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Posted on 28/08/2025 by Eliana Valzura  in  portada, Teología

La teología es cosa de hombres (o al menos eso parece) | Eliana Valzura

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En ocasión de armar la bibliografía para mi último libro, Un Dios más digno de confianza, me encontré con la realidad de que los textos de Teología Sistemática escritos por mujeres eran una abrumadora minoría. ¿Había allí un sesgo en mi lectura? Podía ser.

Intrigada y deseosa de despejar esta duda, comencé a buscar infatigablemente por internet el nombre de teólogas sistemáticas, y también me di a la tarea de preguntar en diferentes ámbitos educativos y a diferentes docentes de teología para que me pudieran individualizar teólogas sistemáticas mujeres. No tuve mucho éxito. ¿Hay pocas?

Ante todo, voy a hacer una aclaración terminológica: cuando hablo de “Teología Sistemática” o de “teólogas sistemáticas” no estoy pensando en teólogas que hayan escrito libros con toda la Teología Sistemática o con Teología Sistemática completa, sino a aquellas que abordan los temas de la Teología Sistemática, a saber: Dios, Teología de la Creación, Antropología Teológica, Hamartiología, Cristología, Soteriología, Eclesiología, Escatología, Pneumatología, Misionología, como grandes núcleos, de los cuales se derivan otros subtemas.

Más allá de todas las definiciones que se han dado sobre “Teología Sistemática”, la entiendo como un corpus de doctrinas y creencias completo cuyo insumo es la Biblia, la historia, las ciencias bíblicas y las ciencias auxiliares. Quienes me han leído antes saben de mis advertencias sobre algunos de los problemas del intento de sistematizar (a veces lograr un “sistema” implica forzar las partes para que encastren), sin embargo, me interesa el hecho de que la sistemática es abarcadora.

¿No hay mujeres que hagan Teología Sistemática? ¿Las hay, pero no tienen lugar? ¿Las hay, pero no publican? ¿No les interesa a las mujeres hacer Teología Sistemática? En todos los casos ¿por qué?

Si mi pregunta hubiera sido: ¿conocen ustedes representantes de la Teología Feminista? La respuesta habría sido inmediata y afirmativa.

Si mi pregunta hubiera sido: ¿conocen ustedes profesoras de Teología Sistemática? También la respuesta habría sido clara, rápida y un sí rotundo.

Pero mi pregunta era otra: ¿Me dicen los nombres de teólogas sistemáticas?

No es que no las hay, es que no estamos acostumbrados y acostumbradas a considerarlas: Rosemary Radford Ruether, Elizabeth A. Johnson, Catherine Mowry LaCugna, Sallie McFague, Ivone Gebara, Kathryn Tanner, Sarah Coakley, Marjorie Hewitt Suchocki, Marilú Rojas Salazar, Nancy E. Bedford, entre otras —no muchas, a mi juicio— que podríamos citar.

Embarcada en la búsqueda de respuestas —o más preguntas que fui coleccionando en el trayecto— hice un llamado abierto desde mis redes sociales a personas involucradas con el ámbito teológico —profesores, profesoras, estudiantes— para que me envíen sus programas (“syllabus”, “prontuario”, etc., según sea el país) de Teología Sistemática (o las materias que se desglosan de ella), movilizada por un interés especial: ver cómo estaba compuesta la bibliografía y qué presencia de mujeres respecto de hombres había en ella. En el camino, también anexé otras indagaciones que compartiré más extensamente en mi libro de próxima aparición Ensayos Teofeministas.

Muestreo:

Fue completamente aleatorio, ya que incluí en la muestra todos los programas que me enviaron, sin hacer ninguna selección previa. La investigación, en este sentido, tiene unas limitaciones que explicito en el ensayo del libro (para que los resultados no sean universalizables sino utilizados a modo de indicios o puntas desde donde “tirar de este hilo” de mis inquietudes).

  1. Material: programas (pensum, syllabus, prontuarios) de Teología Sistemática o materias que puedan desglosarse de ella (como ya se ha dicho), de carreras de grado y posgrado de instituciones protestantes, católicas, o sin filiación religiosa, pero que enseñen Teología como carrera de grado o posgrado.
  2. Países representados: Chile, Puerto Rico, México, Colombia, Perú, Argentina, una institución que dicta clases de forma virtual para toda Latinoamérica, España y Estados Unidos.
  3. Composición de la muestra:
    1. Latinoamérica y el Caribe: 26 programas (de diferentes materias relacionadas a la Teología Sistemática).
    2. España: 36 programas (de diferentes materias relacionadas a la Teología Sistemática).
    3. Estados Unidos: 1 programa

Sobre 63 programas revisados se obtuvo un total de 1519 bibliografías recomendadas. Veamos la composición:

Género Cantidad
Teólogos 1297
Teólogas 222

 

 

Como se puede observar, la brecha entre unas y otros es del 70% y el índice de paridad de género (IPG[1]) es de ≈ 0.171. Esto quiere decir que hay muy poca paridad: (casi) 6 teólogos por cada teóloga recomendada en la bibliografía.

También analicé la cantidad y diferencia entre profesoras y profesores de Teología Sistemática, y qué recomiendan los profesores hombres y las profesoras mujeres, pero esos resultados los dejaré para que los lean en mi libro.

Sin embargo, estos datos, que próximamente serán publicados en toda su extensión y entrecruzamiento, llaman la atención sobre un hecho que cualquiera que haya estado formándose como teólogo o que esté dedicado a la docencia de Teología Sistemática (o sus derivadas) habrá notado o debería comenzar a notar: hay una marcada asimetría —una verdadera injusticia epistémica— entre los teólogos utilizados para enseñar teología sistemática y las teólogas que se proponen.

Este asunto ya debería provocar una profunda revisión de las currícula de parte de las instituciones educativas y de parte de los docentes y las docentes involucrados: cualquiera sea la razón de este desequilibrio, se está enseñando la mitad de la teología, se está mirando con un solo ojo, se está reflexionando con estructuras de pensamiento masculinas.

He pensado en varias de las opciones y posibilidades que estén actuando como disparadoras o sostenedoras de esta injusticia, y las desarrollo más ampliamente en el ensayo de mi nuevo libro, pero esbozaré algunas: ¿Es que no hay teólogas sistemáticas? Y en el caso de que no haya (suficientes, porque todos y todas conocemos algunos nombres que podríamos citar), ¿por qué no las hay? ¿Es que no les interesa la Teología Sistemática? ¿Por qué no? ¿Es que no tienen lugar en la academia? Esta puede ser una razón de peso. No me refiero a docentes mujeres de Teología Sistemática, que hay pocas en comparación con los hombres, pero hay: me refiero a la academia de la teología, de personas que hacen teología, con su respectivo “canon” de nombres consagrados. Sospecho que, como en otras áreas del saber, el canon teológico está masculinizado, atravesado por estructuras patriarcales.

Por supuesto que sé y valoro que hay un gran cúmulo de conocimiento y de teólogas feministas que se han ganado un lugar excepcional. Sin embargo, ni siquiera ellas están presentes en balance con los hombres y, cuando están, lo están para temas que tienen que ver con la teología feminista entendida en su sentido más restrictivo[2]: teología sobre mujeres, sobre temas que atañen a la mujer y su opresión por el patriarcado, androcentrismo bíblico, lugar de la mujer (en la creación, en la iglesia, en la salvación, en el mundo secular), cuerpo y sexualidad femenina, temas de inclusión, lecturas liberadoras, entre otros. Son muy pocos los ejemplos de textos de mujeres que son citados para la parte de Cristología o Soteriología o Escatología (u otras) desde un punto de vista totalizador y en relación con las otras áreas y/o temas (lo cual sería strictu sensu “Teología Sistemática”).

Para finalizar, propongo hacer un ejercicio sencillo:

  • ¿Cuántos teólogos y cuántas teólogas tenemos en nuestras bibliotecas hogareñas? ¿Por qué hemos preferido unos u otras? ¿Qué o quién/es han influido en esa preferencia?
  • ¿Qué temas abordan unos y otros?
  • ¿Cuántos teólogos y cuántas teólogas están en nuestras bibliotecas del Seminario o Facultad?
  • ¿Cuántos teólogos y cuántas teólogas citamos en nuestras clases?
  • ¿Cuántos teólogos y cuántas teólogas componen la bibliografía con la que estudiamos o la que sugerimos a nuestros alumnos/as?
  • ¿Cuántos teólogos y cuántas teólogas publican en las revistas especializadas que leemos?

Veremos, sin ninguna duda, que hay una brecha y un alto índice de disparidad de género que responden a una multicausalidad asociada a la constitución patriarcal de la sociedad en general y del saber en particular —y del saber religioso en especial—.

Nosotras, las mujeres feministas que hacemos teología, podemos y debemos disputar canon y academia en todos los frentes.

Nosotras, las mujeres feministas que enseñamos teología, debemos salirnos del patrón que parece haber caído del cielo de modo que nadie osa tocarlo, y atrevernos a incorporar otras voces, las femeninas[3], en todos los temas.

Las mujeres que hacemos teología no necesitamos permiso ni concesión[4]. Tenemos nuestra propia voz y sabemos usarla. Y lo haremos. El problema no son los teólogos (hombres) sino el sistema teológico patriarcal del cual también los teólogos son víctimas (aunque no es posible equiparar las consecuencias nefastas para los teólogos y para nosotras, las teólogas). El poder que ese sistema tiene es poder en tanto y en cuanto permanece oculto, se normaliza, adquiere la forma de “siempre fue así” o “si siempre fue así debe haber razones”. Razonamientos como este son una invitación a la inacción: pero mi propuesta es todo lo contrario.

Los hombres que enseñan Teología Sistemática: ¿por qué no incorporan mujeres teólogas? Les propongo —si me están leyendo— un examen de consciencia para ver las causas, si es que hay alguna (tal vez solo están siendo atropellados por la corriente). Incorporar mujeres no es solo “un deber”. No hablo de la discriminación positiva[5] del “cupo femenino”. Tampoco es incorporar textos para “darle voz a la mujer”. Ya la tenemos, sin este acto de heroísmo. Tampoco para que las cosas se traten “desde la perspectiva de la mujer”. Porque, entonces, a la teología de hombres habría que anexarle “desde la perspectiva del hombre”, y eso no sucede en la práctica, ya que esa teología siempre tiene pretensión de universalidad asexuada (aunque despojarse de la subjetividad, ya sea masculina o femenina, es imposible, con el agravante de que la subjetividad masculina suele estar atravesada por las estructuras de poder patriarcal).

No. La teología no es cosa de hombres. La teología es teología. La Teología Sistemática es Teología Sistemática.

Es solo que años de silenciamiento y relegamiento de la voz de la mujer han operado un borramiento y hasta una desaparición.

Repensar toda la Teología Sistemática nosotras mismas es disputar sentido allí donde la particular visión de la hegemonía masculina se ha erigido en saber universal, único y dominante. Allí donde el límite de la concesión no se ha corrido, se ha mantenido rígido e infranqueable: es como si dijeran que las mujeres podemos hacer teología, pero solo teología feminista en un sentido restrictivo. Allí debemos quedarnos, nosotras y nuestras “piedras”, como nuevas Sísifas siempre teniendo que subir la cuesta.

Además de indisciplinada soy insurgente: propongo una acción conjunta y organizada de desacato a la autoridad de la “academia masculinizada” y de los “cánones fosilizados”. Resistencia, vamos a tener que continuar ejerciéndola: nuestro quehacer siempre es cuesta arriba, contra todos y con la piedra en los hombros. Nuestro lugar no está “dado”, hay que tomarlo. Por eso llamo también a la acción.

Soy una mujer feminista que hace teología y, además, tengo la osadía de hacer Teología Sistemática. ¿Es la Teología Sistemática un saber, una epistemología, masculinizada? Cambiemos eso. Llenemos los programas de teólogas mujeres: hay muchas, pero debe haber más.

Yo sé que estoy proponiendo una empresa demasiado grande. Sin embargo, todo plan empieza por un primer paso y, estoy segura, después de este artículo uno o dos, una o dos docentes van a sentirse incómodos con una bibliografía exclusiva de hombres.

Eso espero…

 

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[1] Es un cociente que se calcula dividiendo el valor de un indicador para las mujeres (o niñas) entre el valor del mismo indicador para los hombres (o niños). IPG = 1: Indica paridad perfecta o igualdad entre hombres y mujeres en ese indicador. IPG > 1: Sugiere una ventaja relativa para las mujeres en ese indicador. IPG < 1: Indica una desventaja relativa para las mujeres

[2] En el libro ya mencionado hago una diferenciación entre una epistemología feminista y una teología feminista en sentido restrictivo: entre una forma de hacer teología sobre todos los temas y una teología feminista que se caracteriza por desarrollar solo ciertos temas.

[3] Y cuando digo “femeninas” digo mujeres, mujeres trans, mujeres negras, mujeres indias, mujeres del sur global, mujeres de pueblos originarios, mujeres que no han recibido el “placet” formal de la academia masculina.

[4] Respecto de la “concesión” es uno de los aspectos que desarrollaré como tesis central del ensayo que formará parte del libro.

[5] Es un acto afirmativo que tiende a equiparar la balanza de desigualdades mediante la creación de un cupo obligatorio de incorporación de grupos vulnerados en equilibrio con los hegemónicos. Hay detractores que aluden que las personas deben ser incorporadas por su mérito y no por su género (o su condición). Y sí, eso es lo ideal, pero no ocurre, por más mérito que se tenga, entonces, la imposición de una obligatoriedad es un primer paso de igualdad de oportunidades.

Eliana Valzura

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