Posted On 23/09/2022 By In Biblia, portada With 302 Views

La lectura de la Biblia como lectura de textos testimoniales | Juan Pablo Espinosa Arce

Dentro de las perspectivas que actualmente están surgiendo en torno a la comprensión de qué es la escritura y qué son los textos se pueden encontrar elementos en torno a la relevancia del testimonio. Después de Auschwitz el concepto de testimonio y escritura testimonial han asumido un protagonismo en la cuestión epistémica presente en los trabajos sobre el lenguaje, las ciencias humanas y la teología misma, a la vez que han experimentado modificación en razón de la misma tragedia del Holocausto. Así por ejemplo encontramos el trabajo de Daniela Stevens Vera (2021) quien articula la escritura y la memoria-testimonio de los presos políticos de la Dictadura Militar chilena. En su trabajo Stevens indica que la escritura testimonial tiene que ver con la importancia de mantener vivo el recuerdo de aquellas situaciones límites que vivieron hombres y mujeres detenidos y torturados por los regímenes militares. También encontramos el trabajo de Margaret Meek (2008) sobre la cultura escrita y oral en el cual indica que la escritura tiene como uno de sus propósitos visibilizar el pensamiento, el lenguaje y dar espacio a las historias de vida que cimentan lo que ella denomina escritura interna o íntima.

Estos elementos de diversidad de textos y de acercamiento a las formas del lenguaje también han sido asumidos por el psicoanálisis. Así por ejemplo Andrea Kottow (2022) sostiene que las experiencias humanas, que son comprendidas como textos, poseen diversas aristas para interpretar el lugar de los sujetos involucrados en el proceso de escritura y de nuestra lectura de esos testimonios. Kottow también utiliza la categoría de “opacidad” para indicar que los relatos testimoniales o relatos nacidos de las situaciones límite no son de fácil interpretación en cuanto poseen espacios de silencio de vacío expresivo. Francisco Pisani (2021) también desde el psicoanálisis viene a indicar que en esta disciplina los conceptos de lo verosímil quedan suspendidos en cuanto los testimonios de los sujetos no pueden ser materia de análisis matemático, estadístico o unívoco, sino que se expresan desde una diversidad de formas de narración, escritura y puesta en discusión de estos.

Al momento de acercarnos a los textos bíblicos podemos reconocer cómo ellos son un tipo de texto testimonial debido a que cuentan la experiencia de fe del pueblo de Israel y de la comunidad cristiana. A través de diversas formas narrativas propias de la cultura semita, las comunidades dieron cuenta de sus momentos vitales en los cuales fueron capaces de discernir la acción de Dios en la historia. Esta puesta en escrito en cuanto materialización de la experiencia de fe constituye un relato testimonial. Para el teólogo Jean Ladrière (2001) la función del lenguaje en cuanto estructura que nombra la experiencia, la comunica/testimonia y la pone por escrito posibilita que dichos relatos testimoniales sean fuente de conocimiento, de enseñanza y de aprendizaje. Es más, para Jean Ladrière esto tiene el nombre de testimonio.

El testimonio tiene la función de contarnos cuáles fueron las experiencias de aquellos hombres y mujeres que nos antecedieron y que, al conocer dichos relatos testimoniales nosotros también podemos hacer experiencia de fe. Esto es llamado por Ladrière como función anticipadora del lenguaje, es decir, aquello que prepara nuestra experiencia particular. Aunque la experiencia de los hombres y mujeres de la Biblia y nuestras propias experiencias con Dios son diversas, sí podemos reconocer cómo dichos relatos permiten que nuestra atención se focalice con esos lenguajes y podamos, desde nuestra propia experiencia, vincularnos con el Dios que fue testimoniado por los relatos bíblicos.

Recorrer los textos bíblicos desde la perspectiva de entenderlos como relatos testimoniales permite que demos cuerpo a esas experiencias, y de comprender que ellas no son sólo una elucubración racional, sino que involucra cuerpos, emociones, dolores, fracturas y esperanzas, espacios humanos que también son nuestros. Sólo desde allí podemos comprender en definitiva que los relatos bíblicos en cuanto relatos testimoniales tienen como centro al Dios comprometido con la vida en todas sus formas, relatos y formas de escritura.

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