Posted On 17/06/2021 By In Cultura, Historia, Opinión, portada With 454 Views

Prisciliano un obispo adelantado a su tiempo: III. Obispado, conflictos y muerte | Samuel Alonso

 

Llegamos a la parte álgida de la vida de Prisciliano, la cual es también la más ajetreada, padeciendo persecución por la corriente más «poderosa». Si no has visto aún los dos artículos anteriores te invito a que los leas antes, así podrás entender mejor el contexto. Click aquí para el primer artículo y click aquí para el segundo.

En esta ocasión, vamos a indagar en el comienzo de la persecución que padeció, su obispado y los conflictos que le llevaron a defenderse a lo largo de los últimos años de su vida, hasta que finalmente le costó la misma.

 

1. Concilios importantes en su vida.

Las enseñanzas de Prisciliano empezaban a ser muy populares en Gallaecia y Lusitania (regiones de Hispania). Esto empezó a incomodar a algunos obispos, entre ellos a Higinio de Córdoba que escribió a Hidacio de Mérida, ya que en esta ciudad, estaban creciendo los adeptos de Prisciliano. Se puede decir que estos tiempos álgidos y complejos de Prisciliano, comienzan en el 380, con el Concilio de Caesar-augustanum.

 

1.1 Concilio de Caesar-augustanum

También conocido como Concilio de Zaragoza, Hidacio de Mérida, uno de sus precursores, convocó a los diferentes obispos de Hispania para poner fin a la herejía prisciliana con todos los abusos relacionados con estos movimientos, gnósticos, ascéticos y maniqueos (acusaciones según esta posición enemiga). Aunque lejos de conseguir el objetivo que Hidacio esperaba, el priscilianismo salió condenado. Sin embargo, consiguió un mayor números de adeptos obteniendo mucha más fuerza. De tal manera fue así, que Instancio y Salviano, dos obispos de Gallaecia, lejos de someterse a los decretos del concilio, alzaron la bandera de la revolución, consagrando a Prisciliano como obispo de Ávila.  Esto da que pensar pues, como se ha descubierto después, Prisciliano no era tan heterodoxo como pensaban sus enemigos, muestra de ello fueron estos mismos apoyos.

 

2. El conflicto.

La respuesta a su consagración al obispado no tardó en llegar, varios de sus oponentes consiguieron una orden imperial, impidiéndole las funciones de obispo. Vemos así que ya el Estado comenzaba a inmiscuirse en los asuntos eclesiales. Así quedó por escrito por Graciano, debido a la reclamación de Hidacio de Mérida ante este nombramiento de Prisciliano como Obispo. Cabe decir que en este asunto también intervino Ambrosio de Milán, quien en ese momento poseía un peso mayor que el obispo de Roma. Finalmente, según vemos en el escrito que lleva el nombre «pseudoepiscopo et manichaeos» fueron excomulgados tanto Prisciliano como Istancio y Salviano. Esto conllevó a la expulsión de los condenados tanto de las iglesias como también de sus ciudades.

Por su parte, los líderes priscilianistas, lejos de quedarse de brazos cruzados, comenzaron a moverse para poder revocar esta sentencia y conseguir así los derechos anteriormente recibidos.

 

3. El viaje.

Dichos líderes emprendieron un viaje hacia Italia para procurar su defensa, ya que en Hispania no encontraban ahora el apoyo de la mayoría de los obispos. Allí fueron también rechazados por los obispos Dámaso de Roma y Ambrosio de Milán. Pero lejos de rendirse, acudieron al magister officiorum llamado Macedonio, quien les proporcionó una anulación del decreto de condena. Por tanto, aprovechando la oportunidad al recuperar las sedes perdidas, culparon a su principal enemigo Hidacio (como calumniador) ante Volvencio, procónsul de Lusitania y ante Mariniano, procónsul de Hispania, consiguiendo que fuese penalizado.

 

4.Últimos días y muerte.

Como consecuencia de estos acontecimientos, y después de varios choques, Hidacio, acudió por su parte a Próculo Gregorio, prefecto de las Galias, quien muy probablemente fue quien redactó en el 379 un rescripto contra los falsos obispos maniqueos. Este, en contra de Prisciliano, mostraba toda simpatía hacia Hidacio. Por tanto, le apoyó redactando una orden de traslado de los supuestos herejes a Tréveris en la actual Alemania.

De ese modo, los juicios de Tréveris acontecieron en el año 385. María Victoria Escribano Paño, dice en su obra escrita para de la Universidad de Granada, Historia del Cristianismo I:

“El desenlace del conflicto, vino determinado por un suceso político inesperado en 383, la usurpación de Máximo, un hispano, antiguo compañero de armas de Teodosio y, tal vez como él, originario de la Gallaecia. Sólo considerando la peculiar posición política de este último trienio 383-385 es posible explicar por qué una causa eclesiástica terminó en iudicia publica por maleficium, con resultados de muerte para los más renombrados de los ascetas entre ellos Prisciliano”.[1]

 Ante todo, Máximo atendió las peticiones de Hidacio y convocó a nivel imperial un sínodo en Burdeos, donde ordenó llevar a los acusados. Prisciliano, negó su comparecencia al sínodo de Burdeos, ya que para él Hidacio no era más que un obispo condenado por calumnias contra él. Pese a no comparecer, él y los suyos fueron finalmente condenados por el delito de maleficium, cuya sentencia es la muerte. Fueron entonces trasladados a Tréveris para cumplir allá la sentencia.

Aunque hubo algunos aplazamientos a la codena por la intervención de Martín de Tours, quien rogaba a Hidacio que quitara la demanda y a Máximo que detuviera tan vil derramamiento de sangre, se ejecutó el proceso por maniqueísmo y maleficio, que tuvo lugar ante el prefecto del pretorio Evodio.

Finalmente, bajo tortura, Prisciliano confesó su culpa del crimen de maleficio, asociada al mal augurio, celebración de ceremonias con mujeres, agravados de nocturnidad, desnudismo ritual que solía ir acompañados con recitaciones profanas. Por ese acto fueron condenados a muerte bajo poder de Máximo, Prisciliano, los clérigos Felicísimo y Armenio, y los laicos y aristócratas Latroniano y Eucrocia. Fue así como se ejecutó en la historia el primer caso de muerte de «herejes» en mano de supuestos cristianos.

Nos encontramos ante un final triste, pero necesario para conocer la historia de nuestro cristianismo español. Prisciliano no estaba sólo contra el mundo, sino que, como veremos en el siguiente episodio, tuvo quien le condenase, pero también en la época hubo personas de renombre  y creyentes, doctrinalmente ortodoxos, que condenaron su asesinato y salieron en su defensa. Esto nos lleva a pensar que, en la vida de Prisciliano, no todo era como sus enemigos decían, y que, por supuesto, no está justificada la muerte de un ser humano por pensar distinto. Además, nos queda la duda respecto a que la acusación que recibió fue desproporcionada a la realidad. No caigamos en esto de nuevo,  de todo esto sacaremos una enseñanza.

 


[1] María Victoria Escribano Paño, Historia del Cristianismo español I: El Mundo Antiguo. Universidad de Granada.

Samuel Alonso

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