Posted On 01/12/2021 By In Cultura, Opinión, portada With 1657 Views

Lenguajes de crisis en la perplejidad humana: notas sobre poesía y mística para pensar la intranquilidad |  Juan Pablo Espinosa Arce

 

“De los ruidos, como nuestro principio,
del barranco,
donde te me caíste,
vuelvo a sacar
la caja de los juegos
tú sabes cuál: la invisible,
la
inaudible”

Paul Celan

 

I.

A partir del concepto de fractura, y en particular de la fractura del lenguaje, de la crisis y de la perplejidad propia de nuestro tiempo, la cual puede ser también crisis de los sistemas simbólicos. Ante la crisis simbólica se nos presenta el desafío de buscar opciones que nos ayuden a retomar o pensar otros lenguajes para trabajar con la crisis y la fractura. Para ello, propongo dos posibles lenguajes: poesía y mística.

Pareciera que místicos y poetas comparten elementos comunes en cuanto ellos son expresión de momentos críticos que están enmarcados por la misma fractura de los sistemas simbólicos, ante los cuales ellos (místicos y poetas) buscan pensar, hablar y vivir de modos alternativos. Por ejemplo, el poeta chileno Raúl Zurita insistió en una entrevista que el lenguaje se generó a partir de una fractura originaria, la separación del cielo y de la tierra (Urano y Gea) y que el lenguaje busca unir aquello que está desvinculado. La poesía, como lenguaje, trataría de entrar a la crisis, a la fractura y poder volver a vincular desde el lenguaje simbólico, experiencial y metafórico lo que está en crisis.

Por lo tanto, ¿cómo pensar la posibilidad de vincularnos en medio de la perplejidad, de la fractura o de la intranquilidad? ¿Es el Espíritu la posibilidad de tender el puente en medio de las fracturas? ¿se esconde el Espíritu Santo en los lenguajes místicos y poéticos? ¿los viene a animar o incluso los hace entrar en una «crisis propia»? ¿se puede discernir la presencia de Dios en el lenguaje poético y místico? A partir de estas y otras preguntas quisiera avanzar e invitarles a avanzar en la intranquilidad creadora (elemento fundacional de la poesía y la mística) en cuanto nos hace hablar de Dios de modos cada vez más amplios, lúdicos y creativos.

La emergencia de nuevos relatos, narrativas, formas de conocimiento y reimaginación de relaciones humanas, ha marcado con fuerza nuestro tiempo. Este nuevo modo de vincularnos, tanto a nivel del lenguaje como de lo sociopolítico y cultural, se puede expresar con la categoría de fractura lingüística que el profesor César Carbullanca expone en su trabajo sobre los nuevos caminos de la hermenéutica latinoamericana. Carbullanca caracteriza dicha fractura a partir de los siguientes elementos: “usaremos este término en tres sentidos: un primer sentido como cambio de paradigma epistemológico que significa el paso de una época a otra; un segundo que expresa más explícitamente el carácter histórico de este cambio de paradigma respecto a una etapa de la historia personal a otra como es la infancia y adultez y finalmente, el cambio de paradigma epocal – epistemológico no es pacífico sino que se produce como violencia de una cultura sobre otra a través del lenguaje”[1].

Por ello es por lo que consideramos que recuperar la emergencia de nuevas narrativas místicas, simbólicas, experienciales y poéticas constituye un espacio a través de la cual la intranquilidad, como nota propia de la cuestión antropológica, permite establecer espacios de creación y comunicación. A su vez, entender cómo es la intranquilidad la que moviliza al ser humano a construir poesía, a imbuirse en lo mística, a construir y reconstruir el relato comunitario. Lo que quisiera proponer en este artículo es acercarme e invitarlos a acercarse a la lectura de cuentos y poesías, en cuanto mediaciones lingüísticas y culturales que nos posibilitan la reimaginación de los sentidos más centrales de la experiencia humana: la crisis, la intranquilidad, el misterio, la incertidumbre del futuro, las preguntas, la vida, la muerte, la convivencia. Desde niños escuchamos cuentos para dormirnos, nos aprendimos poesías para declamarlas en los actos y concursos escolares. Y hoy, ya trabajando en la academia y en la comunicación con otras comunidades, siento que volver a leernos los cuentos de siempre, a susurrarnos las poesías al lado de una copa de vino o a un licor de guindas (como indicaré hacia el final de este artículo) y en torno a la mesa de todos los días, es una forma siempre novedosa de pensar/nos desde nuestra propuesta teórica y epistémica.

 

II.

Dice el poeta Paul Valery en su poema Salmo S.:

 

“En el principio fue la Sorpresa
y después vino el Contraste,
luego surgió la Oscilación
con ella la Distribución
y después la Pureza
que es el Final”

El poeta y el místico tienen una función visionaria, de lectura del mundo y de tratar de decir en palabras cotidianas el misterio que sustenta y envuelve toda la realidad. Paul Valery ofrece una relectura poética al poético prólogo del Logos en San Juan. La Palabra joánica es la Sorpresa valeryana. En Dios y en la sorpresa, en lo que nos deja intranquilos, en lo que nos desplaza y remece se incrusta el misterioso influjo de la divinidad. Emmanuel Taub, recordando a Paul Valery, indica que éste último indica que la emoción poética, como espacio de irrupción de la palabra creadora tiene que ver con la una percepción naciente, con una tendencia a percibir un mundo. Y, más adelante el mismo Emmanuel Taub sostiene: “podríamos sugerir, retomando las palabras del poeta francés, que este sentido maravillosamente imposible de los sueños, es también de la palabra poética: hacer cercano – amables, humanos – los universos incognoscibles, el mundo-naturaleza, los rostros del hombre, los nombres de Dios, lo inefable”[2].

Este carácter de traducción o de interpretación del poeta y de su verbo creador también se puede rastrear en el poeta Arthur Rimbaud. En su obra Una temporada en el infierno, el poeta maldito canta: “¡inventaba el color de las vocales – A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde – Regía la forma, el movimiento de cada consonante y, con ritmos instintivos, me jactaba de inventar un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos”. La alquimia lingüística del poeta está estéticamente marcada por la figura del infierno, por el colapso de las claves interpretativas de la historia, por el avance de nuevos relatos y de formas que surgen para comprender el mundo. La intranquilidad del verbo alquímico de Rimbaud sustentado en colores y vocales hace que la palabra poética constituya una auténtica desgarradura a través de la cual el mundo está surgiendo. La poesía nace desde la crisis personal del poeta y desde la crisis sociocultural de su sociedad. Por ello la poesía no es ingenua, no es neutral. Es arisca y arrabalera como la definió soberbiamente la poeta exiliada María Zambrano. Es arisca y descentrada, y es crítica constante del poder que se quiere solo sustentar en la razón instrumental. A través del pensamiento alquímico y del carácter lingüístico de la realidad, el poeta va creando discursos y palabras que ayudan a hablar de lo que queda oculto y que genera intranquilidad e incertidumbre al corazón humano. Este carácter de apertura o de desgarradura que el pensamiento poético posee hace que la intranquilidad se constituya en un auténtico lugar de creación, en un útero fecundo que despierta los infiernos y los cielos personales y culturales que, como página en blanco, se van llenando con las palabras de la poesía. En palabras de Paul Celan:

“De los cercanos/ pozos de desagüe/ con gris verdoso cavado a paletadas/ por manos indispiertas:/ la profundidad, / imperceptible, sin resistencia/ hace entrega de su vegetación”.

Paul Celan muestra el carácter paradójico del lenguaje que intenta captar la realidad y exponerlo en palabras amables. El límite de la palabra no es sólo decir su contrario (pozos o alturas, vegetación o desagüe, aridez y naturaleza verde), sino que tiene que ver con su sentido, es decir, con aprender a escarbar en su barro, entrever en la griega (en el desgarro), y dejar que su barro agrietado diga aún su susurro, susurro hecho palabra por el poeta. Aún en pleno invierno hay palabras floridas tal y como lo expresa el mismo Celan: “en el vedado del invierno/ un abeto se absuelve al hablar”.

¿Entonces por qué escribir poesía? ¿por qué volver sobre las imágenes que los poetas ofrecen a través de sus propias grietas de intranquilidad? ¿qué valor posee el imaginario del territorio poético en cuanto expresión de un sentido de lo inacabado? La poeta María Teresa Andruetto parece sugerirnos alguna respuesta ante estas posibles preguntas: “es en las palabras donde se libra el combate, y es de palabras la grieta por donde accede una lengua privada en ese extenso mar de la lengua social, territorio de contrapoder frente a lo uniforme y lo hegemónico”[3]. Combate, lucha (casi agonía) territorio de contrapoder que enfrenta desde el logos imaginativo al poder enclaustrado de ciertos tipos de razones y de monoculturas. Por ello la poesía es, en sí misma, intranquilidad creadora, es una experiencia de sentirse fuera, lanzado al basto mar de la lengua social (como lo llama Andruetto), es esa experiencia de sentirse conmovido y tratar de plasmar en el terreno de combate de la página de papel una intranquilidad que parece devorar al poeta por dentro. Y, a su vez, es la intranquilidad que, siendo del poeta, es compartida también al lector que se abre camino (o se abre) nado a través de ese mar creado por el poeta.

En ese vasto campo de palabras que el poeta construye a través de sus propias experiencias e imágenes, se despliega el desafío de dotar de sentido a lo cotidiano. La palabra poética fecundada por la intranquilidad personal y dirigida a la intranquilidad del otro, del cuerpo distante, del alma diferente es un camino que apela a las emociones personales, sensitivas, gustativas, de relatos y de fracturas. María Teresa Andruetto habla de una auténtica memoria del relato o de una metáfora del pasado que es recuperada por el relato y por la literatura y, a su vez, es por dichas metáforas y rememoraciones que la vida humana continúa existiendo. En palabras de María Teresa Andruetto: “la fragmentación, los pensamientos y las expresiones (…) constituyen una manera de evitar un lenguaje y una verdad monolíticos, que son la zona de riesgo de toda creación. Mientras el lenguaje no se cierre en un relato único, mientras siga existiendo en quien escribe un estado de interrogación, tendrán nuestras ficciones cierta garantía de salud”[4].

Esta fractura, esta intranquilidad constitutiva de lo humano y acentuada en este tiempo, experiencia que puede ser vinculada a la expresión de “disfuncionalidad del lenguaje”[5] ofrecida por María Teresa Andruetto obliga al poeta a enfrentarse a su propio logos e imaginar una nueva estructuración de palabras. Esto puede ser reconocido en el príncipe de los poetas chileno: Jorge Teillier. En su poema Otoño secreto el poeta afirma:

“Cuando las amadas palabras cotidianas
pierden su sentido
y no se puede nombrar ni el pan,
ni el agua, ni la ventana,
y ha sido falso todo diálogo que no sea
con nuestra desolada imagen,
aún se miran las destrozadas estampas
en el libro del hermano menor,
es bueno saludar los platos y el mantel puestos sobre la mesa
y ver que en el viejo armario conservan su alegría
el licor de guindas que preparó la abuela
y las manzanas puestas a guardar”[6]

Apelemos a nuestra memoria sensitiva:

-¿Cuál es el mantel de fiesta de nuestra casa?, ¿cuál es el mantel reservado casi sagradamente para el domingo o las grandes fiestas del año? ¿Qué color tenía? ¿cuándo llegó a casa? ¿fue bordado o comprado?

-[Hablando ahora del licor de guinda]: ¿Qué sabor tiene la intranquilidad? ¿la bebemos a sorbos largos o la disfrutamos a sorbos cortos tratando de que no se acabe?

-¿Cuáles son mis propias palabras amadas cotidianas? ¿soy capaz de nombrarlas? (recordemos que al nombrar le damos identidad y vitalidad a las cosas: Dios nombrando… el ser humano nombrado y dominando)

-¿Cuál es mi otoño secreto?

La poesía y su lenguaje de intranquilidad, de una disfuncionalidad del lenguaje que como dice Teillier está marcada por el perder sentido las palabras cotidianas, es mejor comprensible cuando nosotros mismos hacemos el ejercicio de viajar con el poeta a su mundo, a su aldea, a su lugar ameno. Jorge Teillier ofreció una estética poética en donde quería continuamente volver a su aldea de infancia, rodeada de trenes y al lado del molino, con las lluvias y las costumbres de la Araucanía. ¿Y nosotros? ¿volvemos de alguna manera con nuestra episteme a esa aldea secreta o queremos despegarnos a ella? Quizás estas preguntas que, a primera vista carecen de epistemología, poseen en sí misma la fuerza motora de todo el desarrollo reflexivo de nuestra propia teología. Por ello la poesía interpela con su intranquilidad a nuestra propia intranquilidad. Por ello en la poesía y en el lenguaje místico podemos encontrar a esos visionarios (los poetas) que son capaces de hermanarse con las cosas guardadas en el armario de la casa y que, desde esa alianza nos invitan a nosotros mismos a hermanarnos con nuestra propia intranquilidad, con esa intranquilidad que no solo es objeto de frío cálculo reflexivo, sino que constituye el condimento de ese licor de guindas y constituye el sabor de esas manzanas puestas a guardar.

 

III.

Quisiera finalizar estas ideas con alguna palabra sobre nuestro vínculo con Dios y cómo en la intranquilidad puede constituir un espacio de reimaginación de nuestro vínculo con ese mismo Dios. Para ello, recuperaré un poema de la poetisa chilena y premio Nobel Gabriela Mistral y un cuento jasídico recuperado por Martin Buber.

Gabriela Mistral en su poema llamado Nocturno el cual forma parte de su Desolación afirma:

 

“Padre Nuestro que estás en los cielos
¡por qué te has olvidado de mí!
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!
Me vendió el que besó mi mejilla;
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre el paño, le di.
Y en mi noche del Huerto, me han sido
Juan cobarde y el Ángel hostil”[7]

¿Qué nos dice Mistral en su nocturno? Hay una suerte de apropiación cristológica en la persona de Gabriela Mistral: ella está en el Huerto (de los Olivos) y se siente abandonada de Dios. Hay una paráfrasis al Salmo de Jesús en la Cruz. Gabriela Mistral está sumida en una profunda noche oscura (el poema se llama nocturno), en una crisis personal o lingüística que la hace experimentarse llagada en su costado. La Mistral es ahora la mujer crucificada y abandonada por Dios. Por lo tanto, ¿en qué medida el lenguaje poético, místico y nuestra propia teología también asume este nocturno antropológico de hombres y mujeres de este tiempo? ¿Es la teología capaz de, como insiste Johannes Baptist Metz, ejercitar su memoria passionis del sufrimiento de las víctimas? Nuevamente: la intranquilidad no es el objeto del lenguaje, sino que es la experiencia concreta de ser hombres y mujeres. Por el hecho de estar en el mundo, por el hecho de ser y vivir como soledades en convivencia (como diría María Zambrano) poseemos la intranquilidad como auténtica carta de ciudadanía.

Finalmente, el cuento jasídico. Los jasídicos son los judíos de Europa del Este fundados por Rabí Israel Ben Eliezer y enseñan que a Dios se le puede encontrar en todas partes, sobre todo en los actos de bondad y de justicia. De ahí el nombre jasid (tzadik: piadoso, justo; hesed: misericordia). Es una mística festiva, corporal y profundamente marcada por la caridad. El cuento jasídico es una forma de contar lo que los grandes rabinos han hecho y enseñado y, a su vez, es una forma de preservar la memoria de las enseñanzas y de invitar a los jasídicos a practicar aquellas cosas realizadas por los maestros. Martin Buber rastreó los cuentos y los ofreció en cuatro tomos siendo una de las joyas de la literatura espiritual no solo judía sino universal. El cuento se llama El silbato pequeño

Se cuenta que un aldeano durante los días Austeros rezaba en la casa de Oración del fundador del jasidismo (Rabí Israel Ben Eliezer) junto a su hijo. Al niño le costaba aprender y no lograba reconocer la forma de las letras. A pesar de ello, el padre lo llevó, al cumplir los 13 años, a la casa de oración durante el Yom Kippur (día del perdón). Este niño tenía un pequeño silbato que soplaba cuando estaba en el campo cuidando las ovejas de su casa. Durante la oración en la casa de oración el niño permaneció en silencio, pero cuando comenzó el servicio adicional dijo al padre: “Padre, tengo aquí mi pequeño silbato. Quiero cantar con él”. El papá se molestó y le dijo al niño que no se le ocurrieran cosas así. Pero, cuando comenzó otro momento en la oración, el niño volvió a pedir al padre poder tocar el silbato. El padre intentó impedirlo, pero el niño, arrancando la mano del padre del lugar donde estaba el silbato, comenzó a soplar una larga nota. La comunidad de los jasídicos se asustó (se intranquilizó) ante el sonido del silbato, pero el rabino Israel Ben Eliezer continuó su rezo sólo que de forma más rápida y más fácil que de costumbre. Más tarde se cuenta que dijo: “el muchacho tornó las cosas más fáciles para mí”.

Este cuento perfectamente podría ser utilizado para pensar la intranquilidad o la perplejidad. El padre intranquilo que el niño no aprendía las letras santas, el niño intranquilo de querer tocar su silbato, la comunidad sobresaltada por el sonido de la nota. Pero, justamente en medio de esa intranquilidad, de esa perturbación de ánimos o de ambiente, el Rabí Israel puedo encontrar la mejor forma de orar. ¿Estamos facilitando silbatos que tranquilicen nuestro espíritu en medio de las oraciones cotidianas, en medio de nuestros trayectos, de nuestros proyectos y de lo que nos define como seres humanos?

 


 

[1] César Carbullanca, “Mito y Logos: Nuevos caminos de la hermenéutica en latinoamericana”, en Estudos de Religao vol.28, n.1 (2014), 135-156, 147.

[2] Emmanuel Taub, “Poesía y revelación: lo inefable, el sueño, el mundo”, 10 (Versión online: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/47034)

[3] María Terea Andruetto, Leer: la lectura otra revolución (Fondo de Cultura Económica, México 2014), 14.

[4] María Terea Andruetto, La lectura otra revolución, 161.

[5] María Terea Andruetto, La lectura otra revolución, 161.

[6] Versión completa online: https://www.omni-bus.com/n30/teillier.html

[7] Sólo se presentan algunos versos. Se anima al lector a profundizar en este poema. Versión íntegra (online): http://www.gabrielamistral.uchile.cl/poesia/desolacion/dolor/nocturno.html

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