Posted On 21/04/2021 By In Opinión, portada With 504 Views

El concilio no es sólo un bello ideal, sino la necesidad de edificar en roca un hogar común | Juan Calvin Palomares

Desde el futuro nos llega como un eco esta pandemia y nos sitúa ante la necesidad de replantearnos políticas distintas a las actuales. Nos son pocas las veces que se ha dicho en la historia que no se puede gobernar con el Sermón del Monte, pero frente a las crisis ecológicas, en un trato con la tierra cuya violencia empieza en nuestros propios cuerpos, ¿qué alternativa nos queda a revertir las lógicas reaccionarias? Los ciclos de violencia, donde la justicia supone pagar mal por mal, generan nuevos procesos de destrucción ecológica, contra la tierra, y contra nosotros mismos.

Los códigos legales de la herencia del Antiguo Testamento, en cuya genialidad toma forma de narrativas, producen cierta devoción o rechazo, cuando no un completo desinterés. Lo que se suele desconocer es que muchas de las instrucciones solidarias, en esta herencia veterotestamentaria, nacieron de la dureza de la vida nómada. No es hasta épocas posteriores, de cierto sedentarismo, cuando se estabilizan o se sacralizan estos códigos legales e instrucciones para la vida. «El no matarás», que encuentra en el «amar a los enemigos» su correlato en el Nuevo testamento, no es sencillamente un bello mandato cuyas palabras han inspirado, e inspiran, vivir en paz, sino que se trata de un requisito para mantenerse con vida en un escenario de cierta plenitud.

Mucho se habla de cuando esto pase, pero deberíamos preguntarnos si esta pandemia no es algo más que un tropiezo momentáneo, si no se trata de un eco que desde el futuro nos anuncia una serie de crisis que están por venir. Todo aquello que la ciencia nos brinde marcará la diferencia, por ejemplo, con las vacunas. Ahora bien, nos equivocaremos si pensamos que el aporte imprescindible de la ciencia bastará. En tiempos complicados las políticas requieren que nos replanteemos si no es el momento de abandonar las lógicas donde impera devolver el golpe. No por bellos ideales, tampoco por pura supervivencia, sino para no plegar la vida a sobrevivir.

Algunos pensarán, como tantos otros antes, que con el Sermón del Monte no se puede gobernar. Hoy el mundo tiene unas complejidades distintas a las problemáticas antiguas, pero quizá no sea una cuestión de detalles, sino de las lógicas que nos mueven. Quizá no sea una cuestión de elección o de preferencia, sino de una cuerda lanzada desde el futuro a la que agarrarse. O llenamos las políticas de algo más que de reacción, de algo más que de ir en contra de algo o de alguien, o mucho me temo que las crisis que han de venir, y que son anunciadas por esta pandemia, nos encontrarán completamente desprotegidos, sin la necesaria preparación.

«No matar» y «amar a los enemigos» es una similar propuesta que podríamos sintetizar en hacer lo posible para que otros vivan. Así de sencillo. ¿Cuán lejos estamos en nuestras políticas de esta legalidad primigenia y básica, de esta llamada desde el futuro a una convivencia más plena, ante las crisis que ya se anuncian? En el movimiento incondicionado del amor al enemigo no es por nuestra libertad que nos movemos, sino que tomamos lo extraño bajo nuestra responsabilidad. Es cierto, con el Sermón del Monte no se gobierna, pero cuanta falta de responsabilidad percibimos los ciudadanos cuando vemos los cúmulos de reacciones, el enfrentamiento constante, en los espacios políticos más visibles.

Somos para los otros. No se trata de un buenismo, ni de un arrebato de ingenuidad, sino de plantear escenarios donde vivir algo más que pura supervivencia. Las hipérboles liberales y socialistas a las que estamos tan acostumbrados, en sus proyecciones de convivencia ideal, se les suman recientemente nuevas exageraciones de todo tipo, desde feministas, a ecológicas, o queer, todas ellas muchas veces relacionadas. No hay nada ilegítimo en la exageración en política, pues la hipérbole es parte de la retórica más básica. El problema no es una nueva pluralidad de posturas, ni lo trillado de añejas posibilidades, sino la falta de responsabilidad para los otros. En esta atención a lo distinto, en la inclusión de lo extraño, en la llamada a la responsabilidad de lo otro, el Sermón del Monte continúa siendo relevante. ¿Detendremos el golpe y buscaremos nuevas estrategias que resuelvan la crispación reinante? ¿O nos pillará la próxima crisis en medio de un nuevo aluvión de insultos? El concilio no es sólo un bello ideal, sino la necesidad de edificar en roca un hogar común.

Juan Calvin Palomares

Tags : , , ,

Bad Behavior has blocked 845 access attempts in the last 7 days.