Posted On 23/11/2021 By In Opinión, portada With 94 Views

Mujeres-mujer-eres | Isabel Pavón

Sólo soy verdaderamente libre cuando todos a mi alrededor, hombres y mujeres, también lo son.
Mijail Aleksandrovich Bakunin (1814-1876)

 

Así es, así nos formó el Señor. Somos mujeres. Mujer eres hecha a su imagen y semejanza. Estamos orgullosas de serlo. No sentimos inferioridad alguna. No nos escondemos detrás de una sombra masculina. No necesitamos protección. Nos defendemos solas. Somos fuertes porque nos hemos acostumbrado a luchar contracorriente.

Somos Mujeres. Mujer eres. Si en el relato del principio de la especie humana leemos que se necesitó a un hombre para formar a una mujer, benditas somos porque, a partir de entonces, hemos engendrado a toda la humanidad. Todos los hombres, todos salvo uno, han sido paridos por mujeres. Entre ellos, nuestro Señor Jesús fue dado a luz por María, una mujer que no necesitó pedir permiso, ni consultar a ningún varón para aceptar su misión de engendrar y criar al Salvador.

Somos mujeres. Mujer eres. Entre otras muchas, imitemos la valentía de Ester, que se levantó en medio de un imperio, una mujer diferente, rodeada de hombres poderosos, una mujer a quien su tío Mardoqueo, varón, le pidió ayuda. Ella se arriesgó, cumplió con una misión, nada más y nada menos que salvar a todos los judíos. Estaba segura de lo que tenía que hacer. Estamos seguras de lo que queremos y hacia allá vamos. No podemos permitirnos dudar. Avanzamos con firmeza sin necesidad de mirar atrás. Somos luchadoras, no princesas, sí reinas de nuestras decisiones.

Somos mujeres. Mujer eres. Cuando no estamos presentes nuestra ausencia es notoria. Somos necesarias. Somos libres. Nuestras alas se despliegan con todo el esplendor que nos da el Señor.

Somos mujeres. Mujer eres. Pablo se dirige expresamente a nosotras como a sus synergoi, colaboradoras, cooperadoras. No precisamos vivir inclinadas como seres encorvados, no lo somos, no lo estamos, que se vea nuestra rectitud. No necesitamos enfrentarnos con nuestro rival, ¿qué rival hay en una responsabilidad común en la creación, en el mundo y en la Iglesia? Que no nos cale la demonización con la que algunos pretenden achantarnos, que nos resbale. Pongámonos para ello el impermeable del amor de Dios que nos socorre.

No nos olvidemos de lo importante: Somos mujeres. Mujer eres. Dios no es exclusividad del sexo masculino, es nuestro amigo, nos trata en igualdad de condiciones con el hombre. El patriarcado no tiene justificación alguna. Que nos pongan fronteras y con gusto las traspasaremos. Que nos llamen herejes por el hecho de estar empoderadas. Que nos echen tierra y verán como florecemos*. Cristo nos protege ahora y en el día señalado estaremos ante su presencia.

Somos mujeres. Mujer eres. Jesús no nos encontró entre sus enemigos, nos llamó para que formásemos parte de su círculo más importante, más íntimo, y seguimos en la línea de ser sus discípulas, con carisma.

Somos mujeres. Mujer eres. Construimos con una esperanza antigua que nos acompaña desde el despertar de los tiempos. Formamos parte de nuestras comunidades  con pleno derecho. Somos, nada más y nada menos, cual columnas labradas que sostienen la estructura del templo*.

Somos mujeres. Mujer eres. Juntos todos, como colegas, como bien lo expresa Lucas, en Cristo somos un solo corazón y una sola alma.

 


*Échame tierra y verás como florezco. Frida Kahlo.

*Nuestros hijos crecen como plantas en un jardín; nuestras hijas son cual columnas labradas que sostienen la estructura del templo. Salmo144, 12

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