“Efectivamente, las figuras relevantes de la Teología de la Liberación (TL) son personas ancianas y, como tal, como la expresión de lo que fue, está muy está anciana, si no es que ya está muerta… Hoy en día no está más el tema de la teología de la liberación, que había sido planteada con una base sociológica que no cuadraba con la base teológica”.
No, no son afirmaciones estas de sectores lefebvristas, neoconservadores o integristas, ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tan propensa a desacreditar las tendencias teológicas que no coinciden con la teología romana. Han sido pronunciadas por monseñor Carlos Aguiar Retes, todopoderoso presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), y difundidas por la Agencia Católica de Información ZENIT. Las ha hecho en un momento tan significativo como el encuentro del CELAM con el papa Francisco, cuando el Vaticano está dando muestras de acercamiento a dicha teología.
Ante las críticas recibidas por tamaño desprecio hacia la TL, el propio arzobispo Aguiar ha querido matizarlas en unas declaraciones a Noticelam, pero, a mi juicio, se ha puesto más en evidencia su rechazo hacia dicha teología. Recuerda la existencia de una corriente basada “en el análisis marxista que llevó a una ideologización del mensaje evangélico” y cree necesario re-direccionarla a través del desarrollo de “una teología de la liberación con una base bíblico espiritual”.
¿Qué revelan las primeras afirmaciones tan irrespetuosas en boca de un dignatario tan cualificado como mal encarado de la Iglesia católica, que se arroga la representación de varios cientos de millones de católicos del continente y las segundas declaraciones tan desenfocadas sobre la teología de la liberación: ignorancia, manipulación o, más sencillo todavía, confundir el deseo con la realidad? Fuere una cosa, otra, la tercera o las tres a la vez, me gustaría informar, siquiera someramente, al presidente del CELAM del estado actual de la Teología de la Liberación (TL), que hoy está muy lejos de la ancianidad y mucho más todavía de la muerte.
La TL, nacida en América Latina a finales de la década de los sesenta del siglo pasado –apenas ha cumplido 45 años- es una de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur, lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de identidad y estatuto teológico propios. No es, por tanto, una sucursal de la teología elaborada en el Norte. Todo lo contrario: ha quebrado el norte-centrismo teológico, sea el moderno o el postmoderno, el europeo o el norteamericano.
Viene siendo objeto de sospecha desde sus orígenes, y muy especialmente durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto II. Ha recibido acusaciones de lo más gruesas e indemostrables como defender la violencia, ser una sucursal del marxismo, introducir la lucha de clases en la Iglesia, politizar partidistamente el cristianismo… Muchos de sus cultivadores han sido condenados, destituidos de sus cátedras y sus libros sometidos a una férrea censura. La más grave de las condenas -comparable a la del Syllabus del papa Pío IX contra el modernismo-, fue la llevada a cabo por la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, de 1984, redactada por el cardenal Ratzinger cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ratificada por Juan Pablo II.
Mas, a pesar de la persecución de que ha sido objeto, la TL no se ha rendido a la ortodoxia vaticana, ni ha renunciado a sus primeras intuiciones ni al principio-liberación, pero tampoco se ha quedado en la foto fija de sus orígenes, ya que no es una teología perenne, inmune a los cambios, ni de la razón pura, sino una teología de la razón práctica, histórica, in fieri, que se reformula y reconstruye en los nuevos procesos de liberación.
Lo mismo que la TL en sus orígenes intentó responder a los desafíos sociales, económicos, religiosos, espirituales, culturales del continente latinoamericano, hoy sigue haciéndolo y se elabora a partir de los nuevos sujetos que están emergiendo y protagonizan los cambios estructurales en la sociedad y en las religiones: las mujeres doble o triplemente oprimidas por las dictadura del patriarcado, del capitalismo y del colonialismo en alianza, la Tierra, sometida a la depredación del sistema de desarrollo científico-técnico y económico voraz, el campesinado sin tierra, los pueblos indígenas y las comunidades afroamericanas, humilladas durante siglo de dominación imperial, las colectividades, cada vez más numerosas, excluidas por mor de la globalización neoliberal, las religiones otrora destruidas por el cristianismo imperial, las identidades estigmatizadas y perseguidas.
Son todas ellas alteridades negadas que conforman los diferentes rostros de la pobreza y la marginación, a quienes la TL reconoce como sujetos activos, consciente de que se están empoderando y, desde su empoderamiento, contribuyen a la superación del racismo, el sexismo, el clasismo, la homofobia, así lideran la lucha contra los etno-cidios, geno-cidios y bio-cidios causados por el paradigma de desarrollo de la modernidad occidental.
De aquí han surgido nuevas tendencias teológicas de la liberación, todas ellas contra-hegemónicas: teología feminista, indígena, afrodescendiente, campesina, ecológica, queer, teología del pluralismo religioso, de la diversidad sexual. Todo un mosaico de teologías y sabidurías que conforman el plural panorama de la TL, que no es una anciana moribunda, sino que sigue viva y activa intentando responder a los nuevos desafíos del continente latinoamericano.
Hoy está presente en todo el Sur, pero también en los ámbitos de marginación del Norte y se ha hecho visible en el Foro Social Mundial, donde ha creado su propio espacio religioso alter-globalizador, el Foro Mundial de Teología y Liberación, que cuestiona las creencias crédulas, revoluciona las conciencias de los creyentes y no creyentes y pretende transformar sus prácticas alienantes en emancipatorias desde la convicción de que “Otra teología es posible” ¡y necesaria! en plena sintonía con la consigna de los Foros Sociales “Otra epistemología es posible!” y con las epistemologías del Sur que se están desarrollando en las diferentes disciplinas y saberes.
Si monseñor Aguiar Retes quiere enterrar la teología de la liberación, debe saber que lo hará con una realidad viva, y eso es un delito mayor y más grave que el de considerarla anciana o muerta. ¡Qué lejos está el actual presidente del CELAM de los obispos que dijeron adiós al paradigma de la Iglesia conquistadora, colonial y desarrollista de la conquista e iniciaron el paradigma de la Iglesia de la liberación en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín en 1968! Estos pusieron las bases de la Iglesia de los pobres, que el papa Francisco quiere recuperar. Con sus declaraciones, monseñor Retes lo que hace es dinamitar dichas bases.

Blas yo creo que la pregunta fundamental seria ¿liberación o salvación? Me quedo con la segunda, porque el Evangelio lo dice muy claramente: «Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él SALVARÁ a su pueblo de sus pecados». Nótese que el evangelista no emplea el verbo «liberar».
¿De que nos salvará? De nuestro orgullo,la ambición, el poder, la injusticia, la explotación, etc. Como dice Miguel Angel: ¡Qué lejos estamos de Jesucristo que nos mando a amar aún a nuestros enemigos!
El ser humano tiende a soslayar los problemas, y buscar su comodidad. La existencia de los pobres es incómoda para muchos. Cuando se trata de lo relativo al “depósito de la fe” es necesario precisar cuál es su sentido primario. Se ve la suma importancia de esta precisión. En efecto, la Iglesia mantiene que las verdades del depósito de la fe, las reveladas por Dios son absolutas, y no pueden ser objeto de cambios a través del tiempo. Por tanto, su realidad objetiva permanece y no puede ser materia de reinterpretación. El Concilio Vaticano II no fue dogmático. ¿Acaso por ello podemos dejar a nuestro criterio lo que dijo el Concilio? Evidentemente que no. La verdadera bondad no puede ser permisiva ni en cuanto al error, ni en cuanto al mal.
No porque lo diga monseñor Aguiar, la Teología de la Liberación es una anciana moribunda. Nacida por los años 70 tiene actualmente un poco más de cuarenta años, pero siempre menos que monseñor Aguiar, quien desdeña una reflexión teológica profundamente evangélica, de raigambre latinoamericana y entroncada con las grandes corrientes de pensamiento de la iglesia universal. Monseñor Aguiar dejará de ejercer a los 75 años, morirá unos diez años después y la Teología de la Liberación seguirá fecundando, como al principio, con el amor de Dios en Jesucristo por los más pobres no sólo de América , sino del mundo entero, los corazones y las mentes de quienes creemos que la Iglesia y sus ministros están para anunciar a Jesucristo, para servir a los más necesitados, para evangelizar a todos los hombres, para construir un mundo justo, fraterno, solidario y pacífico. Y cuando un ministro de la iglesia no sirve para esta misión que Jesucristo le encargó, realmente no sirve. Monseñor Aguiar y otros obispos de esta América Latina, pobre y miserable, parecen vivir en una burbuja o campana de cristal. Miran con desprecio, desde sus altas torres ideológicas, su propia realidad. Y lo que es más penoso, la pretenden ignorar. Esta postura en cualquier parte del mundo se llama alienación. Los hacen obispos, les dan algún cargo y se sienten «príncipes de la iglesia». ¡Qué alejados de Jesucristo pobre, humilde y crucificado! ¡Qué lejos de los Evangelios! ¡Qué lejos del pensamiento del actual Papa Francisco!
Dejando a un lado mi admiración por la teología de la liberación, y admitiendo la influencia que ha podido tener en la sociedad latinoamericana, pero no podemos negar que está envejecida y algo domesticada tras tantos años de maltrato por parte de la jerarquía católica. Esa domesticación es la que va a provocar que no tengan relevo generacional, pues podrían haber llegado más lejos en sus planteamientos y por temor a ser aun más condenados o tachados de heréticos o cismáticos no lo hicieron. La jrarquía católica también es vieja pero controla los seminarios para seguir perpetuando su modelo. Y es que el Espíritu no hace que salgan teólogos de la liberación de los árboles.
Buen artículo. Pero algun@s lectorxs nos quedamos esperando ejemplos específicos de obras teológicas académicas y prácticas producidas por teolog@s de la liberación menores de 50 años de edad. ¿Podría usted producir una bibliografía considerable de esas obras para beneficio de quienes afirmamos la necesidad y pertinencia de seguir produciendo ese tipo de obras?