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Posted on 03/02/2010 by Ignacio Simal Camps  in  Biblia

Institución y periferia: ¿triángulo o círculo? | Ignacio Simal

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Fòrum Català de Teologia i AlliberamentAquí os dejo la intervención que tuve en el Fórum Catalá de Teologia i Alliberament celebrado en Barcelona el 23 de enero del 2010

Abordo mi breve intervención en este Fòrum que nos ha convocado, a manera de reflexión en voz alta.

Comentaros, en primer lugar, lo que me evocan las palabras que dan título a mi intervención: Institución y Periferia. Esas palabras me evocan formas geométricas (tranquilos, no voy a impartiros una lección de geometría). La primera, el triángulo, la segunda, el círculo. Triángulo y círculo, dos formas de entender la vida y las relaciones entre los seres humanos.

Si tomamos, por ejemplo, cuatro triángulos y los colocamos sobre una base cuadrada, obtenemos una pirámide. Una pirámide me lleva a pensar en las estructuras de poder. Estructuras que alienan a las personas que habitan en su base. Estructuras donde unos pocos deciden cómo debe ser configurada la existencia de las mayorías. El vértice decide.

El círculo, sin embargo, me sugiere la periferia. Lo que se encuentra alrededor del mundo de las pirámides. En el círculo no existen vértices… sólo existe un espacio sin aristas, donde reinan las relaciones entre iguales, sin dogmatismos que imponer, sin control de la vida del otro. El círculo nos constituye en una “comunidad sin dominación”. En la periferia cabe la posibilidad de construir espacios de vida y resistencia.

Pirámides… Egipto… Faraón… Un pueblo esclavizado… Un pueblo esclavizado para construir monumentos de piedra o, permitidme el anacronismo, literarios, para mayor gloria del vértice y justificación de las instituciones faraónicas.

Desde las tradiciones bíblicas se nos invita a emprender un éxodo existencial, en algunos casos un éxodo físico, hacia el desierto, hacia la inseguridad, pero donde se dan las condiciones de posibilidad para construir una sociedad nueva desconectada de las estructuras faraónicas y por ello alejada del mundo conformado por las pirámides. Ese otro mundo posible en el que muchos creemos.

Como todos conocéis el movimiento de Jesús no nació en el espacio conformado por las pirámides. Bien lo narran los textos evangélicos. El mismo Jesús nació en la periferia. Recuerdo en este momento la narración de los sabios de oriente y lo que ella nos lo indica. La estrella que seguían los llamados “reyes magos”, les guio a Belén, y no a las pirámides políticas y religiosas representadas por el palacio de Herodes y el Templo de Jerusalén. Pero a lo largo de los años, el movimiento de Jesús perdió su acción y discurso, lleno de frescura y capacidad liberadora, al sucumbir a los poderes del Imperio – Pirámide… A partir de ahí, si no antes, se dedicó a realizar una reflexión teológico-política que fundamentaba y justificaba las estructuras de poder domesticadoras de la realidad, estructuras de poder en el ámbito religioso y el político. El movimiento cristiano se convirtió en una institución-pirámide. Acabó siendo un clon del Imperio.

Hasta donde tengo conocimiento todos los grandes logros en dirección al progreso y la liberación de los pueblos, en el contexto del mundo de las religiones, han sido acometidos por personas y colectivos que se encontraban en la periferia de las grandes instituciones. Pero, ojo, también es verdad que la institución, al cabo del tiempo, y viendo peligrar su estatus de poder asimiló como suyas esas luchas acometidas por y desde la periferia, domesticando y gestionando sus logros. Y lo sigue haciendo.

Asumir los logros liberadores por parte de las instituciones implicó una forma de conseguir que no se cuestionasen sus estructuras piramidales y la fundamentaciones ideológicas -teológicas- que las sustentaban. Cuando la institución – pirámide se ve en peligro suele practicar el buenismo hacia la disidencia y lanzar cantos de sirena con la pretensión de desviarnos de alcanzar nuestra añorada meta: el logro de un mundo donde la justicia y la fraternidad imperen y donde fructifica la esperanza.

El que os habla es un cristiano protestante. Pastor por más señas. En fin, parte de la periferia de este país. Y como protestante, junto a mis hermanas y hermanos, y a otras tradiciones religiosas, conozco, conocemos, lo que es vivir fuera del mundo de Faraón y como las instituciones-pirámide obran con los grupos minoritarios que cuestionan su forma de actuación a través de su praxis (no voy a mencionar los tiempos recientes del nacional-catolicismo, conocido y sufrido por todos nosotros). Sin embargo, los que hemos habitado, y seguimos habitando en el desierto-periferia no podemos caer en la trampa institucional del discurso victimista. Creemos, repito, que la periferia es un espacio donde se dan las condiciones de posibilidad donde podemos construir un mundo nuevo.

Y hablo también de vivir en el exterior del mundo de las pirámides, no sólo en el contexto de una Iglesia mayoritaria que funcionó como rodillo de las minorías religiosas, sino también dentro del fundamentalismo protestante que, como todos los integrismos, tanto religiosos como políticos, es amigo del par “vigilar y castigar”. Somos muchos, no importa la tradición a la que pertenezcamos, que hemos vivido en nuestras carnes el rodillo de la “verdad” de los faraones religiosos. Todos sufrimos el rodillo, en más de una ocasión, de las instituciones o movimientos a los que pertenecemos. La disidencia ideológica o teológica -si es radicalmente progresista, sin connivencias con el poder- se lleva muy mal en los ámbitos institucionales.

Ahora bien, la experiencia del éxodo en reverso siempre está a la puerta. No podemos obviar ese peligro que a todos y todas nos acecha. Podemos sentir añoranza de la seguridad que la pirámide-institución nos ofrecía y nos sigue ofreciendo, y regresar a “hacer ladrillos” al espacio donde faraón reina a cambio de “puerros y cebollas”. De ahí la necesidad que tenemos de crear espacios, como es este Fòrum, para alentarnos unos otros, para nutrirnos con nuestras experiencias diversas y tomar fuerzas para seguir resistiendo en la lucha por la consecución de un mundo nuevo, un mundo donde el “círculo” reine. Mientras que vivir en la institución es habitar en la pirámide, vivir en la periferia es realizar la vida en y desde el círculo…

Me gustaría finalizar mi participación recordando una vieja tradición bíblica, la narración de la conquista de Jericó. Cuentan las crónicas que el pueblo de Israel caminó alrededor de la ciudad-institución una vez cada día. Hasta seis días hicieron lo mismo, y el séptimo día hicieron sonar sus bocinas acompañadas de los gritos del pueblo desde la periferia de la gran ciudad. Se cuenta que las murallas de Jericó cayeron al clamor del pueblo y el sonido de las bocinas.

Hoy, hacemos sonar bocinas y gritamos el manifiesto que ha convocado este fòrum, y lo hacemos desde la periferia. Y lo seguiremos haciendo hasta que llegue nuestro particular séptimo día en el que veamos que las murallas de las estructuras de poder se desplomen para dar a luz un mundo nuevo… Entonces, sólo entonces, podremos descansar. Mientras tanto seguiremos perseverando en la construcción de espacios de vida y resistencia en medio del Imperio de las Pirámides…

 

Ignacio Simal Camps
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