Posted On 06/03/2021 By In Columna, Opinión, portada With 379 Views

Mujeres sabias | Isabel Pavón

OCHO DE MARZO DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

(Este artículo fue anteriormente publicado en Protestante Digital 17/01/2013)

 

El terreno es lo que te dan de nacimiento, pero la construcción es tu responsabilidad.

Gioconda Belli, del libro La Mujer Habitada

 

Me gustan las mujeres sabias, las que sin imponer su sapiencia, enseñan; esas que, seguras de sí mismas, transmiten con humildad.

Me gustan porque se entregan sin miedo, porque no se guardan el conocimiento para ellas, porque se preocupan de las que están lejos aún de alcanzar un digno estatus.

Me gustan ya sean mayores o jóvenes. Las escucho con atención, con el deseo de empaparme de sus palabras, de sus experiencias, con el anhelo de recibir bendición de Dios a través de ellas.

Me gustan sean de donde sean, pues se afirma que en cada mujer habita un mundo diferente. Cada mujer transmite una historia única, una perspectiva nueva que muestra la senda clara por donde transitan. Las considero valientes y me llevan a ejercer también la valentía.

Me gustan las mujeres que trabajan sin temor y sin complejos con sus diferentes dones al dar lo máximo de sí mismas. ¡Cuánta riqueza me aportan!

Me gustan aunque, a veces, me invada la nostalgia que provoca las circunstancias que impiden vernos, unirnos. No obstante, las siento cerca en los días de confusión, llamarlas o que me llamen, estar con ellas o pensar en ellas alivia las preocupaciones de la vida diaria.

Me gustan sus diferencias, sus matices, sus maneras, sus diversos pensamientos y opciones ya que, unidas por la amistad, habitando juntas dentro de las situaciones que nos toca lidiar, me enriquezco, pues cuando descansamos de las obligaciones, nos buscamos y nos unimos.

Me gustan las mujeres sabias e intuitivas, al acecho del mal para evitarlo, las que con maestría saben interpretar y revelar los enigmas que aparecen en medio del camino;  me guían.

Me gustan mis amigas, sabias mujeres que considero por encima de mí, matronas del transmitir cotidiano. Me siento halagada al poder contar con su compañía, ya sea en la distancia o cerca.

Me gustan, las admiro y las quiero. Cada cual a su paso navegamos en la misma corriente. Sabemos que nos encaminamos hacia la misma meta: la misión de la fe comprometida.

Juntas trabajamos. Juntas aportamos corazón, razón y ganas. Construimos sobre el terreno que el Señor nos dio al nacer. Lo hacemos con responsabilidad, amparadas por el compromiso de amistad formal que nos profesamos.

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