Posted On 14/02/2022 By In Ética, Opinión, portada With 853 Views

La nueva inquisición evangélica | Ulises Oyarzún

 

Antiguamente declarar hereje a alguien era una decisión discutida por toda una comunidad de líderes y con posibilidad de defensa. O al menos, eran líderes cuyas comunidades y liderazgo respaldaban sus palabras.

Hoy, existen muchos sitios cristianos donde “influencer” doctrinales que no responden a ninguna denominación específica, ni a ningún liderazgo ni a ninguna iglesia, se arrogan el derecho de “Defender la Verdad” frente a los herejes contemporáneos.

¿Y quienes son estos herejes? Pues, personas que solo por el hecho de no encajar en la confesión particular de fe del inquisidor se ven tildados de heterodoxos.

Estos nuevos inquisidores tienen características que se repiten.

Niegan la unidad en la diversidad del Cuerpo de Cristo y se abanderan en pos de una uniformidad histórica primitiva (que nunca ha existido) pero que, en el fondo, es una uniformidad organizada y conformada por ellos mismos.

Tachan de herejes a quienes no conocen. Ni su vida, ni su camino de fe, ni sus logros o derrotas, ni su historia familiar. Solo hacen juicio de valor a la distancia y detrás de su ordenador.

Estos nuevos «Sheriff» de la fe se abrogan la libertad de cuestionar y validar toda tu vida sustentados solamente en lo que ellos creen es el resumen esencial de tus creencias. En otras palabras, eres juzgado por la interpretación que hacen de tu forma de llevar la fe. Temas que de último, son solo de carácter especulativo.

Quienes no son cristianos y entran a estas páginas (si es que entran) o ven estos videos, posiblemente dirían que somos un grupo de locos delirantes, que en vez de ponernos de acuerdo en ayudar a los demás, nos pisamos los talones.

Y me asusto ver en este escenario mundial cada vez más bélico, cristianos que en vez de ser un paño frío a los fuegos de violencia, en muchos sentidos son pólvora para encender más odio. De hecho hace días hablaba con un amigo sobre estos grupos y él apelaba a que mucha de esta gente desenmascara la malvada (según él) «teología de la prosperidad” y a sus representantes. Yo le respondí, que más allá de no estar de acuerdo con algunas maneras de hacer iglesia, aun así me he topado con varios pastores y “apóstoles” vinculados a movimientos de la prosperidad y a lo sumo si no están de acuerdo contigo o te ven raro, te tachan de «poco espiritual».

Pero estos otros son de una camada más extrema, pues si tú no encuadras, simplemente NO TE CONSIDERAN HERMANO.

Me atrevo a decir que el espíritu del fariseísmo ha reflorecido con fuerza al interior de nuestras comunidades. Como diría el teólogo José María Castillo, “Debemos matar al Fariseo que llevamos dentro”. Y esa labor se me hace urgente.

Según los Evangelios, el fariseísmo de Judea se ve como un verdadero peligro a la vida de las personas que deseaban acercarse al Dios de Jesús. Jesús los resistió con firmeza. Los Fariseos se sentían el sacerdocio laico de Israel. Habían construido una religión basada en una imagen del dios de la venganza. Una fe exclusiva y excluyente. En síntesis, era un movimiento que perseguía la piedad, pero como resultado de sus prácticas se estimulaba naturalmente un rechazo y desprecio a todo aquel que no practicaba la fe como ellos.

Era un movimiento basado en seguir la “Norma religiosa” incluso antes que la vida. De anteponer la Ley con sus rituales y liturgias por sobre las necesidades humanas.

Por eso no era de extrañar que si veían a un hambriento comer sin hacer previo los ritos de purificación propios de la tradición, en vez de alegrarse que el hambriento saciase su hambre, se molestaran por el incumplimiento de la norma.

Volviendo a estos nuevos defensores de la Fe, es común escucharles hablar del único dios verdadero y a la vez hablar con un odio abierto hacia otros que no piensan como ellos. Porque para ellos, Dios no sólo odia el pecado sino también aborrece por completo a la persona.

Es común verles continuamente trabajando para excomulgar a todo aquel que se sale un ápice de las Sanas Palabras. Es recurrente oírles usando casi a diario dos términos clásicos para su lenguaje «Hereje» y «Apóstata».

Y no solo eso, además de pelearse con los «herejes», se pelean entre ellos, pues aun entre ellos observan estándares doctrinales rigurosos y, a menudo, tienen algo en común, un perfil Obsesivo. Incluso algunos son “ortodoxos” solitarios que no dan cuenta a ninguna comunidad y de quienes nadie puede dar referencia alguna.

Su apego a sus enclaves doctrinales los hace muy complejos a la hora de establecer relaciones fraternas pues cada vez que se intenta hablar con ellos, como le diría Karl Barth a Francis Schaeffer, “Las conversaciones son posibles con personas de mente abierta, pero su decisión ha sido Hablar con las persianas abajo” (Y eso es imposible).

Ulises Oyarzun Tobar

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