Posted On 20/12/2021 By In Opinión, portada With 395 Views

Natalidad de la Palabra en el relato humano | Juan Pablo Espinosa Arce

 

La celebración de la Navidad es el recuerdo del acontecimiento que hace memoria de la dicción de la Palabra por excelencia que Dios ha pronunciado al mundo. Así lo testimonia el poético prólogo del Evangelio de Juan en donde se narra que la Palabra que estaba junto a Dios y que era Dios puso su tienda en medio de nuestras propias tiendas (Cf. Jn 1,14). El Verbo-Acción de Dios, su Logos dicho y pronunciado, marca una gramática que se podría denominar palabra desgarrada, en cuanto lo expresado por la boca de Dios supone la itinerancia y descenso de esa misma Palabra. El desgarro o la desgarradura ha sido una terminología usada por autores judíos como Edmond Jabes, Ricardo Forster o Emmanuel Taub, quienes indican que la experiencia del lenguaje o del decir es una que atraviesa los espacios de la historia o del desierto. A través de la palabra, de los relatos y de enunciación Dios creó el mundo; la palabra posibilita la expresión de la vida interna y social; por medio de la palabra se hace memoria del pasado fundador, se crean símbolos y nace la socialización. Es profundamente sugerente comprender que Dios es el Dios de la palabra, de una Palabra encarnada que es relación, expresión y proyecto.

La Palabra desgarrada de Dios entró en el tiempo en medio del desgarro humano. Esa es la radicalidad de la Encarnación, a saber, el Dios que se apropia de lo humano y de sus relaciones, relaciones que están marcadas por la misma desgarradura. Por ello la celebración de la Navidad debe ser para los cristianos la profundización en la experiencia itinerante de la Palabra que Dios nos ha dicho, profundización que puede encontrar su sentido más cabal en que debemos aprender a contar una y otra vez el relato que condensa el acontecimiento que celebramos en estas fechas de Diciembre. La Natalidad de la Palabra se va acompasando al relato humano y el relato humano permite hacer memoria de la desgarradura divina.

Si la Navidad marca la imagen de un Dios desgarrado, hecho niño pobre, nacido en medio de los pobres, enfermos y descartados, la enunciación pareciera viene de manera fundamental desde el relato mismo de la desgarradura humana. La Navidad, acontecimiento de la Palabra divina hecha palabra humana, es el relato humano de esa misma Palabra, la divina, que desgarra nuestras imágenes de Dios, sobre todo las triunfalistas y, de esa manera, aprende a ubicarse del lado de los relatos desgarrados. Aquí la literatura nos puede ayudar a profundizar en lo que venimos diciendo. Uno de los autores ingleses clásicos, Charles Dickens, escribió Canción de Navidad. El libro narra la historia del adinerado y avaro Ebenezer Scrooge quien, por advertencia de su difunto exsocio Jacob Marley es visitado por los espíritus de la Navidad pasada, presente y futura. En la visita del fantasma de la Navidad presente, Scrooge y el fantasma observan la celebración navideña de Bob Cratchit (trabajador de Scrooge) y su familia. Cratchit tiene un hijo, Tim, que es un niño en situación de discapacidad. Al llegar a casa luego del servicio religioso de Navidad, la esposa de Bob pregunta por el comportamiento de Tim en la Iglesia, a lo que el padre responde:

“Ha sido bueno como el oro. Y aún más. A veces, sin duda debido a estar tanto tiempo sentado, piensa y dice cosas muy extrañas, que nunca se hubieran ocurrido. Mientras veníamos hacia casa, me dijo que esperaba que todo el mundo lo viera en la Iglesia, porque siendo tullido les haría pensar, en el día de Navidad, en Aquel que hizo que anduvieran los cojos y viesen los pobres ciegos. La voz de Bob temblaba al decir estas palabras y se emocionó más todavía al anunciar que Tim, el pequeño, se haría fuerte y saludable”.

 El relato novelesco de Dickens nos ayuda a profundizar en la desgarradura de la Navidad. La celebración de la Natalidad de la Palabra que hizo ver a los ciegos, andar a los cojos y hablar a los mudos nos es radicalmente familiar cuando somos capaces de profundizar en nuestras propias desgarraduras. Hemos de aprender a dar a luz el relato que cuenta el alumbramiento de la Palabra. Entrar en la lógica desgarrada de la Palabra hecha hermano, compañero de camino y salvador del género humano en medio de nuestras desgarraduras es el corazón mismo de la Navidad, de una feliz Navidad.

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