Últimas publicaciones
Posted on 25/02/2013 by Juan María Tellería  in  Biblia

Dime qué y cómo lees… y ya te diré (1ª parte)

f 𝕏 W

El que lee entienda. (San Marcos 13, 14 RVR60)

No, ni en esta reflexión de hoy ni en la siguiente pretendemos comentar noticia destacada alguna de la semana, como venimos haciendo últimamente, y no porque no las haya habido, sino porque se da cada vez más en los medios evangélicos una circunstancia que nos viene preocupando desde hace tiempo, algo que constatamos con no pequeña dosis de tristeza por las implicaciones que conllevará a largo o corto plazo, y que, pensamos honestamente, puede tener una solución no demasiado complicada. O al menos así lo creemos.

Allá por los años de nuestra infancia, la década de los 60 del pasado siglo, había una idea bastante generalizada, por lo menos donde residíamos, según la cual los protestantes nacionales eran gente leída, es decir, personas diferentes del resto, no ya por sus creencias (“no creían en la Virgen ni en el papa”), sino por su cultura, superior entonces a la media común, que les permitía estar más abiertos a nuevas ideas y a innovaciones en todos los campos. Nuestra familia, que no era protestante, pero conocía en el vecindario a algunos que profesaban la fe reformada, mantenía esta opinión, y no eran los únicos. Crecimos con esa idea. El problema es que, llegados a la edad que hoy tenemos y profesando la religión protestante o evangélica, constatamos que aquel estereotipo está muy lejos de la realidad que encontramos en el día a día de nuestras iglesias en líneas generales. Ni que decir tiene que los índices de lectura o de consumo de libros en la sociedad española no son demasiado elevados en comparación con otras sociedades de nuestro entorno, y que, por tanto, el nivel cultural nacional resulta bastante flojo; no hay más que comprobar las estadísticas de fracaso escolar del país en relación con las medias europeas (algunos dirán, y con razón, que no hay más que comprobar los índices de audiencia de ciertos programas televisivos de pésima calidad). Desgraciadamente, esta situación también afecta, cómo no, a nuestras congregaciones. No sólo se lee poco en nuestros medios, lo que ya representa un problema para un sistema religioso como es el protestante o evangélico, fundamentado básicamente en la Sagrada Escritura, es decir, en un libro, sino que además se tiende a consumir obras de muy escasa calidad, una literatura de tipo panfletario que, lejos de formar, en realidad deforma y embota; que en vez de nutrir, atrofia e inhabilita; en una palabra, que conforma una mentalidad sectaria y anticultural, de ghetto, de grupo cerrado y, a la larga o a la corta, marginal. Imaginemos por un momento las consecuencias que ello puede acarrear en un futuro no demasiado lejano.

Pero dejemos este último punto para un artículo posterior y centrémonos en primer lugar en un asunto de capital importancia como es la lectura de la propia Biblia.

¿Leemos los cristianos evangélicos la Biblia, realmente? No se trata de una pregunta retórica. De alguna manera, en nuestras congregaciones, independientemente de la denominación a la que pertenezcan, se hace muy necesaria la recuperación de la lectura bíblica, maticemos, desde el punto de vista puramente estético. Veamos por qué. Nos hemos acostumbrado tanto a abrir nuestros ejemplares de la Sagrada Escritura, además de como lectura devocional particular, ritual o litúrgica (versículos que fundamentan la predicación dominical, por lo común), para hallar “textos doctrinales” sobre los que cimentar alguna creencia o práctica concreta, cuando no para rebatir lo que otros piensan, que hemos perdido realmente en buena medida la capacidad de goce que proporciona el texto por sí mismo, por su expresión de claro sabor semítico arcaico, por sus figuras impactantes que tanto pueden llamarnos la atención con su especial colorido, por su retórica tan diferente de la habitual en nuestros tiempos. Si a ello añadimos la escasa (por no decir nula) formación de algunos predicadores y supuestos monitores o maestros, que abren las Escrituras con verdadera tensión (o ésa es la impresión que transmiten) creyendo ver hasta en los puntos y las comas de nuestras ediciones modernas asuntos dogmáticos de extrema complicación o arcanos misteriosos que ocultan secretos terribles, comprenderemos que haya creyentes que, en realidad, no lean demasiado sus biblias o que se ciñan a unos cuantos pasajes clásicos sabidos de memoria, sus favoritos, sin casi atreverse a leer otros distintos.

Hemos de volver a leer nuestra Biblia, pero con nuevos ojos, vale decir, para aprender a disfrutarla, a vivir sus historias y sus narraciones como los hagiógrafos que las compusieron desearon que se vivieran, con la máxima compenetración y hasta podríamos decir “complicidad” con sus personajes destacados. Hemos de aprender a leer nuestra Biblia emocionándonos con sus relatos, dando rienda suelta a la hilaridad tal vez en algunos, ¿por qué no?, y al llanto en otros, pensando siempre en sus tramas argumentales (que son realmente magistrales si sabemos encontrarles el hilo conductor) o paladeando aquellos libros, capítulos o versículos escritos como cantos o poemas, que no fueron ideados (¡ni inspirados!) como tratados dogmáticos, sino como expresión de sentimientos elevada al máximo de su potencialidad literaria. Mal podremos vehicular una Palabra de Dios viva si la matamos de continuo con lecturas doctrinales, rituales o apologéticas. Difícilmente sabremos convencer a nadie de que lea con gusto un libro sagrado por el que manifestamos un hastío y un cansancio evidentes o, todo hay que decirlo, cierto temor inconsciente, fruto de un desconocimiento propio o inducido.

Los sesenta y seis escritos que hoy componen nuestra Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, fueron redactados con una clara intencionalidad de seducción. Así, como suena. En un principio no se escribieron para ser leídos al estilo occidental, es decir, de forma individual y silenciosa, sino en alta voz y para un colectivo que debía escucharlos embelesado, literalmente “enganchado” a sus palabras (piénsese en el elevadísimo porcentaje de analfabetismo de las poblaciones en medio de las cuales vieron la luz), y que debía manifestar con signos muy evidentes toda la emoción que le transmitían, desde la risa estentórea en algunos pasajes que hoy leemos con gran seriedad (las historias patriarcales referentes a Esaú y Jacob, por ejemplo, o las más estrambóticas de los libros de Jueces, Rut y Samuel, entre otros), hasta las lágrimas ardientes en otros de corte poético y mucho más sentimental (algunos salmos, las Lamentaciones de Jeremías) o en relatos trágicos (las escenas de los Evangelios que narran la pasión y muerte de Jesús), pasando por el silencio y la reflexión, quizás con murmullos y comentarios de aprobación o rechazo en otros (los libros de los profetas, las epístolas, los textos legales).

Si bien es cierto que ni nuestros tiempos son aquéllos ni nuestras circunstancias culturales son las mismas que entonces, también lo es que la Escritura requiere de nosotros una atención y una lectura que hoy no ejercitamos, y cuyo remedio es bien sencillo: adquirir el hábito de abrirla simplemente para disfrutarla. La instrucción real que de ella recibiremos resultará directamente proporcional al goce que nos produzcan sus páginas.

Será la única forma de hacer de ella lo que realmente profesamos que es: la Palabra viva del Dios Vivo.

Juan María Tellería

5 comentarios

  1. Como decía Lutero.. bíblia y sólo biblia.. que se demuestre nuestro error mediante las escrituras.. En ninguna parte de la biblia dice que la ley esté abrogada, sino se habrán de presentar capítulos y versículos que dejen claro este punto.. lo que dice Pablo es que desde que Adán pecó, el hombre ya no puede cumplir las exigencia de la ley por su naturaleza pecaminosa y así el hombre no se puede salvar cumpliendo la ley, pues nos es imposible, por eso necesitamos la gracia, la cuál consiste en Jesús y su sacrificio, el cuál tuvo que morir por nosotros porque transgredimos la Ley, y si la Ley se pudiera cambiar o abrogar.. ¿hubiera sido necesario que Jesús consintiera a ser crucificado??.. si Jesús tuvo que ser crucificado es precisamente porque la Ley no se puede cambiar y es eterna, inmutable y represente el eterno e inmutable carácter de Dios.. yo creo que debéis volver a leer bien vuestras biblias, porque Jesús constantemente hace referencia al antigüo testamento siendo que en él había muchas profecías sobre él, como en Isaías 53..

    Mateo 5:17 No he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir, porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley ..

    En este texto no ha ambigüedad, está muy claro.. no se cambia la Ley..

    1º Juan 2:7 -> Escribe el mandamiento antigüo que hemos tenido desde el principio..

    Rom 3:21 -> La justicia de Dios se ha manifestado por la Ley y los profetas..
    Rom 3:31 -> ¿anulamos la Ley por la fe?? ¡¡ De ninguna manera !!
    Rom 7,1 -> ¿No sabéis que la Ley rige al hombre mientras el vive??
    Rom 7,12 -> La Ley es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno..

    Y tengo anotadas muchas más referencias del nuevo testamento donde se subraya la absoluta importancia y vigencia del decálogo.. al hablar de estas cosas con crisitanos que no estáis de acuerdo, rápidamente aparecen palabras como secta, fanatismo.. pero la biblia es bastante clara.. si la Ley sigue vigente, y ha de estarlo porque seguro que matar, blasfemar, adulterar, levantar falso testimonio siguen siendo pecados… ha de ser muy del gusto de satanás que cristianos piensen que la ley está abrogada, pues sin ley no hay pecado, y sin pecado.. todos vamos a ser salvos, y eso no puede ser así..

    Rom 3,20 -> Por la Ley se conoce el pecado..
    Rom 4,15 -> Donde no hay Ley, no hay transgresión..

    Si con la cruz de Jesús se abolió la Ley, ¿quiere decir que ya nadie ha vuelto a pecar?? porque según San Pablo, sin Ley no hay pecado, y si cuando Jesús venga habrá juicio, ¿en base a que leyes los impíos serán condenados si las leyes fueron abrogadas?? sin ley no se puede condenar a nadie, y el dia del juicio muchos serán considerados impíos.. el decálogo, evidentemente, sigue vigente, sábado incluído..

    Podéis pensar que mis ideas son sectarias, pero entonces también la biblia ha de ser para vosotros un texto sectario, pues tanto en el AT como en el NT, se habla de respetar el sábado una y otra vez, una y otra vez.. tengo también apuntados numerosos textos donde tanto Jesús como los apóstoles y la primera iglesia respetaban el sábado sistemáticamente para que fuera ejemplo para todos, incluso en nuestros días.. Biblia y sólo biblia, no tradiciones de los hombres.. si sois cristianos sinceros, estudiad bien este asunto pues es de primera importancia, ya que se viene trabajando para que el domingo sea obligatorio.. esta crisis económica desembocará en adoración en domingo siendo el domingo la marca de la bestia que se menciona en Apocalipsis 13..

    1. Confirmado, amigo Carlos. Eres de una secta y ya se cual. La misma en la que a mi amiga le amargaron la vida. mucho texto biblico repetido por los gurús (la profetisa muerta y sus seguidores) y luego la vida imposible con las comidas, el diezmo obligatorio y un control de la vida familiar insoportable. Gracias al Señor que se salió a tiempo y su marido y sus hijos hoy son creyentes en la iglesia evangélica en que mi familia y yo nos congregamos. No pongo en duda que te sabes muchos textos de memoria tal vez. Lo que sí dudo es que entiendas lo que lees como el eunuco aquel que fue bautizado por Felipe. Y lo que no tengo ninguna duda es tu poca ética al utilizar un artículo escrito por un pastor siervo de Dios que no pretende hacer propaganda de su iglesia ni de nadie, solo de la palabra de Dios, para hacer propaganda tu de tu secta. solo te falta ya nombrarla y dar la direccion para que la gente acuda. Pierdes el tiempo. Es lamentable y patético.

  2. Para Carlos: ten cuidado con lo que estas estudiando que te estan dando gato por liebre. Probablemente estás en contacto con alguna secta o así. En la Biblia no se tocan esas cuestiones. El sábado está superado. Los cristianos evangélicos estamos libres de la ley de moisés y vivimos en la gracia de Jesucristo en el Espíritu Santo. Si quieres estudiar la Biblia de verdad buscate una iglesia donde te prediquen el evangelio y no sucedaneos raros. Una amiga mia cayó en una secta de esas. Primero mucho de Biblia aparente, luego el sábado luego historias de lo que se podía comer o no, y al final una profetisa americana muerta de la que tenía que comprar no se cuantos libros. Cuidado que eso no es mas que un negocio.

  3. Fascinante su artículo. Hoy en día estamos ante una tremenda e imperiosa necesidad(como bien usted dice) volver al texto sagrado para disfrutarlo y releerlo con sentido de relevancia…Oremos a Dios por más generaciones de siervos y siervas enamorados de la Palabra de Dios

  4. Muy interesante el artículo, la verdad, y es que es cierto.. uno ha de estar dispuesto a leer las cosas por uno mismo en vez de esperar a que otros te las cuenten.

    Yo desde hace relativamente poco vengo estudiando la biblia, y en contraste con ella, en este texto sólo he encontrado una cosa que no me ha cuadrado.. la predicación dominical, porque si Jesús no viene a abrogar ni la ley ni los profetas, ¿porqué la predicación ha de ser dominical y no sabática siendo que el 4º mandamiento bíblico de éxodo 20 manda guardar el sábado?? por lo que leo de la biblia, la predicación ha de ser el sábado, no el domingo.. se sabe que el domingo es un cambio realizado por la iglesia católica para establecer un poder rebelde e independiente al de Dios, así se dice en Daniel 7:25 «pensará cambiar los tiempos y la ley», siendo que la iglesia católica cambió el «guardarás el sábado» por «santificarás las fiestas», y en vez de seguir el calendario tal cual era, ahora estamos en el calendario gregoriano, el cuál era un papa.. entiendo que la biblia nunca habla a favor del domingo y siempre subraya el sábado..

¿Quieres comentar?