Posted On 19/08/2010 By In Opinión With 1066 Views

El trabajo humanitario, servicio de amistad y riesgo


19 de agosto, Día Mundial Humanitario
 

«Hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y el amor, pero la más importante es el amor». (1 Corintios 13, 13)


Este 19 de agosto se celebra el Día Mundial Humanitario, fecha elegida por la Asamblea General de la ONU, en conmemoración del atentado del 19 de agosto de 2003, en Bagdad, en el que veintidós personas miembros de ese organismo internacional murieron, incluido el jefe de la oficina iraquí, el señor Sergio Viera de Mello.

Pero es más que la conmemoración de un hecho trágico ocurrido hace siete años, es una forma de llamar la atención a un hecho aún más grave: desde esa fecha, la violencia contra los trabajadores humanitarios ha aumentado como nunca antes. El año pasado, 206 personas fueron víctimas de raptos y de ataques que dejaron 122 personas muertas. En Sudán, Afganistán, Somalia, Sri Lanka, Chad, Iraq y Pakistán ocurrieron las tres cuartas partes de los ataques contra el personal humanitario.

Según el señor John Holmes, jefe de la Oficina de Coordinación de los Asuntos Humanitarios de la ONU, (OCHA), las necesidades humanitarias no dejan de aumentar, al mismo tiempo que los trabajadores están cada vez más en la mira de los violentos. Infortunadamente, el trabajo humanitario se cuenta entre las labores de mayor riesgo en el mundo.

La celebración tiene como fin «contribuir al incremento de la conciencia pública de las actividades de asistencia humanitaria a nivel mundial y enfatizar la importancia de la cooperación internacional en cuanto a este tema se refiere. De igual modo, busca honrar a todo el personal humanitario de la ONU y de las agencias afines que han trabajado en la causa humanitaria y a quienes han perdido su vida por causa de esta labor».

Dice el evangelio que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Juan 15,13). Mucho más grande aún, aquel amor que arriesga la vida por atender las necesidades de otras personas a quienes, en la mayoría de casos, nunca antes se ha visto o conocido. Por cierto, el amor es el principio constitutivo de la fe cristiana. El apóstol Pablo señala que las tres principales virtudes son la fe, la esperanza y el amor (1 Corintios 13), pero que de éstas, la mayor es el amor. 

A lo que se refiere el apóstol es a un amor que debe estar más allá de la simple caridad asistencialista (propia de algunos proselitismos cristianos), que debe trascender el protagonismo de los que se creen más fuertes (típica del humanitarismo de los países más ricos) y que debe asumir las connotaciones sociales y políticas (siempre presentes en contextos de pobreza y sufrimiento). Un amor, en resumen, como el de Jesús, Maestro y Señor de muchas de las organizaciones de servicio (ONG y otras) que trabajan en el campo humanitario como una expresión del testimonio del amor de Dios al mundo. A ellas nos sumamos para celebrar su ministerio de amistad y de servicio este próximo jueves.


Harold Segura, Costa Rica

19 de agosto, Día Mundial Humanitario 

«Hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y el amor, pero la más importante es el amor». (1 Corintios 13, 13)

 


Este 19 de agosto se celebra el Día Mundial Humanitario, fecha elegida por la Asamblea General de la ONU, en conmemoración del atentado del 19 de agosto de 2003, en Bagdad, en el que veintidós personas miembros de ese organismo internacional murieron, incluido el jefe de la oficina iraquí, el señor Sergio Viera de Mello.

Pero es más que la conmemoración de un hecho trágico ocurrido hace siete años, es una forma de llamar la atención a un hecho aún más grave: desde esa fecha, la violencia contra los trabajadores humanitarios ha aumentado como nunca antes. El año pasado, 206 personas fueron víctimas de raptos y de ataques que dejaron 122 personas muertas. En Sudán, Afganistán, Somalia, Sri Lanka, Chad, Iraq y Pakistán ocurrieron las tres cuartas partes de los ataques contra el personal humanitario.

 

Según el señor John Holmes, jefe de la Oficina de Coordinación de los Asuntos Humanitarios de la ONU, (OCHA), las necesidades humanitarias no dejan de aumentar, al mismo tiempo que los trabajadores están cada vez más en la mira de los violentos. Infortunadamente, el trabajo humanitario se cuenta entre las labores de mayor riesgo en el mundo.

 

La celebración tiene como fin «contribuir al incremento de la conciencia pública de las actividades de asistencia humanitaria a nivel mundial y enfatizar la importancia de la cooperación internacional en cuanto a este tema se refiere. De igual modo, busca honrar a todo el personal humanitario de la ONU y de las agencias afines que han trabajado en la causa humanitaria y a quienes han perdido su vida por causa de esta labor».

 

Dice el evangelio que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Juan 15,13). Mucho más grande aún, aquel amor que arriesga la vida por atender las necesidades de otras personas a quienes, en la mayoría de casos, nunca antes se ha visto o conocido. Por cierto, el amor es el principio constitutivo de la fe cristiana. El apóstol Pablo señala que las tres principales virtudes son la fe, la esperanza y el amor (1 Corintios 13), pero que de éstas, la mayor es el amor.

 

A lo que se refiere el apóstol es a un amor que debe estar más allá de la simple caridad asistencialista (propia de algunos proselitismos cristianos), que debe trascender el protagonismo de los que se creen más fuertes (típica del humanitarismo de los países más ricos) y que debe asumir las connotaciones sociales y políticas (siempre presentes en contextos de pobreza y sufrimiento). Un amor, en resumen, como el de Jesús, Maestro y Señor de muchas de las organizaciones de servicio (ONG y otras) que trabajan en el campo humanitario como una expresión del testimonio del amor de Dios al mundo. A ellas nos sumamos para celebrar su ministerio de amistad y de servicio este próximo jueves.

 

Harold Segura, Costa Rica

19 de agosto, Día Mundial Humanitario 

«Hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y el amor, pero la más importante es el amor». (1 Corintios 13, 13)

 


Este 19 de agosto se celebra el Día Mundial Humanitario, fecha elegida por la Asamblea General de la ONU, en conmemoración del atentado del 19 de agosto de 2003, en Bagdad, en el que veintidós personas miembros de ese organismo internacional murieron, incluido el jefe de la oficina iraquí, el señor Sergio Viera de Mello.

Pero es más que la conmemoración de un hecho trágico ocurrido hace siete años, es una forma de llamar la atención a un hecho aún más grave: desde esa fecha, la violencia contra los trabajadores humanitarios ha aumentado como nunca antes. El año pasado, 206 personas fueron víctimas de raptos y de ataques que dejaron 122 personas muertas. En Sudán, Afganistán, Somalia, Sri Lanka, Chad, Iraq y Pakistán ocurrieron las tres cuartas partes de los ataques contra el personal humanitario.

 

Según el señor John Holmes, jefe de la Oficina de Coordinación de los Asuntos Humanitarios de la ONU, (OCHA), las necesidades humanitarias no dejan de aumentar, al mismo tiempo que los trabajadores están cada vez más en la mira de los violentos. Infortunadamente, el trabajo humanitario se cuenta entre las labores de mayor riesgo en el mundo.

 

La celebración tiene como fin «contribuir al incremento de la conciencia pública de las actividades de asistencia humanitaria a nivel mundial y enfatizar la importancia de la cooperación internacional en cuanto a este tema se refiere. De igual modo, busca honrar a todo el personal humanitario de la ONU y de las agencias afines que han trabajado en la causa humanitaria y a quienes han perdido su vida por causa de esta labor».

 

Dice el evangelio que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Juan 15,13). Mucho más grande aún, aquel amor que arriesga la vida por atender las necesidades de otras personas a quienes, en la mayoría de casos, nunca antes se ha visto o conocido. Por cierto, el amor es el principio constitutivo de la fe cristiana. El apóstol Pablo señala que las tres principales virtudes son la fe, la esperanza y el amor (1 Corintios 13), pero que de éstas, la mayor es el amor.

 

A lo que se refiere el apóstol es a un amor que debe estar más allá de la simple caridad asistencialista (propia de algunos proselitismos cristianos), que debe trascender el protagonismo de los que se creen más fuertes (típica del humanitarismo de los países más ricos) y que debe asumir las connotaciones sociales y políticas (siempre presentes en contextos de pobreza y sufrimiento). Un amor, en resumen, como el de Jesús, Maestro y Señor de muchas de las organizaciones de servicio (ONG y otras) que trabajan en el campo humanitario como una expresión del testimonio del amor de Dios al mundo. A ellas nos sumamos para celebrar su ministerio de amistad y de servicio este próximo jueves.

 

Harold Segura, Costa Rica

19 de agosto, Día Mundial Humanitario 

«Hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y el amor, pero la más importante es el amor». (1 Corintios 13, 13)

 


Este 19 de agosto se celebra el Día Mundial Humanitario, fecha elegida por la Asamblea General de la ONU, en conmemoración del atentado del 19 de agosto de 2003, en Bagdad, en el que veintidós personas miembros de ese organismo internacional murieron, incluido el jefe de la oficina iraquí, el señor Sergio Viera de Mello.

Pero es más que la conmemoración de un hecho trágico ocurrido hace siete años, es una forma de llamar la atención a un hecho aún más grave: desde esa fecha, la violencia contra los trabajadores humanitarios ha aumentado como nunca antes. El año pasado, 206 personas fueron víctimas de raptos y de ataques que dejaron 122 personas muertas. En Sudán, Afganistán, Somalia, Sri Lanka, Chad, Iraq y Pakistán ocurrieron las tres cuartas partes de los ataques contra el personal humanitario.

 

Según el señor John Holmes, jefe de la Oficina de Coordinación de los Asuntos Humanitarios de la ONU, (OCHA), las necesidades humanitarias no dejan de aumentar, al mismo tiempo que los trabajadores están cada vez más en la mira de los violentos. Infortunadamente, el trabajo humanitario se cuenta entre las labores de mayor riesgo en el mundo.

 

La celebración tiene como fin «contribuir al incremento de la conciencia pública de las actividades de asistencia humanitaria a nivel mundial y enfatizar la importancia de la cooperación internacional en cuanto a este tema se refiere. De igual modo, busca honrar a todo el personal humanitario de la ONU y de las agencias afines que han trabajado en la causa humanitaria y a quienes han perdido su vida por causa de esta labor».

 

Dice el evangelio que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Juan 15,13). Mucho más grande aún, aquel amor que arriesga la vida por atender las necesidades de otras personas a quienes, en la mayoría de casos, nunca antes se ha visto o conocido. Por cierto, el amor es el principio constitutivo de la fe cristiana. El apóstol Pablo señala que las tres principales virtudes son la fe, la esperanza y el amor (1 Corintios 13), pero que de éstas, la mayor es el amor.

 

A lo que se refiere el apóstol es a un amor que debe estar más allá de la simple caridad asistencialista (propia de algunos proselitismos cristianos), que debe trascender el protagonismo de los que se creen más fuertes (típica del humanitarismo de los países más ricos) y que debe asumir las connotaciones sociales y políticas (siempre presentes en contextos de pobreza y sufrimiento). Un amor, en resumen, como el de Jesús, Maestro y Señor de muchas de las organizaciones de servicio (ONG y otras) que trabajan en el campo humanitario como una expresión del testimonio del amor de Dios al mundo. A ellas nos sumamos para celebrar su ministerio de amistad y de servicio este próximo jueves.

 

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