Posted On 09/12/2022 By In Columna, Opinión, portada With 269 Views

Profetas del más allá | Isabel Pavón

Este artículo fue publicado en Protestante Digital el 20-11-2008

 

Profetas del más allá que vivís entre nosotros sin sentir que formáis parte de nosotros: Llegasteis de muy lejos, del norte, del sur, del este y el oeste. Unos tocados de un ala y otros con la pata quebrada. En cueros todos. El rostro descompuesto. Entonabais un canto lastimero que consiguió desgarrar nuestras almas. Lloramos al mismo son de vuestras miserias y lágrimas.

Durante el primer periodo de convivencia, mostrasteis el lado más débil de vuestras múltiples caras. Parecíais dóciles. Nos hicisteis creer que comíais de nuestra mano (verdaderamente traíais hambre, nunca lo olvidéis). Lo que gustabais, fruto del sudor de nuestras frentes, os parecía bueno, tan bueno que pedíais más y más. Al mismo tiempo, saciasteis vuestra sed con la provisión de agua mineral que guardábamos para nosotros. Os dimos trabajo, casa y escuela para vuestros hijos. Pagamos vuestras deudas. Os vestimos con nuestra propia ropa de verano. Compartimos con vosotros nuestros abrigos de invierno.

Os fortalecisteis gracias a la bondad de nuestros corazones. Entrasteis sutilmente a formar parte de nuestras comunidades como miembros responsables. Lograsteis vuestro objetivo. Y empezasteis a mostrar el verdadero semblante: vuestro afán de poseer autoridad.

Profetas del más allá que vivís entre nosotros sin sentir que formáis parte de nosotros: Pedís más de lo que podemos daros. Pedís que cambiemos nuestra idiosincrasia. Pedís que cambiemos nuestra historia. Pedís que no seamos más nosotros mismos. Pedís ser los dueños de nuestras vidas. Queréis formarnos a vuestra imagen y semejanza.

Con vuestras falsas profecías nos acusáis de mundanos. A causa de vuestro orgullo no aprobáis que vuestra descendencia se empareje con la nuestra. Os creéis dioses con derecho a recibir nuestros sacrificios, nuestra sumisión, nuestro dinero, nuestro vasallaje.

Vivís en nuestro entorno a nuestra costa y no os gusta como somos. Fingís la risa, el abrazo, el apretón de manos, los besos, y predicáis amor, amor de Dios mediante cuentos y predicciones impactantes, cuya finalidad es deslumbrar nuestras mentes. Estáis convencidos hasta la médula de que no conocemos al Creador correctamente. Estáis convencidos de que tenemos que volver a convertirnos a vuestra manera, según vuestras normas. Dudáis de nuestra fe. Nos miráis por encima de vuestro hombro.

Profetas del más allá que vivís entre nosotros sin sentir que formáis parte de nosotros: A vosotros, y sólo a los que vinisteis con malas artes a engañarnos, me dirijo. ¿Quiénes  creéis que sois? ¿Por qué pagáis tan mal el bien que os hacemos? ¿Por qué maldecís nuestras vidas cuando no actuamos conforme a vuestras voluntades? ¿Hicimos mal en acogeros cuando llegasteis moribundos, desnudos, enfermos? ¿Acaso hemos de arrepentirnos de haberos hecho el bien?

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