Puede que María de Nazaret –más conocida en nuestra cultura mediterránea como la Virgen María o la Madre de Dios- haya sido una de las mujeres más maltratadas y malentendidas por la historia de la iglesia. Virgen y madre al mismo tiempo, algo absolutamente inverosímil, se ha utilizado como una justificación de los deseos más ocultos de los hombres y como coartada para reprimir, dominar y controlar el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.
Si bien es cierto que el testimonio de los cuatro evangelios podría conducirnos a entender el personaje de María tal y como la historia de la iglesia nos lo ha transmitido, también es cierto que podemos encontrar algunos detalles que contradicen una tradición cristina que ha querido hacernos creer que nuestro cuerpo y nuestra sexualidad debe responder a los ideales esperpénticos de una mujer inexistente, no en el sentido histórico, claro, sino más bien en el aspecto simbólico.
María, víctima de las tradiciones y de las convenciones de una religión y de una cultura basadas en el honor y la vergüenza social, tuvo que enfrentarse, siendo casi una niña, a un embarazo no deseado, poniendo en peligro la reputación de su familia y, lo que es más grave, su propia vida.
Creo que la tradición cristiana a endulzado demasiado la historia de María de Nazaret. Esta tradición no ha mostrado ninguna sensibilidad hacia una niña embarazada enfrentada a todas las convenciones de su entorno. Nos la ha mostrado como si fuera una diosa, por encima del bien y del mal, ajena a los errores, a los desastres y a las miserias que, sin duda, sufrimos todos los seres humanos.
En mi opinión, María de Nazaret sufrió las contradicciones y los excesos del sistema patriarcal; experimentó en su propia carne y en su propia historia lo que Ayaan Hirsi Ali llama “la jaula de la virginidad”, primero en su contexto religioso y después en la tradición de una iglesia que le ha negado lo más importante para una persona: su humanidad.
Me gusta pensar, y de hecho así lo creo, que la tradición protestante le ha devuelto a María de Nazaret su derecho a seguir siendo humana: ella no es la Madre de Dios, es la madre de Jesús de Nazaret, una mujer que pensaba como mujer, que amaba como mujer, que sufría y se preocupaba por sus hijos e hijas como mujer, y que tenía una comprensión muy particular, adecuada y perspicaz de Dios, tal y como se refleja en el Magnificat: “Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los que eran soberbios en los pensamientos de su corazón, ha quitado a los poderosos de su trono y ha exaltado a los humildes. A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.” (Lc. 1,51-53).
Quede su ejemplo para todas y todos nosotros como un testimonio de la bienaventuranza de Dios hacia las personas que deciden obedecer su voluntad sin tener que negarse a sí mismas.
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Dice la hermana Joana: “ella no es la madre de Dios”. Bueno, es su opinión personal y la respeto.
El gran privilegio de María consiste en ser Madre del Hijo, que es Dios. Este misterio es grande y ciertamente no es fácil de comprender con la sola inteligencia humana. Cuando Nestorio exigió que los cristianos no aclamasen más a María como “madre de Dios”, su ataque se dirigía no contra María, sino contra la noción de que Jesús hombre y la segunda Persona de la Trinidad fueran una unidad.
El titulo de Madre de Dios aparece en los textos cristianos a comienzos del siglo IV. Cuando empezó a criticarlo Nestorio, el año 428, ataco de hecho un titulo ya tradicional. Este título paradójico debe comprenderse debidamente. Es el fruto de una reflexión de la fe sobre la apelación original de “María, Madre de Jesús”. En el fondo, no dice más que la primera afirmación: explicita en la forma el contenido que estaba efectivamente presente en ella. Pero el paso de una formulación a la otra no se hizo por un silogismo. Es el fruto de una experiencia de la fe que “realizó” todo lo que llevaba consigo la confesión de Jesucristo, Hijo de Dios y Dios.
Lucho
Yo creo que las dificultades que los protestantes (digo «protestante» estrictamente dicho, excluyendo el abigarrado campo de las sectas) encuentran en la Mariologia católica deben situarse en dos niveles netamente distintos. Hay una serie de dificultades que no nacen de los principios sistemáticos del protestantismo. Se refieren a privilegios concretos de Maria, cuya existencia en realidad no seria incompatible con los principios fundamentales protestantes;pero cuya colación de hecho por parte de Dios a Maria no piensan que pueda demostrarse por la Sagrada Escritura.
Lucho
El teólogo protestante C.A. de Ridder dice: «Karl Barth opina que en la Mariologia romana se glorifica la posibilidad del hombre de colaborar con Dios en su redención en virtud de la gracia. También, por su parte, declaran teólogos católicos, como Scheeben y Rhaner que el protestantismo por su concepción del hombre no puede tener Mariologia».
Lucho
El padre Karl Rhaner decía sobre Hans Kung: «es legitimo preocuparse de que también pueda expresar su pensamiento la «otra parte», en este caso, me considero la «otra parte».
En Cristo
Lucho
De acuerdo. Esa visión de María, ha preconizado el tabú hacia la sexualidad y aquellos aferrados a la imposibilidad de su ejecicio matrimonial posterior han querido que la practica sexual se considere algo asqueroso y niegan la posibilidad que esa actividad sea fuente de placer en la pareja.
Por otro lado, tecnicamente María sí es madre de Dios, ya que comprendemos a Jesus de Nazaret como verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.
esta equibocada al decir que el embarazo de maria no fue deseado, d elo contrario ns Jesus seria rechazado desde el vientre y fue un proposito divino para la salvacion de la humanidad
le sugiero que busque primero la pureza, la virginidad Espirtual, la uncion del ESPIRITU SANTO Y LA GRACIA DE NS JESUS, PARA QUE ENTIENDA EL VERDADERO MENSAJE que la Virjen representa.
es voluntad de Dios, que los matrimonios se formen en virginidad, en santidad, entre parejas inpiradas por la gracia divina para engendrar hijos benditos y todas las nuevas generaciones nazcan como nacio ns jesus, en un vientre precioso como el de maria.
roda mujer y creo que todo hombre se confuende, como todos nosotros, cuando Dios nos hace este precioso encargo, de ser padres de bendicion
Estoy totalmente de acuerdo con la autora de este artículo. Además siendo padre de una niña puedo entender el dolor de muchas mujeres a lo largo de la historia de la iglesia que fueron relegadas a un plano de inferioridad, que fueron humilladas y despreciadas sencillamente porque eran mujeres. De nuevo se dejó de escuchar al Galileo, sus palabras, sus gestos, el lugar que concedió a la mujer.
Lo dicho, una buena reflexión.