Espiritualidad filantrópica y modelos de liderazgo en el servicio comunitario[1]
La justicia social en las Iglesias Hispanas/Latinas de Estados Unidos de Norte América y Puerto Rico: acercamiento desde el Arte de la Investigación Científico Social
Héctor E. López Sierra y Franklin Guerrero Jiménez

Introducción
En su libro Faith and wealth. A History of Early Christian Ideas on the Origin (tanto en su versión en inglés como en español), el historiador del pensamiento cristiano Justo L. González ha planteado la importancia de prestar atención a los textos histórico-teológicos de la literatura patrística que se referían específicamente al orden social y económico. En ese texto González afirma que tales temas, lejos de ser una cuestión incidental en la vida de la iglesia Cristian antigua, eran centrales a ella. Es decir, se puede inferir en el planteamiento de Justo L. González que hay una invitación a comprender, desde la práctica teológica y la hermenéutica contemporánea, la visión que quienes originaron la tradición del movimiento del Jesús histórico, tuvieron sobre el uso del dinero y la administración de los recursos materiales (1990).
Un punto de interés del estudio de González que es fundamental para los planteamientos que hacemos en este artículo es afirmar que el desarrollo de las ciencias sociales modernas y contemporáneas y las reflexiones teológicas relacionadas con esas ciencias permiten acercarse a retos sociopolíticos y económicos como son la lucha en contra de la injusticia social, la opresión y la mala distribución de las riquezas, entre otras. Por ello, se pueda concluir que asuntos vitales como lo son la fe, la espiritualidad y la economía no se deben ni se pueden separar. Es decir, y en esto coincidimos plenamente con el doctor González, las realidades y agendas económicas influyen y son influidas por el discurso teológico, y en especial por aquellos producidos por las diferentes teologías de la liberación.
De acuerdo con lo anterior, en ese sentido, se podría afirmar lo que López Sierra ha planteado en un reciente artículo publicado aquí, en esta revista electrónica Lupa Protestante en cuanto a la relación entre ciencias sociales y reflexión teológica liberacionista. El profesor López Sierra afirmó en dicho artículo que “…el análisis social …asume a la religión y los hechos sociorreligiosos como fenómenos públicos en la misma categoría social y cultural de hechos sociales observables” (López Sierra, 2025). Por ello, al referirse a la reflexión y al pensamiento teológico desde la perspectiva de la Teología Latinoamericana y Caribeña de la Liberación el sociólogo y psicólogo de las religiones expone que “…la mediación socioanalítica busca ofrecer… una vía para interpretar el sufrimiento de los pueblos como categoría teologal y como llamado a la transformación estructural” (López Sierra, 2025).
Mediante métodos cualitativos de análisis científico sociales —análisis de contenido documental y entrevistas semiestructuradas con cinco pastores ejemplares en EE. UU. y Puerto Rico—, el estudio identificó prácticas de liderazgo innovadoras que mejoran la sostenibilidad financiera, la integridad teológica y la participación comunitaria.
Los principales marcos teóricos clave que guiaron el análisis llevado a cabo en esta investigación incluyeron la noción de espiritualidad de la recaudación de fondos económicos como práctica espiritual filantrópica desarrollada por el teólogo estadounidense Henri Nouwen. Además, partimos del campo disciplinar emergente llamado la psicología de la filantropía desarrollada por la académica asiática profesora en Gran Bretaña y Estados Unidos de Norte América, la doctora Jenny Shang y por el doctor Adrian Sargeant, académico británico, especialista en filantropía mercadotecnia, ambos fundadores del Instituto de la Filantropía Sostenible (Institute for Sustainable Philanthropy).
Ambos enfoques teóricos enfatizan en la naturaleza sagrada, relacional y transformadora de la donación. Desde estas teorías y prácticas filantrópicas entablamos un diálogo inter y transdisciplinario con las ciencias sociales, los estudios teológicos y religiosos contemporáneos y nuestra investigación se inserta en lo que puede ha sido llamado la tradición filantrópica en la investigación social (O’Connor, 2007).
Acercamiento desde la investigación científico social a la filantropía
La filantropía y las ciencias sociales comparten una herencia de interrelación. Al principio del siglo XX una creciente desigualdad económica y polarización política caracterizaba a los Estados Unidos de Norte América. Pero a la misma vez se experimentaban reformas sociales progresistas. En ese momento histórico, organizaciones filantrópicas promovieron el uso de las ciencias sociales como una forma de resolver las crisis del capitalismo industrial (O’Connor, 2007).
Las fundaciones filantrópicas establecidas a principios del siglo XX se centraron en la rigurosidad de la investigación científico social junto con el compromiso sociopolítico de reformar la realidad de desigualdad económica de la estructura social en los países occidentales de la modernidad durante el siglo XX. También se ocuparon de que se promoviera un trabajo social que impulsó reformas en temas que abarcaban desde el bienestar infantil hasta los préstamos abusivos. Esta agenda reformista moldeó las prioridades y los métodos de investigación científico social de muchas de las organizaciones y fundaciones filantrópicas previo a la Segunda Guerra Mundial. (O’Connor, A2007).
Las ideas que subyacían a los proyectos filantrópicos en la investigación social se dirigieron a comprender las transformaciones sociales a nivel macroestructural. No como eventos inevitables, sino como fuerzas sociales susceptibles de gestión, reforma y regulación científica y una concepción de lo público y sus problemas como interdependientes, sociales y colectivos en lugar de individuales y privados.
Partiendo de la descripción de la relación inter y transdisciplinaria entre filantropía e investigación científico social podemos afirmar que el diálogo histórico entre filantropía y ciencias sociales revela una concepción instrumental y científica de la acción social transformadora. Sin embargo, la filantropía no solo se construyó desde modelos racionales y técnicos de reforma social, sino también desde motivaciones afectivas, espirituales y relacionales. En contextos donde el sufrimiento humano era visible, como en la salud pública o la pobreza urbana, emergieron prácticas de donación impulsadas por valores como el cuidado, la compasión y la gratitud. Esta dimensión relacional y espiritual de la filantropía plantea un giro en la comprensión del acto de dar, abriendo paso a una segunda perspectiva centrada en la gratitud, la reciprocidad, el bienestar y la experiencia emocional del vínculo filantrópico (Shang, & Croson, 2009; Mauss, 2009). Veamos esa dimensión en el próximo apartado.
Gratitud, reciprocidad, cuidado y construcción del bienestar: acercamiento desde la espiritualidad filantrópica
Gratitud y reciprocidad como resultado del cuidado y la creación de bienestar y espiritualidad en la recaudación de fondos. Expertos en filantropía en el ámbito de la salud han establecido que la retribución es más que una simple transacción financiera. La gratitud ha recibido considerable atención en las últimas dos décadas debido a su asociación con el bienestar subjetivo (Emmons, R. A. y McCullough, 2003, 2004). Está estrechamente relacionada con múltiples aspectos del bienestar y puede verse influenciada positivamente (Aparicio, Centeno, Robinson y Arantzamendi, 2019).
Como emoción, la gratitud se ha conceptualizado como un estado placentero, un sentimiento de agradecimiento que surge al reconocer algo positivo o útil gracias a las acciones de otra persona. La gratitud se da en el contexto de la interacción interpersonal cuando se recibe ayuda que se valora como valiosa, costosa de brindar y ofrecida de forma altruista. El sentimiento depende del contexto, perdura un tiempo y luego disminuye, mientras que la intensidad de la gratitud depende del valor que le otorga quien la experimenta.
Para que surja la gratitud, el bien (beneficium) recibido por el beneficiario del benefactor debe interpretarse como un obsequio benéfico. Si el beneficiario interpreta el beneficio como un deber legal o moral en lugar de un obsequio, no experimentará gratitud. Este hecho sugiere que la gratitud implica más que una apreciación interpersonal de la ayuda ajena (Aparicio, Centeno, Robinson y Arantzamendi, 2019). Parece razonable considerar las expresiones de gratitud como una retroalimentación significativa que puede aprovecharse (Aparicio, Centeno, Robinson y Arantzamendi, 2019).
La gratitud fortalece las relaciones y promueve su formación, mantenimiento, conexión y satisfacción. Forma parte de la cadena de reciprocidad. Sostiene un ciclo de obsequios y contra obsequios, creando cohesión social y comunidad. La gratitud como virtud es un aspecto esencial del carácter: la capacidad de experimentar y expresar sentimientos de agradecimiento. El hecho de que alguien pueda ser percibido como agradecido sugiere que la gratitud es una cualidad, un talento o un don que impregna todas las relaciones sociales (Algoe, Haidt y Gable, 2008; Algoe, Gable y Maisel, 2010).
Desde la perspectiva espiritual-praxeológica, tanto la teóloga latinoamericana de la liberación Elsa Tamez, como el finado teólogo estadounidense Henri Nouwen, dedican a la gratitud una importancia clave. En su libro Contra toda condena: La justificación por la fe desde los excluidos, Tamez (1991) interpreta Romanos 1: 8–15. Allí plantea que la noción de gratitud en el apóstol Pablo no es una mera cortesía o recurso estilístico, sino una discusión completamente ética y política (Tamez, 1991, pp. 15–20). En las palabras de esta teóloga de la liberación, la acción de gracias de Pablo no es simplemente una expresión de individualismo sino una afirmación de vida, una afirmación de comunión y una afirmación de compromiso compartido. Así, la gratitud en este pasaje no nace de la autosuficiencia o la autosatisfacción, sino de la verdadera visión de que la Divinidad ha ofrecido de forma gratuitamente su proyecto de sustentar la vida de toda la humanidad en vías de permitir un verdadero compañerismo total y recíproco (Tamez, 1991, pp. 15–20). Especialmente entre quienes, por razones de empobrecimiento y exclusión, debido a su género, color de piel y trasfondo étnico, entre otras características de la identidad humana, sufren opresión e injusticia de sectores hegemónicos.
Por ello, Tamez enfatiza en ese texto que la gratitud en el apóstol Pablo se convierte en la fuente central de una praxis comprometida con la Divinidad. Preferencialmente, de quienes sufren opresión y exclusión. Por lo tanto, en este contexto, la gratitud no es solo religiosa o devocional, sino ética y política, liberadora (Tamez, 1991, pp. 15–20).
Así las cosas, con relación con lo planteado por Elsa Támez, debemos referirnos desde esta misma perspectiva a la obra A Spirituality of Fundraising del finado teólogo Henri Nouwen. En ese libro Nouwen presenta la gratitud no solo como fundamento de una sana espiritualidad cristiana, sino que la opone radicalmente a la humillación sistémica a los empobrecidos que muchos llaman eufemísticamente como “caridad”. Para él, “la gratitud es el fundamento de la recaudación de fondos cristiana porque estamos invitando a otros a participar en una visión que ya nos ha llenado de vida y alegría” (p. 26).
Por lo tanto, quienes comparten los bienes materiales que tienen y lo hacen desde una posición de suficiencia económica deben hacerlo desde la certeza de que todo es don, y de que la abundancia de la Divinidad está presente en ese acto de compartir. La gratitud, entonces, no es una reacción posterior a la de recibir, sino una disposición espiritual anterior que configura toda la práctica pastoral, económica y comunitaria. Sin embargo, ninguna forma de filantropía basada en la escasez y en el trueque merece el nombre de verdadera gratitud, afirma Nouwen: “cuando partimos de la gratitud, dejamos de ver la recaudación de fondos como un acto doloroso o como una estrategia, y comenzamos a verla como un ministerio espiritual” (p. 28).
En ambas perspectivas, la gratitud es esencialmente relacional: en Tamez, es solidaridad y reciprocidad entre iguales comprometidos con la justicia; en Nouwen, es comunión espiritual entre quienes comparten una visión misionera. Tanto Támez como Nouwen vinculan la gratitud a la tarea transformadora de las Buenas Noticias traídas por el mensaje del Jesús histórico liberado según interpretadas por la tradición de los escritos compilados por quienes le siguieron en su vida y obra.
En el caso de Tamez (1991), la gratitud es lo que mueve a la comunidad a “impartir algún don espiritual” (p. 18), es decir, a actuar en el mundo desde la fe y la liberación sociopsicológica y cultural comprometida. En el caso de Nouwen (2004), la gratitud se convierte en el llamado a invitar a otros a participar en la obra de la Divinidad con alegría y sin temor: “La recaudación de fondos es, precisamente, la forma en que invitamos a las personas a entrar en una nueva manera de relacionarse con sus recursos” (p. 32). En ambos casos, es una gratitud que no se limita a lo espiritual o litúrgico, sino a la acción histórica, las relaciones justas y la comunión misional.
Partiendo de lo planteado hasta aquí, establecemos que la noción de espiritualidad de la cual partimos se relaciona a las perspectivas de la ética de la exterioridad radical del otro y la praxeología de la gracia, la comunión, la reciprocidad, la solidaridad el servicio y la justicia (Dussel, E. (2009; Lopera Montoya & Gutiérrez García, 2018). Esas `perspectivas entienden a la filantropía no como un acto transaccional sino como una respuesta profundamente relacional a una concepción de la irrupción del Otro (divino y humano) en la historia concreta, como evento ético y de la espiritualidad como base para las acciones justas, liberadoras y solidarias. Esto, tanto de manera racional, emocional como sacramental, facilita el apoyo a largo plazo, la entrega en amor solidario y la colaboración como manifestación práctica de la gratitud (Dussel, 2009; Chen, 2018; Vargas, 2024).
Los principios teóricos y ético-espirituales discutidos hasta aquí encuentran una encarnación concreta en las vidas y ministerios de diversos líderes pastorales hispanos/latinos en Estados Unidos y Puerto Rico, cuyos perfiles fueron documentados como parte de este proyecto investigativo. En cada caso, la gratitud y la reciprocidad no se manifiestan meramente como emociones privadas o virtudes abstractas, sino como ejes centrales de una praxis ministerial que vincula la administración de recursos con el cuidado comunitario, la justicia estructural y el discipulado transformador.
En diversas regiones de Estados Unidos y Puerto Rico, líderes pastorales hispanos/latinos están cultivando modelos de espiritualidad filantrópica. Estas, aunque diversos en forma y contexto, comparten una misma raíz: transformar la gratitud en praxis de justicia, cuidado y reciprocidad.
En la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) de University Gardens en San Juan, el Reverendo Gamaliel Ortiz Guardiola encarna un modelo híbrido participativo-comunitario. Su ministerio entrelaza la liturgia, la historia caribeña y la acción social directa, convocando a la congregación—incluida la diáspora—al discipulado juvenil, la hospitalidad radical y la colaboración ecuménica como expresiones vivas de una fe agradecida. Su práctica teológica pública y su liderazgo digital reflejan una espiritualidad filantrópica encarnada en la cotidianidad de los márgenes.
En el Lower Manhattan de Nueva York, el Reverendo Dr. Marc Rivera lidera desde hace décadas la Primitive Christian Church, una comunidad bilingüe, multicultural y profundamente arraigada en el ministerio urbano. Su modelo pastoral articula la adoración con el desarrollo comunitario a través de Vision Urbana, organización sin fines de lucro que transforma la filantropía congregacional en servicios de salud, programas de liderazgo juvenil y defensa cívica. Rivera integra su experiencia corporativa y su vocación profética en una práctica ministerial que convierte los recursos comunitarios en esperanza estructurada.
Desde Chicago, el Reverendo Dr. Lou Ramos ha forjado junto a su esposa Mirian Ramos una iglesia que trasciende fronteras: Storehouse Church. Con dos campus, incluyendo una sede internacional en Haití, y una organización de servicio comunitario llamada Storehouse Connect, su ministerio desarrolla un modelo misional integral que nutre física, emocional y espiritualmente a su comunidad. Su enfoque de discipulado práctico, su predicación contextualizada y su compromiso con la transformación social hacen de la filantropía una pedagogía encarnada para el desarrollo personal y comunitario.
En el corazón multicultural de Miami, el Reverendo Jason Roberson y el Reverendo Rafael García dirigen la Catedral Episcopal Trinity. Juntos encarnan un modelo catedralicio intercultural de revitalización y hospitalidad. Roberson ha liderado la reconstrucción material y espiritual del templo, promoviendo liturgias inclusivas y programas sociales que integran a hispanohablantes, angloparlantes y personas LGBTQ+. Por su parte, García aporta una sensibilidad pastoral cultivada en el Caribe, organizando huertos comunitarios, asistencia callejera y formación litúrgica que convierten el servicio en comunión. Su liderazgo colaborativo demuestra cómo la espiritualidad filantrópica puede ser puente de inclusión, sanación y renovación eclesial.
En San Antonio, Texas, el Reverendo John Patrick Feagins, junto a la pastora Raquel Feagins, lidera la Iglesia Metodista Unida La Trinidad desde una perspectiva fronteriza, integrando la herencia wesleyana con una defensa activa de los derechos migratorios. La congregación ha sido refugio para familias desplazadas y centro de educación cívica, a través de clases de ciudadanía y programas comunitarios que acompañan a inmigrantes en su camino hacia la naturalización. Con una combinación de formación teológica, compromiso bilingüe y praxis pública, el ministerio de Feagins convierte la filantropía en expresión pastoral de solidaridad activa.
Estos líderes, desde sus respectivas tradiciones denominacionales y contextos socioculturales, revelan que la espiritualidad filantrópica no es un concepto abstracto, sino una ética vivida que moviliza recursos, transforma estructuras y forja comunidades centradas en la justicia, la reciprocidad y la esperanza compartida. Por ello, estos modelos ofrecen una perspectiva vivencial que complementa los marcos teóricos aquí presentados.
Panoramas
La investigación con líderes pastorales hispanos/latinos en Estados Unidos y Puerto Rico evidencia que la espiritualidad filantrópica sólo produce transformación social cuando se operacionaliza en prácticas ministeriales concretas que integran fe, liderazgo y acción comunitaria. Inspirados por la Spirituality of Fund-Raising de Henri Nouwen y por la philanthropic psychology de Shang y Sargeant—que conciben la donación como experiencia sagrada, relacional y mutuamente transformadora—los pastores entrevistados articulan el acto de dar como vocación discipular, no como transacción económica.
En la práctica, estos líderes combinan tres modelos de liderazgo: (1) liderazgo de forma participativa con la comunidad de fe y con un compromiso que prioriza el servicio comunitario; (2) liderazgo pedagógico, que forma a los miembros de la comunidad de fe en una espiritualidad de la gratitud y el servicio comunitario a través de una pedagogía con base en una fe que integra celebración litúrgica y servicio comunitario a personas y comunidades en situaciones biopsicosociales y económicas frágiles y vulnerables. ; y (3) liderazgo que vincula la recaudación de fondos con causas de justicia (por ejemplo, defensa de migrantes, acceso a salud o vivienda).
Los hallazgos confirman que la espiritualidad filantrópica en iglesias hispanas/latinas— cuando se articula con modelos de liderazgo participativo y justicia social—representa una mediación socio-analítica que integra la experiencia de fe con el análisis estructural de la desigualdad, tal como plantea López Sierra (2025). En diálogo con la tradición patrística revisitada por González (1990/2016), la relación entre recursos materiales y discipulado sigue siendo inseparable: la administración económica es praxis teológica y ético-política.
n síntesis, la espiritualidad filantrópica examinada constituye una vía robusta para que las iglesias hispanas/latinas vinculen identidad confesional y misión pública.
Cuando la recaudación de fondos se ancla en relaciones de gratitud, reciprocidad y justicia, se generan ecosistemas de solidaridad que trascienden las paredes del templo y dialogan con movimientos sociales más amplios. Al mismo tiempo, la incorporación de principios decoloniales previene la reproducción de jerarquías económicas y culturales, fomentando liderazgo compartido, redistribución de recursos y procesos evaluativos que privilegian las voces históricamente marginadas.
El camino por delante requiere ampliar las alianzas interinstitucionales, profundizar estudios longitudinales que midan impacto espiritual y social, y continuar elaborando marcos teóricos que articulen teología de la liberación, psicología de la filantropía y epistemologías decoloniales. De hacerlo, las iglesias no solo sostendrán su viabilidad financiera, sino que encarnarán un testimonio profético coherente con la justicia del Evangelio y con la aspiración de un bien común intercultural y equitativo.
Desafíos para abordar en futuras investigaciones
La indagación sobre espiritualidad filantrópica y praxis pastoral en iglesias hispanas/latinas con ingresos anuales superiores a US $350,000 reveló buenas prácticas de servicio y recaudación, pero también puso de relieve un un desafío que nos parece prioritario atender: la ausencia de mujeres y de líderes afrolatinos/afrocaribeños fenotípicamente negros en los pulpitos estudiados.
El principal reto encontrado ha sido la falta de diversidad étnico-racial en el liderazgo pastoral. Un hallazgo crítico fue la ausencia total de pastoras mujeres y de pastores afrolatinos/afrocaribeños fenotípicamente negros entre las congregaciones que cumplían los criterios de elegibilidad. Los datos disponibles confirman que, en promedio, sólo 1,3 % de las iglesias hispanas reporta miembros negros o afrolatinos (research.lifeway.com), mientras que en los mega templos multirraciales el 94 % de los pastores principales sigue siendo blanco (christianitytoday.com).
Esa brecha apunta a barreras de acceso al seminario, a posibles discriminaciones y estructuras denominacionales que priorizan patrones androcéntricos o fenotipos de piel blanca. De acuerdo con estas observaciones encontramos reportes que subrayan la escasez de mujeres en puestos directivos en el ministerio hispano/latino, aun cuando proliferan programas certificados dirigidos a ellas (pewresaerch.org; ats.edu). Esta homogeneidad limita la capacidad de los modelos filantrópicos para encarnar un testimonio inclusivo y decolonial.
En suma, los resultados aportan claves valiosas para entender cómo las iglesias hispanas/latinas de mayor capacidad económica articulan espiritualidad y filantropía, pero los retos descritos reclaman atención. Abordar la exclusión de mujeres y afrolatinos en el liderazgo es un paso imprescindible para avanzar hacia un conocimiento más integral, justo y representativo de la riqueza pluricultural de las comunidades de fe hispana/latinas en Estados Unidos y Puerto Rico.
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[1] Este artículo es parte de una investigación llevada a cabo por los autores y apoyada y financiada por el Instituto
Louisville afiliado al Seminario Presbiteriano de Louisville, Kentucky, Estados Unidos de Norte América (https://louisville-institute.org/our-impact/awards/pastoral-study-project/14790/). Publicada con permiso expreso de sus autores.
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Los autores

Héctor E. López Sierra, Ph.D., es puertorriqueño, profesor de Sociología y Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en el Recinto de Río Piedras.El doctor Héctor E. López Sierra es también Psicoterapeuta y especialista en Acompañamiento Espiritual Interreligioso.
Franklin Guerrero Jiménez, B.A., M. Div. es un caribeño nacido en Puerto Rico de raíces dominicanas. Desde el trabajo parroquial y trabajos gerenciales denominacionales y ecuménicos ha evolucionado su trayectoria en la gerencia y la filantropía de algunas de las mayores O.N.G.s en Estados Unidos y otras latitudes. En la actualidad es director ejecutivo y filantrópico de la Fundación Chapters Health System.
