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Posted on 25/11/2012 by Juan María Tellería  in  Opinión

¡Qué pena! Perdieron el tren

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Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5, 16 RVR60)

De verdad, nos entristece un artículo como este que estamos iniciando. Y lo hace porque viene a reflejar un problema que la Iglesia arrastra desde hace siglos: su (al menos aparente) incapacidad para estar a la altura de los cambios y las demandas sociales, y su (también al menos aparente) condición de institución retrógrada y sin demasiado sentido en el mundo contemporáneo, al sentir de muchos conciudadanos nuestros.

Leíamos hace días con alegría —y con esperanza— cómo la Iglesia de Inglaterra (The Church of England) se reunía en solemne asamblea nacional para decidir por votación si las mujeres podían alcanzar la dignidad episcopal, propia de esta denominación y de todas las que componen la Comunión Anglicana. Hasta un rotativo como “El País” se hacía eco de tal noticia, dado que un evento de estas características supondría un avance extraordinario en el reconocimiento de la idoneidad de las mujeres, como seres humanos que son, para los sagrados ministerios, y una buena lección práctica para instituciones, organismos religiosos y denominaciones que se oponen tenazmente a ello.

El jarro de agua fría no tardó en llegar. Quienes votaron a favor de esta trascendental innovación no alcanzaron el porcentaje mínimo requerido para su victoria. De modo que en la Iglesia de Inglaterra las mujeres no podrán optar a la dignidad episcopal durante un cierto número de años, hasta que de nuevo se vuelva a plantear la cuestión en el momento y el lugar adecuados y, eventualmente, se dé la coyuntura de una votación favorable con el porcentaje necesario. Lo extraño de esta curiosa situación es que en la actualidad la Iglesia de Inglaterra presenta un importante número de mujeres ordenadas al sagrado ministerio que ejercen de pastoras o vicarias en algunas parroquias (personalmente, no nos agrada demasiado leer en ciertos medios de comunicación que se las designe como “sacerdotisas”, debido a los resabios paganos de este término), y que otras iglesias de la Comunión Anglicana ya cuentan con mujeres consagradas a la dignidad episcopal.

En definitiva, una de las muchas contradicciones internas de la Iglesia, no la de Inglaterra en particular, sino de todas y cada una de las denominaciones que componen en cristianismo actual, sin descartar aquella a la que pertenecemos quien escribe estas líneas y todos los que las leen.

Sin entrar a valorar los argumentos o contraargumentos que se hayan podido esgrimir en la Iglesia inglesa a favor o en contra de que las mujeres alcancen la dignidad episcopal, que es finalmente una cuestión que solo ellos podrán decidir cuando llegue el momento, lo cierto es que la Iglesia de Cristo aparece demasiadas veces en nuestro mundo occidental como algo caduco y contrario a la realidad, vale decir, incapaz de responder a las preguntas y satisfacer las necesidades del entramado social. Nos guste reconocerlo o no. Y ello se debe, creemos, a que en el día de hoy se halla aún atada —o tal vez mejor, maniatada— por una falsa autoconcepción. Son muchos los creyentes cristianos, especialmente en los ámbitos evangélicos, que se entienden a sí mismos, y por ende al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, como “depositarios de la verdad absoluta” frente a otros sistemas religiosos o filosóficos eminentemente falsos, o ante el “mundo”, entendido como terreno acotado del diablo y sus huestes, contra el cual deben mantener la pureza doctrinal y una estricta definición de los dogmas a riesgo de lo que fuere. No faltan quienes, en otros campos eclesiásticos, conciben la Iglesia como una institución sacrosanta, garantía del orden social establecido, y a la cual deben someterse, implícita o explícitamente, las demás instancias humanas, sin excluir las más altas. Por no mencionar a quienes ven en la Iglesia principalmente la salvaguardia de la moral y las buenas costumbres. Tales enfoques minan desde la base el sentido del discipulado cristiano, lo que da su razón de ser a la Iglesia como tal.

Jesús lo entendía perfectamente. El conjunto de los creyentes, y cada uno de ellos de forma individual, está puesto por Dios en este mundo para ser luz, para que esa luz se plasme en hechos consumados y para que los hombres den gloria al Señor por ello. Pocas veces vemos a Jesús en los evangelios enfrascado en cuestiones puramente doctrinales o dogmáticas; y desde luego, la moral que él predica y difunde no es precisamente lo que nuestra cultura occidental suele entender en líneas generales por tal. Dicho de forma más clara, la intención de Jesús al fundar la Iglesia no era la de constituir una fortaleza inexpugnable de la verdad contra el error doctrinal en todas sus formas, ni tampoco una institución auxiliar de o auxiliada por el Estado. Y por supuesto, estaba muy lejos del pensamiento de Cristo la organización o el establecimiento de una sociedad que únicamente tuviera como fin el mantenimiento o la enseñanza de unas buenas costumbres. De sobras sabía que, dado lo endeble de la naturaleza humana, todas estas cosas, que en sí mismas pueden parecer muy loables, a la larga o a la corta suelen terminar mal. Como precisamente ha terminado la Iglesia en países como el nuestro, o en Inglaterra, o en tantos otros de nuestro mundo occidental, es decir, siendo ajena a su propia realidad fundacional.

Una iglesia que no se proponga ser luz para con los hombres por medio de hechos consumados, está perdida. De nada sirve alzar la Biblia cada domingo en los púlpitos y proclamar que es la única Palabra de Dios revelada a la humanidad, si no somos capaces de ir más allá de una letra que en el mejor de los casos tiene unos 2.000 años de historia, y entender su espíritu, su meollo, su núcleo, aquello que constituye su mensaje central e imperecedero, por encima de las épocas, las costumbres y los prejuicios de cada sociedad humana. Poco valor puede tener una estricta moral predicada a fuerza de sermones si después, de forma completamente inmoral, se cierra la puerta a los sagrados ministerios a la mitad del género humano solo porque es de sexo distinto. Hoy nos horrorizamos al leer, y es un hecho constatado, que hasta hace no demasiado tiempo la Iglesia universal no condenaba abiertamente la esclavitud o la trata de negros africanos o poblaciones de otros continentes para beneficio de las naciones “cristianas” de Occidente y sus vastos imperios coloniales, algo angustiosamente cierto. Y no se puede decir que tal problema fuera propio solo de las grandes denominaciones o las iglesias nacionales. Por eso nos preguntamos: ¿no se horrorizarán igual nuestros descendientes espirituales de dentro de un siglo o dos, o quizá más, cuando lean que en el año 2012 la Iglesia de Inglaterra vetó el acceso de las mujeres a la dignidad episcopal solo por el hecho de serlo? ¿No se escandalizarán de que en pleno siglo XXI haya más cristianos obsesionados por cuestiones de supuesta pureza sexual que por asuntos de orden laboral, desahucios a familias económicamente deprimidas, o la explotación de las clases más desfavorecidas? ¿No se rasgarán las vestiduras, y con razón? ¿No estarán tentados, como humanos que serán, a emitir sobre nosotros un juicio devastador y considerarnos unos hipócritas, simple y llanamente?

Es una lástima que la Iglesia haya perdido el tren de la sociedad tantas veces a lo largo de su historia, o que simplemente haya llegado tarde y de no muy buena forma, casi agarrada al vagón de cola y sin billete, como aquel que dice.

Jesús sigue hablando a través de palabras como las que encabezan nuestra reflexión para recordarnos que hemos de ser luz, ni más ni menos; una luz que alumbre, naturalmente, que incite a los demás a dar gloria a Dios a partir de unos hechos concretos.

Sinceramente, esperamos de corazón que la Iglesia de Inglaterra pueda solucionar esta contradictoria situación en la que hoy vive en su próximo Sínodo Nacional. Que pueda subirse a tiempo en el siguiente tren. Sería trágico que no lo hiciera. Y esperamos de igual manera que las demás iglesias que hoy se llaman cristianas actúen de igual forma en este y en otros asuntos que requieren su atención, su comprensión y su ayuda en nuestro mundo contemporáneo.

Pidamos de todo corazón a nuestro Señor que haya siempre otro tren a una hora más tardía.

Juan María Tellería

11 comentarios

  1. Señores, vengo siguiendo la discusión que se llevan acerca de este artículo. Comparto con Adriana que se trata de un artículo excelente, claro y bien redactado, como suelen ser los del pastor Tellería. Y les recuerdo que se trata de una reflexión sobre una noticia de la Iglesia Anglicana y no sobre la inspiración de la Biblia o su interpretación. Me parece con todos los respetos que se van ustedes por las ramas. Un saludo a todos los contertulios.

  2. Estmado Luis no dudo de la buena intencion del que escribio el articulo, pero no podemos aducir que la Biblia es antigua ya que es pensar que el despistado de Dios no previo los cambios sociales, Dios NO cambia su pensamiento como el humano, el no aprende ya sabe todo, el piensa lo mismo ayer hoy y siempre y ve el pasado presente y futuro de una mirada,la forma de interpretar que tu defiendes deja librado el texto segun cada uno o segun la epoca, y tendriamos que estar constantemente reinterpretandola y esto NO es biblico, ademas no es letra muerta como dice Adriana sino que es viva (hebreos 4-12) y Pablo aqui manda para toda la iglesia de todos los tiempos como toda las enseñanzas que escribio. lo que esta pasando hoy es lo que dice este articulo:
    http://osvaldosidoti.blogspot.com.ar/2011/07/la-feminizacion-del-cristianismo.html

  3. ¡Estupendo artículo y buena reflexión! Y no lo digo por ser mujer sino por ser cristiana nacida y educada en un hogar cristiano y pastoral no precisamente anglicano. En mi denominación hemos vivido este tipo de discusiones sobre si las mujeres han de ser ordenadas pastoras o no y gracias al Señor que hace tiempo que todo esto se ha superado en el mejor espíritu. Hoy tenemos mujeres en el ministerio tan activas y tan eficaces predicando la Palabra como cualquier hombre. No se trata de ser progresistas ni de darnoslas de modernos sino de no perder el tren como dice bien el rvdo. Tellería y saber leer la Biblia en el Espíritu del Señor sin quedarnos en la letra muerta. Por desgracia son muchos los que se quedan en la letra y además de morir ellos mismos matan a otros. Yo también me uno al deseo del rvdo. Tellería de que la Iglesia de Inglaterra pueda subirse al próximo tren.

  4. Pues creo que no, Osvaldo. Creo que no lo entiende. Si lo entendiera de verdad no haria tanto empeño en una palabra. una de las cosas que más se agradecen hoy en las iglesias es que haya pastores bien formados como Juan María Telleria que saben sacar el sentido fundamental de la Biblia y no quedarse solo en la apariencia. San Pablo daba consejos muy útiles en su momento que no son norma hoy porque las cosas cambian. O sino tendríamos que ir todos en burro y en camello en vez de en coche o en tren o en avión, pongamos por caso. Lo que dice de las mujeres estaba muy bien en aquella época porque tal vez hubiera sido un escándalo que una mujer se pusiera a enseñar en público. Hoy el escándalo es lo contrario, que hayan iglesias y grupos que no lo permitan. El cristianismo no son normas sino principios universales que siempre tienen aplicación. Las normas solo estan en vigencia en un momento muy concreto y los principios siempre. La Biblia está llena de ejemplos de normas que hoy no tienen sentido. Lo más importante es saber deducir los principios. Necesitamos que los pastores y profesores de seminarios nos enseñen bien sobre este punto porque si no acabaremos todos como las sectas.

    1. Pues yo estoy de acuerdo con Osvaldo. No es posible interpretar la Biblia a la medida de nuestras debilidades humanas. Las mujeres tienen un papel importantisimo en la sociedad, en las iglesias y allá donde están presentes, sin embargo, si según la Palabra no están llamadas al ministerio. no debieran serlo.

      1. La Biblia está escrita segun nuestra debilidad humana, empezando por la de los judíos que la recibieron por primera vez. Así me enseñaron en mi casa. Y si hubiera que tomarla al pie de la letra, todos los hombres debieran ser circuncidados al octavo día, el ministerio sagrado solo lo podrian llevar a cabo levitas, tendríamos que viajar a lomos de mulos, nada de internet ni de revistas como Protestante Digital. Los hombres tendrían que llevar siempre barba, las mujeres tendríamos que recluirnos en casa durante nuestros períodos a los hijos desobedientes habría que condenarlos a muerte. Eso lo enseña la Biblia. Los que se empeñan erre que erre en mantenerse al pie de la letra en la Biblia debieran ser más consecuentes con su forma de pensar.

  5. Si estimado Luis conozco el texto mas de lo que ud piensa, la diferencia es que yo lo respeto y el q que escribe dice cosas como la que sigue;

    si no somos capaces de ir más allá de una letra que en el mejor de los casos tiene unos 2.000 años de historia,

    yo no puede creer que crean que se es mas o mejor yendo mas ALLA de lo escrito.aduciendo que es ¿VIEJO?

    San Pablo luego de el texto que cite anterior da los fundamentos,para tal restriccion, y son claros, y son para todos los tiempòs, y son antiguos, lamentablemente el escritor funda toda su posicion en humanas razones y no en la escritura. lo peor que por tomar el tren del mundo se pueden perder el del reino de los cielos.

  6. Osvaldo mas te vale leer todo el contexto de 1 Timoteo y el de todas las cartas de pablo para entender el verso que citas.

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