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Posted on 09/05/2025 by Iraida M. Álvarez-Carrasquillo  in  portada, Teología

Tú, EL Viviente que nos ves | Iraida Álvarez

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Tú, EL Viviente que nos ves

 

La espiritualidad se orienta en el mover del Espíritu y se fortalece en los vínculos. Desde siempre su relevancia se ha circunscrito al constante intento de robustecer sus lazos en la reflexión teológica, el uso de la razón y en una praxis contextualizada. Es por esto que desvincularla de dichas dimensiones solo provocará el surgimiento de un espiritualismo subjetivo que en su pasividad elegirá evadir conscientemente las problemáticas que afectan la realidad del ser humano. Dicho espiritualismo es descrito por Tamayo como una espiritualidad institucionalizada que busca mantener su poder estableciendo alianzas con los poderes políticos y económicos del Estado.1  Son acuerdos con los poderes que usa el Estado para imponerse, pero excluyen de su reflexión la voz del Espíritu y su multiplicidad de manifestaciones al ser humano. Dicho de otro modo, voluntariamente rechazan la diversidad silenciando así la pluralidad de voces proféticas que proclamaron —y aún proclaman— los distintos caminos hacia la salvación.

Dos perícopas en el libro de Génesis muestran perfectamente cómo diferentes universos religiosos, cada uno desde su especificidad cultural, coexisten en constante comunicación en el terreno de la experiencia de lo Sagrado.  Es en la perícopa de Génesis 16: 1-16 en la que Agar  — mujer, negra, extranjera y esclava— vive una experiencia mística con el Dios de sus amos, y la opresión es denunciada a pesar de estar profundamente enraizada en su contexto social. Mercedes Branchier puntualiza que, a pesar de ser mujer, extranjera y esclava, la importancia social de Agar radica en el hecho de que su capacidad de dar descendencia al patriarca la convierte en un instrumento capaz de dar continuidad a la fuerza de trabajo2 y asegura la línea de sucesión. Esto provoca un desbalance en las relaciones de poder entre ella y su ama, Sara, la esposa del Patriarca. Aunque ambas están sometidas a la estructura patriarcal, Sara —mujer, israelita, esposa— no está dispuesta a ser vista ante los ojos del clan en igualdad de derechos con su esclava. Por tanto, elige legitimar el discrimen que impone a la mujer el patriarcado al cobijarse bajo la legislación que la faculta a usar el útero de su esclava para tener descendencia como propia.3 Es por esto que al verse obligada a consentir en la común práctica social del vientre de alquiler y víctima del abuso como recordatorio de su condición de esclava, Agar decide huir a su tierra natal.

 

Inter-revelación: el Dios que encuentra 

Huida hacia su tierra natal que se da en una desesperada búsqueda de liberación y se torna en el espacio sagrado propicio para una Teofanía. Un Dios al que ella conoce solo de oídas y en el que con toda probabilidad no cree, por la opresión vivida, le sale al encuentro. El texto sagrado nos cuenta que Agar fue: 1) vista por un mensajero de Jehová junto a la fuente de agua —espacio donde diversos grupos sociales conviven— ubicada en el desierto en la frontera con Egipto, 2) identificada como la esclava de Sara, 3) y anoticiada del deseo de comunicarle la voluntad  de quien le envía. Es imprescindible notar que, más que un encuentro, es una acogida que abre espacio al diálogo sobre la verdadera razón de su huida. Lília Dias Mariano entiende que este encuentro no sorprendió en lo absoluto a Agar. Por tanto, cabe la posibilidad de que fuera deseado4, pues en su vientre gestaba una vida que emanaba de la suya pero por ley no le pertenecía.

Fue ante el gesto de hospitalidad y el trato digno del Dios vivo que Agar sintió la confianza de revelar sus razones y le expresa: “estoy huyendo de Sarai, mi señora”5. La huida, tan común en las memorias de los esclavos, no es vista más como un acto de rebeldía sino como un camino de búsqueda de libertad. Sin ignorar la diversidad religiosa desde la que ella le ve como el dios de su amo, Dios se presenta como “el Dios del camino, del encuentro y de la escucha”6.  No juzga su rebeldía. Todo lo contrario, valida sus ansias de libertad ante la opresión vivida y se muestra solidario con su dolor dejándole saber que el maltrato que vivió no ha pasado desapercibido ni tiene justificación ante sus ojos.

Esta experiencia de Dios —vivida por Agar y legada a nosotros como práctica liberadora— nos deja al descubierto la inclinación de lo Sagrado por recuperar las dimensiones emancipatorias de la espiritualidad por medio de lo que Maricel López identifica como inter-revelación; interrelación entre dos o más manifestaciones religiosas y/o espirituales de modo sinérgico y horizontal.

 

Experiencia de Dios en el mutuo encuentro 

Este encuentro dado en un contexto en el que el supuesto religioso de la revelación no se sitúa por encima, sino que favorece la integración de y el respeto por la diversidad de experiencias religiosas, promueve la coexistencia en armonía. Joseph Ratzinger en su escrito “Fe, verdad y tolerancia” lo explica en base al encuentro de culturas. Es decir, las diversas culturas no sólo viven su propia experiencia de Dios, del mundo y del ser humano, sino que en su travesía se encuentran con otros sujetos culturales y tienen que situarse ante los mismos.7

Dicho encuentro de culturas no sería posible si no se diese un diálogo de las civilizaciones. Referente a este concepto, Roger Garaudy plantea que es un encuentro armónico de diversas culturas que propicia una lucha contra el aislamiento, el egocentrismo y el elitismo, pues pone en justa perspectiva la necesidad de vivir la espiritualidad en relación con el otro y con el todo.8 Desde el ámbito social, el diálogo de las civilizaciones pone de relieve la urgencia de mirar el futuro más alla del desarrollo económico y tecnológico que pueda lograr la explotación tanto de recursos como de los seres humanos.

[es] poner en tela de juicio un modelo de crecimiento ciego, sin finalidad humana, un crecimiento cuyo único criterio es el incesante aumento cuantitativo de la producción y del consumo; exigir una política que no sea solamente del orden de los medios, sino del orden de los fines, una política que tenga por objeto, por criterio, por fundamento, una reflexión sobre los fines de la sociedad global y una participación de cada cual, sin alienación de poder, en la búsqueda realización de estos fines; descubrir esta dimensión esta dimensión nueva de la fe en la política y en la cultura, esa elección de una libertad que sea participación de cada cual en el acto creador.9 

     Por tal razón, el esfuerzo de fomentar un diálogo de culturas hace posible que se adjudique igual valor a todas las piezas del mosaico de la espiritualidad logrando así una transformación tanto de los seres humanos como de las estructuras. Por tal razón, ‘El Dios del camino, del encuentro y de la escucha’ sale en defensa de la esclava fugitiva y de la vida que está por nacer. No solo le recuerda los peligros que el desierto representa en su condición de embarazo, sino la invita a regresar garantizando que le acompañaría en el trayecto. Además, como gesto solidario, no la envía desprovista, sino que le entrega una promesa; “multiplicaré de tal manera tu descendencia, que no se podrá contar”10. Más aún, le  muestra su favor extendiendo la dignidad a la vida por nacer de tener un nombre en relación directa entre la experiencia de encuentro de la madre y la identidad. El nombrar al niño “Isma-el” marcó la naturaleza del encuentro, pues significa “el Dios escucha”. Mercedes Branquier advierte que el nombre dado al niño sugiere un encuentro ecuménico, pues es el Dios del niño es “EL-Yavé” y es visto desde tres ángulos distintos: 1) el Dios que oye a la mujer que desea el embarazo; 2) el Dios que da descendencia; y 3) el Dios que dignifica la vida humana.11

 

EL-Roí: Tú, EL Viviente que me ves

En consecuencia, el oír solidario de el “EL-Yavé” garantiza que Agar deje de ser vista como un vientre de alquiler, y le ratifica el derecho de convertirse en la madre de una gran descendencia. En su acogida, Agar no sólo es dignificada, sino que por su experiencia de Dios comprende el sentido de conservar la vida latente en su vientre. Por consiguiente, es inevitable que la experiencia con lo Sagrado se convierta en una memoria de liberación digna de nombrar y transmitir a futuras generaciones. La fuente ya no es sólo el lugar de experiencias con las comunidades, sino que se convirtió en el lugar donde es posible encontrar al Dios de la comunidad. Es decir, fue en la aguas del “Pozo del Viviente que me ves” o “Pozo del Lajay-Roí” que Agar conoció la liberación por mano de “EL-Roí” o “Tú, EL Viviente que me ves”.

Esta memoria subversiva fue secundada por una triple Teofanía conservada en la perícopa de Génesis 21:1-20. En esta ocasión “Yavé” se revela a Sara y  hace fecundo su vientre. A pesar del desagrado por ser Ismael un hijo legítimo de Abraham, Dios reitera su favor hacia Agar y su hijo. Dichas experiencias de Dios fruto de la inter-culturalidad perdurarán por siempre como evidencia de que Dios escucha el dolor, no legitima la opresión, y garantiza la libertad y la autonomía de todo ser humano. En conclusión, es en el espacio abierto del mútuo encuentro —dimensión radical en la que Dios se revela cómo la suprema realidad de la vida— que emerge Dios como Vida de la vida y Fuerza para el camino”.12

 

  1. Juan José Tamayo, «Otra teología es posible: pluralismo religioso, interculturalidad, y feminismo», (Herder Editorial, S. L., 2011), 289.
  2. Mercedes Branchier,“¡Pero nosotras las mujeres decimos!”, RIBLA 25 (1997), consultado el 29 Mayo 2021, https://www.centrobiblicoquito.org/images/ribla/25.pdf.
  3. Ibid.
  4. Lília Dias Mariano, “Lecturas bíblicas latinoamericanas y caribeñas”, RIBLA 50 (2005): 49-50, consultado el 29 Mayo 2021, https://www.centrobiblicoquito.prg/images/ribla/50.pdf.
  5. Genesis 16:9
  6. Mercedes Branchier, “¡Pero nosotras las mujeres decimos!”, RIBLA 25 (1997), consultado el 29 de Mayo 2021, https://www.centrobiblicoquito.prg/images/ribla/25.pdf.
  7. Joseph Ratzinger, “Fe, verdad y tolerancia. El Cristianismo y las religiones del mundo”, (Salamanca: Ediciones Sígueme, 2005), 56.
  8. Juan José Tamayo, «Otra teología es posible: pluralismo religioso, interculturalidad, y feminismo», (Herder Editorial, S. L., 2011), 94.
  9. Ibid.
  10. Genesis 16: 10
  11. Mercedes Branchier, “¡Pero nosotras las mujeres decimos!”, RIBLA 25 (1997), consultado el 29 de Mayo 2021, https://www.centrobiblicoquito.prg/images/ribla/25.pdf.
  12. Leonardo Boff, “Experimentar a Dios, la transparencia de todas las cosas” (Santander: Sal Terrae, 2002), 36.
Iraida M. Álvarez-Carrasquillo

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