Últimas publicaciones
Posted on 05/11/2011 by Jose A. Fernandez  in  Biblia, Opinión

Palabra de Dios (2)

f 𝕏 W

 

En el debate sobre la ‘inspiración’ de las Escrituras, es común la creencia de que dentro de la Biblia hay una diferencia obvia e importante entre aquellas secciones donde Dios habla directamente y aquellas en las que hablan seres humanos. Aclaro que no se trata de una diferencia textual. La diferencia consiste en que aquellas partes en las que habla Dios tienen más autoridad e importancia que aquellas en las que habla cualquier otra persona. Y hay cierto sentido común en esta afirmación: después de todo, no es lo mismo recibir un consejo de parte de Dios que recibirlo de parte de un ser humano falible. (Esta es precisamente la creencia que explotan los pastores que suben a un púlpito y lo primero que dicen es que los consejos que van a dar no provienen de sí mismos sino de Dios.)

Aunque realizar esta separación de autoridad cuando leemos la Biblia puede ser entendido como un paso adelante (hay aún cristianos que creen que todo lo que aparece en la Biblia procede directamente de Dios y ha de tener la misma autoridad), hay un serio problema con ello. Tomemos los evangelios como ejemplo. En ellos encontramos palabras supuestamente pronunciadas directamente por Jesús y palabras escritas por los autores acerca de Jesús. Hay algunas biblias, incluso, que escriben las supuestas palabras de Jesús en rojo y el resto en negro, como para ayudar al cristiano a diferenciar entre autoridades. Sin embargo, nuestros estudios textuales de los evangelios muestran sin lugar a dudas que el número de variantes textuales que encontramos en los textos en negro es muy pequeño en comparación con las que encontramos en los textos en rojo. La razón de esto es bastante obvia: cuanta más importancia y autoridad tiene un texto para los lectores, más razones hay para cambiarlo. Y no sólo cambiarlo: los autores bíblicos no dudaron siquiera en poner sus propias palabras en labios de Jesús (de esto también tenemos evidencias).

Estos problemas no hacen más que iluminar aún más el error en el que caemos cuando aplicamos el término ‘inspiración’ a la Biblia queriendo decir algo sobre el texto de la Biblia en sí mismo. Porque ni siquiera esos textos que parecen más seguros, aquellos en los que creemos escuchar las palabras directas de Jesús, pueden ser tomados como palabras susurradas por Dios, infalibles y sin interferencia humana. La ‘inspiración’ de la Biblia ha de habitar, por tanto, en algún otro sitio. Quizá en su capacidad para apuntar a Dios. Quizá en su capacidad para reflejar la naturaleza humana. Quizá. Pero desde luego no en su falta de error, o en su autoría divina, o en sus ordenanzas, opiniones o costumbres infalibles.

De nuevo, he de enfatizar la necesidad de releer nuestras confesiones de fe desde la coherencia y ser claros a la hora de hablar. Hablar de autores divinamente inspirados requiere que expliquemos lo que queremos decir. Hablar de Palabra de Dios, o de Dios como autor, es confuso. Hablar de la verdad sin mezcla de error es engañoso. Tan engañoso como decir que la Biblia se interpreta a sí misma, o que el Espíritu nos lleva a una interpretación correcta de todos los textos. Y ya que estamos, usar un texto de la propia Biblia para justificar todas estas imprecisiones no es sólo circular sino también bastante irónico.

Jose A. Fernandez

4 comentarios

  1. Gracias por todos los comentarios y por los buenos deseos.

    Galaad: Mi caminar cristiano se puede resumir en términos de fe en busca de entendimiento. En eso consiste, diría yo, tanto la base como el desarrollo de mi fe cristiana. Si tu pregunta va mas en la dirección de: ‘¿qué lugar ocupa la Biblia en esta búsqueda?’, diré que la Biblia ocupa un lugar muy importante, pero que, como es normal, mi forma de entenderla ha ido cambiando con el paso de los años y con el aumento de entendimiento. En mi opinión los cristianos no hemos sido llamados a fosilizar nuestra forma de ver la Biblia por miedo a perder la fe si la cambiamos.

  2. José A. En la presentación, más arriba, te presentas como cristiano protestante. Quisiera saber, ¿De dónde nace tu creencia cristiana?, Por favor explícamelo, por favor hazlo, para mí es interesante saberlo, porfa.
    Saludos.

  3. Gracias José A., una vez más, por tu claridad argumentativa sobre temas de interpretación bíblica. En mi opinión, la aproximación a los textos que propones, lejos de restarles autoridad, les da la oportunidad de ser relevantes para las personas del S. XXI, lo cual me parece el verdadero reto para los cristianos y para las comunidades eclesiales. Lo contrario es fosilizar un texto que está llamado a ser luz e inspiración para la vida de todos. Probablemente, cuanto más se quiere defender el texto atrincherándolo tras los parapetos de la infaliblidad y la inerrancia, peor servicio se le hace.

  4. Querido José Antonio, se necesitarian escuelas de hermenéutica en todas las iglesias, que pudieran enseñar estas cosas de tal amnera que el conjunto de los creyentes pudieran asumirlo sin «perder» la fe, ni abandonar la ética cristiana genuína, al saber que el punto de vista correcto es muy diferente al que ellos sostienen.
    Pero el quik de la cuestión,es que algunos/muchos, no quieren perder el «urím y el tumín» de la inerrancia,(sea esto lo que sea) porque faltos de maduréz y auténtica espiritualidad-no emocional-se quedan con el trasero al aire.¡Claro son seres humanos, necesitados…!por tanto no sé lo que yo haría, para no dejarles en la cuneta con sus ideas sobre la Escritura.El amor seguramente me haría no cambiar las cosas…¡Y me haria daño por dentro!.En fin, como ves, tus artículos siempre plantean nuevos retos, y hásta provocan «ligeras ansiedades».
    Aunque pienso, querido José Antonio, que deberás prepararte a fondo para cuando hayas terminado de «desmitificar todo» ¡Que lo conseguirás! jajaja..
    …porque tu, también puedes quedarte vacío. Espero que no. Un abrazo.

¿Quieres comentar?