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Posted on 26/08/2025 by Juan G. Biedma  in  portada, Teología

Del rechazo a la reconciliación: el giro eclesial ante la modernidad | Juan G. Biedma

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Del rechazo a la reconciliación: el giro eclesial ante la modernidad

Parte IV de “Herejía, sectarismo y ecumenismo”

 

 De la Ilustración al Vaticano II: libertad, pluralismo y reconciliación de la disidencia

La modernidad inaugura una nueva relación entre la fe, la verdad y la libertad. Con el ascenso del pensamiento ilustrado, el cristianismo se vio interpelado por una serie de desafíos culturales, filosóficos y políticos que transformaron profundamente su modo de entender la autoridad, la conciencia y la diversidad. Por primera vez desde Constantino, el monopolio religioso en Occidente se quebró jurídicamente: nacieron los estados laicos, se proclamaron los derechos individuales, y la religión quedó sometida a la libre decisión del sujeto. La Iglesia, especialmente la católica, respondió inicialmente con desconfianza y condena, viendo en la modernidad un proyecto sustitutivo y secularizador. Pero el lento proceso de aggiornamento culminará, siglos después, en el Vaticano II, en que se reconocen explícitamente la libertad religiosa, la autonomía de las realidades temporales y el valor del diálogo ecuménico e interreligioso.

  1. La Ilustración: razón contra tradición, conciencia contra autoridad

El siglo XVIII marcó una ruptura decisiva con los modelos teológicos heredados de la Edad Media y de la Reforma. La Ilustración puso en el centro la razón autónoma, el sujeto pensante, y la crítica de las instituciones heredadas, incluidas las religiosas. Filósofos como Voltaire, Rousseau, Diderot y Kant impulsaron una nueva comprensión del ser humano como libre, racional y responsable ante sí mismo y no ante dogmas impuestos. Para Kant, la mayoría de edad consistía en la capacidad de pensar por uno mismo: Sapere aude —«atrévete a saber»—, fue el lema del nuevo paradigma[i].

Este proceso trajo consigo la secularización progresiva de las sociedades europeas, la relativización de las verdades religiosas y la multiplicación de nuevas formas de espiritualidad. La fe dejó de ser un presupuesto social para convertirse en una opción individual. En este contexto, la Iglesia católica, lejos de abrirse al diálogo, respondió con encíclicas de condena: Mirari vos (1832), Quanta cura y su célebre Syllabus errorum (1864), donde se rechazaban de forma explícita la libertad religiosa, el liberalismo y la separación Iglesia-Estado[ii].

  1. El conflicto con el mundo moderno: Vaticano I y el refuerzo de la autoridad

El concilio Vaticano I (1869–1870) fue convocado en pleno auge de la modernidad laica y secular. Su propósito fue afirmar la autoridad del Magisterio frente al embate racionalista. En este sentido, la definición del dogma de la infalibilidad papal (Pastor Aeternus) puede interpretarse como una reacción a la erosión de la autoridad eclesial y al temor de disolución doctrinal. En paralelo, se desarrolló una apologética defensiva y una teología marcada por el neoescolasticismo, que pretendía reconstruir la unidad doctrinal a partir de principios racionales y metafísicos seguros.

Esta estrategia tuvo una doble consecuencia: por un lado, logró preservar ciertos elementos esenciales de la fe; por otro, produjo una cerrazón frente a las nuevas preguntas del mundo contemporáneo, lo que alimentó una creciente desafección hacia la Iglesia en los ambientes culturales, científicos y sociales.

  1. Crisis y preparación: la nueva teología y los movimientos bíblico-litúrgicos

A pesar del clima de condena, en el interior de la Iglesia comenzaron a gestarse movimientos de renovación. La llamada nouvelle théologie (de Lubac, Congar, Daniélou, Chenu…), los avances del movimiento litúrgico (Beauduin, Guardini…) y la renovación bíblica (Lagrange, Bea…), prepararon el terreno para una nueva relación entre fe y modernidad. Estos teólogos —en ocasiones censurados y excluidos— reivindicaban una vuelta a las fuentes (la Escritura y los Padres de la Iglesia), una apertura a la historia y una comprensión orgánica de la Tradición viva. No buscaban una ruptura con el Magisterio, sino una fecundación de la fe desde el interior.

Al mismo tiempo, desde el protestantismo y el mundo ortodoxo, se avanzaba en el reconocimiento mutuo, a través de iniciativas como el Movimiento de Fe y Constitución y el nacimiento del Consejo Mundial de Iglesias (1948). El contexto de las guerras mundiales, la Shoá judía y la emergencia del ecumenismo práctico reforzaron la conciencia de que la división cristiana era un escándalo contrario al Evangelio y, por tanto, un contratestimonio mayúsculo.

  1. El concilio Vaticano II: reconciliación con la disidencia y apertura al pluralismo

El Vaticano II (1962–1965), convocado por Juan XXIII y continuado por Pablo VI, representó una verdadera primavera eclesial de hermosos colores y gran luminosidad en el pensil eclesial. Por primera vez en siglos, la Iglesia no se reunió para condenar errores, sino para dialogar con el mundo moderno, renovar su vida interna y abrirse a los otros. En este sentido, los documentos Dignitatis humanae, Unitatis redintegratio y Nostra aetate marcan una inflexión radical en la comprensión de la unidad, del pluralismo religioso y de la libertad de conciencia.

En Dignitatis humanae, se afirma que «la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa» (DH 2), no solo frente al Estado, sino también frente a toda coacción o cercenamiento eclesial. La fe no puede ser impuesta, no puede ser obligada mediante el «ordeno y mando». En Unitatis redintegratio, se reconoce que en las iglesias y comunidades separadas «hay elementos de santificación y de verdad» (UR n. 3), y que el ecumenismo no consiste en un retorno sumiso a Roma, sino en una búsqueda mutua de unidad guiada y alentada por el Espíritu. En Nostra aetate, se abandona la postura tradicional de exclusión hacia las religiones no cristianas, especialmente el judaísmo, al que se le reconoce una vocación única e irrevocable, propia de un «hermano mayor».

  1. Un nuevo horizonte teológico: del anatema al diálogo

El Vaticano II abrió el camino a una eclesiología de comunión, a una teología de la historia y a un reconocimiento explícito de la dignidad de toda búsqueda religiosa sincera. La Iglesia se concibe ya no como una fortaleza asediada, sino como «sacramento universal de salvación» (cf. Lumen gentium n. 48), llamada a estar al servicio del Reino y no de su propia autorreferencialidad en el ser y el estar.

Esto no significa que se anule el discernimiento teológico. La herejía sigue siendo un concepto válido, pero ya no debe ser utilizado como arma arrojadiza, sino como criterio pastoral de acompañamiento y diálogo. La autoridad magisterial no se impone desde fuera, sino que propone desde dentro, en comunión con todo el Pueblo de Dios y con sensibilidad hacia los signos de los tiempos.

La Iglesia ante los nuevos movimientos religiosos: discernimiento, respeto y crítica

La aparición y proliferación de los llamados nuevos movimientos religiosos (NMR) o nueva espiritualidad ha generado, en el seno de las iglesias cristianas, una necesidad urgente de discernimiento teológico y pastoral. Esta diversidad de formas religiosas, a menudo surgidas al margen de las tradiciones cristianas históricas, plantea desafíos fundamentales para la evangelización, el ecumenismo y el diálogo interreligioso. Lejos de una respuesta uniforme, las actitudes eclesiales frente a los NMR oscilan entre la condena, la indiferencia, el acompañamiento crítico y la acogida dialogante. A continuación se ofrece una visión panorámica del modo en que la Iglesia católica y las iglesias evangélicas y protestantes han respondido a este fenómeno, con especial atención a la articulación entre defensa de la verdad y respeto a la libertad.

 

  1. Fenomenología de los nuevos movimientos religiosos

Bajo la etiqueta de NMR se incluyen expresiones religiosas muy heterogéneas: desde sectas apocalípticas con estructuras cerradas y líderes carismáticos, hasta espiritualidades sincréticas que mezclan elementos orientales, esotéricos y cristianos. Muchos de estos grupos surgen en contextos de crisis cultural, desencanto con las religiones tradicionales o necesidad de pertenencia emocional. Algunos ejemplos significativos son los jehovistas (Testigos Cristianos de Jehová), los mormones (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), los unificacionistas (Iglesia de la Unificación), los luzmundistas (Movimiento de la Luz del Mundo) o las nuevas iglesias mesiánicas y unitarias.

Si bien algunos de estos grupos buscan desarrollarse en un marco respetuoso con las leyes y los derechos humanos, otros incurren en prácticas sectarias e incluso destructivas de la personalidad que han sido ampliamente documentadas: aislamiento social, coerción psicológica, sometimiento a la figura del líder, y ruptura con vínculos familiares y sociales previos, etc. De ahí la necesidad de distinguir con claridad entre fenómenos religiosos legítimos, desviaciones doctrinales y prácticas abusivas y cercenadoras.

  1. La respuesta católica: entre apologética, pastoral y diálogo

En la Iglesia católica, la reflexión sobre los NMR ha tomado forma principalmente a partir del documento conjunto del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y el Consejo para la Cultura titulado Sectas o nuevos movimientos religiosos: un desafío pastoral (1986), donde se afirma que «la respuesta pastoral debe basarse más en la autenticidad del testimonio eclesial que en la mera denuncia apologética»[iii]. El documento denuncia las causas estructurales del fenómeno: despersonalización de las parroquias, pérdida del sentido de comunidad, carencias en la catequesis y falta de espiritualidad encarnada.

En el contexto español e iberoamericano, destaca el trabajo de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), que, aunque de raíz confesional católica, ha buscado establecer puentes con otros sectores cristianos preocupados por el mismo fenómeno. No obstante, se ha señalado que algunas aproximaciones de carácter apologético pueden carecer de la fineza pastoral o ecuménica necesaria para abordar estos movimientos sin caer en la estigmatización.

  1. La crítica protestante y evangélica: discernimiento doctrinal y compromiso pastoral

Las iglesias protestantes y evangélicas han tenido una reacción especialmente activa frente a los NMR, dado que muchos de estos grupos se presentan con lenguaje y símbolos cristianos, usurpan categorías bíblicas o se autodenominan «la verdadera iglesia» de Cristo. Esta autolegitimación ha exigido respuestas rigurosas tanto en el plano teológico como en el pastoral. Se ha desarrollado así una extensa literatura apologética, así como estructuras de asesoramiento, acompañamiento a exmiembros y formación eclesial concreta.

Uno de los referentes más citados en el ámbito evangélico es Walter Martin, autor de The Kingdom of the Cults (1965), una obra de referencia que, desde una perspectiva conservadora, analiza doctrinalmente los principales grupos considerados sectarios desde el protestantismo histórico[iv]. El Instituto Cristiano de Investigación (CRI), fundado por Martin, sigue ofreciendo evaluaciones apologéticas desde un marco bíblico-evangélico conservador.

Jan Karel Van Baalen (1890–1968) es todo un clásico en el estudio del sectarismo y la apologética contemporánea. Teólogo y pastor reformado estadounidense de origen neerlandés, su obra más destacada es The Chaos of the Cults (1938). La obra ha sido revisada y ampliada en ediciones posteriores y publicada en español bajo el título El caos de las sectas[v]. Por ejemplo, la edición de 2006 incluye aportaciones del teólogo argentino Alberto F. Roldán, quien actualiza el contenido con un análisis de movimientos contemporáneos en América Latina.

La obra de Van Baalen ha sido valorada como herramienta útil para la formación apologética en contextos evangélicos, si bien también ha sido utilizada en iglesias de otras confesiones dentro de los planes de formación, tanto de los responsables como del pueblo en general. Sin embargo, el enfoque del autor ha sido criticado con dureza por algunos estudiosos por adoptar una postura confrontativa y por su ausencia de sensibilidad hacia la complejidad sociológica y teológica de los movimientos analizados, además de su olvido tanto del ecumenismo como del diálogo interreligioso.

En el mundo evangélico hispano, destacan los trabajos del apologista y pastor español Miguel Rosell, del Centro Rey[vi], y del teólogo Pablo Santomauro[vii], ambos vinculados a iniciativas de denuncia y formación en torno a los NMR. Rosell ha escrito extensamente sobre la «Iglesia Local» de Witness Lee, la Nueva Reforma Apostólica y el movimiento de «los falsos apóstoles»[viii]. Santomauro, por su parte, ha producido materiales de divulgación teológica sobre sectas destructivas, con especial énfasis en la Iglesia de Dios Todopoderoso y los Testigos Cristianos de Jehová.

Además de esta perspectiva doctrinal, algunas redes evangélicas como Latin American Theological Fellowship (FTL) y COMIBAM[ix], han optado por un abordaje más pastoral, viendo en los NMR una llamada de atención a la Iglesia sobre sus propias carencias: la falta de discipulado profundo, la superficialidad en la predicación, la fragmentación eclesial y la ausencia de acompañamiento personal. Esta autocrítica es visible en documentos como Evangelismo Hoy (FTL, 2005), donde se afirma que «las sectas ganan terreno donde la Iglesia ha perdido la capacidad de ser comunidad viva del Espíritu»[x].

Por otra parte, el movimiento evangélico ha participado en plataformas interdenominacionales como la Coalición para el Evangelio o Ravi Zacharias International Ministries (antes de su crisis reciente), ofreciendo formación apologética sobre los nuevos desafíos religiosos en contextos urbanos y globalizados.

  1. Respeto a la libertad religiosa y límites del diálogo

A pesar de la firmeza crítica, muchas iglesias evangélicas insisten en la necesidad de no convertir el combate contra los NMR en una cruzada de odio. La libertad religiosa debe respetarse incluso cuando las doctrinas sean incompatibles con el Evangelio. Esta postura ha sido expresada, por ejemplo, en declaraciones de la Alianza
Evangélica Mundial
(WEA), que en su documento Religious Freedom in a Pluralistic World (2017) afirma: «Combatimos el error con la verdad, no con el poder»[xi].

Desde este horizonte, la actitud hacia los NMR debe integrar tres elementos: discernimiento teológico (para evitar sincretismos); acompañamiento pastoral (para rescatar a los atrapados en dinámicas destructivas); y testimonio de vida eclesial sana (como alternativa creíble). Esto requiere comunidades maduras, líderes formados y una teología que sepa dialogar sin diluirse.

  1. La oportunidad teológica: nuevos lenguajes para viejas preguntas

Finalmente, algunos teólogos evangélicos han planteado que los NMR, aunque puedan contener errores graves, evidencian preguntas legítimas: ¿qué significa lo sobrenatural hoy? ¿cómo se experimenta el Espíritu? ¿por qué tanta gente abandona las iglesias históricas? La disidencia, incluso cuando se desborda en sectarismo, puede señalar fisuras olvidadas en la pastoral tradicional. El reto no es solo refutar doctrinas falsas, sino comprender los anhelos espirituales que las alimentan y ofrecer respuestas profundas, integradoras y evangélicamente audaces.
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[i] La expresión «Sapere aude» —que significa literalmente «atrévete a saber»— se atribuye al poeta latino Horacio (Epístolas, I, 2, 40), pero su uso como lema del pensamiento ilustrado proviene de Kant.

[ii] PÍO IX, Quanta cura, 1864, y Syllabus errorum, en Denzinger-Hünermann, n. 2876–2899.

[iii] Consejo Pontificio para la Cultura y Consejo para el Diálogo Interreligioso, Sectas o nuevos movimientos religiosos: un desafío pastoral, Ciudad del Vaticano: 1986.

[iv] Walter Martin (1928–1989) fue un influyente teólogo evangélico estadounidense, especializado en apologética cristiana y particularmente conocido por su análisis y crítica de los movimientos religiosos que él consideraba heréticos o desviados del cristianismo bíblico. Con fuerte presencia en radio y conferencias, es el fundador del Christian Research Institute (CRI) en 1960, que sigue activo en la actualidad. The Kingdom of the Cults  —1965—(El reino de las sectas), es su obra más conocida, todo un clásico de la apologética evangélica, en donde presenta a numerosos grupos de impronta cristiana y otros de orientación esotérica como sectas.

Los criterios en los que se basaba para determinar a un grupo como secta eran la negación de la Trinidad, la autoridad extrabíblica (nuevas revelaciones), y la interpretación desviada de la Biblia, ponderaciones sin rigor académico, por lo que su enfoque ha sido cuestionado por los estudiosos actuales, además por su falta de sensibilidad interreligiosa y ecuménica.

Cf. Martin, Walter, The Kingdom of the Cults, updated and expanded edition, edited by Ravi Zacharias,  Bethany House Publishers, Minneapolis: 2003.

[v] Van Baalen, J. K. y Roldán, Alberto F., El caos de las sectas. 4.ª edición corregida y aumentada, Libros Desafío, Buenos Aires: 2006.

[vi] Miguel Rosell Carrillo es un pastor y conferenciante evangélico español, líder de la congregación Centro Rey en Madrid, oficialmente denominada Iglesia del Rey Jesucristo. Su ministerio se caracteriza por un enfoque en la predicación expositiva de la Biblia, con énfasis en la escatología y la apologética cristiana. Ha producido diversos materiales de enseñanza, incluyendo estudios bíblicos y sermones, difundidos a través de plataformas como YouTube y Dailymotion. Además, ha colaborado con otras comunidades cristianas, como la Iglesia Cristiana Solo Por Gracia en Chile, compartiendo recursos y enseñanzas.

Cf. Rosell Carrillo, Miguel, La elección de Dios y la responsabilidad del hombre, Madrid, Centro Rey, 2012, disponible en: https://sanadoctrina.org/laelecciondedios.pdf.

Una de sus obras destacadas es La elección de Dios y la responsabilidad del hombre, donde aborda la doctrina de la elección divina y la responsabilidad humana en la salvación.

[vii] Pablo Santomauro (fallecido en 2012) fue un teólogo y apologista evangélico de origen uruguayo, radicado en California, Estados Unidos. Miembro de la iglesia Calvary Chapel, se destacó por su labor en defensa del cristianismo bíblico frente a diversas doctrinas que consideraba heréticas. Fue subdirector del Centro de Investigaciones Religiosas (CIR) de Montebello, California, y autor de numerosos artículos y estudios apologéticos, especialmente centrados en la doctrina de la Trinidad y en la refutación de movimientos como el unitarismo, el modalismo y el aniquilacionismo.

Su obra más destacada es Jesucristo: El Jehová del Antiguo Testamento, un estudio que argumenta la presencia de Jesucristo en el Antiguo Testamento como la Segunda Persona de la Trinidad, identificándolo con el Ángel de Jehová y otras manifestaciones divinas. Este trabajo ha sido ampliamente difundido en formato digital y es utilizado en contextos de formación teológica evangélica.

Santomauro también abordó temas como la crítica al aniquilacionismo (la doctrina que sostiene que los impíos, tras el juicio final, no sufrirán un castigo eterno consciente, sino que serán destruidos o aniquilados completamente, perdiendo la existencia para siempre, tan presente en las creencias jehovistas y adventistas), las falacias contra la doctrina de la Trinidad y la defensa de la resurrección de Jesucristo, contribuyendo significativamente al campo de la apologética cristiana en el mundo de habla hispana.

[viii] Rosell Miguel, Secta Iglesia Local de Witness Lee, Centro Rey, Madrid: 2008.

[ix] COMIBAM (Cooperación Misionera Iberoamericana) es una plataforma evangélica fundada en 1987 durante el I Congreso Misionero Iberoamericano en São Paulo, con el propósito de movilizar, capacitar y articular a las iglesias y agencias misioneras de Iberoamérica en la tarea de la evangelización mundial. Promueve una visión misionera integral y coopera con entidades como la Alianza Evangélica Latina y el Movimiento de Lausana. Su sede actual se encuentra en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Cf. COMIBAM Internacional, Quiénes somos, Santa Cruz de la Sierra, 2025. Disponible en: https://www.comibam.org/quienes-somos (consultado el 16 de mayo de 2025).

[x] Fraternidad Teológica Latinoamericana, Evangelismo Hoy: una llamada a la integralidad, Lima: 2005.

[xi] World Evangelical Alliance, Religious Freedom in a Pluralistic World, Bonn, 2017.

Juan G. Biedma

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