Posted On 14/05/2015 By In Opinión With 1259 Views

Una llamada puede darte la vida

Transcurría el año de 1978. Recuerdo que estaba a punto de cumplir 24 años (¡cuánto ha llovido desde entonces!). Una campaña de evangelización (no de “evangelismo”) se anunciaba a bombo y platillo tanto en las iglesias como en la prensa. El lema de aquella campaña era “Una llamada puede darte la vida”. Ya en ese tiempo miraba críticamente ese tipo de eventos evangelizadores (no “evangelísticos”). Desde aquel lejano año siempre he mirado desde la distancia eventos similares. Y ello por muchas razones en las que no deseo entrar en este momento.

Ello no es óbice para reconocer que muchas hermanas y hermanos evangélicos participaban, en aquel lejano 1978, con inmensa alegría y con ganas de comunicar el Evangelio de Jesús de Nazaret a sus conocidos. Conozco personas, fruto de ese tipo de esfuerzos, que hasta hoy perseveran en la fe en nuestro común Maestro. Y ello me alegra. No puedo expresar otro tipo de sentimiento.

Hace unos días se celebraba en Barcelona el denominado “Festival de la Esperanza”. Otra vez, como en aquel lejano 1978, observé el evento con una distancia crítica. Tengo tanta libertad de hacerlo (supongo), como otros la tienen para arrojarse en sus brazos. En este caso añadió más distancia el que el protagonista (sí, digo bien, el protagonista -como se puede apreciar por la publicidad- y en gran parte, financiador del festival) fuera el conocido predicador Franklin Graham, defensor, por activa y por pasiva, de la desgraciada invasión de Irak en el año 2003. Una invasión que abrió la caja de Pandora, y hasta ahora sufrimos sus males. Y no voy a citar, ¡mejor no!, sus numerosas y controvertidas declaraciones en USA, incluso para los que comparten su fe evangélica (se podría decir que cuando Franklin habla, sube el pan). Graham es un radical neocom, parte de la derecha religiosa estadounidense, y está en su derecho de tener sus ideas, faltaría más. También yo estoy en el mío de rechazar lo que él y la asociación que preside representan. Debo reconocer que mi distancia política y teológica con Graham son insalvables. Si quiero ser honesto, no puedo decir otra cosa.

Temía que Franklin dijera alguna inconveniencia durante su estancia en Catalunya, y que los protestantes fuéramos pasto de los medios. Pero no, gracias a Dios, hasta donde yo sé, no dijo ninguna. Supongo que recibió instrucciones. ¡Bien por los instructores!

En otro orden de cosas, tanto la campaña de 1978 como la de 2015, utilizaron técnicas publicitarias que intencionadamente ocultaban de qué iba el asunto anunciado. “Una llamada puede darte la vida“, eslogan enigmático donde los haya; y “Festival de la Esperanza” o “Barcelona se llena de esperanza” son eslóganes que ocultaban de qué iba el encuentro (bueno, sí, se decía que era un festival internacional de música), al menos para el ciudadano no evangélico. En 1978, el ciudadano interesado marcaba el número de teléfono, y se llevaba una inesperada sorpresa religiosa. En 2015, si un ciudadano acudió al festival sin mediar información más explícita, se encontraba con otra sorpresa no esperada. Y es que está claro que un eslogan explícitamente religioso o evangélico no provoca interés entre nuestro pueblo, y por ello se evitó en los dos casos que he mencionado. Y los publicistas, o los que entendemos algo de técnicas publicitarias, lo sabemos.

No obstante, el “Festival de la Esperanza” fue un éxito para los organizadores. Nadie lo puede negar. Ahora bien, lo fue, no gracias a la unidad de las iglesia evangélicas y sus líderes, sino a la pasión por comunicar el Evangelio de los hombres y mujeres que conforman nuestras comunidades. Todos ellos hablaron del Evangelio a sus amigos y conocidos desde la buena fe que preside la vida de la inmensa mayoría de nuestros hermanos y hermanas. Sin siembra perseverante no hay resultados ¡Les felicito! Si bien no deberíamos magnificar tanto el evento que ensombrezca la ingente obra evangelizadora de los que nos precedieron. Muchos de ellos tiñeron con su sangre, por causa del Evangelio, la geografía ibérica. Gracias a Dios y a ellos, nosotros estamos aquí.

Ahora nos encontramos en el “día después”, en plena resaca. Y todo son loas. No podría ser de otra manera. El evento fue bien organizado, y la puesta en escena, según me cuentan, excelente. Sin embargo, en el día después, sigo siendo crítico. Pero subrayo, soy crítico, no con mis hermanos y hermanas que asistieron con alegría al Palau de Sant Jordi, sino con esos eventos multitudinarios que, en ocasiones, son caros fuegos artificio en medio de un mundo que tiene ganas de esperanza, sí, pero de una esperanza que cambie su realidad presente, y no solamente su destino eterno. Y es que el Evangelio, o trae el mundo nuevo de Dios al presente, o los cristianos tenemos un problema de comprensión del mismo. Porque el Dios en quien creemos no solamente nos habla de la eternidad, sino del sufrimiento presente que padecen las mayorías que habitan nuestra aldea global.

Bueno ya callo, dejo de escribir. Y eso a pesar de que me dejo muchas cosas en el tintero virtual que utilizo. Que nadie se ofenda por lo que escribo faliblemente, sólo le pido que medite. Ahora toca esperar a que los próximos meses y años sitúen las cosas en su sitio. Pero no soy optimista. Lo siento. No obstante seguiré orando al Dios del Éxodo, y de Jesús de Nazaret, que venga a nosotros su reino, y que se haga su voluntad como en el cielo también aquí en la tierra. Y supongo que también mis hermanos lo harán conmigo.

Soli Deo Gloria

Ignacio Simal Camps
Mis redes

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