Ariel Corpus

Posted On 17/11/2011 By In Opinión, Teología With 2024 Views

Exclusión, autoridad, poder y limites institucionales

A mi amigo Leopoldo Cervantes-Ortiz, como presente de aniversario.

El pasado agosto, el pleno de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México (INPM) que se reunió en el Concilio acaecido en Xonacatlán (Estado de México), con respecto a la ordenación de las mujeres a los ministerios eclesiales, votó contrariamente a tal necesidad en la realidad actual. Esta negativa tendrá sus consecuencias para la mencionada iglesia, además, deja al descubierto el rostro conservadora donde se enmarca el protestantismo mexicano. Ariel CorpusLa “no ordenación” de las mujeres se sitúa en la frontera de un antagonismo generado desde hace muchos años en el seno de la INPM que no pudo conciliar ambas posturas.

Realmente, la desición no es para sorprenderse. Más bien, es preocupante la determinación excluyente que se hace, con base en las Escrituras, al negar el acceso a las mujeres a la administración de lo sagrado. No obstante, esta realidad no es particular de una iglesia, ya que como reportó el diario informativo Reforma, en México tan sólo un 10% de mujeres adscritas a una organización religiosa tienen acceso al púlpito.[1] Desde el punto de vista como creyente, resulta aterrador como la comunidad de fe puede excluir a determinadas personas, tan sólo por ser mujeres. Desde un ángulo que repara en lo social, podemos comprender cómo se gesta el funcionamiento de los grupos, para entender que esto no nos debe de asombrar, ya que la iglesia no deja de ser una institución regulada por reglas, normas y sostenida por una tradición y autoridad que se interpreta por personas.

¿Por qué hay una iglesia dividida? ¿Es contraria al espíritu cristiano ambas tendencias? ¿Cuáles son los factores que sirven para ponderar una interpretación de la Biblia y excluir otras? ¿En realidad, quienes estamos a favor de la ordenación de las mujeres, somos rebeldes? Pensando sociológicamente podemos obtener respuestas y nos podemos dar cuenta que la iglesia, por más comunidad de fe que sea, no deja de ser una insittución que piensa desde lógicas humanas. Desde estas acciones es que determina posiciones, establece criterios, coordina formas de actual y pensar. Actúa, siguiendo a Michel Foucault, como una institución total.[2]

En un pasado texto argumenté de qué manera funcionaría la lógica del grupo que mantiene el poder en la institución, de modo que sería incapaz de aceptar tendencias que vayan en contra de lo que ella misma disponga.[3] En este sentido, es necesario entender que los grupos, incluso al interior de las instituciones, funcionan con lógicas de exclusión basadas en los imaginarios colectivos que distinguen entre los que piensan de un modo, y aquellos que piensan de otro. El “nosotros”, emanados desde posiciones de poder, apela a un sentido de unidad, mientras que el “ellos”, denosta a quienes no tienen poder, acusados de representar un peligro. Al respecto, lo que se había gestando por muchos años en la INPM era la formación de dos grupos con diversos grados de capital social (mayoría vs minoría):

La mayoría dominante (nacional, racial, cultural y religosa) puede aceptar la presencia de una minoría con la condición de que esta última demuestre solícitamente  que acepta los valores dominantes y está deseosa de vivir bajos sus reglas. La minoría puede estar dispuesta a complacer y de esa manera ganarse el favor, pero puede descubrir que las concesiones necesarias tienden a crecer con la confianza del grupo dominante. La minoría se ve forzada entonces, o bien a escapar a su propio gueto, o bien a cambiar su estrategia […] Sea cual fuere la elección, la ruptura de la relación es lo más probable.[4]

La resolución tomada en Xonacatlán niega la posibilidad de la ordenación femenina, y hasta el momento esta mayoría dominante se había mantenido al margen de procesos más radicales que limitaran otras formas de pensar que no fueran en su línea. No obstante, es dificil cuando ambas posturas van por caminos diferentes ya que no hay mediaciones sociales; es decir, dentro del proceso asambleístico (el concilio realizado en Xonacatlán) no hubo un referí, sino un solo juez  que, terminó tomando una postura clara.

El problema de fondo no radica ahí, sino en que se han construido imaginarios sociales sobre lo bueno y malo, sobre lo que es la sana doctrina y lo que no, lo que es fidelignamente reformado y lo que no lo es. Lo que se establece son fronteras imaginarias que no dialogan, sino permanecen en constante y necesario conflicto, ya que la cohesión de un grupo se determina en función del otro:

[…] nosotros somos “nosotros” en tanto haya un “ellos”: sólo juntos tienen sentido, en oposición uno al otro. Además, están juntos y forman un grupo sólo porque todos y cada uno comparte las mismas características: ninguno es “uno de nosotros”. Ambos conceptos derivan su significado de la línea divisoria que sirven. Sin esa división, sin la posibilidad de oponernos a “ellos”, tendríamos mucha dificultad para darle un sentido a nuestras identidades”.[5]

En esta lógica, hay tendencias que unen a determinados individuos de acuerdo a sus posturas, sus experiencias y su maneras de interpretar las Escrituras, sean de un lado más inclusivos, o con más restricciones en relación al acontecer actual donde se sitúa la iglesia. No obstante cuando estas nuevas lecturas se oponen a lo establecido, las lógicas del funcionamiento institucional son desnudadas y entonces, sin un examen crítico de conciencia, se asientan las posiciones sin un diálogo horizontal, sino vertical como sucedió en el pasado Concilio donde las normas, las pautas y las reglas las marcó el grupos dominante. Al pugnar por nuevas formas de administración de lo sagrado, en femenino, los límites institucionales fueron amenazados y la salida más fácil fue ver a “ellos” como personas que no se acatan la autoridad: “estigmatizadas como desertoras, críticas a los valores, enemigas de la unidad y renegadas”.[6]

Incluso, los acuerdos emanados del Concilio dejan al descubierto la manera en que ponderan su autoridad. Más que el diálogo, se lee, con respecto a la decisión de ordenar mujeres: “NO SE PERMITA”,[7] así, en mayúsculas y en negritas que acentúan tacitamente “órdenes que se dan por sentadas y así permanecen indiscutidas”.[8] Estas maneras de actuar son muy comunes en grupos cerrados y cuasiaislados donde lo foraneo es dañino para el orden interno del grupo. Al respecto, la recriminación siempre fue hacia las corrientes externas a la propia institución que salen fuera de los límites de la “sana doctrina” mediante individuos que piensan incorrectamente y que son ajenos a sus intereses. Por ello, no es extraño en que meses pasados la INPM acordara, en lo que respecta a la formación de sus ministros, que: “en relación al currículum de los profesores para ser contratados en el Seminario Teológico Presbiteriano de México, se acuerda que se revise la curricula de cada uno de ellos a fin de que se mantenga la Doctrina y la Línea Reformada.[9] Además, en el Concilio de Xonacatlán se afirmó que: “el Consejo del Seminario Teológico Presbiteriano de México quede integrado en forma definitiva por la Directiva de la Respetable Asamblea General, por el Ministro de Educación de la misma”.[10]

Estas tendencias refuerzan más la necesidad que tiene la iglesia de replegarse hacía una tendencia conservadora, al entender por ello, la poca capacidad de enfrentar lo que Tillich llamó la “situación”.[11] El temor hacía lo externo, hacía “ellos”, que no piensan como “nosotros”, sitúa el punto en la exclusión, le da los argumentos necesarios para radicalizar las posturas de identidad colectiva y deja de lado las tendencias alternativas. A quienes representen estas tendencias, se hará el intento por separarlos totalmente de la comunidad, o censurarlos por pecaminosos.

¿Cuáles son los caminos posibles y que se figuran en el futuro de la INPM? En primer lugar, indudablemente, y si se quiere resolver esta división de la mejor manera, se necesita un árbitro externo que no tenga partido de un lado ni de otro y que establezca los criterios con base en la equidad que garantizan las leyes del Estado mexicano. Para que esto suceda, el campo de juego tiene que pasar del ámbito eclesial al ámbito jurídico,[12] ya que si se permanece en el primero, la fuente de legalidad no será la Biblia, pues cada uno tiene una interpretación diversa, sino la autoridad que sobre una interpretación de la Biblia tiene el grupo establecido en el poder. Llevar esta disputa a un terreno dónde la autoridad de un grupo posicionado en el poder sea la misma que la de los grupos minoritarios, que no tienen el poder, desarticulará las lógicas eclesiales con que el Concilio fue resuelto.

En segundo lugar, es muy probable que ambos principios e ideales permanezcan inmutables, y en lugar de diálogo surga la fractura tan visible desde años atrás. Si esto es así, quienes establecen los criterios institucionales vendrán a radicalizar su postura acordada en el Concilio para que “los H. Presbiterios que han ordenado mujeres al ministerio del Diaconado, Ancianato o Pastorado, acaten el acuerdo anterior tomado por esta R. Asamblea General al respecto, entrando al Orden Constitucional inmediatamente”.[13] De lo contrario, al no contiunar en esta lógica sean echados fuera de la institución sin reconocimiento, vistos y estigmatizados para la historia ofical como subersivos, mientras ellos sean nombrados como defensores de la fe. No obstante, no dudo que habrá quienes se alinien a la institución a pesar de creer en la validez de la ordenación femenina, de modo que, parafraseando las Escrituras: vendan su primogenitura por un plato de lentejas.

Para finalizar, hay que hacer mención que el teologo luterano Paul Tillich pone sobre la mesa la necesidad de articular “la afirmación de la verdad del mensaje cristiano y la interpretación de esta verdad para cada nueva generación”.[14] Con ello la necesidad de poder entender la revelación a la luz de las circunstancias actuales que viva una comunidad que se entrelaze en torno a una fe en común, o, citando a Bauman y May: “los que otorgan una autoridad a eso que creen”.[15] Cierto es que el mensaje kerigmático de la proclamación permanece inerte en la autoridad de la Palabra, no obstante, esta revelación no implica una desarticulación con las circunstancias actuales para aquella comunidad que cree en esa autoridad.

Sobremesa

No se puede pasar por alto la desición registrada en los mismos acuerdos con respecto a facultad que tomó la PCUSA de ordenar hombres y mujeres que se encuentren en una relación con personas del mismo sexo. Esto acrecienta más el modelo conservador de la sociedad mexicana que no escapa de las instituciones religiosas. El documento citado corta las relaciones que tenían por más de 100 años con la mencionada iglesia por ser inclusiva, dejando la puerta abierta tan sólo si la mencionada institución da marcha atrás a sus criterios y excluye del seno de sus ministros a las personas que resuelven apostar por nuevas formas de convivencia humana que permiten unificar los vinculos sociales, tan fragmentados en la actualidad. Lo que sigue es terrorífico: “Denunciando el pecado y la desobediencia explícita a la Palabra de Dios que nos dice que no debemos ser partícipes del mismo. “Y oí una voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seas partícipe de sus pecados…” (Apocalipsis 18:4)”.[16]

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[1] “Cierran a las mujeres el acceso al púlpito”, Reforma, (México), 11 de septiembre de 2011. La nota se puede ver en la siguiente liga: http://www.elmanana.com.mx/notas.asp?id=254124.

[2] Michel Foucault, Vigilar y castigar (1975).

[3] Ariel Corpus, “Poder, legitimidad, desconfianza y disidencia”, Lupa Protestante, (Barcelona), 3 de agosto de 2011. Disponible en red: https://www.lupaprotestante.com/columnistas/ariel-corpus/poder-legitimidad-desconfianza-y-disidencia/.

[4] Zygmunt Bauman y Tim May, Pensando sociológicamente, Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, 2009, p. 48.

[5] Idem.

[6] Ibid, p. 50.

[7] “Acuerdos de la reunion de Concilio, extraordinaria y legislativa de la R.  Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, celebrada los dias 17 al 19 de agosto del 2011, en la Iglesia Nacional Presbiteriana “El Divino Salvador”, de la Ciudad de Xonacatlán, estado de México”. Disponible en red: http://presbiterianosag.com.mx/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=8&Itemid=14.  

[8] Zygmunt Bauman y Tim May, op. cit, p. 58.

[9] “Glosa de acuerdos emanados en la reunion extraordinaria de la R.  Asamblea General celebrada los dias 23 al 25 de febrero del 2011, en la Iglesia “Alfa y Omega” de Playa del Carmen, Q. Roo”. Disponible en red: http://presbiterianosag.com.mx/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=8&Itemid=14. Énfasis mio.

[10] Acuerdos de la reunion de Concilio, extraordinaria y legislativa de la R.  Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, celebrada los dias 17 al 19 de agosto del 2011, en la Iglesia Nacional Presbiteriana “El Divino Salvador”, de la Ciudad de Xonacatlán, estado de México”. Disponible en red: http://presbiterianosag.com.mx/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=8&Itemid=14.  

[11] Paul Tillich, Teología sistemática, (vol. 1), Barcelona, Ediciones Ariel, 1972.

[12] Debo agradecer a mi valedor Hugo Gallardo Duarte por abundar en esta opción junto a una taza de buen café.

[13] Acuerdos de la reunion de Concilio, extraordinaria y legislativa de la R.  Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, celebrada los dias 17 al 19 de agosto del 2011, en la Iglesia Nacional Presbiteriana “El Divino Salvador”, de la Ciudad de Xonacatlán, estado de México”. Disponible en red: http://presbiterianosag.com.mx/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=8&Itemid=14. Negritas y subrayado del texto original

[14] Paul Tillich, op. cit, p. 15.

[15] Zygmunt Bauman y Tim May, op. cit., p. 57

[16] Acuerdos de la reunion de Concilio, extraordinaria y legislativa de la R.  Asamblea General de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, celebrada los dias 17 al 19 de agosto del 2011, en la Iglesia Nacional Presbiteriana “El Divino Salvador”, de la Ciudad de Xonacatlán, estado de México”. Disponible en red: http://presbiterianosag.com.mx/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=8&Itemid=14.

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