Posted On 07/06/2021 By In Historia, Opinión, portada With 332 Views

Prisciliano un obispo adelantado a su tiempo: II. Visión del cristianismo y obras. | Samuel Alonso

 Después de haber expuesto en un primer artículo el trasfondo, tanto histórico como religioso de la Hispania con la que se encontraría Prisciliano, y de hablar de sus primeros años de vida, es importante que antes de seguir profundizando en los acontecimientos que se desarrollan en la vida de nuestro personaje, veamos primero algunos aspectos de su visión del cristianismo y de las obras que realizó. Su legado.

 

  1. Su visión del cristianismo.

En el anterior artículo expusimos que, en su juventud, ya se podían percibir ciertas influencias orientales o del norte del África, a través de la enseñanza de sus maestros, que, a su vez, habían bebido de la fuente de Marcos de Menfis. Hay bastantes dudas sobre todo lo que Prisciliano enseñó, pero se pueden saber ciertas cosas de las que practicaba o creía. Por ejemplo, daba bastante énfasis al celibato, era bastante ascético, se mostraba favorable a la participación de la mujer mediante un papel importante dentro de las reuniones, esto era algo novedoso en el siglo IV; algunos podrían decir que sería una práctica gnóstica y/o maniquea, pero debemos tener en cuenta que Ágape, fue una mujer que influenció mucho en la vida de Prisciliano, por eso no es nada descabellado pensar que luego él defendiese una mayor participación de la mujer en la iglesia. Asimismo se decantaba por la aceptación de los libros apócrifos, y se le relacionó con gustos por la magia y el ocultismo. Aunque esto último es más que dudoso y no se puede afirmar hasta cierto punto, pues sería la estrategia que utilizaron sus enemigos para condenarlo.

“En cuanto a lo que Prisciliano mismo enseñó, hay bastantes dudas. Se le acusó de sabelianismo (Sabelio), así como de sostener una cristología doceta y de subvertir las enseñanzas morales de la iglesia, aparentemente por exigir una moral ascética para el común de los creyentes. Lo que se conoce de sus doctrinas se deriva principalmente de la obra de Pablo Orosio, Conmonitorio de los errores de los priscilianistas y origenistas. Pero a fines del s. XIX se descubrieron varios escritos atribuidos a Priscilianos. en los que su doctrina no parece tan extremada como Orosio la pinta.”[1].

Teniendo en cuenta lo que afirma Justo González, aunque hay varios escritos del pasado sobre la enseñanza y creencia de Prisciliano, no se pueden sostener con mayor rigor, ya que nuevos hallazgos han demostrado que, al parecer, no era tan herético. Por otro lado, en base a biografía tradicional del personaje, como bien definiría José Grau; “era una especie de teosofía que combinaba el gnosticismo, el docetismo y el maniqueísmo.”[2]

Mirando las fuentes más recientes, debemos tener en cuenta que es un personaje de gran valor para el cristianismo y para España, un hombre muy dotado, que llegó a ser obispo y que enfrentó un establiment supuestamente corrupto.

 

  1. Obras propias.

No son muchas las obras que se le conocen a Prisciliano. Citando a María Victoria Escribano Paño, de la Real Academia de la Historia:

«Se conocen a través de los Tractatus de Würzburg, así llamados por el lugar en cuya biblioteca universitaria se hallaron, «el Prólogo» y «Los Cánones in Pauli apostoli epístolas». En estas obras Prisciliano expone su teología, pone de manifiesto sus opiniones sobre el origen del alma, la Creación, el dualismo Luz-Tinieblas y la escatología, defiende la prolongación en su tiempo del don divino de la profecía y, en consecuencia, el carácter abierto de la Revelación. Reivindica la dirección espiritual para ascetas instruidos y escogidos mediante el don de la santidad, y describe el modo de vida ascético que propugna para los cristianos. Su ideal de perfección cristiana incluía el celibato, la virginidad, el encratismo matrimonial, el ayuno, la renuncia a las riquezas, el retiro espiritual durante la Cuaresma y la Navidad, y la lectura de los libros sagrados, incluidos los apócrifos que el canon eclesiástico de las Escrituras había dejado fuera. Prisciliano propugnaba así otro modo de entender el cristianismo, con formas de enseñanza y afiliación diferentes a las compartidas por la mayoría de los obispos.»[3]

 

A estos textos mencionados hay que añadir la lista de los siguientes escritos:

Liber Apologeticus.

Liber ad Damasum episcopum.

Benedictio super fideles.

Tractus at populum I.

Tractus at populum II.

Tractus Genesis.

Tractus Exodus.

Tractus Paschae.

Lyber de fide et apocryphis.

Comentario al Salmo 1.

Comentario al Salmo 3.

En general, eran textos relacionado con la historia, la teología, doctrina y eclesiología, aunque si con cierto corte ascético.

 

Para terminar esta sección

Nos encontramos con un obispo con personalidad, tal era la enseñanza que recibió que así la practicó. Si tienes oportunidad de leer sus obras, verás que era un hombre que amaba al Señor y la Iglesia.

Infelizmente, vuelvo a decir, muchas de las acusaciones que tenemos sobre Prisciliano no se pueden probar pues manaban de sus enemigos. Teniendo en cuenta que tenía muchísimos seguidores, ha resultado ser siempre un personaje enigmático, pero quizás estemos ante un obispo realmente evangélico que no se conformaba con una estructura como tal, sino que vivía la fe sin estar enjaulada, una fe viva y llena de piedad y amor.

En las próximas secciones entraremos más de fondo en su vida como obispo, los concilios en los que participó y el comienzo del conflicto que lo llevaría a la muerte. Te invito a que te quedes.


[1] González, J. L., & Cardoza-Orlandi, C. F. (2004). En Diccionario ilustrado de intérpretes de la fe. Terrassa, Barcelona: Editorial Clie.

[2] José Grau, Catolicismo Romano: Orígenes y Desarrollo. Ediciones Evangélicas Europeas. 1282.

[3] María Victoria Escribano. Prisciliano. Real Academia de la Historia.

Samuel Alonso

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