La vida es generosa y común, y hay quienes, con la grandeza de su humanidad, nos hacen levantar los ojos de las mezquindades y dolores, para recordárnoslo. En el caso particular de las mujeres, su reconocimiento aún se ve lejano. El texto siguiente hace memoria de dos de ellas:
Alice Domon o Hermana Caty (1937-1977)
El nacimiento y los primeros años de la infancia de Lisette (así llamada por su familia) transcurrieron en Charquemont. Alice Anne-Marie Jean Domon nació el 23 de septiembre de 1937. A los diecinueve años, en 1956, ingresó al Instituto de las Hermanas de las Misiones Extranjeras (Institut des Sœurs des Missions Etrangères). En la vida religiosa tomó el nombre de María Catalina, en francés Marie Catherine, por eso en Argentina se la recuerda como Caty. En 1961, se mudó a la ciudad de Pau, Francia, dentro de una comunidad que atendía a señoras mayores, pero al mismo tiempo se dedicó a la catequesis en los suburbios. Para su misión fuera del país, la H. Thérèse Logerot, Superiora General, la envió a la República Argentina, a la Casa de la Catequesis en la Diócesis de Morón, Provincia de Buenos Aires. Llegó el 5 de febrero de 1967 y colaboró con la catequesis para niños y jóvenes con síndrome de Down, con quienes compartió campamentos organizados por la Hna. Gabrielle Etchebarne. Durante 1969, con Montserrat Bertan, otra hermana de su comunidad, sintió la necesidad de instalarse en una villa de emergencia de Lugano. Después de un tiempo, el 23 de noviembre de 1973, Caty se mudó a una zona aún más pobre, en el interior de Argentina: Perugorría (provincia de Corrientes), donde una comunidad de su Instituto residía desde 1970, año crítico, por la situación entre los campesinos tabacaleros. El Movimiento Rural había surgido en relación con las Juventudes Rurales Católicas. En la Argentina, apareció en la diócesis de Reconquista, donde se desarrollaba un amplio trabajo de educación a través del Instituto de Cultura Popular, INCUPO, con el obispo Juan José Iriarte (1913-1999), y fue extendiéndose a distintas diócesis del país. El nombre “Ligas Agrarias” fue utilizado por primera vez en el Chaco, y tuvo diversas denominaciones según las provincias en las que se radicó: Unión de Ligas Campesinas Formoseñas o Movimiento Agrario Misionero (MAM). En Corrientes, el primer obispo de Goya, Alberto Pascual Devoto (1918- 1984) abrió los organismos de la iglesia hacia el interior: Curuzú Cuatiá, Perugorría, Mercedes y Lavalle, conformando un equipo diocesano integrado por Norma Morello (la primera secuestrada de Corrientes), Miguel Tomasella y Hernán Baibiene. A fines de 1973, el primer Congreso de las Ligas Agrarias Correntinas constituyó su Comisión Central, que tuvo que tratar directamente con funcionarios provinciales y nacionales, ya que los intendentes o interventores municipales de Goya venían demostrando muy poca atención a los problemas del campo, porque su gestión se dirigía casi exclusivamente a la zona urbana.
En 1974 se agudizó la persecución, ya que los logros de las luchas campesinas consiguieron mover los cimientos de la desigual estructura social correntina. En 1975, año en que Jorge Rafael Videla (1925-2013) fue nombrado Jefe del Ejército, Alice volvió a Francia, dejando temporalmente, en el mes de junio, lo que me atrevo a calificar como “su lugar en el mundo”, para representar a las hermanas de Argentina de su Instituto, en un Capítulo General, lo que le permitió también visitar a su familia. Caty regresó en septiembre de ese año a Perugorría, donde reanudó su apostolado habitual. En la entrevista que pude realizar a una de sus hermanas, Gaby Domon, esta subrayó la importancia que tuvo la posibilidad de establecer, mediante las Ligas Agrarias, un justo precio del tabaco, y afirmó que la verdadera motivación de su desaparición fue económica. En efecto, al poco tiempo, algunos jóvenes de las Ligas Agrarias fueron perseguidos, encarcelados o directamente asesinados. Hubo otros casos, que, si bien no llegaron a desaparición, afectaron la educación y promoción de la comunidad provincial. Baste citar un ejemplo entre muchos otros: en la localidad correntina de Paso de los Libres, la religiosa Lidia Cazzulino, que se desempeñaba como profesora de un instituto, fue separada de su cargo debido a “la orientación postconciliar” de su catequesis.
Al finalizar el Capítulo General, el 30 de agosto de 1975, mediante una carta dirigida al Cardenal Guyot, arzobispo de Toulouse, del que dependía su Instituto, Domon se desvinculó jurídicamente de las Hermanas de las Misiones Extranjeras.
En Argentina, el 24 de marzo de 1976 comenzó lo que en su momento fue llamado “Proceso de Reorganización Nacional” y hoy denominamos “Terrorismo de Estado”. Luego del golpe cívico-militar, mientras decidía cómo continuar su misión, en medio de la persecución, realizó un retiro espiritual acompañada por la H. Margarite Kaltenbacher, en Lavalle, y fue como cosechera de algodón al Chaco (donde también habían sido muy activas las Ligas Agrarias). Regresó a Buenos Aires, hasta que, el 8 de diciembre de 1977, al terminar una reunión de familiares de desaparecidos/as, fue secuestrada y llevada a la ESMA, junto a lo que posteriormente se llamó el Grupo de la Santa Cruz, completado por los secuestros del día 8 por la mañana y del 10 de diciembre.
La fraternidad y la sororidad se muestran en el compromiso conjunto con su hermana de congregación, Léonie Duquet, secuestrada dos días después y con quien compartió su final en un «vuelo de la muerte»[1]. A fines del 2004, los miembros del Equipo Argentino de Antropología Forense realizaron excavaciones en el sector B del cementerio de Lavalle. Los restos de Léonie habían aparecido en las costas de Mar del Tuyú, junto a los de algunas Madres de Plaza de Mayo y una militante de Vanguardia comunista. Los de Alice, desaparecieron en el fondo del mar. Pero su biografía es la recuperación simbólica de su cuerpo, un cuerpo narrado colectivamente por pluralidad de voces que testimonian su práctica activa del amor. Alice no podía desaparecer totalmente, porque el amor es la esencia, la sustancia, el modo de ser más fuerte. Fue también la causa de que esta mujer haya dedicado tanto tiempo de su vida a estar y conocer a sus vecinos y vecinas, a compartir su vida suspendiendo juicios o ideas preconcebidas. En una carta dirigida a una de sus hermanas dijo: «Demasiado a menudo, nuestra formación como consagradas nos impide ver, sentir o comprender a las otras personas y, por eso, amarlas verdaderamente” (cit. por Viñoles 2017: 107).
Léonie Duquet (1916-1977)
Nació en Longemaison el 9 de abril de 1916 y fue bautizada a los dos días. El 29 de marzo de 1921, sus padres, originarios de Combes, se mudaron a Chenalotte, donde pasó su infancia y juventud. Luego de la educación primaria, Léonie vivió con su familia, participando de los quehaceres de la granja y de la casa. Según las costumbres de la época para las mujeres, durante el invierno de 1931-1932, siguió los cursos de Economía doméstica. Sus dos hermanas mayores estaban ya comprometidas con la vida religiosa. El 19 de marzo de 1936, apenas a la edad de 20 años, ingresó como postulante en el ya citado Instituto de las Hermanas de las Misiones Extranjeras, que había sido fundado poco tiempo antes por el sacerdote francés Albert Nassoy y una argentina, María Dolores Salazar, en la diócesis de Toulouse. Pronunció sus votos en 1939, pero la situación internacional le impidió trasladarse al Extremo Oriente, como ella anhelaba. Trabajó, entonces, en los diferentes seminarios de la Société des Missions Etrangères. En 1949 fue enviada a la Argentina, y el 13 de agosto, a los 33 años, se embarcó, con otras cinco hermanas, para América del Sur. Mientras aprendía y perfeccionaba el idioma español, Léonie fue enfermera en la Clínica Chutro, de Córdoba, pero su deseo era partir al leprosario de Paraná, donde trabajaban las hermanas de su congregación. Su misión tuvo como objetivo la formación de agentes pastorales responsables y ha dejado huella tanto en Patagonia como en el oeste del Gran Buenos Aires. En Morón, Léonie consagró toda su energía y tiempo a la catequesis de adultos y niños. Su mayor preocupación fue adaptar el anuncio del evangelio a sus destinatarios. Comenzó con reuniones de madres para organizar la catequesis familiar y dio cursos de formación para catequistas y maestros, así como de Biblia y de Asistencia social. Desde 1972 hasta su secuestro en 1977, Léonie Duquet vivió en la Parroquia San Pablo de Ramos Mejía, al oeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Tres meses antes de su desaparición, Léonie había recibido en su casa a Alice Domon y a Yvonne Pierron. Lo cuenta a su familia: “En este momento, estoy frecuentemente acompañada por mi paisana de Charquemont, una hermana formidable, y por la hermana de Lorraine, a quien habría que levantarle un monumento, porque está enteramente dedicada a sus enfermos, noche y día, afrontando grandes problemas y peligros. ¡Estoy tan feliz de tenerlas conmigo!” (septiembre de 1977)[2]. Seis semanas antes de su secuestro escribió: “El domingo 30 de octubre de 1977, hemos tenido la primera comunión de los niños y las niñas. Estuvo formidable. Aquí, en la pequeña capilla a la que voy todos los domingos para la misa, los chicos imitaron todo lo que hace el sacerdote durante la celebración. Ese día, seguimos el nuevo canon para la Misa de Niños, quienes continuamente cantan con el celebrante y hacen muchos gestos. Esto hace que la participación de la pequeña comunidad sea grande. Y de esto han aprovechado los padres, amigos, etcétera. Continuamente, hacemos innovaciones, lo que permite una asistencia de niños al catecismo y a la misa mucho más asidua. Al mismo tiempo, en el colegio, hemos tenido la confirmación de cuarenta jóvenes de trece a dieciséis años. Fue formidable” (1 de noviembre de 1977).
Léonie fue hallada en las playas de la Costa Atlántica y enterrada como NN en el Cementerio de General Lavalle. En el año 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó sus restos. Hoy, una escuela de ese Partido bonaerense, frente a Mar de Ajó (localidad de Pavón), lleva su nombre, reconociéndola viviente en la educación, para siempre.
Quiero cerrar esta semblanza haciendo alusión al “arte de amar” de estas cristianas, según la expresión del psicólogo Erich Fromm (2023), quien afirma que la clase más fundamental de amor, básica en todos sus tipos, es el amor fraternal. Por él se entiende el deseo de promover toda vida, mediante el sentido de responsabilidad, cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier otro ser humano. La enumeración de obras de estas religiosas no implica activismo, sino productividad, en el mejor sentido de la palabra, entendida como amor activo. Esto podría sintetizar el paso de Alice Domon y Léonie Duquet por la existencia: su acercamiento a la vulnerabilidad ajena, su experiencia de la propia a partir del secuestro y desaparición, y su resurrección de la muerte en la común identidad de la esencia humana.
Finalizo diciendo que el verdadero poder (de ser feliz y crear) lo tuvieron ellas y no quienes se creyeron amos de sus vidas y de sus muertes. Como un estribillo apareció en los testimonios que recogí para la construcción biográfica expresiones como: “¡éramos tan felices!” o “ella estaba siempre alegre”. Que así sea hoy y siempre, a pesar de la dureza de las circunstancias, en nuestras comunidades.
Referencias bibliográficas
Fromm, E. (2023), El arte de amar. Una investigación sobre la naturaleza del amor, Booket.
Viñoles, D. (2017), Cartas de Alice Domon. Una desaparecida de la dictadura argentina, Ed. UNTDF.
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[1] N de la E. Se llama “vuelos de la muerte” a un método de exterminio, desaparición y asesinato que practicó la última dictadura argentina. Consistía en “trasladar” personas vivas, en aviones o helicópteros, sedadas, atadas y con peso, para finalmente ser arrojadas al mar o al Río de la Plata.
[2] Las citas de cartas de Léonie Duquet pertenecen a un cuadernillo recordatorio que elaboró su familia con motivo del 20° aniversario de su desaparición y que me fuera entregado por su sobrina Noelle Belpois.
