En todo movimiento –aunque se declare no violento- existen radicales -mal llamados radicales, dicho sea de paso- que cuando se les altera la sangre pierden el oremus, cometen salvajadas y arrastran a otros a a cometerlas, iniciando la espiral del “yo te doy, tu reaccionas y yo te vuelvo a atizar”. Así sucedió en Barcelona el pasado 15 de junio en los aledaños del Parlamento catalán, y también el pasado sábado, día 15 de octubre, en Roma. Éstos representan, mediante el ejercicio de la violencia contra las personas, el papel de Caín para con el movimiento en el que dicen militar.
Lo mismo ocurrió en el movimiento inicial de Jesús de Nazaret aunque en una situación diferente a la que hemos vivido en Barcelona en los últimos días. En una ocasión, ante el rechazo del mensaje del movimiento jesuano, un par de militantes reclamaron que descendiera “fuego del cielo” sobre la ciudad que les había rechazado, a lo que Jesús respondió, “No sabéis de qué espíritu sois” (Lc. 9:55).
En otra ocasión, cuando Jesús iba a ser detenido –con nocturnidad y alevosía- por una turba armada con espadas y palos encabezada por Judas, sus discípulos, obviamente indignados ante la violencia injusta que iban a cometer contra su líder, se preguntaron, “¿Heriremos a espada?”. Uno de ellos no espero la respuesta –tan poco había entendido el mensaje jesuano-, y sacando su espada, la emprendió contra uno de los agresores cortándole la oreja derecha. Jesús tuvo que decir, “basta ya” (Lc. 22:51), y restaurar el entuerto que su belicoso discípulo había cometido.
En ambos casos, Jesús, no dejó ni un solo resquicio que permitiera algún tipo de violencia –aunque fuera de “baja intensidad”- por parte de sus discípulos.
A los que gustan de la violencia para conseguir sus objetivos –por muchas buenas razones que tengan, si es que existe alguna – les diría a la manera de Jesús, “no sabéis de que espíritu sois”, y “basta ya”. Con vuestras acciones cainitas matáis de nuevo a Abel. Y si “Abel” muere, ¿qué nos queda?
Para construir el mundo nuevo el uso de la violencia, las vejaciones y los insultos a los que piensan y hacen diferente no son el camino en una sociedad como la nuestra. De ningún modo.
Publicado con anterioridad en el Blog del «Pastor Dadaísta«
