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Posted on 16/09/2011 by Dr Samuel Pagan  in  Biblia

La declaración del Estado de Palestina en la ONU

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Aunque los temas que se estudiarán y discutirán en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas serán muchos y complejos, uno requiere nuestra evaluación sobria. De importancia capital, tanto para la prensa nacional como para la internacional, serán los diálogos y las votaciones en torno al futuro de los Territorios Palestinos. ¡Ya se han manifestado a favor de la aceptación de Palestina como el próximo estado miembro de la Organización de las Naciones Unidas unas 130 naciones del mundo!

Desde la perspectiva palestina, la decisión de llevar su caso al foro internacional revela sus frustraciones con los tradicionales diálogos de paz. Luego de años y décadas de conversaciones infructuosas, la Autoridad Palestina ha decidido recurrir a un foro internacional independiente para dirimir su futuro. Uno de los argumentos palestinos es que mientras se llevan a efecto las negociaciones de paz, el Estado de Israel mantiene una política expansionista agresiva: Se construyen nuevos asentamientos y se expanden los que ya están edificados.

Ante esa realidad política y social, la Autoridad Palestina, pese a la negativa de algunas naciones de gran peso internacional –p.ej., Estados Unidos y Alemania—han decidido que no pueden esperar más para tener su propio estado, y han optado por que su caso se discuta en estos altos foros internacionales. Para la Autoridad Palestina la decisión de la ONU es de gran importancia, pues esperan que sirva para adelantar su causa y lograr tener un estado libre, soberano, continuo y económicamente viable.

Desde la perspectiva israelí la discusión del caso palestino es un desafío diplomático. Los ciudadanos del Estado de Israel son amantes de la paz, y quieren tener algún acuerdo con la Autoridad Palestina para viabilizar su estado. Ese nuevo estado palestino, con reconocimiento internacional, no puede amenazar la seguridad nacional del estado de Israel, ni propiciar que el conflicto se perpetúe, en esta ocasión entre dos naciones soberanas reconocidas por la ONU. A este reto debemos añadir las dimensiones militares, pues en Gaza los misiles no han cesado, y los componentes políticos internacionales, como las transformaciones en Egipto, presentan para Israel un cuadro complejo, por lo menos para los próximos años.

El gran dilema ante Israel y la Autoridad Palestina, previo y posterior a la discusión y aceptación de Palestina como nación miembro de la ONU, es cómo avanzar y aprobar los acuerdos de paz que faciliten la convivencia pacífica y respetuosa entre los ciudadanos de ambos estados. El desafío para la diplomacia, milicia y política de las dos naciones es cómo desarrollar programas educativos relevantes y proyectos sociales transformadores que incentiven la paz, que fomenten el respeto, que celebran la dignidad, y que propicien el reconocimiento de los derechos humanos. El problema en estas tierras, que tradicionalmente se denominan Santas, es cómo articular una política gubernamental que tenga como vector principal la implantación de la justicia.

Las aspiraciones palestinas son nobles y buenas: El disfrute de un estado que responda adecuadamente a las necesidades de sus ciudadanos. Los reclamos israelíes también son justos y dignos: El establecimiento de unas relaciones con sus vecinos cercanos que permita a sus ciudadanos el disfrute pleno de la paz, en un ambiente de seguridad nacional. Esas aspiraciones y reclamos deben tomarse en consideración en esta importante etapa de negociaciones, cuando el problema palestino-israelí ha llegado una vez más a los foros de la ONU.

En esta etapa determinante del conflicto, cuando los diálogos y las negociaciones se han estancado, es de suma importancia identificar el criterio impostergable que debe servir de marco de referencia a estos acuerdos finales: La justicia. Tanto la comunidad palestina como el pueblo de Israel deben sentir que se ha respondido a sus reclamos más hondos, pues sin ese elemento indispensable de justicia, la paz será solo una tregua débil, frágil, transitoria, pasajera, fugaz…

Dr. Samuel Pagán

Profesor de Biblia

Belén

Dr Samuel Pagan

6 comentarios

  1. Shalom

    Excelente comentario SR. Pagan.

    Tov. Entiendo que la paz solo podrá ser posible entre ese Estado no teocrático de Israel y Palestina cuando ocurran estas palabras que dijo Golda Meir:»Solo puede a haber paz, cuando los palestinos empiecen amar a sus hijos más de lo que odian a los judíos» (ex-primer ministro Israelí).

    El muro de Israel, no es para dividir, sino para vivir; desde su construcción los atentados suicidas se han reducido a un 99%. No olvidemos que en otros países también existen «muros» o alambradas de separación para controlar a los ilegales, y de estos no se dice nada. ¿Por qué siempre se le exige a Israel un pago ético más elevado que a cualquier otro país, siendo el único en la zona que no ha dicho en sus estatutos que quiere a sus vecinos en el fondo del mar?

    Del mismo modo, me gustaría recordar a mis hermanos de Lupa protestante, que la mitad de la población en Israel, es árabe con pleno derecho a voz y voto en la política, en la educación y en los servicios sociales. ¿No serán tan malos entonces?

    Las libertades se cohartan y no se pueden tratar por igual, cuando un palestino se ata un cinturón de bombas, previo lavado cerebral forzoso por el Hamás o los radicales Al-Fatah. Les recuerdo que cuando Mahmoud Abbas -presidente Autoridad Nacional Palestina; recibió a los liberados por Israel a cambio de Gilat Shalid, dijo: Ustedes son combatientes por la libertad, guerreros santos que luchan por Dios y por la patria».solo le faltó…

  2. La lógica de estado-nación no funciona en este caso. Hay cientos de miles de palestinos en Israel, y otros tantos judíos en Palestina. Y hay territorios como Jerusalén que se disputan ambas comunidades. Cualquier partición será injusta y no se ajustará a la realidad sobre el terreno.
    En mi modesta opinión, después de un par de visitas cortas a Israel y Palestina, la única solución a este conflicto será una solución imaginativa que invente un nuevo tipo de estructura que garantice la seguridad y los derechos de ambas comunidades sin crear nuevas fronteras.
    El muro y la separación aséptica no funciona. Los dos estados tampoco.
    Claro que para eso hará falta que Israel considere a los palestinos como iguales, y que los palestinos se comprometan a garantizar la seguridad exterior e interior de Israel como la suya propia. ¿Utopía?

  3. Palestina tiene el derecho a existir como lo tiene tambien Israel, los ataques de un lado y de otro solo cesaran en el momento que ambos países logren equilibrar las fuerzas de su oponente,
    «Tendrás tu habitación en lo mejor de la tierra,
    y gozarás del rocío de los cielos de arriba.
    40 Vivirás gracias a tu espada, y servirás a tu hermano;
    y una vez que te hayas fortalecido
    te quitarás del cuello su yugo.» gn27:38-40
    quizas esta sea la respuesta a todo
    bendiciones

  4. Cuando menciono la Resoluci´pon nº 181, de noviembre de 1.947, sobre la Partición de Palestina, que los árabes rechazaron para lo reconocer el Estado de Israel, me refieron a la Resolución de las Naciones Unidas.

  5. Nadie puede estar en contra de la existencia de dos estados independientes, soberanos y pacíficos (Israel y Palestina). Pero deben tenerse en cuenta: 1º, que ya los palestinos rechazaron estos estados cuando en noviembre de 1.947, por su Resolución nº 181, dictaminó la partición de Palestina (entonces bajo mandato británico) en dos estados, Israel y Palestina. Y que fueron los árabes los que iniciaron las varias guerras que han tenido y siguen teniendo como objetivo la expulsión de los israelitas y su lanzamiento al mar. 2º, que desde la zona de Gaza se mandan misiles diarios contra Israel, causando muertes y destrozos.
    Los palestinos, para que se reconozca su derecho, deben asegurar que pararán definitivamente con su provocación bélica.

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