“Porque la verdadera teología no se construye sobre las alturas inmutables, sino sobre los cuerpos concretos, vulnerables, cambiantes” (Inspirado en la Theologia Crucis).
Una intuición que sigue habitando
Hay palabras que no se olvidan porque, de algún modo, nos habitan. No pasan. Permanecen trabajando en silencio, como una semilla que espera su tiempo.
Hace algunos años, cuando tuve el privilegio de desempeñarme como Coordinador del Área de Fe y Espiritualidad de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), participé en la organización de unas jornadas interreligiosas sobre Fe, Orientación Sexual e Identidad de Género. Aquel espacio fue mucho más que una actividad académica o pastoral. Fue un lugar de encuentro entre vidas concretas, atravesadas por la fe, pero también por heridas, preguntas y búsquedas profundas.
En ese camino compartimos proceso con personas profundamente comprometidas con el diálogo entre espiritualidad y diversidad. Entre ellas, la teóloga Mireia Vidal i Quintero, profesora de la Facultad de Teología SEUT, cuya sensibilidad y creatividad dejaron en mí una huella que el tiempo no ha borrado.
Fue ella quien, en medio de una conversación sencilla, me propuso un título para una de las charlas que estábamos preparando: “Travistiendo a Lutero”.
Recuerdo con claridad el impacto de aquellas palabras. No eran solo provocadoras. Abrían una grieta en la forma habitual de pensar la tradición. Eran una invitación a mirar de otro modo.
La charla nunca llegó a realizarse. Mireia tuvo que marcharse al Reino Unido para continuar sus estudios doctorales. Pero aquella intuición no desapareció. Se quedó. Durante años ha seguido resonando en mi vida pastoral, en conversaciones con personas que buscan reconciliar su fe con su identidad, en espacios donde la teología deja de ser abstracta y se vuelve urgente.
Hoy, desde ese recorrido, retomo aquella intuición. No como una respuesta cerrada, sino como una invitación. Tal vez reformar la Iglesia hoy implique también atrevernos a vestir la tradición con otros cuerpos, con otras experiencias, con otras formas de habitar la fe.
I. Travestir como categoría hermenéutica
Aquella intuición no surgió en un vacío teórico, sino en un contexto profundamente encarnado, donde la fe se encontraba con vidas concretas marcadas por la exclusión. Por eso, hablar de “travestir a Lutero” no puede entenderse como una provocación superficial, sino como una clave hermenéutica que nace de la experiencia.
La figura travesti, en su dimensión cultural y política, desestabiliza las normas que pretenden fijar identidades de manera rígida. Nos recuerda que muchas de nuestras categorías no son naturales, sino construidas. Judith Butler lo expresó con claridad al señalar que el género no es una esencia, sino una práctica reiterada que produce la apariencia de estabilidad.
Algo similar ocurre con la teología. También ella se ha vestido históricamente con determinados lenguajes, símbolos y marcos culturales que han privilegiado unas experiencias y han silenciado otras. En mi experiencia pastoral, acompañando a personas LGTBI, he visto cómo muchas han tenido que reinterpretar su propia fe para poder seguir sosteniéndola. Han cambiado palabras, han resignificado textos, han reconstruido su relación con Dios después de haber sido heridas por discursos religiosos.
En ese sentido, travestir a Lutero es reconocer ese movimiento vital. Es permitir que la tradición sea habitada desde otros cuerpos y otras experiencias. No se trata de destruirla, sino de abrirla, de dejar que respire en contextos nuevos.
II. El cuerpo en la teología reformadora: resignificaciones actuales
En aquellos espacios de encuentro interreligioso, el cuerpo nunca era un tema abstracto. Era una realidad concreta. Cuerpos que habían sido juzgados, silenciados o disciplinados, pero que seguían buscando a Dios.
Lutero, aunque profundamente situado en su tiempo, no fue un teólogo desencarnado. Su crítica al celibato obligatorio y su afirmación de la vida cotidiana como lugar de vocación cristiana apuntan a una comprensión integrada del ser humano. El cuerpo no es un obstáculo para la fe, sino parte de ella.
Hoy, esa intuición puede ser releída desde nuevas perspectivas. Las epistemologías queer y trans nos invitan a cuestionar las dicotomías rígidas que han marcado la tradición. Marcella Althaus-Reid propone una teología que se atreva a salir de sus zonas de confort y a confrontar las realidades de los cuerpos marginados.
Desde mi experiencia, acompañando procesos personales y espirituales, he aprendido que el cuerpo no es un problema teológico que resolver, sino un lugar donde Dios ya está actuando. En los procesos de transición, en las búsquedas identitarias, en las reconciliaciones profundas, hay una dimensión espiritual que no puede ser ignorada.
El cuerpo trans, lejos de ser una anomalía, puede ser comprendido como un cuerpo en proceso, en transformación, en constante reforma. Y en ese sentido, profundamente teológico.
III. Continuidades históricas: disidencias espirituales
Aquellas jornadas, y muchas otras experiencias posteriores, me ayudaron a tomar conciencia de algo que la historia oficial del cristianismo ha tendido a ocultar. La fe nunca ha sido uniforme. Siempre ha habido voces en los márgenes.
Personas que vivieron su espiritualidad de formas no normativas, comunidades que desbordaron los esquemas establecidos, experiencias que no encajaban en las categorías dominantes.
Leer a Lutero desde esta perspectiva permite reconocer no solo sus ideas, sino su gesto. Su capacidad de ruptura. Su decisión de desafiar estructuras de poder y de devolver la fe al ámbito de la conciencia personal.
Travestir a Lutero, en este sentido, es continuar ese gesto. No repetir sus respuestas, sino asumir su impulso reformador. Traducir el Evangelio a los lenguajes de hoy, como él lo hizo en su tiempo.
IV. Iglesias que se reforman: praxis contemporánea
En los últimos años he sido testigo de procesos concretos de transformación en comunidades cristianas. Iglesias que han decidido escuchar, revisar sus prácticas y abrir espacios de acogida real.
No son procesos fáciles. Implican tensiones, conflictos, resistencias. Pero también generan vida.
He visto cómo personas que durante años se sintieron expulsadas de la Iglesia han encontrado espacios donde su fe y su identidad pueden reconciliarse. He visto comunidades que han aprendido a dejar de hablar sobre las personas para empezar a escuchar sus experiencias.
Estos procesos no son simples adaptaciones culturales. Son signos de una Reforma que sigue viva. De una Iglesia que, cuando se deja interpelar por la realidad, se acerca más al Evangelio que anuncia.
V. La Reforma como travesti teológica
La afirmación clásica ecclesia semper reformanda est adquiere hoy una densidad nueva. La Iglesia no solo necesita reformar sus estructuras, sino también sus formas de pensar, de nombrar y de habitar la fe.
Travestir a Lutero es una metáfora de ese proceso. Es una invitación a dejar que la teología se encarne en cuerpos concretos, en historias diversas, en experiencias que durante demasiado tiempo han sido silenciadas.
Hoy necesitamos una teología que no tenga miedo de incomodar, que se atreva a habitar las fronteras y que reconozca en la diversidad una oportunidad de revelación.
Porque tal vez, en este tiempo, reformar la Iglesia consista en algo tan sencillo y tan radical como esto. Escuchar. Acompañar. Abrir.
Y confiar en que, en ese movimiento, el Espíritu sigue haciendo nuevas todas las cosas.
Referencias
Althaus-Reid, M. (2003). El Dios queer. Barcelona: Bellaterra.
Butler, J. (2007). El género en disputa. Barcelona: Paidós.
Karant-Nunn, S., y Wiesner-Hanks, M. (2003). Estudios sobre Lutero y el cuerpo.
Lutero, M. (1522). Sermón sobre el matrimonio cristiano. Salamanca: Ediciones Sígueme.
Santos Meza, A. (2022). Género, religión y disidencia: reflexiones desde la teología queer.
Redes Cristianas. (2015). Jornadas sobre Fe, Orientación Sexual e Identidad de Género. Madrid: Redes Cristianas.

Creo que el tema da para mucho. En primera instancia no concuerdo ni con el enunciado ni con el contenido. Una razón básica es que se necesitan prolegómenos para entender de donde partir y así poder reflexionar en las propuestas acá vertidas. Un buen punto de partida sería anclar las propuestas en y desde las Escrituras y estas desde el Evangelio nos llevan a proclamar la redención cuyo punto de partida es transformación y cambio del entendimiento. Todo lo demás cae de su peso.
Interesante el concepto de travestir. Tal vez haya más travestismos en nuestra teología de lo que pensamos.
En primera lectura no concuerdo con que los cristianos homosexuales tengamos que reinterpretar nuestra propia fe para poderla sostener. El problema es que se ha interpretado erróneamente mucho temática relacionada con el género y la orientación sexual. Empecemos por mejor dicho: des-trasvestir el cristianismo