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Posted on 08/09/2012 by Carlos Osma  in  Biblia

Una lectura gay del Apocalipsis (I)

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Cartas a las siete Iglesias. (Ap 2,1-3,22)

El libro del Apocalipsis, escrito a finales del siglo I d.C. cuando Domiciano era emperador del Imperio Romano, comienza situándonos en la isla de Patmos, un peñasco marino cerca de Éfeso donde los romanos desterraban a disidentes y rebeldes. Desde allí el profeta y visionario Juan  insta a los cristianos perseguidos en Asia Menor a no darse por vencidos y critica duramente a quienes han decidido seguir el camino fácil de la colaboración con Roma.

En las cartas a las siete iglesias, con las que comienza su obra, Juan anima a los cristianos a no participar de las comidas que tenían lugar en las ciudades durante las fiestas de la “divinidad” de Roma. La razón era que en ellas se servía carne sacrificada a los ídolos y quienes participaban lo hacían para mostrar su fidelidad al Imperio Romano. Los cristianos debían ser fieles a Jesucristo, pero si no participaban en estas comidas, se arriesgaban a ser marginados o ser vistos como enemigos del orden público. Juan sin embargo lo ve claro, los cristianos que toman parte de esta “anti-eucaristía” están renegando de Dios y se prostituyen con la gran ramera.

No todos los cristianos compartían la visión de Juan, algunos de ellos entendían el cristianismo en clave de fidelidad interior, más que como una batalla contra Roma. Los ídolos romanos no tenían ningún poder, así que no había ningún problema en tomar parte en las comidas y fiestas romanas. De esta manera podían seguir a Jesús y al mismo tiempo no se alejaban de los modos y las costumbres del resto de ciudadanos romanos. En el fondo lo que pretendían era convertir el seguimiento de Cristo en algo íntimo y personal, eludiendo la dimensión pública y social que tiene el evangelio[1].

Para intentar aproximar el mensaje del Apocalipsis a nuestra experiencia como personas lgtb, es importante preguntarse cuáles son los poderes que pretenden controlarnos y dominarnos. Y si hay uno que destaca sobre los demás, y que podemos identificar como nuestra Bestia apocalíptica, es el poder que asigna a cada sexo un género e intenta imponernos la heteronormatividad. En cada lugar y rincón de la sociedad en la que vivimos se levanta una imagen de oro y piedras preciosas a la que llaman “normalidad”, y que nos recuerda cual es el modelo que quiere este Imperio. Aunque se vende como una imagen de bien y felicidad, cada día recibe como sacrificio la sangre de sus víctimas.

Situarnos en la Isla de Patmos, con el exiliado Juan, o en medio de aquellas comunidades donde se disputaba entre mantenerse fiel a Jesús o al Imperio, es complicado. Nuestra experiencia suele contener matices y ambigüedades, por lo que en ocasiones vivimos en Patmos, pagando el precio de la disidencia, y en otras nos descubrimos participando de los banquetes de la Bestia. Deseamos comer, compartir, crear comunidad y ser aceptados a toda costa, y no nos importa negarnos externamente si con ello lo logramos. Nuestro género, orientación, o identidad sexual es algo personal, que no tiene que ir gritándose a los cuatro vientos, es mejor la espiritualización e invisibilización, que pagar el precio de la marginación que en más de una ocasión hemos sufrido. Ese es el pacto con la Bestia, vivir nuestra “anormalidad” en la intimidad, para que su poder siga sin ser cuestionado y se refuerce día a día.

Las disidencias que tienen que ver únicamente con la orientación sexual tienen una mayor aceptación social, puesto que por sí mismas no cuestionan al poder establecido. Son transgresiones fácilmente confinables en el ámbito personal. Allí pueden vivir durante años, o incluso una vida entera, sin que nadie más se percate de su existencia. O por el contrario, pueden ocupar la esfera pública, siendo aceptadas como relaciones de segunda, a cambio de no tocar pilares básicos del Imperio, como son la superioridad del macho, la visión biologicista de la familia, o el matrimonio entendido como la unión entre dos seres desiguales: un hombre y una mujer.

Todas las estructuras que defienden estos posicionamientos están al servicio de la Bestia, pero el Apocalipsis nos anima a resistir ante ellas, a ser personas gays en todos los ámbitos de nuestra vida, en los privados y en los públicos. Y a serlo no pactando con el poder de la heteronormatividad, sino con el de la libertad, la diversidad y el amor que representa para nosotros el mensajero de Dios, Jesucristo.

Quienes cuestionan la relación unívoca entre cuerpo e identidad sexual lo tienen mucho más complicado, puesto que son percibidos inmediatamente como un peligro. A pesar de las enormes dificultades con las que se enfrentan desde la niñez, tienen la posibilidad de pactar con la Bestia a cambio de hacer una reasignación de sexo que subsane la “disonacia” que les ha sido impuesta. No hablamos aquí del derecho de toda persona a modelar su cuerpo como quiera, sino del poder que les “obliga” a hacerlo de una forma determinada. El engaño final consiste en que, con o sin reasignación, siguen sintiendo la fuerza que les empuja hacia la marginalidad. Su pecado es, en ambos casos, imperdonable.

Juan les llama a resistirse al poder que les oprime. Y esto sólo pueden hacerlo entendiendo la relación entre cuerpo e identidad sexual de manera creativa. Su manera de desenmascarar a la Bestia es mostrando como cada cuerpo puede ser vivido y reinterpretado de formas infinitas. Juan les invitaría hoy a no tomar parte de las comidas que ayudan a socializarse a los buenos ciudadanos del Imperio, sino de aquella comida que recuerda a quien se atrevió a redefinir la relación entre cuerpo y esperanza mesiánica de una manera nueva y salvífica: como desprendimiento, entrega y esperanza de salvación en el Dios que promete una creación nueva que romperá los límites de las estructuras que nos son impuestas.

Por último nos encontramos con las personas que se sienten a gusto con el género que se les ha asignado, pero cuyo comportamiento desborda los límites aceptables para el Imperio. Es el llamado delito de género. Sorprende como esta fuerza opresiva se ha convertido en una de las más fuertes incluso dentro de las comunidades gays. La propia sociedad gay, que levanta la bandera de la diversidad, sitúa en una esfera superior a las personas que son fieles al rol del género establecido. Es quizás su manera de pedir perdón a la Bestia, una forma de pactar con ella para ser aceptados. Sin embargo esta manera de prostitución no deja de ser ridícula y absurda, sobre todo cuando uno ve los enormes esfuerzos que muchos tienen que hacer para conseguirlo. Aunque quizás lo más triste es que con dicho comportamiento no sólo se refuerza el poder opresivo, sino que se colabora en el sufrimiento de las víctimas.

Los gritos del profeta nos llaman hoy al arrepentimiento, y nos advierten de las consecuencias de la prostitución en la que hemos caído muchas personas gays. Pero también animan, acompañan y reconfortan a quienes no se conforman con ser mujeres u hombres que siguen los dictados del género aceptados en nuestra sociedad. Ellas no son tibias, por lo que siempre permanecerán en la boca de Dios. Aquella que, con sólo unas palabras, dio origen a todo lo creado. Por eso allí, desde la boca de Dios, desde sus labios, colaboran activamente en la aparición de nuevas palabras, de nuevas creaciones y posibilidades para el género humano. La luz que desprenden no debe ser apagada ni escondida, sino puesta en un lugar desde donde se pueda denunciar el engaño de la Bestia.

Las últimas palabras de Jesús, que transmite a las siete iglesias a través del profeta Juan, las dirige a la iglesia de Laodicea. Unas palabras que siguen siendo actuales y que podemos meditar a partir de nuestra experiencia como personas lgtb:

“Yo reprendo y castigo a los que amo. Ten, pues celo y conviértete.

Mira que estoy junto a la puerta y llamo.

Si alguno oye mi voz y abre la puerta,

entraré junto a él, y cenaré con él y él conmigo.

Al vencedor lo sentaré conmigo en el trono, como también he vencido

y me he sentado con mi Padre, en su trono.

El que tenga oídos, que escuche lo que El Espíritu dice a las iglesias[2]”.


[1] Para esta introducción he utilizado la obra: Pikaza, Xavier. Apocalipsis (Editorial Verbo Divino, Estella 2010).

[2] Ap 3,19-22.

Carlos Osma

14 comentarios

  1. Amigo, la hermenéutica y exégesis bíblica intenta prescisamente no partir de conceptos preestablecidos sino de ir a las fuentes históricas e intentar a partir de una sincera comprensión a la distancia determinar que decía el autor.
    El Apocalipsis es un problema hermenéutico grave porque es altamente simbólico y ha dado a decenas o centenas de interpretaciones. La pregunta sería aceptamos todas o nos esforzamos cada día por hacer una más apegada a lo que verdaderamente quizo decir Juan de Patmos!!!

    En cuanto a lecturas y relecturas, pues es un poco más amplio, pero deberé tener cuidado en las mismas que si en realidad persigo coherencia estas lecturas y relecturs deberían caber en acorde con toda la Biblia y una hermenéutica completa.

    Me pregunto, gustaríamos de leer las interpretaciones bíblicas que justificaban el racismo? Las dejarímos sin comentarios solo por ser relecturas? Pienso que a lo sumo habría que llamar la atención de violaciones hermenéuticas para semejantes interpretaciones.

  2. Es lamentable observar las conclusiones impuestas al texto. En realidad es triste como se puede usar el texto bíblico para llegar a conclusiones que no tienen nada que ver con la intención del autor de Apocalipsis. Se haría bien en exigir rigor exegético en las publicaciones de Lupa Protestante. Con todo y eso, deseo motivar a que Carlos Osma pueda hacer una nueva lectura y hacer una buena exégesis del texto.

  3. Soy heterosexual pero me encantó el artículo. No me sorprenden en nada los comentarios escandalizados (al momento, y los que vendrán), de los cuales cabe decir que nada nuevo aportarán, ¡y estarán contentos con eso! pues su visión es esclerotizada y así creen que es «eterna» en fin, en fin. Me ha llamado mucho la atención la articulación de la afirmación de la identidad lésbico-gay como posicionamiento político y no como mera «subjetividad».

  4. Soy heterosexual pero me encantó el artículo. No me sorprenden en nada los comentarios escandalizados (al momento, y los que vendrán), de los cuales cabe decir que nada nuevo aportarán, ¡y estarán contentos con eso! pues su visión es esclerotizada y así creen que es «eterna» en fin, en fin. Me ha llamado mucho la atención la articulación de la afirmación de la identidad lésbico-gay como posicionamiento político y no como mera «subjetividad». Espero la siguiente entrega FELICIDADES (SI SE QUIERE ASI FELICIDADES POR LA PROPAGANDA DE LA EQUIDAD)

  5. La verdad que no sé que pensar respecto de Lupa Protestante dando lugar a estas publicaciones.
    Parece que no quisieramos ver que el ser humano a través de la historia se ha especializado en tergiversar las normas y textos que reglamentan la forma de vida civilizada.
    Algunos ejemplos:
    1.- Los abogados haciendo mil y un trampas y falsas interpretaciones para liberar a culpables del justo castigo.
    2.- La iglesia católica en contra de la palabra de Dios 1 Tim 4.2,3: «por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad».
    3.- El mal llamado Rvdo. Sun Myon Moon, que acaba de morir a los 92 años, que se autoproclamó Jesucristo en su segunda venida y tergiversó los textos bíblicos con la única finalidad de crear un imperio económico.
    En fin, ejemplos sobran, y ahora nos quieren dorar la píldora con esta absurda interpretación de Apocalipsis que desmerece el término relectura, bien empleado por teólogos como Elisabeth Schüssler, René Padilla, Elsa Tamez o Marga Muñiz entre muchos otros.

  6. Con todos mis respetos, esta forma de hacer hermenéutica me parece una barbaridad. Se usa un texto bíblico para llegar a una conclusión preestablecida (no es la Palabra la que habla), con lo que podemos hacerle decir a la Biblia lo que queramos. No me parece bien usar la Biblia para esto, cuando además se obvian textos clarísimos (que cualquier persona de su época y de la nuestra entendían perfectamente), y que hablan sobre el tema de la homosexualidad. Como decía otro lector, defiéndase este tema con los argumentos seculares que se quiera, pero la Biblia habla con su propia voz, que es la de Dios, y por más que el hombre lo intente será inútil tratar de usarla para nuestros propios intereses.

    1. Dice este comentario que, «Se usa un texto bíblico para llegar a una conclusión preestablecida.» Luego pasa a criticar el artículo y su escritor por la forma de hacer hermenéutica bíblica. Lo que usted ignora es que TODA lectura de la Biblia es una «lectura forzada» y «basada en conclusiones preestablecidas». Cada persona que se acerca a la Biblia trae(mos) sus(nuestras) conclusiones basadas en lo que la sociedad y la iglesia nos han enseñado que hemos de encontrar en sus páginas. No exite la lectura «objetiva» de ningún texto sagrado, ni existe una lectura «literal» del texto. Siempre que nos acercamos al texto bíblico lo hacemos desde nuestra locación social, histórica, de género, económica, religiosa, etc. Lo que al autor nos presenta no es más «radical» que el leer en el Apocalipsis un mensaje del «fin del mundo» (que cualquier teólogo y biblicista le puede decir que nunca estuvo presente en el texto, pero eso es otro tema.)
      Creo que lo más importante no es estar criticando a otras personas por presentarnos lecturas alternativas del texto sagrado (y «alternativas» en el sentido de que no es es lo que nos han enseñado, no de que sea «bueno» o «malo») sino aprender a leer el texto desde la perspectiva de otras experiencias y expresiones humanas.

      1. @JMSR es ilogica tu manera de pensar. Para empezar, si la escritura no se escribio con objetividad no tendrian sentido las narraciones biblicas una con el otra, especialmente en el A.T. No entenderias el Templo y los Sacrificios con la Iglesia y la Cruz en el N.T. No podrias establecer alguna relacion entre el A.T. y el N.T. Ni podrias afirmar el hecho de que Jesus vino a morir por nuestros pecados(objetivo) como ensenanza firme de los apostoles y la iglesia primitiva e historica. El que tengas tu tu nombre que vivas en una ciudad y estes casado demuestra mucho objetvidad, porfavor dale a la escritura el mismo trato puesa habla de personas de hechos historicas y verdades. Segundo, tu tolerancia sobre lecturas alternas es intolerante a la lectura objetiva literalista. Es triste que podemos ser tan objetivos y claros en la esneniaza de Hans Cristian Anderson sobre el»el traje nuevo del emeperador» pero en cuanto a la escritura, todos queremos relativizar todo. ESO ES IGNORANACIA DE LA MAS NECIA QUE HE VISTO. Nadie relativiza a Shakespeare, Freud o Hegel, pero si la Palabra de Dios….. muy interesante.

  7. Nadie pone en entredicho que haya unas lecturas «aceptables», unas lecturas consideradas correctas para unas determinadas comunidades cristianas. Y no me parece mal que existan, ya que en realidad son unas lecturas que nacen de las vivencias, las circunstancias y muchos más condicionantes de esas comunidades. Quizás lo único que se les puede achacar es que no sepan reconocer siempre lo condicionadas que son, como las de todo el mundo. Y evidentemente la heterosexualidad también condiciona, esto lo percibe muy bien quien no es heterosexual.
    La lectura que he propuesto no es «aceptable», no es la hegemónica, la considerada correcta. Esto, para alguien que forma parte de una minoría no es demasiado importante. De lo que se trata es de liberar el texto bíblico de una de sus camisas de fuerza, la heteronormatividad, y abrir su mensaje universal a tod*s, también al colectivo lgtb. Se puede hacer mejor o peor, pero las personas lgtb la mayoría de veces no descubrimos como Dios nos habla también a nosotros a través de las interpretaciones «aceptables».
    La Biblia habla a las mujeres y los hombres de hoy, no sólo a la mayoría. Y por tanto es necesario que nosotr*s la leamos desde quienes somos. Creo firmemente que esto enriquecerá a tod*s, no solamente a las personas lgtb.

  8. Querido Carlos todos tenemos nuestra dignidad y por supuesto haces bien en reivindicar la tuya. Como cristiano siempre te apoyaré y me importa un bledo que seas «gay»o etero, porque sobre todo, eres persona.
    Lo que a mi me choca es la hermenéutica que utilizas.No eres el único Gay que escribe muy bién y que parece conocer las Escrituras,aunque tu lo haces magistralmente, pero utilizando el texto bíblico,intentas llegar mucho más lejos de lo que el texto pretende enseñar.Es decír tu hermenútica no es fiable en absoluto, como no fue la del difunto Enric Capó-que en la gloria esté-cuando escribía más o menos sobre el mismo tema que tu.
    Enfócalo por el lado humano-el Humanismo siempre está de moda- y te ganarás amigos (incluso cristianos).Reivindica tu derecho a ser tratado con amor y respeto en todas partes,incluso en la iglesia. Tu puedes porque eres inteligente. Pero hazlo, apelando a la biología a la antropología,a la buena educación, a la tolerancia,y a esas cosas, y a tu derecho a vivír tu sexualidad en libertad porque para ti, es imposíble tener otra distinta y tu, no tienes por qué morir en el intento.Pero de la Biblia, aun en el caso de que no se interprete literalmente, no cambies ni una jota, ni una tilde.No conduce a nada.
    Con mi amor en Cristo.

  9. yo tengo una sobrina lesviana que es asi y se acepta por que se la violaron desde chica y odia a los hombres en el aspecto sexual ,ella rechaza la iglesia por que sabe que la rechazaran a ella y la moldearan a la fuerza a sus decretos si no la condenaran o echaran fuera ,y si yo hablara a favor de mi sobrina en mi iglesia me tomarian por equivocado te rechazarian y astutamente te dirian que tu estas mal pero cristo aun te ama asi que vamos a orar por ti…

  10. mejor que una lectura gay se tendria que llamar una lectura super-forzada. esto no es exegesis ni es nada, solo que una forma de llamar la atencion y muchas ganas de justificarse por lo que no tiene nombre ni se debe aceptar entre el pueblo cristiano. yo no estoy en contra de los gays ni de nadie pero no me parece bien esta propaganda forzada.

    1. Jonathan lo mismo se puede decir de tu comentario, no argumentas exegéticamente sólo lanzas un juicio de valor, ¿notaste los giros narrativos del autor y su contextualización literaria?

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