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Posted on 11/11/2025 by Juan Carlos Gaona-Poveda  in  portada, Teología

Hacia una pastoral en tiempos posmodernos (parte I) | Juan Carlos Gaona Poveda

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Hacia una pastoral en tiempos posmodernos.
Retos y desafíos en América Latina (Parte I)[1]

 Era la Bogotá del año 1995: un escenario gris, inseguro y permeado por la corrupción. Llegamos con mi mamá y mi hermano a la Iglesia menonita en la que pasé parte de mi niñez, la adolescencia y la época universitaria. Todavía el fantasma de la violencia del narcotráfico y el auge de la confrontación entre el Estado y las guerrillas marcaba la sensibilidad de la época. Aunque vivíamos en una burbuja citadina, las noticias de la guerra desatada en el campo y en pequeñas poblaciones nos llegaban como ecos lejanos. Además, mi familia compuesta por una madre sola y dos hijos entrando a la pubertad era algo común. Estábamos ávidos de orientación, afecto y aceptación. Nos recibió el pastor de la iglesia a la que llegamos por casualidad, siendo desde el principio una persona afable, que nos hizo sentir acogidos, junto con otros y otras a quienes fuimos conociendo.

Este pastor ocupó gradualmente un lugar importante en nuestras vidas: amigo, consejero, maestro, confidente y figura paternal. Por eso, quizá desde muy joven anhelé ser un pastor ordenado y estudiar teología. Después de los años solo he hecho lo segundo, pues comprendí que la función pastoral también la podía ejercer como profesor, académico o simplemente un amigo. Por otra parte, experimenté cierto desencanto al ir conociendo a otros pastores que no cumplían con el modelo ideal —y seguramente irreal— que había forjado en mi infancia. Así que trabajar para el Reino de Dios desde otras trincheras se me hizo mucho más plausible. A lo largo de los años, me di cuenta de que la noción bíblico-teológica de la pastoral es mucho más amplia.

En mis años universitarios, mientras me formaba en Psicopedagogía, también estudiaba en un instituto bíblico por las noches. En esa época empecé a cruzar lecturas de ambos lados: el secular y el cristiano. Por una parte, Las Tecnologías del yo, de Michel Foucault, me hizo cuestionar sobre la función pastoral como ejercicio de poder en la sociedad occidental.[2] Por otra, el primer acercamiento a dos libros de la colección editorial de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) confirmó en mí la decisión de estudiar teología profesionalmente. Estos libros eran Ética y religiosidad en tiempos posmodernos[3] y Diálogos de vida: ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León.[4] A la luz de las lecturas mencionadas, los temas de la posmodernidad y del pastorado siempre me parecieron difíciles de congeniar: ¿la figura del pastor(a) tiene todavía un lugar?, ¿por qué pareciera que se ha venido desdibujando con los años?, ¿se pueden llamar pastores a los mercadólogos de la fe?, ¿qué sentido podría tener la pastoral para responder a las necesidades de la sensibilidad posmoderna?

En las siguientes páginas sostengo la necesidad de que resignifiquemos el pastorado cristiano evangélico como discurso y práctica. Asumo la crítica al modelo del pastorado moderno, para brindar algunas pistas hacia su replanteamiento en el régimen de historicidad posmoderno o presentista. Retomo algunos textos clásicos de la FTL y me apropio de la problematización foucaultiana al poder pastoral. Mi intención es abrir un espacio reflexivo para repensarnos juntos nuestro llamado a ser agentes de esperanza.

 

  1. La pastoral en la FTL: entre el psicologismo y el acercamiento sociocultural

¿Qué es la pastoral? Según los estatutos de la FTL (1983), es una de las áreas de la vida cristiana en América Latina.[5] En el artículo 3º se define como un ministerio orientado a la comprensión de la persona humana en su conducta individual y social. Asimismo, se le adjudica la finalidad de iluminar a las personas en sus crisis y flaquezas por medio del mensaje del Evangelio, proceso que se lleva a cabo en la comunidad cristiana y en la sociedad global. En esta línea de pensamiento, algunxs autorxs de la FTL han reflexionado sobre la naturaleza y el ejercicio del pastorado evangélico en nuestros países. A partir de estos aportes, identifico dos enfoques sobre el tema: el psicologista y el sociocultural.

El enfoque psicologista va más allá de la comprensión de la conducta propuesta en los estatutos de la FTL, ya que también incluye el acompañamiento de los sujetos a partir de sus actitudes, orientaciones existenciales y creencias religiosas. Cortés entiende la pastoral como un encuentro inclusivo con aquellos que padecen crisis afectivas en la comunidad de fe y por fuera de ella.[6] Para Segura, la pastoral integral implica una psicoterapia encaminada a la búsqueda del sentido de vida. Este autor apuesta por el diálogo entre la Logoterapia de Víctor Frankl y una antropología teológica del sufrimiento, encuentro interdisciplinar que podría brindar herramientas teórico-prácticas para el aprovechamiento de los recursos espirituales de las personas.[7] Según Santos, los pastores son profesionales de la salud y las comunidades cristianas se constituyen en centros terapéuticos.[8] Por su parte, Barreda (2006) enfatiza el vínculo necesario entre psicología, estudios bíblicos y teología. Perspectiva que permite pensar en términos híbridos como una “psicología pastoral” o una “psicopastoral”.[9] A partir de estas perspectivas, la figura pastoral se concibe como un cuidador(a), guía espiritual y agente de inclusión. Así que todo cristiano comprometido, que cuente con las herramientas psicológicas y teológicas necesarias, podría cumplir con un rol pastoral: docentes, líderes, profesionales, padres y madres de familia, entre otros.

En el enfoque sociocultural, la FTL buscó establecer los contextos de enunciación y práctica de la pastoral evangélica; como también, las formas de intersubjetividad que privilegiaba y las finalidades que perseguía. Desde esta perspectiva teológica, la principal preocupación de la Fraternidad ha sido el cuidado de las personas en el mundo globalizado. El escenario que han pintado es profundamente desigual y excluyente: la interconexión entre personas y grupos sociales a escala planetaria expone y exacerba la diferenciación violenta entre los seres humanos. Las dinámicas económicas, políticas y tecnológicas globalizadas acentúan más la vulnerabilidad de muchas personas, que son abandonadas en un mar de información.

Cortés propone acertadamente que la práctica pastoral se concrete en la construcción de relaciones sanadoras. Su propuesta emula la actitud de Jesús de Nazaret, quien transformó su propia mirada sobre la cananea al superar sus sesgos étnicos y reconocer su fe.[10] De tal modo,  fue el pastor el que terminó convirtiéndose de sus propios prejuicios gracias a la acción valiente de la mujer. La transformación de los conflictos humanos se daría, entonces, a través del cruce de miradas entre la comunidad de fe y los grupos marginados de la sociedad.

En términos de las intersubjetividades privilegiadas en el ejercicio teológico-pastoral, Nancy Bedford llama la atención sobre la implementación de modelos androcéntricos.[11] Esta autora cuestiona el androcentrismo de Jorge León,[12] quien posicionaba a Agustín, Descartes y Freud como paradigmas de introspección y autoanálisis. Patriarcalismo al que se acerca a través de la lectura crítica de ciertos teólogos representativos. La clave hermenéutica que propone parte de una antropología teológica, que problematiza el lugar de la mujer en la discursividad y práctica cristiana. Ejercicio que realiza por medio del clásico agustiniano La Ciudad de Dios. La autora nos cuestiona sobre qué tan saludable es la teología que hacemos para las mujeres y los varones con masculinidades no hegemónicas.

En cuanto a la finalidad de la pastoral, la FTL coincide que es la promoción de la esperanza. Santos considera que se puede cumplir con dicho objetivo a través de una conciencia de la temporalidad en el proceso terapéutico: pasado, presente y futuro se constituyen en eslabones indisociables de la construcción de sentido; ya que la capacidad de mirar más allá de las situaciones del momento permitiría a las personas salir adelante en sus crisis.[13] Mientras que Segura pone el acento en la actitud de los sujetos frente al “destino inevitable”: si no se pueden cambiar ciertos acontecimientos, sí se puede trabajar en la actitud que se tiene frente a los mismos. El acompañamiento pastoral ayudaría a superar la desesperación, aún en medio de las situaciones límite como una enfermedad terminal.[14]

Por su parte, Barreda encamina la esperanza cristiana hacia su dimensión política. Su lectura semiótica del Apocalipsis lo lleva a ubicar la escatología como una reflexión que se inserta en la historia concreta de las comunidades, perspectiva en la que el discernimiento espiritual sería un elemento fundamental para una pastoral que responda a las problemáticas propias de la Globalización. En este sentido, el ejercicio pastoral se conecta con las corrientes proféticas de la Biblia. Así el estudio crítico de la realidad y la espiritualidad caminan de la mano.[15]

A mi juicio, varias de las propuestas de pastoral mencionadas fueron pensadas bajo lógicas modernas que resultan borrosas en la actualidad. Parten de ideas teleológicas de la historia, que llevan a construir modelos sustentados en normatividades teológicas, psicológicas y hermenéuticas. Además, tienden a reflexionar sobre las relaciones de poder desde un ámbito externo al ejercicio propiamente pastoral. Matizo esta afirmación para los casos de Bedford y Santos, quienes se ubican en un horizonte deconstructivo. La primera pone en tela de juicio las relaciones de poder entre los diversos géneros al momento de hacer teología: el androcentrismo pastoral tendría repercusiones en su carácter re-victimizante, lo cual iría en contravía de su finalidad terapéutica. El segundo cuestiona la forma en que se abordan los conflictos del mundo globalizado a partir de lógicas modernas, como problema/respuesta; y propone que resulta más apropiado afrontarlos desde su constante transformación. Repensar la pastoral, como tecnología de construcción de subjetividades, nos obliga a caracterizarla como un campo discursivo y práctico en la vida contemporánea. En la próxima entrega, haré un recorrido por el concepto de modernidad al interior de las discusiones de la FTL y sus implicaciones en la reflexión pastoral. Para, finalmente, en la tercera parte problematizar el poder pastoral en sus derivas evangélicas.

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[1] Texto finalista en el concurso de ensayos: “Repensando identidades evangélicas en América Latina: contextos, contrastes y desafíos”, realizado en el marco del 50 aniversario de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, durante el año 2020.

[2] Foucault, M. (2008). Tecnologías del yo. En M. Foucault, Tecnologías del yo y otros textos afines (pp. 45-94). Buenos Aires: Paidós.

[3] Hong, I. S. (2001). Iglesia y posmodernidad. En I. S. Hong, E. Moffatt, D. Tomasini, & N. Bedford, Ética y religiosidad en tiempos posmodernos (pp. 5-31). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[4] Barreda, J. J. (2006). Diálogos de vida. Ensayos teológicos-pastorales en homenaje a Jorge A. León. Buenos Aires: Ediciones Kairós. El libro se publicó en torno al legado de Jorge A. León y en ocasión de los 35 años de la publicación de su obra Psicología pastoral para todos los cristianos. Ver: León, J. A. (1980). Psicología pastoral para todos los cristianos. Miami: Editorial Caribe.

[5] FTL. (1983, Oct-Dic). Estatuto da Fraternidad Teológica Latino-Americana. Boletín Teológico, 1(1), 9-16.

[6] Cortés, O. (2006). La evangelización de Jesús. En J. J. Barreda, Diálogos de vida: ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 33-45). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[7] Segura, H. (2006). Por el sentido de la vida: logoterapia y pastoral integral. En J. J. Barreda, Diálogos de vida. Ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 47-64). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[8] Santos, H. N. (2006). La dimensión de la esperanza en el asesoramiento pastoral. En J. J. Barreda, Diálogos de vida: ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 77-108). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[9] Barreda, J.J. (2006). Prefacio. En J. J. Barreda, Diálogos de vida: ensayos teológicos-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 7-8). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[10] Cortés, O. (2006). La evangelización de Jesús. En J. J. Barreda, Diálogos de vida: ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 33-45). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[11] Bedford, N. (2006). De la Ciudad de Dios y la Ciudad de las Damas: La teología de las mujeres en la gran ciudad. En J. J. Barreda, Diálogo de vida. Ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 11-32). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[12] León, J.A. (2002). Tres caminos para conocerse a sí mismo y alcanzar la salud integral. Buenos Aires: Jorge A. León y Rivero.

[13] Santos, H. N. (2006). La dimensión de la esperanza en el asesoramiento pastoral. En J. J. Barreda, Diálogos de vida: ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 77-108). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[14] Segura, H. (2006). Por el sentido de la vida: logoterapia y pastoral integral. En J. J. Barreda, Diálogos de vida. Ensayos teológico-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 47-64). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

[15] Barreda, J.J. (2006). Prefacio. En J. J. Barreda, Diálogos de vida: ensayos teológicos-pastorales en homenaje a Jorge A. León (pp. 7-8). Buenos Aires: Ediciones Kairós.

Juan Carlos Gaona-Poveda

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