales de la salud, psicólogos, personas con oficios, etc… “La mies es mucha pero los obreros son pocos”.

M: ¿Algún comentario que quisieras compartir?

G: Sí, tengo uno. Es una exhortación pastoral a salir del confort social en el que nos encontramos. La mayoría de nosotros tenemos vidas cómodas y con más de lo que necesitamos, pero justificamos nuestra falta de acción social por medio de eufemismos que brotan de una mentalidad atravesada por un discurso individualista y meta-capitalista -no soy de izquierda aclaro- claramente anti-cristiano. San Agustín dijo: “Averigua cuánto te ha dado Dios y de eso toma lo que necesitas, el resto lo necesitan los demás”.

Mi llamado es salir de nuestro cristianismo aburguesado, romper con los paradigmas del hiper-individualismo y salir a misionar la vida. Quiero más botas embarradas, más lagrimas como ornamento santo que preocupaciones superfluas, más compasión por aquellos que no se han desarrollado en un marco ético y moral como el nuestro, más caridad y entrega con aquellos que han sido sistemáticamente pobreados, generaciones enteras de hermanos que fueron empobrecidos en todas las esferas de la vida por la ambición de unos pocos. En simples palabras, negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y vivir una vida de misión constante.

 

M: ¡Muchas gracias por tu tiempo! ¡Espero que esta nota haya servido para concientizarnos y movilizarnos para la misión que nos encomendó nuestro Señor Jesucristo!

 

Gabriel Burgueño

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