Posted On 16/02/2022 By In Biblia, portada With 819 Views

Una Inerrancia tan vulnerable | Alfonso Ropero

Con cuatro décadas de enseñanza teológica a sus espaldas en el Seminario Teológico Westminster de Filadelfia; seis títulos académicos de postgrado y doctorado, uno de ellos de matemáticas en la Universidad de Harvard, y autor de numerosos libros y artículos sobre la interpretación bíblica, idiomas, y ciencia, Vern Sheridan Poythress se convierte en uno de esos modelos del evangelicalismo americano de calidad y excelencia. Recientemente dos de sus obras han sido traducidas y publicadas en castellano: Inerrancia y cosmovisión. Respondiendo a los desafíos modernos contra la Biblia (2021) y Redimiendo la filosofía. Un enfoque centrado en Dios sobre las grandes preguntas (2020), ambos publicados por la nueva editorial peruana afincada en Lima, Teología para Vivir.

Me gustaría centrarme en el primer libro, dada su relación con otros artículos previamente publicados en este medio que tienen que ver con el tema de la inerrancia bíblica. Dada la relevancia intelectual del Dr. Vern S. Poythress es evidente que no podemos ignorarlo, si queremos tener una visión más completa de la doctrina de la inerrancia defendida en el mundo académico evangélico. Su obra, además, ha sido grandemente elogiada por un buen número de teólogos y pastores de peso en la opinión evangélica general. Así, por ejemplo, Wayne Grudem escribe:

“No puedo pensar en nadie en el mundo mejor calificado para escribir una defensa de la inerrancia bíblica que Vern Poythress. Este libro no es una defensa ordinaria de la inerrancia que simplemente se centra en las soluciones propuestas para varios versículos difíciles; se trata más bien de un exhaustivo análisis que expone los supuestos intelectuales defectuosos que subyacen a los desafíos a la Biblia desde cada una de las principales disciplinas académicas del mundo universitario moderno”.

Y el veterano John M. Frame, filósofo y teólogo calvinista:

“Vern Poythress ha escrito lo que considero libros definitivos sobre muchos temas… En Inerrancia y cosmovisión demuestra de manera convincente que la cuestión de la inerrancia no es solo una cuestión de analizar un pasaje bíblico u otro, sino que la inerrancia depende de nuestra actitud y relación con Dios. El libro profundiza en la cuestión de la inerrancia como ningún otro libro que he conocido”.

Discrepar de esta elogiosas recomendaciones parece un atrevimiento descabellado y una falta de respeto. Para ser honestos, la verdad es que resulta casi imposible rebatir la defensa de Poythress de la inerrancia bíblica. Y esto por un motivo fácil de comprender y totalmente objetivo. Poythress no dice nada de ella, pese a la promesa del título. En las 300 páginas de texto de su libro, no dedica ni una sola al estudio del tema para el cual el lector desprevenido se ha propuesto comprar el libro y leerlo. O como escribe Dave Jenkins:

“Cuando algunas personas leen el título Inerrancia y cosmovisión pensarán que van a leer un libro sobre la inerrancia en sí, pero tal idea sería errónea. Este libro no trata de la inerrancia, sino de los efectos de la inerrancia en relación con la visión del mundo. En otras palabras, Inerrancia y cosmovisión no fue escrito para abordar la cuestión de la inerrancia, sino para entender cómo la inerrancia es atacada por las cosmovisiones en competencia”[1].

Esto explica que Frame nos aclare que en esta obra “la inerrancia no es solo una cuestión de analizar un pasaje bíblico u otro, sino que la inerrancia depende de nuestra actitud y relación con Dios”, una forma más bien extraña de defender una idea; y algo intimidante: si alguien no concuerda con la manera de ver de estos señores es porque tiene un problema con Dios. Extraña manea de hacer teología, pero…

 

Apologética presuposicional

Pero se entiende perfectamente dados los presupuestos de los que parte el autor y su escuela. Fiel seguidor de las ideas de Cornelius Van Til (1895-1987), teólogo filósofo calvinista, padre de la llamada apologética presuposicional, una especie de panacea ideológica cristiana que cierra todos los debates intelectuales a favor de Dios, aparte de ser considerada por su mentor la única apologética fiel a los principios de la Reforma desde el siglo XVI. En mi juventud dediqué mucho tiempo al estudio de la obra de Van Til y sobre Van Til; en mi primera obra sobre filosofía lo tengo siempre en mi mente como interlocutor y antagonista[2]. No vamos a hablar de esto ahora, excepto en lo que toca al tema que nos ocupa, la inerrancia bíblica.

De momento baste saber que la apologética presuposicional mantiene que no hay ninguna producción intelectual que no parta de presupuestos. Todas razonan y argumentas en base a presupuestos determinados. Como escribe Vern Poythress a lo largo de su obra: “Parte del desafío en la búsqueda de la verdad es que todos lo hacemos sobre el trasfondo de las suposiciones sobre la verdad”[3]. Debido a que la mayoría de las cosmovisiones modernas parten de presupuestos ateos y materialistas, son contrarias a la cosmovisión bíblica, que parte del supuesto de la existencia de un Dios personal. Con estas indicaciones no se dice nada nuevo que la filosofía no haya tenido en cuenta desde hace siglos. De hecho, la apologética presuposicional es una perogrullada. Desde Descartes en adelante sabemos que todo juicio es el resultante de un prejuicio. Es decir un juicio basado en ideas previas o fundacionales que colorean y determinan nuestros fallos y veredictos. Por eso la labor primera de la filosofía es juzgar, poner en cuestión, todos los saberes que son resultado de prejuicios y presupuesto asumidos acríticamente, ya sea por el peso de la autoridad o de la tradición. La filosofía siempre ha sido una tarea de demolición y construcción continua, de modo tal que nadie puede defenderse apelando a que sus presupuestos son tan válidos como los de las demás. Parapetarse en tan débil escudo es condenarse a no ser tenido en cuenta por oscurantista. Pues, en el debate de las ideas lo que cuenta es el debate racional sobre los presupuestos, su disección y su formulación argumentativa racional y lógica. Nadie puede escudarse en sus presupuestos para defenderse y rechazar los opuestos sin antes haberlos sometido a crítica y prueba. El presuposicionalismo —¡manudo palabro!— comporta una actitud totalmente anti-intelectual y ajena a la realidad, bajo la coartada de que ya todos parten, o partimos de presupuestos, todos están o estamos en el mismo nivel de credibilidad. Ni mucho menos, si el mundo ha avanzado, ha sido gracias a los valientes que se han atrevido a cuestionar los viejos credos, los presupuestos tradicionales, de modo que se pueda renacer a un nuevo credo más conforme al proceso dialéctico del saber humano en su evolución histórica. Así fue el paso del mito a la razón; de la Antigua Alianza a la Nueva Alianza; del geocentrismo al heliocentrismo; del escolasticismo decadente al reformismo protestante. Para que el presuposicionalismo funcione correctamente debe partir de un análisis crítico y racional de su presupuesto. Lo que en teología equivaldría a la teología fundamental.

La apologética presuposicional se vuelve inoperante cuando se cierra por completo al diálogo, no hay puentes que sirvan para cruzar de una orilla a otra, la comunicación entre el regenerado y el no regenerado es imposible, no hay puntos de relación posibles; la correlación es un método contrario a la fe, nos aseguran. ¿Qué comunión puede haber entre la luz y las tinieblas? Por eso, este tipo de apologética tiene más de predicación y de exhortación moral que de argumentación racional, como se observa en la obra de Van Til y Poythress, por ejemplo, que hacen más de evangelistas que de apologistas, apelando al pecado, y al mismo diablo, y la no regeneración como incapacidad para hacer un uso correcto del intelecto. A algunos les puede sonar a muy piadoso, pero es un contraproducente procedimiento sectario, que viene a decir: nuestros supuestos son verdaderos; el resto, equivocados. Así, cuando Poythress en esta obra dedicada la inerrancia y la cosmosivión bíblica poner en guardia respecto a los peligros del orgullo, y habla de aquellos que se “convierten en pequeños dioses que quieren recibir la alabanza que se debe a Dios”, está entrando en aguas pantanosas, de las que la historia de la Iglesia nos ofrece lecciones estremecedoras[4].

Y menos todavía hace una favor a la credibilidad del pensamiento cristiano en general cuando señala a “los científicos como un ejemplo de orgullo”[5]. No es esta una manera muy educada de argumentar la verdad de la fe, esa misma fe que nos enseña que la soberbia, el orgullo, el prejuicio, está tan enraizado en los teólogos como en los filósofos  o los científicos. Este lenguaje tiene un viejo resabio clerical, que olvida que el engreimiento ha estado siempre presente entre los religiosos más prominentes, con el consabido odio teológico por cuestiones de diferencia doctrinal.

A Francis Bacon debemos el método científico moderno, a él se debe la crítica de lo que el llamaba “ídolos”, o sea, los prejuicios, presupuestos o nociones falsas sustentadas por los pueblos que detienen o impiden el avance del conocimiento. Erradicar los ídolos de manera absoluta es casi imposible, pero si puede destruir el control que ejercen en la humanidad mediante una especie de método inductivo, consistente en la observación sistemática de hechos particulares que evita conclusiones generales, apresuradas y sin fundamento. El cristianismo en general, y el protestantismo en particular, no puede exigir a otro lo que no se permite a sí mismo, a saber, aceptar ideas o creencias sin un previo libre examen. Sin coartadas ni amenazas. El libre examen es parte constitutiva de una fe personal y responsable.

 

La inerrancia a prueba

Ya he mencionado que Poythress no escribe directamente de la inerrancia, sino que la sostiene siempre en el trasfondo como una verdad que da por supuesto, en cuanto Dios es el autor de la Biblia. En una ocasión hace referencia a su antiguo compañero de cátedra Peter Enns[6], cuando dice: “Algunas voces atacan directamente la inerrancia; otras la redefinen. Algunas de las nuevas voces nos dicen que tenemos que pensar más a fondo la humanidad de la Escritura[7], alusión clara a la obra de Enns[8].

La Biblia proviene de Dios, afirma Poythress, aunque “la forma en que los seres humanos participaron en la producción de la Biblia es profundamente misteriosa”[9]. La Biblia, pues, en cuanto revelación divina no puede estar sometida a las cambiantes revelaciones de la ciencia, sino al contrario. La Biblia es el fundamento último de toda verdad no solo en cuestiones de religión o moral, sino de historia y ciencia también. La Biblia tiene prioridad sobre la ciencia. “Tomar en serio la propia cosmovisión de la Biblia y no imponer ideas de la cosmovisión moderna, ayuda a disolver muchas de las supuestas dificultades”[10], o contradicciones con la ciencia. Esto está bien como una declaración de intenciones, un hermoso ideal que debería ser sometido a la prueba de su adecuación a la realidad. Vern Poythress nos facilita el trabajo de comprobación al referirse a los “días de la creación” como foco de atención. Haciendo concesiones a sus lectores más fieles al literalismo de la Biblia, Poythress considera que es viable admitir un universo relativamente joven, pese a los 13.700 millones de años que le atribuyen los científicos, gracias al enfoque de la teoría creacionista de la creación madura. “Esta teoría dice que, según Génesis 2, Dios creó a Adán y Eva como adultos maduros, en lugar de como bebés. Por lo tanto, Dios puede haber creado todo el universo en un estado maduro. Adán y Eva habrían parecido tener veinte años justo después de haber sido creados”[11], pero esta edad, como la de la tierra y el universo es solamente aparente, porque Dios los creó maduros[12].

Poythress ya había escrito sobre estos temas en dos obras anteriores: Interpreting Eden y Redeeming Science, en los que asentó el principio de que “la Biblia tiene la primacía respecto a la ciencia”. Así que, digan lo que digan los antropólogos e historiadores del mundo antiguo, el Génesis es un relato histórico real[13], y Adán es presentado no solo como una figura histórica, sino también como el primer hombre, que no desciende de los simios, sino que fue creado directamente por Dios a partir del polvo[14].

Para no caer en evidentes conflictos con la ciencia más elemental, Poythress defiende la postura de que el Génesis describe los fenómenos naturales desde la perspectiva de los observadores ordinarios, y no está “teorizando” sobre cuestiones científicas modernas más técnicas[15].  En Interpreting Eden, Poythress  afirma que “los seis días pueden interpretarse como «días de trabajo» de Dios, los tiempos de su actividad personal”[16], concepto que apunta en Inerrancia y cosmovisión, pero sin mucho desarrollo, pues esta obra parece estar escrita con algo de prisa, con capítulos muy breves y con argumentos muy de corrido, pero en Interpreting Eden insistía en que “Génesis 1 no especifica la duración de cada día, medida por un cronómetro tecnológico moderno”[17], lo cual le ganó la crítica de sus amigos creacionistas:

“Poythress propone nuevas definiciones para estas palabras [día, mañana, noche], pero toda su argumentación depende de la afirmación errónea de que «día» no puede significar una unidad de tiempo definido a menos que la norma para su medición esté presente durante el período al que se aplica el término. Como ya se ha mostrado anteriormente, esto no es así. Más bien, las pistas del contexto en el Génesis exigen que los días de la creación signifiquen el tiempo que regularmente toma un ciclo completo de luz (día) y oscuridad (noche). Por lo tanto, se refieren a períodos de tiempo de 24 horas”[18].

En Redeeming Science, Poythress elude la discusión sobre el significado de la palabra día, haciéndose la siguiente pregunta: ¿Qué más ganamos al pensar que Dios creó el mundo en el espacio de 144 horas, en lugar de 24 horas, o una hora, o 48 horas, o 3 años, o mil millones de años? En realidad, no mucho. La cantidad exacta de tiempo no supone ninguna diferencia teológica”[19]. En Inerrancia y cosmovisión también elude este debate, ya decimos que es un libro escrito con prisa, y se limita a reseñar la teoría de la creación madura, dando por supuesta su viabilidad. Si así es, ¿cómo se puede afirmar honestamente que la Biblia tiene prioridad sobre la ciencia? No sé si es consciente de que esto significaría el fin de toda investigación científica, pues Dios, en lugar de ser la fuerza que fundamente nuestras capacidades intelectuales, sería el Gran Prestidigitador que juega con nosotros. Dios el ilusionista, que en un corto espacio de tiempo crea el Universo con apariencia de miles de millones de años para entretenimiento especulador de astrónomos, astrofísicos y matemáticos. ¿Cómo se puede decir seriamente, entonces, que la cosmovisión bíblica ayuda a la investigación científica? Resulta difícil tomarse en serio la primacía de la Biblia sobre cuestiones de ciencia, y más aún cuando se argumenta de esta manera. ¿Se puede deducir del relato literal de Genésis 1 la naturaleza de la luz, de los átomos, de la realidad creada? ¿La radiación fósil es deducible del «hágase la luz», o es también mera apariencia?

Por contraste, leamos a modo de ejemplo lo que dice el astrofísico Trinh Xuan Thuan (por cierto, cristiano) de los 380.000 primeros años del Universo. En ese tiempo «el universo estaba inmerso en una sopa de partículas elementales (protones, neutrones, electrones, neutrinos, fotones y sus antipartículas). Los átomos aún no existían. Los electrones campaban libres e impedían la libre circulación de fotones. Como la luz no podía propagarse a través de la tupida jungla de electrones, el universo era opaco, como sumergido en una densa niebla. Solo en el año 380.000 el universo se enfrió lo suficiente para permitir que se formaran átomos. Desde entonces, los electrones atrapados en los átomos ya no actuaban como barrera para los fotones, y la luz pudo circular libremente y el universo de hizo transparente”[20]. Esta es una descripción sublime de un lirismo transcendental, y me pregunto qué deberá su redacción a la lectura literal de la Biblia, sin que niegue la importancia de la Biblia para el estudio personal de cada cual. Pero cada cosa en su sitio, dando honor a quien se merece honor, dejando a los científicos que lleven a cabo su trabajo como solo ellos saben hacer.

 

Lo que la inerrancia realmente es

Para no alargar demasiado este artículo digamos sumariamente que no se puede ir por el mundo repartiendo excomuniones a todo aquel que discrepe en su manera de ver y concebir una doctrina. La inerrancia bíblica es una doctrina universal y común a católicos, protestantes y ortodoxos, y si bien es cierto que en estos últimos años, a la luz del creciente conocimiento científico e histórico, los teólogos han ido redefiniendo la idea de la inerrancia, prefiriendo otros término como veracidad y fiabilidad de la Escritura, en cuanto consecuencia lógica de la inspiración divina, la cual no puede engañar, ni errar, en aquello para cuyo propósito ha acompañado a los autores sagrados. Es verdaderamente indecente y ofensivo lanzar el bulo que tales teólogos enseñan que la Biblia contiene errores y que nos fiable. Demonizar al contrario o hacer de él una caricatura no es muy cristiano que digamos. Que uno niegue la manera estrecha y generalmente sectaria de considerar las verdades bíblicas, no implica que se aponga a la enseñanza bíblica, sino a la manera del que la expone con pretensiones de infalibilidad.

Como en su día dijo Derek Kidner, tratar de correlacionar los datos de las Escrituras y la naturaleza —pues es posible correlaciar las verdades de fe con las verdades naturales—, “no es deshonrar la autoridad bíblica, sino honrar a Dios como Creador y afrontar nuestra legítima tarea de interpretar sus formas de hablar… Estamos afirmando nuestra propia infalibilidad, no la de las Escrituras, cuando nos negamos a comparar nuestras respuestas con las de la investigación independiente”[21]. Y ahí está el problema, que tenemos muchos aprendices de inquisidor jugando a ser dios.

Para terminar con una frase de un gran historiador del dogma cristiano y un gran teólogo en sí mismo, Jaroslav Pelikan, que nos sitúa en la perspectiva correcta del debate sobre la inerrancia, dejando a un lado presuposiciones e ídolos de secta:

“La Biblia no pretende ser una historia universal de la totalidad de la raza humana, y mucho menos una cosmogonía que explique la estructura y las leyes del universo físico y biológico —¿cómo podría una cosmogonía incluso mínima, teniendo como base la minuciosa y docta astronomía del Oriente Próximo, contentarse con incluir la frase “y las estrellas” como explicación de lo que otro capítulo posterior del mismo Génesis reconoce como estrellas innumerables, y dejarlo así?—; muy al contrario, la Biblia aparta constantemente nuestra atención de la cosmogonía, ya sea mitológica o científica, y la dirige hacia la especial relación entre Dios y la raza humana”[22].

 


[1] https://apologetics315.com/2013/08/book-review-inerrancy-and-worldview-by-vern-poythress/

[2] A. Ropero, Filosofía y cristianismo. Pensamiento integral e integrador. CLIE, Barcelona 1997.

[3] Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 13. Teología para Vivir, Lima 2021.

[4] Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 269.

[5] Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 271.

[6] De cuyo personaje ya tuvimos oportunidad de escribir en un artículo anterior, https://www.lupaprotestante.com/el-caso-de-peter-enns-el-conflicto-de-la-inerrancia-biblica-alfonso-ropero/

[7] V. Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 2.

[8] P. Enns, Inspiration and Incarnation: Evangelicals and the Problem of the Old Testament. Baker Academic, Grand Rapids 2005

[9] Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 175. La verdad es que esta manera de expresarse en muy proclive a malinterpretarse, ya que deja en un muy segundo plano a los autores materiales de la Escritura.

[10] Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 266.

[11] Poythress, Inerrancia y cosmovisión, p. 40.

[12] Id., p. 41.

[13] Poythress, Interpreting Eden. A guide to faithfully reading and understanding Genesis 1-3, p. 124. Crossway, Wheaton 2019.

[14] Id., pp. 191-194. Véase El Adán histórico y la inerrancia bíblica, https://www.lupaprotestante.com/el-adan-historico-y-la-inerrancia-biblica-alfonso-ropero/

[15] Poythress, Interpreting Eden, p. 74.

[16] Id., p. 266.

[17] Id., p. 250.

[18] Keaton Halley, Keen insights into Genesis 1–3 flawed by analogical days approach. https://creation.com/review-interpreting-eden-poythress

[19] Poythress, Redeeming Science: A God-Centered Approach, p. 114. Crossway Books, Wheaton 2006.

[20] Trinh Xuan Thuan, La plenitud del vacío, 239. Kairós, Barcelona 2018.

[21] D. Kidner, Génesis. Comentario Didaqué, p. 36. Certeza, Buenos Aires 1985.

[22] J. Pelikan, Historia de la Biblia, p. 45. Kairós, Barcelona 2008.

Alfonso Ropero Berzosa

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