Hoy*, 11 de septiembre, Catalunya celebra su Diada Nacional. Esa celebración me ha conducido de forma involuntaria a una reflexión vital. Y es que Catalunya em va donar la vida.
Así como suena,sí, Cataluña me dio la vida. Y me la dio de diferentes maneras. Mi lugar de nacimiento fue Barcelona. Mis padres eran aragoneses, aunque por parte materna existían orígenes catalanes. Siempre ha delatado ese hecho mi segundo apellido, Camps. De niño mi familia regresó a Aragón. Más exactamente a Zaragoza, la ciudad de mi adolescencia.
Cuando tomé conciencia de mi lugar de nacimiento fue durante un viaje que realicé con mi padre a la Ciudad Condal, corría el año 1969. Lo recuerdo porque mi tía Consol, vecina en aquel entonces del populoso barrio de “El Carmel”, me regaló -en mi corta visita- el vinilo del grupo “Formula V”. Aquel disco de 45 r.p.m. en el que en su “cara A” se podía escuchar la famosa composición “Cuéntame”. Años antes solía pasar mis vacaciones estivales entre Reus y Salou, pero no fue lo mismo, ya que la conciencia de ser catalán me la otorgó mi visita a Barcelona, mi mitificada ciudad. Para colmo en 1971 Joan Manuel Serrat publicó su “Mediterráneo”, y yo tarareaba su canción e interiormente sentía nostalgia por el mar y por las tierras catalanas…
Cataluña me dio la vida. Y me la dio porque fue en esa tierra, cuando regresé con 18 años, donde experimenté mi regreso a la fe cristiana en su expresión protestante. También en Cataluña inicié mi noviazgo con la que luego sería mi esposa, Joana. Posteriormente contraje matrimonio civil. Fue también en Barcelona el lugar donde nacieron mis hijos, Irene e Ignacio, en ese orden. Y últimamente mi nieta, Raquel.
Cataluña, tierra de acogida. Cuando hoy leo y escucho lo que se dice en el resto de España de mi tierra de nacimiento y de adopción, mi alma se llena de perplejidad. Yo, que utilizo el castellano como lengua vehicular, nunca me he sentido discriminado -a pesar de lo que dicen ciertos medios- por ese hecho circunstancial ocasionado por mi incompetencia para hablar otros idiomas. ¡Dios mío! ¡Quién me diera la capacidad de vencer mis vergüenzas!
¿Sabéis? Cataluña me devolvió mi fe cristiana, para posteriormente “regalarme” a mi compañera, mis hijos, mi nieta, mi iglesia y multitud de amigos y conocidos. También me dio unas raíces identitarias, de tal manera que puedo decir que es mi tierra y puedo cantar con Lluis Llach:
«El meu país és tan petit
que quan el sol se’n va a dormir
mai no està prou segur d’haver-lo vist.
Diuen les velles sàvies
que és per això que torna.
Potser sí que exageren,
tant es val! és així com m’agrada a mi
i no en sabria dir res més.
Canto i sempre em sabré
malalt d’amor pel meu país «
Sí, Catalunya em va donar la vida.
*Publicado el 11 de septiembre de 2009
Avui, 11 de setembre, Catalunya celebra la seva Diada Nacional. Aquesta celebració m’ha conduït de manera involuntària a una reflexió vital. I és que Catalunya em va donar la vida.
Així com sona, sí, Catalunya em va donar la vida. I me la va donar de diferents maneres. El meu lloc de naixement va ser Barcelona. Els meus pares eren aragonesos, encara que, per part materna, existien orígens catalans. El meu segon cognom, Camps, sempre ha delatat aquest fet. De nen, la meva família va tornar a Aragó. Més exactament, a Saragossa, la ciutat de la meva adolescència.
Va ser durant un viatge que vaig realitzar amb el meu pare a la Ciutat Comtal, que vaig prendre consciència del meu lloc de naixement. Corria l’any 1969. Ho recordo perquè la meva tia Consol, veïna en aquell temps del populós barri d’El Carmel, em va regalar -durant la meva curta visita- el vinil del grup «Formula V», aquell disc de 45 r.p.m. en què en la seva «cara A» es podia escoltar la famosa composició «Cuéntame». Anys abans solia passar les meves vacances estivals entre Reus i Salou, però no va ser el mateix, ja que la consciència de ser català me la va atorgar la meva visita a Barcelona, la meva mitificada ciutat. A més, el 1971, Joan Manuel Serrat va publicar el seu «Mediterrània», i jo taral·lejava la seva cançó i interiorment sentia nostàlgia pel mar i per les terres catalanes …
Catalunya em va donar la vida. I me la va donar perquè va ser en aquesta terra, quan vaig tornar amb 18 anys, on vaig experimentar el meu retorn a la fe cristiana en la seva expressió protestant. També a Catalunya vaig iniciar el meu festeig amb la que després seria la meva dona, Joana. Posteriorment vaig contraure matrimoni civil. Va ser també a Barcelona el lloc on van néixer els meus fills, Irene i Ignasi, en aquest ordre. I últimament la meva néta, Raquel.
Catalunya, terra d’acollida. Quan avui llegeixo i escolto el que es diu a la resta d’Espanya de la meva terra de naixement i d’adopció, la meva ànima s’omple de perplexitat. Jo, que faig servir el castellà com a llengua vehicular, mai m’he sentit discriminat -malgrat el que diuen certs mitjans- per aquest fet circumstancial ocasionat per la meva incompetència per parlar altres idiomes. ¡Déu meu! Qui em donés la capacitat de vèncer les meves vergonyes!
Sabeu? Catalunya em va tornar la meva fe cristiana, per posteriorment «regalar-la» a la meva companya, els meus fills, la meva néta, la meva església i multitud d’amics i coneguts. També em va donar unes arrels identitàries, de tal manera que puc dir que és la meva terra i puc cantar amb Lluís Llach -aplicant la cançó a Catalunya sencera-:
«El meu país és tan petit
que quan el sol se’n va a dormir
mai no està prou segur d’haver-lo vist.
Diuen les velles sàvies
que és per això que torna.
Potser sí que exageren,
tant es val! és així com m’agrada a mi
i no en sabria dir res més.
Canto i sempre em sabré
malalt d’amor pel meu país «
Sí, Catalunya em va donar la vida.
Trad. Enric Capó (setembre, 2010)
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…Me faltó un poco. Mil quinientas no da para mucho…
y decia;una cosa es que amemos a la tierra que unos dicen «nos acogió» y otros decímos «nos vimos obligados a adoptar» por circunstancias a las que en el fondo, nos eran ajenas porque no las provocamos.
Aquí tambien fuimos explotados y malpagados porque de eso no se escapa nadie, y el caciquismo capitalista se da en Cataluña en clases sociales que en otro lugar no pasarian por clase media (auténtica, no a lo que ahora se llama así).
De eso, tambien puedo escribír un libro si Candel no lo hubiese escrito magistralmente, y tambien de «señoritos» que parecen un calco de los que sufrí en mi lugar de nacimiento.Esos señoritos están en el poder, siempre les irá bien hagan lo que hagan. Los demás seguiremos siendo sufridores perpétuos salvo que como a Sócrates nos hagan tomar la cicuta, si pensamos de manera independiente.
Querido Ignacio,lo que escribiste en este articulo en el año 2009. no cabe duda que lo compartiamos muchos en una circunstancia similar a la tuya…en 2009.
No creo que sea igual ahora al menos en algunos aspectos, lo cual nos duele en el fondo.
No son los mismos que nos acogieron los que ahora quieren borrar del mapa nuestras raíces, sino una oligarquía política oportunista y de la derecha que seguramente tu y yo repudiamos.
Es cierto que la gente de la calle, no causa generalmente problemas de idioma y esas cosas. como también lo es el que hay muchos catalanes con los que uno no puede tener amistad ni cobrando por ello,y de esto tiene culpa la manipulación y la mentira política.
No niego el derecho de nadie a «ser independiente» pero siempre que «la étnia»que lo pida sea una mayoría obstensíble.Las raices antropológicas de más de un tércio de «ciutadans de Catalunya»siguen estando a cientos de kilómetros de la tierra «que se vieron avocados a adoptar por necesidad»,y desarraigarles por la fuerza sin esperanza de retorno-aunque nunca se lleve a cabo- causa trauma profundo.Consulta a cualquier sicólogo o psiquiatra y te dirá que el «síndrome del emigrante»aparece tarde o temprano y hace estragos,y más,teniendo en cuenta que cuando esta autonomía (antes región)se repobló,»todo era España».
Espero que nadie se lie la manta a la cabeza metiéndonos en inciertas aventuras,donde hasta las iglesias(sus miembros)saldrán dañados inequívocamente.Una cosa es que amemos…
Gracias Ignacio.Porque al leer tu comentario me he sentido completamente identificada con lo que escribes.
He sentit les meves arrels catalanes lligades a la meva vida cristiana, m’he sentit catalana i protestant mes que mai i per això estic d’acord de que Catalunya es una terra d’acollida.
Llastima que no tothom ho entengui aixi……
(No acabé lo anterior)
Entonces no debería ser ningún obstáculo para la mente protestante la separación de un territorio de un estado constituido, siempre que hay una mayoría que así lo desee y lo exprese en un referendum. Los estados no son entes emtafísicos que haya que perpetuar por la fuerza, son productos históricos que han de someterse al consenso de los territorios que lo forman. Si un territorio o nación dentro de ese estado constituido no está de acuerdo, ha de ser libre de separarse y formar su propio estado. El pensamiento protestante si lo miramos más de cerca está en la raiz del constitucionalismo moderno. A pesar de sus tendencias episcopales o paracatólicas de algunas iglesias.
El pensamiento protestante puede entender perfectamente la separación de una nación o territorio de un Estado constituido. El protestantismo lleva en su esencia el concepto de Iglesia Universal en oposición a iglesia local o denominación. La iglesia local ha de ser siempre libre de organizarse e interpretar el Texto sagrado dentro de sus peculiaridades. En caso de formar parte de una iglesia organizada ha de tener la libertad de separarse llegado el momento si las diferencias son irreconciliables. No pasa nada. Somos humanos. Incluso aquellos creyentes que ven otras posibilidades de interpretación son libres de fundar su propia iglesia local. Eso es la esencia del protestantismo y es bueno. La iglesia Universal solo Dios sabe cual es.