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Posted on 06/09/2013 by Alexander Cabezas  in  Opinión, Teología

¿Tiene sentido la teología?

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Tiempo atrás me encontraba en un congreso de líderes cristianos y uno de los expositores hizo la siguiente declaración: “Reconozco que los estudios teológicos de nada me han servido ante el nuevo mover que Dios está trayendo a nuestra congregación…”

Las palabras de este líder, muy reconocido en mi país por cierto, levantaron no pocos aplausos entre la mayoría de las personas de corte evangélico que se encontraban en el recinto. Pero para otros -me incluyo-, nos causó asombro. Nos quedamos perplejos intentando entender lo que estaba tratando de comunicar este hombre, quien se engrandecía con las ovaciones recibidas por la audiencia.

Algo es cierto, y aunque nos cueste reconocerlo, en muchos espacios de la iglesia se percibe la teología como un instrumento seco, estéril y arcaico que tiende a “estorbar el accionar de Dios” aunque, por supuesto, esa es una mala interpretación.

No obstante, en una ocasión hice el ejercicio de preguntarle a una jovencita congregante de 16 años lo que ella entendía por teología. No había terminado de formular mi pregunta cuando su reacción fue arrugar la cara mientras respondía: ¡Eso suena aburrido!

Es lamentable que esta sea la imagen de lo que algunos perciben sobre algo que, en teoría debería, ser nuestra mejor herramienta para presentar con calidad y entusiasmo las Buenas Nuevas del reino. Pero la culpa, sin duda, es nuestra.

En ocasiones no hacemos una buena presentación y, en nuestros discursos, complicamos el lenguaje con el objetivo de parecer elocuentes, eruditos y letrados, aunque se tenga que sacrificar la comprensión para la mayoría de nuestra audiencia.

Una vez un pastor me compartía que cuando un líder de su congregación tenía el llamado para el servicio él le recomendaba prepararse académicamente. Al poco tiempo notaba que algunos, lejos de utilizar lo aprendido para servir con mayor compromiso y pasión, se volvían engreídos, arrogantes y creían que, por manejar algunos conceptos y unas pocas herramientas teológicas, podían humillar al cristiano promedio.

Por supuesto, jamás será este el fin que esperan las instituciones teológicas de sus estudiantes. Adquirir una formación teológica debería producir humildad para reconocer lo neófitos e ignorante que somos,  y  lo mucho que necesitamos de la guía e iluminación del Señor en este camino.

Por otro lado, a algunos líderes se les reconoce por ser grandes movilizadores con sus  elocuentes discursos, aunque no tienen solidez bíblica. Aún así son los que más están atrayendo a las masas,  gracias a su capacidad para entusiasmar a sus congregaciones.  En otras partes, los miembros de las iglesias se conforman con el mensaje ya digerido y elaborado desde un púlpito u otro escenario, y no se esfuerzan por inquirir si lo que se predica y enseña tiene sus bases y sus principios bíblicos.

Si un mover no produce un genuino arrepentimiento, vidas transformadas, un compromiso radical entre sus miembros y la comunidad que ministra, entonces dicho mover es cuestionable, pues es como las olas del mar que se disipan tan pronto tocan lo solido de la arena.

Me pregunto: ¿Será de esta disyuntiva la que algunos han aprovechado para introducir ideas y pensamientos cuyas conclusiones provienen de líderes irresponsables y poco escrupulosos en lo que respecta a los principios que se desprenden de las Escrituras?

La iglesia requiere de creyentes con amplia formación, conectados con sus comunidades de fe y con la sencillez con la que hablaba Jesús, o de lo contrario se corre el riesgo de desencarnar la teología de la vida práctica para amar, entender, trabajar y acompañar a la iglesia del Señor.

Otro concepto erróneo es creer que la teología es un ejercicio reservado para algunos intelectuales o un grupo elitista de estudiosos. Se critica a los teólogos (as) porque se quedan en la reflexión y no aterrizan. Se argumenta que los evangelistas, misioneros, pastores, ¡esos si son los hombres y mujeres de acción!  Mientras los teólogos (as) y escritores (as) son los “pensadores abstractos”. De nuevo tenemos un problema con este tipo de conclusiones.

Aunque no todos han sido llamados a adquirir una vocación teológica formal, lo cierto es que, como creyentes, tenemos un serio compromiso de sustentar nuestras reflexiones en las Escrituras (1 Pedro 3:15).  Además, todos los ministerios eclesiásticos se nutren de la teología.  Desde el momento en que interpretamos el mensaje de Dios para la humanidad, estamos haciendo uso de este instrumento.

La teología no está en crisis, si la entendemos como la herramienta que orienta y provee dirección para aquellos grandes interrogantes que surgen de las problemáticas sociales, éticas, políticas y culturales, entre otras. La teología es valiosa como filtro para la interpretación de nuestro contexto desde una perspectiva integral.

Emilio Antonio Núñez (1996), reconoce que la labor del teólogo, del pensador, o del cristiano que se atreve a profundizar su conocimiento bíblico y teológico, no siempre será popular:

“Mientras otros van tras el aplauso de las multitudes, él (creyente), se consagra a su labor silenciosa de pensador cristiano. Sabe que cuando los aplausos no se escuchen más, las ideas seguirán triunfantes, porque la Palabra del Señor permanece para siempre 1 Pedro 1:25” (Pág.  149)[1].

Que Dios nos encuentre construyendo teología, pero de la buena, esa que se requiere hoy en día para seguir anunciando con eficacia el mensaje de Jesús. Es de esta forma como cerramos las brechas para una teología más práctica, funcional y con sentido.


[1] Núñez, A. Emilio. Teología y Misión Perspectivas desde América Latina. Publicado por la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de Visión Mundial Internacional. 1996.

Alexander Cabezas

7 comentarios

  1. Llegue a tener una biblioteca de casi 500 libros, casi todos de la BAC. Como estaba soltero, era un deleite leer todos los días, así “sacrificaba” las fiestas propio de un joven. Cada vez que leía algún libro, me sentía muy pobre en conocimiento. Cuando ingrese a los catecúmenos (hoy tengo casi 40 años en ella) me codee con los mejores teólogos peruanos de la Universidad Católica de mi país. Todos eran jesuitas ya que la parroquia era dirigida por jesuitas. Me sentía muy feliz cuando acompañaba a estos teólogos cuando daban sus charlas. Pero sus clases no las entendí a por el nivel de estudios que ellos tenían. Hoy, todos estos partieron al Padre. Me sentí “huérfano”. De todos ellos solo está vivo el párroco, que todos los sábados le ayudo en la Eucaristía y participo como “ministro de la Eucaristía”.
    En el Camino me invitaron a poder donar todos los libros (menos la Biblia de Jerusalén ni el Salterio) al seminario que recién se estaba creando. Así lo hice con el dolor de mi corazón. Pero contento porque dichos libros iban a servir para los futuros presbíteros. Hoy, vuelvo a tener muchos libros de teólogos de renombre, tanto católicos como de protestantes, pero no como antes. Me gusta dialogar con gente metido en esta materia. Como dice San Pedro: “Estad preparados para dar respuesta..”

  2. Por falta de espacio lo hare en partes:
    La paz Alexander. Un poco de mí. Procedo de una familia muy pobre. Conozco la pobreza porque la he vivido. Desde que era niño nunca me gusto estudiar, tampoco cuando era adolescente. Dada la situación de precariedad económica de mi padre, me puse a trabajar desde los 8 como ayudante de lavado de autos, lustrador de zapatos, y así fue pasando el tiempo. Desde que tengo uso de razón, me di cuenta que el Señor lleva la historia. Un día me paso un acontecimiento que nunca voy a olvidar: Tenia aproximadamente 22 años, cuando un domingo, me fui a visitar un lugar donde vendían toda clase de objetos antiguos, por supuesto que no iba a comprar ningún objeto antiguo, solo fui de “curiosidad”. No solo había objetos, sino también libros del siglo XV, XVI muy antiguos (las tenía en mi mano y pude hojearlos) que la gente no les daba importancia. Estos libros eran robados de algunas parroquias y eran vendidos en ese lugar. Recuerdo que dentro de esos libros antiguos, había uno muy breve que tenía como título: “Las florecillas de Asís”, (50 paginas) me agache para hojearlo, mientras iba ojeando, sentí una sensación de “gusto” por su contenido. Yo que nunca había leído un libro desde que inicie la escuela, sentí como que algo me decía: “Toma y lee”. Lo compre y al llegar a mi casa empecé a leerlo. Y desde aquel día, me empezó a “gustarme” todo lo concerniente a la teología, eclesiología, patrología, exegesis, biblia, etc. Desde la óptica católica. Como era joven y ganaba bien, empecé a comprar muchos libros de la Editorial BAC para después leerlo. Todo mi dinero lo invertí en la compra de libros de los mejores teólogos que ha tenido y que tiene la Iglesia. Evidentemente que también llegue a comprar muchos libros protestantes de autores de un nivel muy grande.

  3. Me recuerda lo que dijo Francisco en sus primeros días romanos: «Menos teología, y más cercanía»…
    Tal vez porque yo no soy teóloga!

  4. Para el joven de hoy: “la ciencia es contraria a la teología”. La tarea teológica de los autores cristianos ha insistido siempre en conservar la sabiduría cristiana, recibida en la revelación. La fe debe dar un testimonio dentro de los procesos mentales del cristiano y de los contextos culturales d Existe abundante literatura que viene de Oriente, que hacen tambalear al cristiano en cuanto a su fe.
    En lo personal sigue vigente lo que nos dice Santo Tomas de Aquino en su Prólogo a la “Suma Teológica:” Hemos detectado, en efecto, que los novicios en esta doctrina se encuentran con serias dificultades a la hora de enfrentarse a la comprensión de lo que algunos han escrito hasta hoy. Unas veces, por el número excesivo de inútiles cuestiones. Otras por el método con que se les presenta lo que es clave para su saber. Otras veces, por confusión y aburrimiento que, en los oyentes, engendran las contantes repeticiones”.

  5. II

    Considero que amar este campo llamado “teología”, es un “llamado”, una “vocación” un “servicio” que viene solo de Dios, en cambio la filosofía, es fuerza del hombre. La norma suprema del pensamiento cristiano no es ciertamente, la ciencia humana, pero tampoco puede prescindir de la condición propia de la inteligencia. Los Padres de la Iglesia se encontraron con el problema (lo mismo sucede en la actualidad con esta generación) de la aportación de la sabiduría pagana a la hora de transmitir el mensaje cristiano. La necesidad de contraponer la sabiduría cristiana integral a la de los filósofos paganos apremia a los Padres de la Iglesia a poner el acento en la revelación cristiana, ya que vivían en un mundo de régimen pagano. Por eso, la fe se presenta tanto como principio formal de unidad de toda la construcción teológica cuanto como fuente de conocimiento racional. Me doy cuenta que hoy, el ingreso del saber proveniente de una cultura no cristiana en las academias, universidades, colegios ponen en juego el mismo dominio de la sabiduría cristiana.

  6. Lo hare por partes:

    Me llamo Luis y soy católico hace 60 años. Ayer por «casualidad» visite una librería cristiana evangélica para ver algunas “novedades” sobre diversos temas relacionados con teología.
    Mientras miraba diversos libros, se acercó una chica y me pregunto a que congregación asistía. Le dije todo lo que tenía que decirle. Casi al final de la conversación me dijo que era teóloga y que sus estudios los había aprendido de un teólogo que no recuerdo su nombre. Lo que me sorprendió es cuando le dije que pensaba de Karl Rhaner, Ratzinger, De Lubac, Romano Guardini, Balthasar etc, como teólogos católicos, y Bultmann, Bart, Cullmann, como teólogos protestantes. Grande fue mi sorpresa cuando me dijo que no los conocía y que no había oído de ellos. Es posible que la “teología” a esta persona le haya servido poco.

    1. Hola luis Alberto. Cabe agregar que admiro mucho a los teólogos católicos quienes han hecho una enorme contribución a la Iglesia. Tristemente muchos buenos libros los he conseguido en librerías católicas, mientras que libros muy light, los he encontrado en librerías evangélicas. Habría que conocer que tipo de instancia recibió formación esta chica, pues muchos «institutos», solo responden a una formación doctrinal dependiendo de la denominación de donde provenga.

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