Posted On 06/09/2013 By In Biblia, Opinión With 2317 Views

Palabra de Dios y juventud (es): ¿Relación olvidada o desafío permanente?

Septiembre, mes de la Biblia, nos invita a reflexionar sobre la incidencia actual que la Palabra de Dios tiene en la vida de los creyentes. En este escrito, queremos reflexionar sobre el vínculo que se establece entre la Palabra de Dios y la juventud, o mejor dicho las juventudes. Diremos juventudes porque asumimos que este grupo es en sí heterogéneo, tanto por la comprensión que realizan del mundo como también por su forma de actuar en él.

La presencia de la Palabra de Dios en las comunidades cristianas no es algo extraño para nosotros. Semana a semana, la Escritura se comparte y se reflexiona, de tal manera que ésta ilumine la realidad y dé sentidos nuevos a la vida de los creyentes. Teólogos y teólogas, cristianos y cristianas de a pie o de la calle, hacemos de una u otra manera un ejercicio hermenéutico, adoptando una u otra forma de interpretar la palabra que Dios reveló al mundo. Pero es un dato lamentable, aunque real, el hecho de que la reflexión teológica y bíblica se ha realizado históricamente desde el mundo adulto. Entonces, ¿qué lugar ocupan los jóvenes o las juventudes en la construcción de categorías de interpretación de la Biblia? ¿Es una relación olvidada o un desafío permanente?

Veamos y postulemos alguna respuesta. Debemos decir, y sin temor a equivocarnos, que la realidad eclesial presenta ambas dimensiones. Es una relación olvidada en el sentido de que, como veíamos, la reflexión teológica y bíblica se ha realizado siempre desde los adultos, y en particular desde los adultos varones. La mujer, el joven y la joven, aún constituyen sujetos olvidados y marginados de la reflexión bíblica más clásica. Pero, a pesar de ello, estos sujetos aparecen creando la lectura popular y subversiva de la Palabra de Dios, es decir, aquella que se realiza desde abajo, desde las comunidades subalternas al sistema. Son ellos los que ejercen la lectura pedagógicamente liberadora de la que habló Paulo Freire. Los movimientos juveniles de base han elaborado una denuncia profética, no en todos los casos explícitamente cristiana, pero que propone una nueva educación y una nueva lectura de la Biblia que fomentan el desarrollo integral del hombre y de la mujer. Es la cultura popular la que constituye el desafío permanente para las Iglesias.

Es también una relación olvidada en el sentido de que las comunidades juveniles y la pastoral de las juventudes, muchas veces no han estado a la altura de las exigencias de nuestros tiempos. Mantenemos la experiencia de una espiritualidad desencarnada y en muchos casos excesivamente intimista. El desafío permanente que debe superar dicho intimismo es que el anuncio, la vivencia y el compromiso que se adquiere desde la lectura de la Palabra de Dios, interpele al joven y a la joven en el orden de la praxis y la transformación del mundo. La interpretación que pretendamos establecer y promocionar conceptualmente debe comenzar desde la propia vida del joven y desde su lugar en el mundo, y esto porque “el Dios de la fe se ha comprometido con la historia del hombre (…) A la fe se la encuentra más de la parte de la praxis que en la de la teoría” (Bucciarelli, 1974).

Además, es también una relación olvidada en el sentido de que nuestras hermenéuticas han dejado de lado temas coyunturales propios de la vivencia cotidiana del joven y la joven, como por ejemplo la homosexualidad, la situación migrante, los problemas de educación, de estabilidad económica o laboral, la inestabilidad del futuro. La espiritualidad y la reflexión bíblica de nuestro tiempo deben considerar estos tópicos, “aunque digamos luego que esta no es la única lectura posible y legítima de la Biblia. Pero es para nosotros hoy en el tercer mundo una lectura y hermenéutica epocal privilegiada” (Boff, 2010). A pesar de esto, siempre es necesario considerar la tradición hermenéutica de la Iglesia, utilizar sus herramientas e interpretaciones, pero debemos recrearlas y ser creativos en el momento de leer la Palabra de Dios.

Existen muchas otras dimensiones propias de la ‘relación olvidada’ entre Palabra de Dios, su hermenéutica y las juventudes, aunque sin embargo van acompañadas de sus desafíos permanentes para las comunidades cristianas. Han pasado 3000 años desde los primeros textos bíblicos. Han pasado 2000 años desde que Dios irrumpe en la historia por medio del Misterio de la Encarnación. La Escritura es siempre nueva porque el mismo Dios de Israel y Padre de Jesucristo es siempre nuevo. Es necesario acercar al joven y a la joven a la lectura asidua de la Palabra de Dios. El Reino de Dios es joven y las juventudes, tanto de edad como de espíritu, deben y debemos tomar las fuerzas renovadoras y proféticas de Aquél que nos amó primero y nos envió a anunciarlo por todas las naciones, especialmente entre las juventudes, presente y futuro de las iglesias.

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