¡Ninguno de ellos es nada! Nada pueden hacer; no son más que ídolos vacíos.
Isaías 41:29.
Rebusca ansiosa su talla entre las perchas. Consigue, por fin, seis prendas que le gustan. En estos momentos guarda cola para entrar al probador. Ha subido la temperatura de tal forma… o será la adrenalina que le brota en gotas de sudor. Llega su turno. Es todo un ritual comprar en las rebajas. Lo sabe de memoria. La señorita que está a cargo dice que sólo puede elegir tres prendas. Decide. Ve como las otras tres caen sobre un montón que espera en el suelo ser colocada otra vez en su lugar. Nuestra protagonista le pide, casi llorando, que por favor se las deje entrar.
—Las normas son las normas—le responde.
¡Qué tendrán estos espejos que todo me está divinamente! Piensa y sonríe mientras se prueba, me las quedo. Acaba de colársele el dios de la opulencia sin que se dé cuenta.
Sale con las prendas sobre el brazo y rebusca en el suelo las tres que faltan. No están. Acude nerviosa a los percheros. Logra alcanzar una de ellas antes de que la señora de rojo la descuelgue. La mira con descaro. Esto es la guerra y voy a ganarla, sentencia.
Lleva varios amuletos de la suerte en su cartera. Los obtiene a través del buzón de casa, de la tele, de la radio, de internet, de la prensa. Todos a usar según el gusto.
Ve asomar una manga de la blusa que le falta. Corre. ¡Ya es suya! No puede regresar al probador a hacer la cola. Teme las normas. Se acerca al primer espejo que encuentra en la pared. Se mira. Se gusta. Paga con intención de probarse con tranquilidad en casa todo lo que lleva. Guarda el ticket como oro en paño en el monedero. Sale triunfante por la puerta grande. Ha salvado el día. Vuelve la mirada hacia el interior y murmura con sorna ahí os quedáis, seguid buscando.
Llega nerviosa. Mientras vacía las bolsas se da cuenta de que en periodos de rebajas se vuelve agresiva, egoísta, hasta indecorosa, pero no importa. Está agotada. Sin embargo, continúa con la sonrisa puesta para no enfadar al dios de la apariencia. Pone a hervir un poco de agua para su infusión. No piensa cenar esta noche, ni mañana, ni pasado.
Es el tiempo en el que el dios de las rebajas hace su agosto. Dentro de unos días, cuando en el presupuesto mensual haya una fosa, acudirá de rodillas al interventor del dios banco para confesarle sus problemas. Prometerá dedicarle una oración si le concede su deseo.
Al salir de la ducha descansa todo su peso sobre el dios báscula. Las Navidades casi le hacen subir de talla.
Ha entrado en el nuevo año arrimándose al sol que más calienta, saltando de dios en dios como de oca en oca.
Publicado en Protestante Digital en 2007.
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