Posted On 10/06/2021 By In portada, Teología With 195 Views

¿Wesley vs. Calvino? | Jesús Rodríguez González

En muchos casos,  como en la cuestión eucarística, los caminos metodistas y calvinistas se entrelazan de diversas maneras, algunas como nunca nos habíamos imaginado. Creo que como dice Ted Campbell, teólogo metodista:

 No sé si describir a Wesley como un “oponente incansable del Calvinismo”, sin embargo es cierto que se opuso al grupo particular de enseñanzas que rodean la expiación limitada y la definición de predestinación consistente con la expiación limitada. A veces pienso que los metodistas imaginan que el calvinismo es una cuestión de expiación limitada. Dudo que muchos presbiterianos hayan escuchado un sermón sobre el tema. Estoy convencido de que las opiniones de Wesley de la gracia sacramental son mucho más consistentes con las de Calvino (como contraste con Ulrico Zuinglio).

 En su libro “From Faith to Fatih”, Stanley J. Rodes nos demuestra que a veces Wesley estuvo ciertamente cerca del borde mismo del calvinismo en muchas de sus preocupaciones teológicas. Llama muchísimo la atención con qué tan poca frecuencia Wesley crítica a Calvino en sus escritos y sermones; la mayoría de sus críticas tienen que ver más con el trato que le dio a Serveto que con cuestiones doctrinales. De hecho, en muchos casos lo cita como autoridad sobre la Escritura y en otro caso vio de muy buena manera la “Institución de la Religión Cristiana”, hasta citándola con aprobación. (Sermón 20. Obras 1:397-416).

En vez de estar contra de Calvino, deberíamos más bien apuntar que Wesley estaba en contra del tipo de calvinismo que se predicaba en Inglaterra en el Siglo XVIII. De hecho, aunque Wesley está claramente del bando arminiano (rechaza la elección incondicional y la predestinación negativa), es de sobre manera interesante ver cómo trata a los dos bandos y se muestra muchísimo más tolerante que otros, a pesar del carácter inflexible que se sabía que tenía Wesley en otros asuntos, y para muestra cito un sermón suyo:

Recién entonces sabrá que los arminianos y los calvinistas están en el mismo nivel. Los arminianos tienen tanto derecho a estar enojados con los calvinistas como los calvinistas con los arminianos. Juan Calvino era un hombre estudioso, piadoso y sensato, al igual que Jacobo Arminio. Muchos calvinistas son personas estudiosas, piadosas y sensatas, igual que muchos arminianos. La única diferencia es que los primeros sostienen la doctrina de la predestinación absoluta, y los últimos, la predestinación incondicional. (“¿Qué es un arminiano?”, John Wesley).

Aunque Wesley estaba claramente del lado arminiano, como comenté anteriormente, él consideraba estas posturas como opiniones; obviamente eran importantes, pero meras opiniones al fin y al cabo al lado de la enormidad del mensaje central del evangelio. En muchos de sus escritos, por ejemplo “El carácter de un Metodista” ni considera la parte soteriológica como algo que determine “quién es” o “quién no es cristiano”.

Hemos de considerar otro dato importante. La influencia de Calvino mediante la Iglesia Anglicana fue enorme en Inglaterra, por ello, en ciertas cosas, Wesley fue más cercano al calvinismo del Siglo XVI de lo que muchos piensan, ya que muchos cierran la teología reformada simplemente a las cuestiones soteriológicas o al “calvinismo”, siendo en realidad una construcción teológica muchísimo más amplia. Lo que sucede hoy con muchos movimientos de soteriología calvinista y lo que sucedió en Westminster fue la reducción de toda la teología reformada a un solo aspecto y por ello el desenlace con los arminianos, aun cuando estos abrazan todo lo demás de la teología reformada, aun cuando Calvino había dicho que la fe cristiana no se puede reducir a un modo de alcanzar la salvación (Justo L. González, Juan Wesley y la reforma protestante, página 36). De hecho, la manera en que Wesley aborda la dialéctica entre Ley y Evangelio, no tiene nada que ver con Lutero sino con la continuidad esbozada por Calvino en su teología: la ley es parte del evangelio. Este pensamiento puede verse enormemente en la manera en la que el metodismo ve el propósito de la ley: esta no es sólo salvación sino la santificación completa en todas las áreas de vida del cristiano, como Calvino dice en su respuesta a Sadoleto:

“ciertamente es el deber de todo cristiano ascender más allá de la mera búsqueda y seguridad de su propia salvación”. La ley no solo es la niñera para llevarnos al evangelio sino una guía para toda la vida”.

En este punto, creo que podemos aprender de ellos al ver que las demás denominaciones tenemos la misma raíz que se va abriendo en distintas ramas, pero que al final tiene que dar el mismo fruto: amar a Dios y al prójimo.

Jesús Rodríguez González

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