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Posted on 09/05/2025 by Juan Carlos Gaona-Poveda  in  Opinión, portada

Evangélicos latinoamericanos poco conocidos, olvidados o silenciados | Juan Carlos Gaona Poveda

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El protestantismo, no solo como pensamiento teológico o práctica devocional, sino también como fuerza cultural activa en Latinoamérica, ha sido forjado por mujeres y hombres muchas veces desapercibidos en los anaqueles de su propia historia. Creyentes que, en su cotidianidad, se vieron impelidos —desde su vocación cristiana— a asumir compromisos culturales, sociales y políticos, más allá de los marcos institucionales de sus iglesias. Personas que con variadas limitaciones se situaron en la frontera entre lo sacro y lo profano para cumplir con su llamado. En ciertos casos, trabajando con bajo perfil en tareas algo ingratas como la educación popular, la traducción de literatura, la edición de libros y revistas, la obra social, la asistencia médica, la organización juvenil, el mundo obrero, los Derechos Humanos, la construcción de opinión pública, la docencia universitaria, entre otras, pero que no lograron trascender en la memoria histórica evangélica, construida en su mayoría sobre la base del prestigio intelectual, denominacional y religioso. Pero ¿por qué razón resultaría importante evocar dichas figuras? ¿De qué nos sirve conocer lo que otras y otros han hecho en el pasado? ¿No es suficiente con conocer a las grandes luminarias de la teología y sus sistemas de pensamiento?

El interés por las biografías de los evangélicos en América Latina se da a principios del siglo XX, cuando se avizoraba un cambio generacional en algunas iglesias. En la prensa evangélica de países como México o Argentina aparecen obituarios, reseñas biográficas y autobiografías de misioneros o líderes nacionales que fueron figuras nodales en la consolidación y expansión eclesial. La clave de escritura fue, sin duda, hagiográfica. Un género discursivo de larguísima trayectoria en el cristianismo, que consiste en relatar la vida de santos —también santas— con fines inspiracionales, didácticos y modélicos, sobre todo morales. Si bien dichas columnas periodísticas y obras autoeditadas carecían de mayor rigurosidad histórica; resultan valiosas para las comunidades de fe y los historiadores en la medida que aportan datos, que de otra forma serían imposibles de obtener. Además, dan cuenta de valores de época y de una incipiente identidad local ante el ethos misionero. Algunas de estas semblanzas fueron editadas en libros conmemorativos a propósito de los cincuentenarios y centenarios de las denominaciones, siendo parte del patrimonio inmaterial evangélico.

Hacia los años cuarenta, el campo editorial evangélico hispanoamericano logra consolidarse a partir de redes de cooperación ecuménicas nacionales e internacionales. En dicho proceso, destacaron dos polos productivos: Casa Unida de Publicaciones (CUPSA) en México y la Editorial La Aurora en el Río de la Plata.[1] Editoriales beneméritas que posicionaron a la biografía como un género editorial capaz de construir un orden simbólico particular. CUPSA edita la colección “Carácter”, entre 1938 y 1953. Con un total de 15 títulos, en su mayor parte traducciones del inglés. Este proyecto retoma la trayectoria de teólogos, misioneros y mártires cristianos. La única mujer biografiada fue Catarina Neel Dale, una misionera presbiteriana estadounidense, quien trabajó por muchos años en los estados mexicanos de San Luis Potosí y Tamaulipas, estableciendo una extensa práctica médica entre grupos indígenas, que incluyó la fundación de un hospital y una escuela.[2] Si bien la colección mantiene la línea hagiográfica, algunos relatos revelan connotaciones ideológicas. Por ejemplo, las biografías de Martin Niemoeller y Mahatma Gandhi  —este último no cristiano— exhibieron una orientación antifascista o antiimperialista.[3] Asimismo, Paladines del Evangelio en México, de Horacio Westrup, se escribe en un periodo de persecución a los protestantes por parte de católicos, una vez que la Iglesia católica recuperó cierto poder cultural después del enfrentamiento con el Estado. Westrup escribe con finalidades de denuncia y de lucha por el establecimiento de la libertad religiosa, señalando el aporte de sus biografiados a la cultura mexicana.

Fuente: Catálogo CUPSA (1938-1953).

La Aurora edita, bajo la direción del periodista Alberto Franco Díaz, la Biblioteca “Nube de Testigos”, entre 1942 y 1951, compuesta por ocho títulos. A diferencia de “Carácter”, es escrita por hispanoamericanos, quienes centran su atención en las vidas de misioneros y colportores, que desarrollaron su ministerio en Sudamérica, como Diego Thomson, Francisco Penzotti y Allan Gardiner. Sobresale la biografía de William Morris, reconocido promotor de la educación popular en Argentina en las primeras décadas del siglo XX.[4] Como se observa, el grueso de los biografiados resultan ser hombres, dedicando solamente un libro a una mujer: la misionera y maestra Carmen Chacón, de quien se resalta su “breve y luminosa vida”.[5] El mismo Franco Díaz escribió tres textos, cuyos relatos habían sido publicados en la revista ¡Aquí Está!, de la Editorial Sopena. Estos relatos se diferencian de sus antecesores, superando la estructura hagiográfica, al evidenciar elementos de investigación histórica. De hecho, un autor, Arnoldo Canclini, fue un consumado historiador argentino, profesión que compartió con la edición de literatura cristiana. La “Nube de Testigos” tuvo la particularidad de editarse como un conjunto de obras de características populares, lo que significó un interés editorial por llegar a amplias capaz de la población, no exclusivamente evangélica.

Fuente: Catálogo La Aurora (1942-1951).

Desde la segunda mitad del siglo pasado, el interés por el género biográfico disminuye entre los evangélicos hispanoamericanos. Probablemente el horizonte de expectativa evangélico se orientó hacia un futuro menos anclado en los espacios de experiencia anteriores, gracias a la revitalización escatológica del periodo de la Guerra Fría.[6] En tiempos recientes, el régimen de historicidad evangélico se orienta más hacia un presentismo desligado de la tradición y de sus representantes.[7]  Sin embargo, la formación académica de algunos evangélicos en historia y ciencias sociales ha permitido la publicación de títulos de dicha índole. Por ejemplo, en México contamos con buenas biografías sobre intelectuales como Gonzalo Báez-Camargo[8] o Juan Amador, pionero de la heterodoxia político-religiosa decimonónica.[9] Igualmente, contamos con tesis centradas en las trayectorias de ciertos misioneros-intelectuales en varios países de la región. Avances significativos, pero que no significan necesariamente un resurgir del género. Es todavía mucho lo que podemos aprender y reflexionar si nos detenemos en el estudio crítico de las trayectorias de vida. Contamos con nuevas herramientas de análisis provenientes de la historia intelectual, social y cultural, que demuestran que estudiar una vida permite estudiar una parcela de la sociedad. La mirada se ha descentrado de las grandes personalidades, para abrir paso a la vida cotidiana, a los agentes culturales que posibilitaron la circulación de ideas, al reconocimiento de las mujeres que han escrito poesía, teología, literatura; y de las que han participado en las luchas por las reivindicaciones de los derechos de las minorías, si bien aún sorprende la dificultad de encontrar fuentes para biografiarlas. La verdad es que en nuestra historia ha existido una actitud sistemática de desconocimiento femenino, lo cual ha cambiado parcialmente con la emergencia de nuevos sujetos teológicos.

Fuente: Archivo personal.

La revalorización de la biografía es un camino necesario para vernos a nosotros mismos a través del espejo en un mundo marcado por retos como la re-legitimación del autoritarismo, la crisis planetaria, la exacerbación de las desigualdades en la globalización digital y diversos fundamentalismos. La pregunta por la relevancia evangélica en América Latina pasa por ponderar nuestra participación efectiva en espacios allende la iglesia-institución; tales como la academia, la política, la literatura, la economía, el arte, la educación o los movimientos sociales.

En mis investigaciones me he encontrado gratamente sorprendido al redescubrir personalidades pasadas por alto, pero comprometidas con su momento y con las personas de carne y hueso con las que trataron. También quedo conmovido al constatar nuestra amnesia y me preguntó cuánto podríamos aprender de trayectorias pasadas y presentes; tanto de sus luces como de sus sombras. Por esta razón, en próximas entregas compartiré semblanzas biográficas de evangélicos y evangélicas hispanoamericanos muy poco conocidos, olvidados o silenciados, en ocasiones por las mismas instituciones eclesiásticas.

Nota: cuando terminaba la redacción de este artículo, me enteré del fallecimiento del teólogo peruano Samuel Escobar. Gran representante del pensamiento evangélico iberoamericano; pero, también, de una praxis cristiana comprometida con los problemas del siglo, con la formación del estudiantado universitario y con una cultura evangélica que interpelara al resto de la sociedad. Seguramente en estos días leeremos textos en su honor, algunos críticos, y comprobaremos nuevamente la importancia de alimentar nuestra memoria histórica.

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[1] Para un panorama crítico del proceso de emergencia, consolidación y declive del campo editorial evangélico hispanoamericano durante el siglo XX, consultar: Gaona-Poveda, J. (2023). “Una historia del libro evangélico en Hispanoamérica. Ciudad de México y el Río de la Plata, siglo XX”. Tesis de Doctorado en Historia. CIESAS.

[2] Dale, J. (1946). Catarina Neel Dale. Una doctora entre los aztecas. [Trad. de Francisco Estrello]. Casa Unida de Publicaciones- Editorial La Aurora.

[3] Báez-Camargo, G. (1938). Martin Niemoeller. El hombre que se enfrentó a Hitler. CUPSA; Westrup, H. (1953). Paladines del Evangelio en México. CUPSA.

[4] Vago, I. (1947). Morris. Una vida dedicada a la niñez. Editorial La Aurora- Casa Unida de Publicaciones.

[5] Monti, D. (1947). Así brille vuestra luz. La breve y luminosa vida de Carmen Chacón, misionera y maestra. Editorial La Aurora- Casa Unida de Publicaciones.

[6] Sobre los conceptos de “espacio de experiencia” y “horizonte de expectativa” en la construcción del tiempo histórico, consultar: Koselleck, R. (1993). Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos histórico. Paidós.

[7] Sobre el presentismo, consultar: Hartog, F. (2007). Regímenes de historicidad: presentismo y experiencias del tiempo. Universidad Iberoamericana.

[8] Martínez, C. (2014). Gonzalo Báez-Camargo: un intelectual evangélico en el periodismo mexicano. CUPSA.

[9] Cervantes, L. (2015). Juan Amador. Pionero del protestantismo mexicano. CUPSA-CENPROMEX.

Juan Carlos Gaona-Poveda

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