Posted On 06/09/2021 By In Columna, Opinión, portada With 125 Views

Como una lluvia… | Ramón A. Pinto-Díaz

Como una lluvia…

 

 ¿A qué compararé el infinito e inacabable Amor de Dios?

 ¿Será como la lluvia que cae sobre nosotros y nuestro alrededor?

 ¿Será esa que todo lo abarca y lo toca; lo humedece y lo transforma?

 

 Nadie es indiferente a ella y todos quienes están bajo su vaporosa presencia desean disfrutarla, sin medida, sin restricción… sin límites.

 Te empapa, te estremece, Te hace recorre un agradable escalofrío…te inspira desde lo profundo del ser e incluso te puede hacer llorar…

 Son lágrimas que ruedan sobre las mejillas en complicidad silente con la lluvia, nadie más que ella sabrá de su existencia…. Y solo será fugaz, como un leve amargor que cruzará frente a la dulzura de la lluvia.

 Será la lluvia temprana… y sin duda también más tardía… su petricor aromatizará el aire que respiras, y calmará todas tus ansiedades…

 Y es que ya no estará solo sobre ti; pues al inspirar el refrescante y humedecido aire, la lluvia ahora también habita en ti… 

Ha sido el aire como Espíritu que lo ha introducido en lo más profundo de ti…

 Las gotas se dejan caer sobre el pavimento, sobre la tierra húmeda, sobre las flores y sobre los arbustos. Se aposa en charcos y nos salpica desde todos lados, nos empapa, traspasa nuestras ropas y toca nuestra piel… permeando lentamente hacia nuestro interior reverdeciendo el seco oasis que allí vivíamos, volviéndolo un vergel de solaz que por tiempo habíamos rogado.

 En medio de este descanso, de esta placer sin medida…

 ¿Dónde está la culpa? ¿Dónde quedó la condenación?

 Como viento solano que todo lo sofoca, surge la culpa que intenta secarnos… y como desierto árido e infértil que no conoce de humedad, aparece la condenación mal habida,  fruto del corazón perverso y egoísta….

 Mas bendita es la lluvia que al caer sobre el viento solano la convierte en la refrescante brisa que vivifica al peregrino, renovando sus fuerzas hasta llegar a su refugio…

 Y al desierto no deja indiferente, pues al toque con sus aguas primordiales satura de humedad sus extensos arenales… surgiendo anchos lagos, extensos ríos;   manifestándose por doquier el intenso verdor de la vida…

 Y así esta lluvia se lleva la culpa y la condena…todas nuestras penitencias se disuelven en sus aguas; incluso los erróneos intentos de agradarle a través de nuestra flagelación.

 No expulses esta lluvia, no la detengas… déjala correr y que desvanezca toda amargura que por tiempo has debido cargar…. No desvíes su torrente y permítele  que socave los pilares de todos tus  temores, que por años  se han erigido desde tus primeras tristezas … creyéndole a los gigantes que las ataduras son eternas.

 No seas la paradoja… no seas quien impida tu propia renovación… déjate empapar… que fluya… que eleve su nivel hasta flotar y debas dejarte llevar por sus aguas…

 Este elemento gratuito e infinito, que aunque algunos desean racionar y censurar, no lo podrán nunca lograr… su fuerza y su caudaloso andar…Es una inevitable Voluntad

  Levántate… camina bajo la lluvia abundante…  déjate empapar.

 Qué humedezca tus ropas,  tu piel y tus cabellos…

 Qué puedas sentir como se adentra y te inunda…

 No te resistas a Su amor sin medida…

 No dejes que te roben Su amor…!

 ¡Déjate llevar por las caudalosas corrientes!

 Y por sobre todo: Vive la Plenitud de Su Amor..

Ramón A. Pinto Díaz

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