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Posted on 29/11/2011 by Ignacio Simal Camps  in  Opinión

¡Eres un desgraciado..!

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Recuerdo, cuando recién iniciaba mi caminar cristiano, que acceder a ciertos libros de teología que no se conformaban a la “ortodoxia” evangélica era misión imposible en nuestras librerías confesionales. Gracias a Dios que ciertas editoriales católicas comenzaron a publicar literatura protestante de un talante diferente al normativo en nuestro minoritario pueblo evangélico español. De ahí que muchos acudiéramos antes a las librerías católicas que a las protestantes.

Hoy, la red de redes, nos permite acceder a cualquier tipo de pensamiento u opinión sea ésta ortodoxa o heterodoxa. La libertad de expresión forma parte de la identidad de la red, pese a los muchos intentos que se hacen por poner límites al ciberespacio.

Por ello una revista virtual como Lupa requiere de los que en ella escriben un alto grado de encaje de la crítica. También requiere de los que comentan los artículos una gran mesura y sensatez, ya sea dando parabienes o realizando una análisis crítico del articulo comentado. La ventaja de una revista virtual es la posibilidad que brinda de sostener una relación virtual e inmediata entre el que escribe y el que comenta.

Ahora bien, después de casi siete años de existencia de nuestra revista, muchas clases de comentarios se han vertido en la misma. En ocasiones firmados con nombres y apellidos, en otras utilizando un seudónimo. Así es, y así será. Está bien. No hay problema.

Dicho esto, también quiero expresar mi preocupación acerca de algunos tipos de comentaristas que se dedican a decir la suya, aunque “la suya” nada tenga que ver con el tema del artículo o columna comentada. O aquellos que confunden la sección de comentarios con un foro más de los muchos que pululan por la red, dedicándose a establecer una “pelea” -sin ton, ni son- con otros comentaristas. O ese tipo de comentarios que no tienen ni pies, ni cabeza. Vamos, que los lees y te pierdes.

También existen aquellos –y esto si que es grave- que apelan a la descalificación personal del autor del escrito que comentan cuando no al insulto de trazos gruesos. Por ejemplo, hace unos días nos llegó un comentario que se iniciaba diciendo, “eres un desgraciado…” , dirigidas evidentemente al autor del artículo. Podría poner muchos ejemplos más –demasiados en mi hemeroteca virtual- de trazo todavía más grueso o que apelaban a la vida privada de los autores, pero valga un botón como muestra, y al buen entendedor con pocas palabras le basta. Ese tipo de comentarios ponen de manifiesto la insensatez del que los escribe, su falta de compromiso con los valores cristianos y su mala educación. Evidentemente no los publicamos y no llegan, ni llegarán jamás, a nuestros colaboradores.

La red fomenta la libertad de expresión tanto para el que escribe como para el que comenta. Pero por favor seamos sensatos a la hora de comentar, y seamos -utilizando un lenguaje pugilístico- buenos fajadores de las críticas que puedan recibir nuestros escritos.

A unos y a otros nos aconsejará Pablo de Tarso, “examinadlo todo, y retened lo bueno”. Y en ello estamos. Creedme, no puede ser de otra manera.

Ignacio Simal Camps

6 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo: «El lector tiene siempre la última palabra»… Él decide «dónde se queda». Juan María, gracias por comentar en Lupa.

  2. La labor que hace Lupa Protestante es algo que hoy por hoy escapa a nuestra ponderación. Que exista una revista como esta, en la cual se pueden expresar opiniones sin el temor a ser tachado de «hereje», «heterodoxo» o «anticristiano», es de por sí un milagro en este mundo evangélico español, que tanto, tanto, tanto se va pareciendo (¡por desgracia!) cada vez más a algunas sectas que han pululado y pululan por el territorio nacional. Que por otro lado haya quienes escriban críticas acervas a los artículos, es inevitable, y hasta es bueno, me atrevo a decir. Así se ven con claridad las dos realidades que existen en nuestro campo muy bien marcadas. Y el lector decide, naturalmente, dónde se queda. El lector tiene siempre la última palabra.

  3. Así es, Yecid, los «trolls» son reales, y los hay que firman con nombres y apellidos. Hay trolls «paganos» y trolls «evangélicos». También los trolls tienen su «religión» o su «no-religión».

  4. Esto que cometa en el artículo es casi inevitable que suceda en la red. Muchos comentaristas lo hacen simplemente por «trollear». Lo he podido observar en la mayoría de blogs y foros que suelo frecuentar.

    Según la Wikipedia un «troll» o «trol» es «un vocablo de Internet que describe a una persona que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí. El troll puede ser más o menos sofisticado, desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, con la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los demás. Actualmente también se usa este término para cualquier tipo de travesura.»

    Ahora hay que decir: ¡Eres un troll…!

  5. En primer lugar sinceramente y no como mero formalismo topico gracias por el trabajo que realizan con esta revista aun siendo yo mas joven que usted creo lamentablemente tambien fui testigo de censuras si censuras no se trataba de ser selectivo solamente sino de prohibir expresamente es una lastima pero aun hay hoy en dia quienes asi piensan y hacen en fin animo hermanos y gracias por compartir su trabajo

  6. Buenos días
    Iba a clicar me gusta.
    Antes de hacerlo aclarar.
    No me gusta que unos u otros perdamos una mínima educación.
    Si me gusta la PACIENCIA que teneís los y las que filtraís dados comentarios por a pesar de ellos darnos la oportunidad de seguir con las diversas lecturas de la revista y así seguir reflexionando.
    «La paciencia todo lo alcanza»… esperando que no haga falta mucha pero de hacer falta… Que la paciencia gane en este sinsentido del que habla el articulo de algunos / algunas lectoras.
    Buen martes a todos y todas.

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