Union Evangélica Bautista de España

Posted On 06/11/2013 By In Opinión With 1991 Views

Desde mi atalaya: 61 Convención de la UEBE

Hartazgo y desafección. Esas son las dos palabras más escuchadas entre los delegados (pastores y miembros de iglesia) que han protagonizado la 61 Convención de la Unión Evangélica Bautista de España (UEBE) los días 24 al 27 de octubre de 2013 en el Hotel Gandia Palace de la playa de la ciudad mediterránea. Hartura y desafección. Y, al contrario de lo que ha podido ocurrir en otros encuentros nacionales, no se trata solamente de los ya tradicionales comentarios de pasillo, sino de manifestaciones en los talleres convocados por los organizadores del encuentro para intentar buscar orientación y asentar algunos criterios de cara a la etapa que se abre con motivo del cambio de ciclo que supone la necesidad de elegir un nuevo secretario general por jubilación de quien ha ejercido el cargo en el último cuarto de siglo.

Los propios líderes de la Convención confiesan abiertamente que se nota una creciente desafección por parte de las iglesias hacia la estructura de la UEBE. Una desafección que se refleja  no solamente en la  merma de las contribuciones al Plan Cooperativo, que es el termómetro más determinante de ese estado de ánimo, sino hacia algunos de los programas auspiciados por la Unión que, según se ha escuchado, o bien pasan desapercibidos, o bien no terminan de conectar con la sensibilidad y aspiraciones de las iglesias. Una merma económica que, según el análisis de alguno de los conferenciantes, que suscribimos por nuestra parte, no se debe fundamentalmente a la crisis económica, aunque ésta no deje de tener su parte, sino a un cierto distanciamiento que se ha instalado entre el liderazgo nacional y las iglesias.

Un cambio de ciclo que, según se ha escuchado de forma reiterada y coincidente en ámbitos tanto de pastores como de miembros de Iglesia, requiere un cambio de liderazgo que sustituya a la elite que, con mayor o menor acierto, ha conducido los destinos de la Unión en los últimos decenios. La elección de un nuevo secretario general se percibe como una gran oportunidad para romper con ciertas inercias del pasado, que permita aportar respuestas validas a los retos del siglo XXI.

Por otra parte, uno de los asuntos más debatidos en la Convención, derivado del tema general Pastoreados para pastorear, ha girado en torno a la autoridad del pastor. Autoridad frente a autoritarismo, un fenómeno que, adoptando formas diferentes, se ha ido implantando en algunas de las iglesias de la Unión que, unido a la deriva teológica sufrida por esas y otras iglesias por causas diferentes, está conduciendo a derroteros ajenos a la identidad bautista. Unos derroteros a los que nadie ha puesto freno y que hoy se perciben como un valladar imposible de saltar, hasta el punto de que alguno de los líderes más conspicuos de la Unión ha sugerido la necesidad de una refundación de la UEBE a partir de un ideario teológico y eclesial claramente vinculado a la teología y a las tradiciones bautistas, a cuyo proyecto fuera preciso adherirse de forma  expresa, una vez suscrito el documento a elaborar con tal propósito.

Por último, un detalle que no ha variado en los últimos 25 años: el ninguneo de pastores veteranos curtidos en el seno de la UEBE, a quienes se les envía al Panteón de Hombres Ignorados a partir de la entrega de la placa cuando cumplen los 65 años. Flaco favor se hace a las nuevas generaciones, privándolas de referentes. Y un apunte digamos que anecdótico: el pastor que “inventó” el reconocimiento a los jubilados mediante la entrega de una placa,  una iniciativa que ha venido respetándose desde entonces, hace ya tres años que cumplió los 65 años y nadie se ha acordado de darle la suya.

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