Máximo García Ruiz

Posted On 04/10/2011 By In Biblia With 1587 Views

Protestantismo y Derechos Humanos

Texto de la intervención de Máximo García en la presentación de su libro Protestantismo y Derechos Humanos en Madrid, el 29 de septiembre de 2011.

Cuatro han sido los grandes intelectuales españoles que han hecho una aproximación lo suficientemente extensa al Protestantismo en los dos últimos siglos: Jaime Balmes, Marcelino Menéndez y Pelayo, Miguel de Unamuno y José Luís López Aranguren. Hay otros, sin duda, pero destacan estos cuatro por razones  muy concretas. De alguna forma todos ellos, aunque desde ángulos y sensibilidades diferentes, confluyen en su actitud crítica hacia las ideas protestantes. Vamos a aproximarnos brevemente A su postura, si bien, siguiendo lo que  Kierkegaard decía para referirse a Dios, salvando las distancias, nos acercaremos a ellos de uno en uno.

Máximo García RuizLos dos primeros se interesaron por los protestantes con el propósito firme de desprestigiar la Reforma; Balmes, revestido de una fuerte espiritualidad católico-romana, responde al propósito fundacional de los jesuitas de la defensa a ultranza del papado y la lucha inmisericorde contra la “herejía protestante”; por su parte Menéndez Pelayo, desde la atalaya de una juventud descarada y ensoberbecida por una sólida preparación intelectual, capaz de mantener descalificaciones personales a partir de una irreflexiva visceralidad, heredero de las señas de identidad de la Contrarreforma, puso negro sobre blanco en su libro Los Heterodoxos Españoles, toda la inquina que tres siglos de intolerancia y descalificaciones religiosas habían ido almacenando en el imaginario español, convirtiéndose de esta forma en el referente de los más acérrimos y reaccionarios ultracatólicos. Lamentablemente, su influencia ha llegado hasta nuestros días, en algunos sectores de la sociedad.

El itinerario seguido por Unamuno y López Aranguren nada tiene que ver con el recorrido vital de los anteriores. Unamuno, sin llegar a abrazar formalmente la fe protestante, incluso a veces siendo bastante crítico con ella, influenciado como estuvo por las lecturas de destacados teológos protestantes y el cultivo de la amistad con algunos de ellos, incluido el pastor de Salamanca Atilano Coco, intentó calmar su zozobra espiritual siguiendo muchas de las reflexiones sugeridas por sus lecturas “heterodoxas” y, sobre todo, dejándose influenciar por la lectura intensa de la Biblia, al mejor estilo protestante. Su aproximación al protestantismo fue más visceral, más subjetiva y agitada, si se quiere muy próxima a lo que podríamos considerar como una conversión. Es de suponer, o al menos sospechar la posibilidad, que de haber vivido en otro contexto en el que ser protestante no hubiera supuesto, como suponía en aquella época, un estigma social tan lacerante, habría habido muchas posibilidades de que Unamuno hubiera terminado formalmente identificado con alguna de las iglesias protestantes, cosa que no llegó a ocurrir.

Y, en lo que a Aranguren se refiere, si dejamos a un lado al “primer Aranguren”, el de “Las Conversaciones de Gredos”, identificado con un catolicismo acrítico  de grandes certezas, reaccionario, descubrimos, especialmente a partir de su Catolicismo y Protestantismo como formas de existencia publicado en el año 1952, a “un heterodoxo en busca del cristianismo” como él mismo gustó clasificarse en su tránsito del catolicismo tridentino hacia una fe evangélica que, si bien nunca se identificó como protestante, si se mostró coincidente con muchos de los postulados mantenidos por los seguidores de la Reforma. Este postrer Aranguren, abierto a las dudas, quien afirmó que lo más interesante de la religión no son las respuestas que ofrece, sino las grandes dudas que suscita, fue un precursor de la búsqueda de la fe fuera de los cerrados muros eclesiásticos de la Iglesia oficial, un bastión del respeto a la fe inteligente. Aranguren dejó a un lado la centralidad de la fe ultramontana de la primera etapa de su vida para abrazar una fe evangélica, tolerante, centrándose preferentemente en la dimensión ética. Podemos afirmar que Aranguren procede con mayor objetividad incluso que Unamuno, mediante un discurso sereno, metódico, científico, aunque el tema no le resulte emocionalmente indiferente.

Este libro que hoy ofrecemos a los lectores, pretende presentar en sociedad una imagen realista, actual del protestantismo como un movimiento que, además de cuidar los valores espirituales, mantiene sus raíces en una sociedad con la que se siente comprometido y a la que aspira servir. Un protestantismo que se conecta de forma natural con la defensa de los Derechos Humanos precisamente por el hecho de que una de sus señas de identidad teológica es el respeto al individuo y la defensa de su autonomía como persona. Un protestantismo comprometido por ello con la Declaración Universal de Derechos Humanos precisamente como fruto de su defensa de las libertades y, consecuentemente, su compromiso con el pluralismo y el diálogo interreligioso;  la misma configuración del mundo protestante, que es plural en sus expresiones eclesiales, propicia la necesidad de diálogo y respeto al diferente. Un protestantismo que se siente cómodo en una sociedad laica fruto del mandato evangélico de dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios, implantándose con ello, de forma real, la separación de la Iglesia y el Estado, sin que ello impida establecer vías de comunicación y colaboración entre ambas entidades.

Rescatamos, igualmente, algunos datos que muestran cómo las iglesias protestantes en España, a pesar de su penuria, han hecho contribuciones muy significativas en el terreno educativo, en la distribución de la Biblia, en la asistencia social y en la defensa del papel de la mujer en la sociedad en igualdad de condiciones del hombre. Ya en el terreno personal, ofrecemos una galería de breves biografías de personas de confesión protestante que, en diferentes partes del mundo, se han mostrado como defensores convencidos y comprometidos de los Derechos Humanos.

Hemos intentado en todo momento que este libro no se convirtiera en una apología protestante, optando por un estilo descriptivo al que no le faltan notas críticas en cuanto a la propia estructura confesional. Nuestro interés se centra, como ya hemos apuntado, en contribuir a difundir la imagen real de un movimiento religioso, rescatado de las impurezas que cerca de cinco siglos de intolerancia y acoso se le han ido adhiriendo. Espero y deseo haberlo conseguido.

Muchas gracias a los intervinientes que me han honrado con su presencia y participación generosa y, de forma especial, muchas gracias a la Cátedra de Teología y Ciencias de la Religión de la Universidad Carlos III que dirige el profesor Juan José Tamayo, por haberlo patrocinado. Gracias también a la Fundación ONCE por cedernos desinteresadamente este magnífico auditorio. Y gracias a todos ustedes por su asistencia.

29 de septiembre de 2011.

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