Posted On 25/06/2021 By In Cultura, Historia, Opinión, portada With 420 Views

Prisciliano un obispo adelantado a su tiempo: IV. Después de su muerte: Seguidores y detractores | Samuel Alonso

Como hemos visto hasta hoy en la esta serie (artículo I, II, III), Prisciliano no dejó indiferente a nadie. Ahora veremos en este episodio, lo que aconteció tras su muerte en lo que respecta a sus seguidores, detractores y los hombres de renombre que en la época se opusieron a su desproporcionada condena a muerte. Para terminar, veremos el fin del priscilianismo por la resolución de los concilios.

 

1. El priscilianismo

El priscilianismo no terminó con Prisciliano ni con su muerte. De hecho, a la caída de Máximo en el año 388, y con ella la anulación de la condena de Tréveris, y con la rehabilitación del priscilianismo más allá de Gallaeica, se dio un mayor sostén y mejor apoyo a los adeptos al priscilianismo. De ese modo creció de nuevo un gran grupo de cristianos que siguieron la corriente que enseñó nuestro personaje.

 

a) El priscilianismo más allá de Prisciliano y Gallaecia

El priscilianismo se esparció rápidamente por toda Hispania, aunque no de manera general, más bien se focalizaba principalmente en pequeños grupos a lo largo de su extensión. Incluso se habla de Egeria, mujer seguramente hispana y muy posiblemente priscilinialista, que visitó Sinaí, Palestina y Mesopotamia, pudiendo haber llevado consigo enseñanzas de Prisciliano.

 

2. Detractores del Priscilianismo

Es menester, después de haber dado un recorrido por Prisciliano y el Priscilianismo, nombrar a los mayores y más destacados enemigos de esta corriente.

 

  • Hidacio de Mérida.

Sin duda es el más destacado enemigo del priscilianismo. Junto a Higinio de Córdoba comenzó la disputa contra Prisciliano y sus discípulos, debido a que en Mérida había un gran número de seguidores priscilianistas. No descansó hasta ver a Prisciliano y sus seguidores condenados. Quizás, un exceso de celo e intereses personales llevaron a este hombre a ser uno de los más duros oponentes. No sabemos si las acusaciones que levantó contra Prisciliano eran totalmente ciertas, pero sin duda, nada justifica llevar a una persona a la muerte por sus creencias. En cierto sentido, fue un precursor involuntario de lo que en siglos posteriores vendría con el maligno nombre de Inquisición.

 

  • Higinio de Córdoba.

Mientras que el mencionado Hidacio de Mérida ha quedado fijado más en la historia en este conflicto, quizás, el detonante de la persecución a la que fueron sometidos Prisciliano y sus seguidores, hay que dárselo a Higinio, obispo de la ciudad de Córdoba. Este escribió una carta a su amigo Hidacio poniéndole al tanto de lo que estaba aconteciendo con Prisciliano y sus discípulos, un movimiento que traía de cabeza a los “ortodoxos” de la época.

 

  • Magno Clemente Máximo

En la lista de desatacados enemigos del priscilianismo es menester que figure el nombre del gobernador que llevó a un asunto civil lo que en realidad era una cuestión eclesiástica. Fue Magno Clemente Máximo quien condenó a este grupo a muerte por brujería.

Hispano de procedencia también, no perduró mucho en el poder, sólo hasta el 388, tres años después de la muerte de prisciliano y, con el final de su gobierno, nace el comienzo de un nuevo priscilianismo.

 

3. Opositores a la condena

Ni todo el imperio, ni mucho menos toda la iglesia, estuvieron a favor de la condena a muerte de estos primeros reos por el imperio occidental en nombre del cristianismo. Entre ellos destacamos estos destacados hombres.

 

  • Martín de Tours

Hombre de mucho peso en la iglesia de la época, nacido en la actual Hungría y fallecido en Francia, intentó de una manera u otra que Hidacio retirara la denuncia y que Máximo no se manchara las manos de sangre por un asunto eclesiástico y no civil. Gracias a sus intervenciones se pudo posponer el triste final de la muerte de los justiciados, pero no evitar. No podemos decir que fuera un seguidor priscilianista, sino que, como hombre justo y santo, pretendía evitar un derramamiento de sangre a causa de creencias.

 

  • Jerónimo de Estridón.

El famoso teólogo y traductor de la Biblia, a quien le debemos la Vulgata, condenó la muerte de Prisciliano y sus discípulos. Expuso su idea de que nunca el imperio debía mezclarse con los asuntos de la iglesia.

 

  • Ambrosio de Milán.

Otro ilustre personaje de la época que no estuvo de acuerdo con la condena a muerte, aunque en principio si con la excomunión, pero jamás con un derramamiento de sangre en nombre del cristianismo.

 

  • Juan Crisóstomo.

Las quejas también llegaron de oriente, Juan Crisóstomo llegó a decir respecto a este caso: “Condenar a muerte a un hereje sería desencadenar en la tierra una guerra sin cuartel”.[1]

 

4. Concilios que condenan posteriormente al priscilianismo.

Los concilios celebrados tras la muerte de Prisciliano fueron condenando este movimiento. Esto es importante ya que evidencia cómo el priscilianismo perduró hasta el final del siglo V, siendo que algunas fuentes afirman que hasta el siglo VI.

     Concilio de Toledo.

El Concilio I (regional) de Toledo, reunido el año 400, condenó las enseñanzas priscilianistas, evitando así un cisma nacional. No obstante, es muy discutible que el propio Prisciliano sostuviera los errores acerca de la Trinidad que el Concilio condena.

      Concilio de Braga.

En este concilio, celebrado en el año 563, se condenó formalmente el priscilianismo como herejía por la iglesia cristiana Hispánica. Este concilio es importante, porque nos ofrece una fecha de conclusión respecto a toda la disputa priscilianista debido a que, desde esta fecha, ya no se tiene más rastro, ni evidencia, del priscilianismo tal y como se practicaba por sus adeptos.

 

CONCLUSIÓN

En el siglo VI, el priscilianismo había desaparecido. No obstante, como antaño, también en la actualidad hay quienes defienden a Prisciliano de los cargos de herejía y hechicería presentados contra él.[2] Dada las fuentes que tenemos, me incluyo entre ellos.

Sin duda, fueron unos 200 años de una corriente, que, con sus seguidores, simpatizantes y detractores, no dejó indiferente a nadie, a tal punto que Prisciliano sigue siendo hoy un personaje colmado de polémica. Esto lo veremos en el episodio siguiente que será el último que nos ha llevado por este viaje. Escribiré algo que resuena en nuestros días, un tema actual y candente en algunos círculos: ¿Es realmente cierto que Prisciliano es quien está enterrado en la tumba de –quien se piensa que es– Santiago Apóstol? Te espero para el último viaje de esta serie.

 


[1] Prisciliano. (2020, 25 de agosto). Wikipedia, La enciclopedia libre. Fecha de consulta: 19:46, noviembre 6, 2020 desde https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Prisciliano&oldid=128733130.

 

[2] Lacueva, F. (2001). En Diccionario teológico ilustrado (1. ed. española.). Tarrasa, Barcelona: Clie.

Samuel Alonso

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