Posted On 13/05/2022 By In Opinión, portada With 142 Views

La caída, Albert Camus: ¿Una lectura existencialista del mito fáustico? | Juan Calvin Palomares

 

Albert Camus. Una respuesta a la escisión: el absurdo, la rebeldía de la carne.

La caída (1956) es uno de los libros más comprometidos de Albert Camus, quizá el más hermoso e incomprendido, comenta su antiguo amigo (Sartre) en una carta de despedida.  Esta novela es parte de su magnífica obra, a pesar de su muerte prematura (por un accidente de automóvil en el 1960), que rebosa humanismo, obstinación, pureza, austeridad y sensualidad, cuyo signo era la reflexión del absurdo[1].

Uno de los pilares de la vida de este filósofo y literato fue la lucha contra toda forma de opresión e injusticia. En La Caída tematiza la impureza en la lucha contra el mal, el egoísmo en el fondo de las motivaciones; y culmina un pensamiento, más que pesimista, trágico, testigo de la “generosidad sin esperanza”[2]. En ella se reflexiona sobre los signos opuestos, sobre el doble, en otras palabras, sobre la escisión en nuestra humanidad.

En síntesis, en esta obra se expone un pensamiento que brota de la rebeldía de la carne del absurdo, como un estar en el tiempo sobrecogido por su implacabilidad, como una respuesta a la extrañeza ante la espesura de un mundo cuya belleza, paradójicamente, es testigo de un paraíso perdido[3].

 

Génesis 3 (Gn 3): Un poema didáctico sobre la crudeza de la finitud.

El mito adámico de Gn 3 se trata de un poema didáctico que expone la exterioridad divina como distancia, como separación de su creación, en la que se posibilita acceso al mal. Esta exterioridad es expresada en la astuta Serpiente como elemento “externo” que seduce apelando al deseo humano de control autónomo: la enseñanza de este mito pivota en la tensión entre Dios como creador y la autonomía humana[4].

Este mito enseña sobre lo irresistible de las pasiones y la autojustificación. Nos muestra las crudas estrategias que seguimos para mantener esta ficción de inocencia: siempre dispuestos a culpar a lo otro (Eva a la Serpiente: Gn 3, 14), y al otro (Adán a Eva: Gn 3, 13). La libertad se convierte en una coartada, en “mala fe”, cuando asumimos la exterioridad del mal ante un deseo con el que no nos identificamos[5].

En definitiva, se trata de un poema que enseña sobre el mito de la finitud, cuyo fin es fundamentar la vida litúrgica y nuestra comprensión dentro del mundo[6]. Esto se encuentra narrado en sus diferentes estratos (del relato sapiencial al de la expulsión; la narración yahvista; y la edición sacerdotal), a pesar de que históricamente en este texto la reflexión sobre la culpa haya disuelto sus sentidos primarios: una sapiencial sobre la condición humana, ante un mal cuya presencia nos extraña hasta el desgarro, pero que nos recuerda nuestra finitud[7].

 

La caída: una confesión de cobardía como expresión de valentía.

Una posible lectura de La caída relaciona a su autor, Albert Camus, con el personaje principal, Jean-Baptista Clamence, como si fuera su alter ego expresando las aristas vitales donde este filósofo saboreó con más nitidez la finitud como fracaso de un éxito insípido[8]. Pero ¿qué es lo que se rompe en dicho fracaso? Toda esperanza fundada en una inocencia infundada, en la autocomplacencia: “siempre será demasiado tarde”[9], concluye el monólogo de este texto.  ¿Demasiado tarde para qué? Para volver al “hogar”, para retroceder al principio, donde aún nos pudimos salvar salvando.

En otras palabras, no hay retorno al Edén y, sin embargo, creamos ficciones que responden a ese nostálgico vacío, fáustica inquietud, donde habitamos errantes: el sentido sinsentido de la caída. ¿Es esta obra una versión existencialista de Génesis 3?

La desesperanza en la obra de Camus se presenta, paradójicamente, como salida del estancamiento de dicha autocomplacencia. En las ficciones de inocencia no habría lugar para la responsabilidad, pues imperaría la “mala fe” como la excusa permanente que señala siempre a lo otro como culpable de las circunstancias propias. Exclamamos, en la peor de las posturas, y aún con cierta esperanza, “¿por qué me has abandonado?”[10]; pues hasta el final señalamos a lo Otro como responsable de nuestras miserias. Hasta el último suspiro nuestra incapacidad de reconocer quienes somos nos lleva a señalar hacia afuera.

Ahora bien, Camus en esta obra se distancia del existencialismo y sostiene cierta “naturaleza” humana en una rebeldía como escapatoria, como éxodo, de las formas perniciosas, opresivas, del poder. Por tanto, no es exactamente una obra existencialista sobre Gn 3, sino una autocrítica a dicho existencialismo (una crítica a su propio nicho, donde forjó su pensamiento).

En su reflexión muestra la otra cara del mito edénico: la desobediencia se transfigura en valor. Una insurrección cuyo levantamiento parte de la convicción sincera de que nadie es mejor que nadie. Por tanto, esta novela trata la culpa sólo de pasada, superficialmente, pues su tema es la confesión de cobardía: al no reconocer las propias limitaciones dominados por la embriagadora sensación de éxito y poder[11].

Un poder que se construye sobre signos opuestos, materializados en el doble, y que hablan de la condición humana de escisión. En Camus, “el filósofo cobarde”, quien se cree inocente por manejar grandes ideales (señalándole a él, pero también a Sartre y al círculo de filósofos existenciales), pero que en su soledad siente una risa ajena, humillándole, recordándole el absurdo de creerse predestinado para defender a viudas y huérfanos[12]. La contradicción entre la grandeza y la evasión, el brío intelectual y la cobardía.

En definitiva, este relato ofrece una lectura particular de la enseñanza de Gn 3, sobre la finitud humana, y la desobediencia como sincero levantamiento, como rebeldía, y que se convierte, en toda pérdida de esperanza, en una valiosa confesión. Pero también es una relectura de la Torre de Babel[13]: la imagen de una humanidad en caída libre y que construye una torre que desafía su vulnerabilidad. Así empieza este libro, reflexionando sobre las tensiones entre el silencio y la incomprensión, apuntalando el sostén de una confesión de desarraigo.

Un desarraigo muy particular en Camus, porque es el de su propio nicho intelectual: se rebela contra el existencialismo como nuevo humanismo totalizador. En otras palabras, esta confesión a modo de monólogo intenta superar las tendencias totalizadoras de las filosofías que pretenden sustituir lo absoluto por lo histórico. Dicho de otro modo, se separa del historicismo, y de los humanismos universalistas, para reflexionar, desde la caída de dichas pretensiones, consideradas por el autor como evasivas cobardes, sobre la fragilidad humana que sólo puede partir desde sus límites, desde su dolorosa, pero liberadora, finitud[14].

El inicio y el final de esta obra está regado por la ginebra, por el olvido que proporciona el alcohol. Quizá recordar las cobardías para olvidarlas, en medio de la fiebre por recuperar la vida[15], a modo de crítica al epigonismo, sea una propuesta del olvido como sanación cuya inspiración mana de las lecturas de la obra de Nietzsche[16].

En todo caso, es en el choque de contradicciones donde lo fáustico cubre con tintes trágicos el monólogo de esta novela. Fricciones que van dirigidas directamente al lector, pues el oyente del diálogo no dice nada, sólo asiente, nada se sabe de él, sólo que es abogado (y por tanto que está en una situación anterior a la del protagonista), solo es un oyente tan atento como lo esté el lector.

En este texto lo fáustico recuerda la falta de inocencia y la salida como caída del Edén. Un paraíso que en esta obra de Camus es pomposo pero extraño, ficticio pero contundente, como una dulce pantomima de poder y olvido. Si en obras como “El retrato de Doran Gray” (Oscar Wilde) la salida del “paraíso” victoriano es un grito por vivir la vida, en Camus esa salida, de su propio “paraíso” (de su éxito intelectual) es confesar abiertamente la cobardía que este esconde. La paradoja, y enseñanza, de esta desesperante rebeldía es que, si esa confesión es sincera, ¿no es acaso un acto de valentía liberadora?

Salir del “paraíso” de la autocomplacencia, de la vida en directo de quien se cree haber nacido aprendido, del éxito rotundo de quien se cree plenamente en sintonía con la vida: tal es la motivación de semejante confesión. “Los jueces castigaban, los acusados expiaban, y yo, libre de cualquier deber, evitando tanto el juicio como la sanción, reinaba libremente en una luz edénica”[17]. Esta terrible luz cegadora del éxito del filósofo incapacita para ver la cobardía, y niega el hastío perpetuo: “siempre repleto, nunca harto[18]”, pero profundamente insatisfecho.

La contradicción que planea, pesadamente, sobre la vida de Clamence, con la credibilidad del testimonio de Camus, es como la vida de éxito sabe más bien a poco, o nada. El brillo superficial de una vida exitosa que acaba en alcoholismo, u otras adicciones, es un mito contemporáneo extendidísimo. Mucho más cuando ese éxito es temprano. ¿A qué se debe ese imaginario y cuanto tiene de veraz? Lo cierto es que el éxito cuando es externo, cuando brilla por su exterioridad, también juega un papel ambiguamente perverso en las aspiraciones de felicidad.

La exterioridad, la Serpiente, es la excusa para seguir soportando los sin sabores de una vida supuestamente próspera. Pero esa exterioridad se duplica en la obra de Camus, pues el éxito no es interno, no es propio, no es profundo, sólo es aparente, popular, un clamor vacío de sentido.

En conclusión, este testimonio de hastío, de un éxito tan vacío como externo, lo narra Camus a través de Clamence: un personaje que hostiga simpáticamente, que hipnotiza y seduce con su narcisismo al lector[19]. El asunto de fondo es como ante la presencia de un suicidio, Clamence, reflejado en la muerte del otro, sufre una crisis en la que busca recobrar una vida desquebrajada por las contradicciones de su propia pusilanimidad. Siempre nos quedará el anhelo de saber si el camino aquí iniciado con esta confesión no habría encontrado nuevas confesiones más allá de la cobardía.

 

 

Bibliografía:

Ávila, M. S. R, “Del absurdo y el Eros: Albert Camus”. Sincronía, 2021.

Bosch, D. M, “Enfermedad y caída en Albert Camus” Illness and Fall in Albert Camus. In Logos. Anales del seminario de metafísica, 2016.

Butiérrez, L. F, “Sentido, absurdidad e historia (La cuestión del sentido a partir de la polémica Sartre-Camus)”, In IX Jornadas de Investigación en Filosofía. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Filosofía, 2013.

Camus, A, La caída. Debolsillo: Barcelona, 2021.

Camus, A. El mito de Sísifo. Alianza: Madrid, 1985.

Huisman, D; Vergez, A, Historia de los filósofos, Tecnos: Madrid, 2011.

Londoño, J. E, Génesis 3: sabiduría y mito, Perseitas, 2018, 169.

Mena, S. M, “La exterioridad del mal en Paul Ricoeur”. Revista Espiga, 2006.

Nietzsche, F, De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida: segunda consideración intempestiva, Tecnos: Madrid, 2028.

Ricoeur, Paul, Finitud y Culpabilidad., Trotta: Madrid, 2004.

Sartre, J.P, Literatura y arte, Losada: Buenos Aires, 2017.

 


[1] Sartre, J.P, Literatura y arte. (Losada: Buenos Aires, 2017), 106-107.

[2] Huisman, D; Vergez, A, Historia de los filósofos. (Tecnos: Madrid, 2011), 423-424.

[3] Camus, A. El mito de Sísifo. (Alianza: Madrid, 1985), 10.

[4] Mena, S. M, “La exterioridad del mal en Paul Ricoeur”. (Revista Espiga, 2006), 33-34.

[5] Ricoeur, Paul, Finitud y Culpabilidad. (Trotta: Madrid, 2004), 399.

[6] Ricoeur, “Finitud…, 171.

[7] Londoño, J. E, Génesis 3: sabiduría y mito. (Perseitas 2018), 179-180.

[8] Bosch, D. M, “Enfermedad y caída en Albert Camus”. (Illness and Fall in Albert Camus. In Logos. Anales del seminario de metafísica, 2016), 3.

[9] Camus, A, La caída. (Debolsillo: Barcelona, 2021), 124.

[10] Camus, La…, 98.

[11] Bosch, “Enfermedad…, 5-7.

[12] Camus, La…, 32.

[13] Camus, La…, 10.

[14] Butiérrez, L. F, “Sentido, absurdidad e historia (La cuestión del sentido a partir de la polémica Sartre-Camus)”. (In IX Jornadas de Investigación en Filosofía. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Departamento de Filosofía, 2013), 5.

[15] Bosch, “Enfermedad…, 9.

[16] Nietzsche, F, De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida: segunda consideración intempestiva. (Tecnos: Madrid, 2018), 31.

[17] Camus, La…, 29.

[18] Ídem.

[19] Ávila, M. S. R, “Del absurdo y el Eros: Albert Camus”. (Sincronía, 2021), 158.

Juan Calvin Palomares

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