Posted On 26/03/2026 By In Biblia, portada With 888 Views

Betania y la lógica del Reino en tiempos de relatos en disputa | Jorge Daniel Zijlstra Arduin

Lupa Protestante

 Betania y la lógica del Reino en tiempos de relatos en disputa
Juan 12: 1-8

 

Un mundo lleno de vocesy una verdad en disputa

Vivimos tiempos complejos en los que es difícil estar bien informados. En las noticias, como en todo, parece no haber una sola versión de lo que ocurre, sino muchas. Cada actor, cada país, cada medio, construye su propio relato y quiere asegurar su verdad: unos hablan de seguridad, otros de soberanía, otros de justicia, otros de defensa, otros de ataque, otros de odio, otros de libertad. Pero lo más inquietante no es solo la diversidad de voces, sino que cada una viene acompañada de razones que buscan legitimar sus puntos. Se trata de argumentos que explican, discursos que legitiman y narrativas que justifican. Y así la violencia se explica, las guerras se legitiman, y cualquier tipo de acciones se defienden.

Creo que hoy es necesario más que nunca recordar la advertencia del profeta: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno, y a lo bueno malo!” (Isaías 5:20).

Porque cuando todo puede justificarse, la verdad deja de ser evidente. Se vuelve difusa, se esconde detrás de palabras, algunas incluso que pueden sonar correctas (como libertad o democracia), pero que no siempre procuran la vida, ni el bien común.

Y es allí donde el Evangelio no nos ofrece una explicación más, sino una pregunta que nos ubica y nos interpela profundamente: ¿dónde estás tú y dónde está tu corazón… y cómo estás mirando la vida y el mundo?

Y esta pregunta nos acompañará en la reflexión.

Betania: una mesa donde se cruzan historias

El texto de Juan 12: 1-8 nos transporta a conocer las intimidades sucedidas en una casa en Betania, mientras se compartía la mesa y el espacio durante aquella cena entre personas tan cercanas al corazón de Jesús, como Lázaro y sus hermanas. En el capítulo anterior se relata que los discípulos estaban preocupados de ir a Betania, porque temían por la integridad de la vida de Jesús. Le decían: “Rabí, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y otra vez vas allá?” (Jn 11:8). Pero Jesús no podía abandonar a sus amigos, en especial, por lo sucedido en torno a la muerte de Lázaro y su resurrección.

Tomemos nota que aquel momento tan importante junto a la mesa es inmediatamente posterior a la resurrección de Lázaro y seis días antes de la Pascua, es decir una semana antes de la crucifixión y resurrección de Jesús.

Pero aquella no es una noche cualquiera. Hay algo en el ambiente que no termina de nombrarse, pero que se siente pesado. Jesús está allí, sí, pero cada vez más cerca de la cruz. Algo difícil se está gestando, aunque no todos lo perciban con claridad, y esa tensión atraviesa la escena de manera silenciosa pero real. Dice Juan: y “A partir de ese momento, [de la resurrección de Lázaro, las autoridades se] deciden matar a Jesús” (Jn 11:53). Y entonces aquel hogar tan querido, donde el amor se derrama, también es una casa bajo amenaza.

Pero Jesús va allí y —si se dan cuenta— aquella noche fue la “última cena” de Jesús con sus amigos de Betania.

El texto describe aquel espacio de intimidad, de historia compartida, y de vínculos tan importantes que habían ido creciendo con el tiempo y en especial esos días en que Jesús manifestó públicamente el poder de Dios sobre la vida y sobre la muerte.

Y en medio de esa escena, junto a la mesa, María irrumpe en silencio. No habla, no explica, no pide permiso: simplemente actúa. Se inclina a los pies del Maestro, toma un carísimo perfume, y lo derrama sobre los pies de Jesús, dejando que el gesto diga lo que las palabras no alcanzarían a explicar.

El aroma llena la casa, dice el texto, y precisamente en ese momento comienza a hacerse visible algo muy profundo que Juan quiere que veamos.

Porque en aquel hogar, y en aquella cena, lo que sucede es un cruce de historias, de miradas, de interpretaciones sobre lo que está ocurriendo. Veámoslo: quienes están junto a Jesús no tienen la misma experiencia ni la misma mirada; no viven, no entienden ni creen desde el mismo lugar.

Por esto el gesto de María no solo expresa amor y adoración: su gesto revela lo que cada corazón está trayendo a la mesa.

Judas: una voz que desentona

En ese preciso momento en que el perfume llena el lugar, irrumpe —e interrumpe— la voz desubicada de Judas, que dice unas palabras que evidencian tensión. Él habla de los pobres, habla del dinero que se pudiera haber conseguido con aquel perfume, habla de lo que “debería haberse hecho”.

Sus palabras no armonizan con lo que está ocurriendo. No nacen del mismo lugar que el gesto de María, ni participan de la misma lógica. Son una nota discordante. Mientras María se mueve desde el amor que se entrega, Judas habla desde la lógica del cálculo, de lo que se puede comprar, y de lo que se puede vender. Ya sabemos que él prefiere vender. Porque es posible que su lógica utilice palabras que suenan correctas —hubiésemos pensado en los pobres— pero en realidad su lógica no es la del Evangelio ni la del Reino que movía el corazón de Jesús.

Por eso, más que una opinión distinta, lo que aparece en Judas es una fractura.

Su palabra no revela compasión, sino distancia. Una distancia respecto de Jesús y de su manera de mirar la vida. Su cuerpo está en la mesa, pero su corazón ya no está ahí. Y entonces, incluso los pobres —a quienes nombra— quedan atrapados en su discurso, no como rostros concretos, sino como argumento. Y ahí se vuelve evidente algo inquietante: no todo discurso sobre el bien nace del bien, no toda palabra correcta viene de un corazón justo. Esa distancia, todavía silenciosa, es la que más adelante se convertirá en traición, por treinta monedas.

En contraste, María no construye discurso ni necesita justificarse. Su gesto no explica, pero revela. Dos formas de estar en la misma mesa, dos miradas que no se encuentran, dos historias que comienzan a separarse. Y en ese cruce ya empieza a asomarse lo que veremos en la Semana Santa.

Por eso Juan describe a Judas como traicionero y nos cuenta de las motivaciones escondidas de aquel discípulo descarriado, que en realidad no estaba en nada interesado por los pobres, ni por el amor de Jesús a ellos. Porque ya hacía rato que sus lealtades no estaban con Jesús, al punto de haber pasado de ser el encargado de la bolsa del dinero del proyecto de Jesús, a ser el que de allí robaba   para sí mismo.

Ayer, como hoy, hay dos caminos, dos miradas y dos relatos en disputa. Pero a la verdad, esa disyuntiva no está solo fuera de nosotros: también atraviesa nuestro propio corazón. Porque a veces amamos como María, y otras veces nos dejamos llevar por la lógica del cálculo que vemos en Judas. Y en ese lugar de tensión se va definiendo cada día desde dónde vivimos, desde dónde miramos y desde dónde respondemos al llamado de Jesús y su Reino.

Y así seguimos buscando esa vida nueva donde las personas pobres sean saciadas, donde quienes sufren reciban el consuelo y donde las y los pacificadores sean bienaventurados aquí y ahora… Si no, por el contrario, y sin darnos cuenta, terminamos cambiando lo que es vida por monedas que no pueden salvarnos.

Podemos habitar el mismo espacio, pero no estar en el mismo lugar

El Evangelio nos confronta con algo que fue claro en Betania aquella noche: que podemos habitar el mismo espacio, que podemos estar sentados a la misma mesa, que podemos —incluso— tener al lado a Jesús; pero si él no habita nuestro corazón, se hace claro que no todos estamos en la misma sintonía.

Y eso se ve “a la legua”, en lo que hacemos, en lo que decimos y en la manera en que nos ponemos cerca o lejos de Jesús.  Porque la verdad es que podemos sabernos sentados a una misma mesa, pero esa mesa será un anticipo del Reino, o de nuestra propia condena, según nos pongamos o no —con todo— a los pies del Maestro.

Porque cuando Jesús y su mensaje nos atraviesan, todo queda revelado, expuesto, iluminado: Betania, deja de ser una historia lejana a nosotros, para volverse un espejo que nos vuelve a preguntar:

¿Dónde estás tú y dónde está tu corazón? … ¿Cómo estás mirando la vida y el mundo en medio de tantos relatos en disputa?

 

Jorge Daniel Zijlstra Arduin

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