Posted On 09/09/2010 By In Opinión With 1789 Views

Transphobia Embassy

Sobre lo ocurrido el pasado 8 de agosto en la iglesia Christ Embassy de Vallecas, hay informaciones contradictorias. Lo único que se sabe con certeza es que hay interpuestas dos denuncias por agresión: una la de Stephanie, transexual nigeriana, a un miembro de  esa comunidad, y otra la de éste último a Stephanie. Periódicos, revistas digitales, la FELGTB(1), e incluso el CEM(2), se han posicionado de uno u otro lado haciendo su particular reconstrucción de los hechos. De todas ellas, uno ha sacado la suya propia.

Stephanie, a pesar de nacer con genitales masculinos, siempre supo que era una mujer. Lo cual, con toda seguridad, le crearía grandes problemas con su entorno familiar y social desde que era niña. En el caso de que proceda del norte de Nigeria, donde la religión mayoritaria es el Islam y se aplica la ley de la Shari’a, ha vivido con el peligro constante de recibir cien latigazos, o incluso ser apedreada. De hecho, hay en su país personas encarceladas por circunstancias similares esperando a ser ejecutadas. Si por el contrario ha nacido en una zona cristiana, su suerte no ha sido mucho mejor. El cristianismo es muy beligerante en este tema, basta recordar que el nigeriano obispo anglicano Peter Akinola, pedía hace unos meses cinco años de cárcel para las personas del mismo sexo que contrajesen matrimonio, y uno para los asistentes. Toda una muestra de hasta donde puede llevar el odio islamista y cualquier odiofundamentalista cuando las condiciones le son favorables. Cosa que no debe olvidarse a la hora de analizar lo que ocurrió con Stephanie dentro de su congregación en Vallecas. 

Gracias a Dios, pudo escapar de Nigeria y llegar a Madrid donde intentaba conseguir asilo. Algo que hacen miles de personas cada año por causas semejantes. Quizás supuso, en su búsqueda de una vida más feliz, que también encontraría en esta ciudad una comunidad cristiana donde poder congregarse. El cómo pudo mantener su fe cristiana es toda una incógnita, y el porqué eligió una comunidad como Chist Embasy para reunirse, también. Aunque probablemente en este último punto influyera el hecho de que muchas de las personas que allí asisten son de origen nigeriano. 

¿Qué es una comunidad? La mayoría de iglesias evangélicas de nuestro país parecen creer que son un club para heterosexuales donde se defienden unos dogmas determinados. Se olvidan que la fraternidad es un elemento esencial de la comunidad cristiana, y que hermano o hermana no es aquel que nosotros escogemos, sino aquel a quien Jesucristo ha justificado por la gracia de Dios, y ha llamado a la fe y a la vida eterna. Dietrich Bonhoeffer alertaba de la confusión entre “fraternidad cristiana y un sueño de comunidad piadosa”, entre “nostalgia comunitaria, propia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de la hermandad cristiana(3)”. Podemos negarlo y autoengañarnos, como parece hacer el CEM al tratar como una extraña a esta mujer tan evangélica como el resto de miembros de la comunidad de Vallecas; pero no es nuestra orientación sexual o identidad de género la que nos convierte en miembros de un mismo cuerpo, sino la cruz de Cristo. El CEM ha hecho lo correcto si aspira a desempeñar una función estrictamente legal, Stephanie no es miembro de esta iglesia; pero si desea ser una herramienta al servicio del evangelio, su labor pasaría por la mediación y la reconciliación entre Stephanie y su comunidad. 

La iglesia Christ Embassy de Vallecas parece tener una fuerte orientación carismática: predicadores que gritan hasta dejarse la garganta, canciones repetitivas acompañadas de una música estruendosa, alabanzas, alaridos en lenguas angélicas…. Sonidos todos ellos ofrecidos a un Dios que está allá arriba, en las alturas, pero que se fueron ahogando hasta convertirse en un silencio sepulcral en el momento en que se dirigían a su hermana Stephanie, sentada justo al lado suyo. El motivo sólo uno: era una mujer transexual. Dice ella que la trataban como a una enferma, pero yo no lo creo, estoy convencido de que a una enferma la hubieran intentado ayudar de otra manera. La consideraban más bien como a una posesa, sólo el diablo podía atacar tan directamente lo que ellos consideran la voluntad de Dios. Pero en el fondo, ese demonio era simplemente la transfobia que impregna nuestras sociedades y se niega a diferenciar entre sexo biológico e identidad de género.

Dice Stephanie que su hermano en la fe no quiso estrecharle la mano al final del culto. Aunque ella no lo diga, supongo que fue entonces cuando emergió su experiencia de exclusión acumulada desde niña, y se dejó llevar por la rabia y la indignación, golpeándole con el bolso. Un bolso que le hubiera gustado tener a muchos evangélicos en algún momento de su vida para lanzárselo a más de un hermano o hermana, pero éste no es el camino de Jesús. La violencia no se justifica, más bien trabajamos para hacerla desaparecer, porque nos separa del prójimo y por tanto de Dios.

¿Fue la violencia de Stephanie la que desató la ira de un subordinado del pastor? Supongo que en parte sí, pero hay un elemento latente en esta agresión: el odio que día a día ejercen las instituciones e iglesias evangélicas sobre las personas LGTB. Creo que este subordinado es sólo el último eslabón de una cadena que empieza mucho antes: en los púlpitos, los estudios bíblicos, los seminarios, los consejos, la AEE(4) o en la propia FEREDE(5). Cuando este hombre le arrancó el vestido para poner al descubierto “el cuerpo del pecado”, o cuando la golpeó en aquellos pechos que transgredían las leyes de un dios cruel; no estaba sólo, le acompañaban miles de evangélicos españoles.

El fundamentalismo tiene muchas caras, algunas de ellas muy buenas y de las que sin duda hay mucho que aprender. Sin embargo no apuesta por el Reino de Dios, ni por la justicia, el amor y el respeto a la diversidad en la creación de Dios. Allí donde tiene una influencia significativa genera exclusión, violencia y sufrimiento. Por eso no es lo que nuestra sociedad necesita, y mucho menos el tipo de cristianismo por el que las iglesias deberían apostar. Sin embargo es el que tiene mayor influencia en la España evangélica de hoy, algo que no parece que vaya a cambiar a corto plazo. Por lo que sucesos como los ocurridos en la iglesia Christ Embassy de Vallecas pueden repetirse en el futuro.

Existen otras propuestas evangélicas para este país, existen creyentes que sienten la necesidad de estrechar su mano con Stephanie, de reconocer con ella a un Dios salvador que ama al ser humano tal y como es. Que a partir de esta experiencia quieren llevar un mensaje de liberación a la sociedad en la que viven. Propuestas basadas en el Dios que reveló un hombre que fue colgado en una cruz por todos, no sólo por unos escogidos. Quizás hay veces que estas propuestas no se escuchan con claridad, pero personas como Stephanie, que tuvo que escapar de un país en el que corría peligro su vida, recuerdan que hay que ser capaz de abandonar la casa de nuestros padres para ir en dirección a la tierra que Dios nos está mostrando(6). Únicamente situándose en una tierra nueva, se puede llegar a ser lo que Dios quiere de nosotros. Valentía o fundamentalismo, no creo que en este momento haya más opciones para las iglesias evangélicas en España.

 

Notas:

(1) Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.

(2) Consejo evangélico de Madrid.

(3) Bonhoeffer, D. “Vida en Comunidad”. (Salamanca; Editorial Sígueme, 1995), p.21.

(4) Consejo Evangélico de Madrid.

(5) Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España.

(6) Referencia a Gn 12, 1.


Carlos Osma, España


Sobre lo ocurrido el pasado 8 de agosto en la iglesia Christ Embassy de Vallecas, hay informaciones contradictorias. Lo único que se sabe con certeza es que hay interpuestas dos denuncias por agresión: una la de Stephanie, transexual nigeriana, a un miembro de  esa comunidad, y otra la de éste último a Stephanie. Periódicos, revistas digitales, la FELGTB(1), e incluso el CEM(2), se han posicionado de uno u otro lado haciendo su particular reconstrucción de los hechos. De todas ellas, uno ha sacado la suya propia.

Stephanie, a pesar de nacer con genitales masculinos, siempre supo que era una mujer. Lo cual, con toda seguridad, le crearía grandes problemas con su entorno familiar y social desde que era niña. En el caso de que proceda del norte de Nigeria, donde la religión mayoritaria es el Islam y se aplica la ley de la Shari’a, ha vivido con el peligro constante de recibir cien latigazos, o incluso ser apedreada. De hecho, hay en su país personas encarceladas por circunstancias similares esperando a ser ejecutadas. Si por el contrario ha nacido en una zona cristiana, su suerte no ha sido mucho mejor. El cristianismo es muy beligerante en este tema, basta recordar que el nigeriano obispo anglicano Peter Akinola, pedía hace unos meses cinco años de cárcel para las personas del mismo sexo que contrajesen matrimonio, y uno para los asistentes. Toda una muestra de hasta donde puede llevar el odio islamista y cualquier odio fundamentalista cuando las condiciones le son favorables. Cosa que no debe olvidarse a la hora de analizar lo que ocurrió con Stephanie dentro de su congregación en Vallecas.

 

Gracias a Dios, pudo escapar de Nigeria y llegar a Madrid donde intentaba conseguir asilo. Algo que hacen miles de personas cada año por causas semejantes. Quizás supuso, en su búsqueda de una vida más feliz, que también encontraría en esta ciudad una comunidad cristiana donde poder congregarse. El cómo pudo mantener su fe cristiana es toda una incógnita, y el porqué eligió una comunidad como Chist Embasy para reunirse, también. Aunque probablemente en este último punto influyera el hecho de que muchas de las personas que allí asisten son de origen nigeriano.

 

¿Qué es una comunidad? La mayoría de iglesias evangélicas de nuestro país parecen creer que son un club para heterosexuales donde se defienden unos dogmas determinados. Se olvidan que la fraternidad es un elemento esencial de la comunidad cristiana, y que hermano o hermana no es aquel que nosotros escogemos, sino aquel a quien Jesucristo ha justificado por la gracia de Dios, y ha llamado a la fe y a la vida eterna. Dietrich Bonhoeffer alertaba de la confusión entre “fraternidad cristiana y un sueño de comunidad piadosa”, entre “nostalgia comunitaria, propia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de la hermandad cristiana(3)”. Podemos negarlo y autoengañarnos, como parece hacer el CEM al tratar como una extraña a esta mujer tan evangélica como el resto de miembros de la comunidad de Vallecas; pero no es nuestra orientación sexual o identidad de género la que nos convierte en miembros de un mismo cuerpo, sino la cruz de Cristo. El CEM ha hecho lo correcto si aspira a desempeñar una función estrictamente legal, Stephanie no es miembro de esta iglesia; pero si desea ser una herramienta al servicio del evangelio, su labor pasaría por la mediación y la reconciliación entre Stephanie y su comunidad.

 

La iglesia Christ Embassy de Vallecas parece tener una fuerte orientación carismática: predicadores que gritan hasta dejarse la garganta, canciones repetitivas acompañadas de una música estruendosa, alabanzas, alaridos en lenguas angélicas…. Sonidos todos ellos ofrecidos a un Dios que está allá arriba, en las alturas, pero que se fueron ahogando hasta convertirse en un silencio sepulcral en el momento en que se dirigían a su hermana Stephanie, sentada justo al lado suyo. El motivo sólo uno: era una mujer transexual. Dice ella que la trataban como a una enferma, pero yo no lo creo, estoy convencido de que a una enferma la hubieran intentado ayudar de otra manera. La consideraban más bien como a una posesa, sólo el diablo podía atacar tan directamente lo que ellos consideran la voluntad de Dios. Pero en el fondo, ese demonio era simplemente la transfobia que impregna nuestras sociedades y se niega a diferenciar entre sexo biológico e identidad de género.

 

Dice Stephanie que su hermano en la fe no quiso estrecharle la mano al final del culto. Aunque ella no lo diga, supongo que fue entonces cuando emergió su experiencia de exclusión acumulada desde niña, y se dejó llevar por la rabia y la indignación, golpeándole con el bolso. Un bolso que le hubiera gustado tener a muchos evangélicos en algún momento de su vida para lanzárselo a más de un hermano o hermana, pero éste no es el camino de Jesús. La violencia no se justifica, más bien trabajamos para hacerla desaparecer, porque nos separa del prójimo y por tanto de Dios.

 

¿Fue la violencia de Stephanie la que desató la ira de un subordinado del pastor? Supongo que en parte sí, pero hay un elemento latente en esta agresión: el odio que día a día ejercen las instituciones e iglesias evangélicas sobre las personas LGTB. Creo que este subordinado es sólo el último eslabón de una cadena que empieza mucho antes: en los púlpitos, los estudios bíblicos, los seminarios, los consejos, la AEE(4) o en la propia FEREDE(5). Cuando este hombre le arrancó el vestido para poner al descubierto “el cuerpo del pecado”, o cuando la golpeó en aquellos pechos que transgredían las leyes de un dios cruel; no estaba sólo, le acompañaban miles de evangélicos españoles.

 

El fundamentalismo tiene muchas caras, algunas de ellas muy buenas y de las que sin duda hay mucho que aprender. Sin embargo no apuesta por el Reino de Dios, ni por la justicia, el amor y el respeto a la diversidad en la creación de Dios. Allí donde tiene una influencia significativa genera exclusión, violencia y sufrimiento. Por eso no es lo que nuestra sociedad necesita, y mucho menos el tipo de cristianismo por el que las iglesias deberían apostar. Sin embargo es el que tiene mayor influencia en la España evangélica de hoy, algo que no parece que vaya a cambiar a corto plazo. Por lo que sucesos como los ocurridos en la iglesia Christ Embassy de Vallecas pueden repetirse en el futuro.

 

Existen otras propuestas evangélicas para este país, existen creyentes que sienten la necesidad de estrechar su mano con Stephanie, de reconocer con ella a un Dios salvador que ama al ser humano tal y como es. Que a partir de esta experiencia quieren llevar un mensaje de liberación a la sociedad en la que viven. Propuestas basadas en el Dios que reveló un hombre que fue colgado en una cruz por todos, no sólo por unos escogidos. Quizás hay veces que estas propuestas no se escuchan con claridad, pero personas como Stephanie, que tuvo que escapar de un país en el que corría peligro su vida, recuerdan que hay que ser capaz de abandonar la casa de nuestros padres para ir en dirección a la tierra que Dios nos está mostrando(6). Únicamente situándose en una tierra nueva, se puede llegar a ser lo que Dios quiere de nosotros. Valentía o fundamentalismo, no creo que en este momento haya más opciones para las iglesias evangélicas en España.

 


Notas:

(1) Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.

(2) Consejo evangélico de Madrid.

(3) Bonhoeffer, D. “Vida en Comunidad”. (Salamanca; Editorial Sígueme, 1995), p.21.

(4) Consejo Evangélico de Madrid.

(5) Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España.

(6) Referencia a Gn 12, 1.


Carlos Osma, España


Sobre lo ocurrido el pasado 8 de agosto en la iglesia Christ Embassy de Vallecas, hay informaciones contradictorias. Lo único que se sabe con certeza es que hay interpuestas dos denuncias por agresión: una la de Stephanie, transexual nigeriana, a un miembro de  esa comunidad, y otra la de éste último a Stephanie. Periódicos, revistas digitales, la FELGTB(1), e incluso el CEM(2), se han posicionado de uno u otro lado haciendo su particular reconstrucción de los hechos. De todas ellas, uno ha sacado la suya propia.

Stephanie, a pesar de nacer con genitales masculinos, siempre supo que era una mujer. Lo cual, con toda seguridad, le crearía grandes problemas con su entorno familiar y social desde que era niña. En el caso de que proceda del norte de Nigeria, donde la religión mayoritaria es el Islam y se aplica la ley de la Shari’a, ha vivido con el peligro constante de recibir cien latigazos, o incluso ser apedreada. De hecho, hay en su país personas encarceladas por circunstancias similares esperando a ser ejecutadas. Si por el contrario ha nacido en una zona cristiana, su suerte no ha sido mucho mejor. El cristianismo es muy beligerante en este tema, basta recordar que el nigeriano obispo anglicano Peter Akinola, pedía hace unos meses cinco años de cárcel para las personas del mismo sexo que contrajesen matrimonio, y uno para los asistentes. Toda una muestra de hasta donde puede llevar el odio islamista y cualquier odio fundamentalista cuando las condiciones le son favorables. Cosa que no debe olvidarse a la hora de analizar lo que ocurrió con Stephanie dentro de su congregación en Vallecas.

 

Gracias a Dios, pudo escapar de Nigeria y llegar a Madrid donde intentaba conseguir asilo. Algo que hacen miles de personas cada año por causas semejantes. Quizás supuso, en su búsqueda de una vida más feliz, que también encontraría en esta ciudad una comunidad cristiana donde poder congregarse. El cómo pudo mantener su fe cristiana es toda una incógnita, y el porqué eligió una comunidad como Chist Embasy para reunirse, también. Aunque probablemente en este último punto influyera el hecho de que muchas de las personas que allí asisten son de origen nigeriano.

 

¿Qué es una comunidad? La mayoría de iglesias evangélicas de nuestro país parecen creer que son un club para heterosexuales donde se defienden unos dogmas determinados. Se olvidan que la fraternidad es un elemento esencial de la comunidad cristiana, y que hermano o hermana no es aquel que nosotros escogemos, sino aquel a quien Jesucristo ha justificado por la gracia de Dios, y ha llamado a la fe y a la vida eterna. Dietrich Bonhoeffer alertaba de la confusión entre “fraternidad cristiana y un sueño de comunidad piadosa”, entre “nostalgia comunitaria, propia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de la hermandad cristiana(3)”. Podemos negarlo y autoengañarnos, como parece hacer el CEM al tratar como una extraña a esta mujer tan evangélica como el resto de miembros de la comunidad de Vallecas; pero no es nuestra orientación sexual o identidad de género la que nos convierte en miembros de un mismo cuerpo, sino la cruz de Cristo. El CEM ha hecho lo correcto si aspira a desempeñar una función estrictamente legal, Stephanie no es miembro de esta iglesia; pero si desea ser una herramienta al servicio del evangelio, su labor pasaría por la mediación y la reconciliación entre Stephanie y su comunidad.

 

La iglesia Christ Embassy de Vallecas parece tener una fuerte orientación carismática: predicadores que gritan hasta dejarse la garganta, canciones repetitivas acompañadas de una música estruendosa, alabanzas, alaridos en lenguas angélicas…. Sonidos todos ellos ofrecidos a un Dios que está allá arriba, en las alturas, pero que se fueron ahogando hasta convertirse en un silencio sepulcral en el momento en que se dirigían a su hermana Stephanie, sentada justo al lado suyo. El motivo sólo uno: era una mujer transexual. Dice ella que la trataban como a una enferma, pero yo no lo creo, estoy convencido de que a una enferma la hubieran intentado ayudar de otra manera. La consideraban más bien como a una posesa, sólo el diablo podía atacar tan directamente lo que ellos consideran la voluntad de Dios. Pero en el fondo, ese demonio era simplemente la transfobia que impregna nuestras sociedades y se niega a diferenciar entre sexo biológico e identidad de género.

 

Dice Stephanie que su hermano en la fe no quiso estrecharle la mano al final del culto. Aunque ella no lo diga, supongo que fue entonces cuando emergió su experiencia de exclusión acumulada desde niña, y se dejó llevar por la rabia y la indignación, golpeándole con el bolso. Un bolso que le hubiera gustado tener a muchos evangélicos en algún momento de su vida para lanzárselo a más de un hermano o hermana, pero éste no es el camino de Jesús. La violencia no se justifica, más bien trabajamos para hacerla desaparecer, porque nos separa del prójimo y por tanto de Dios.

 

¿Fue la violencia de Stephanie la que desató la ira de un subordinado del pastor? Supongo que en parte sí, pero hay un elemento latente en esta agresión: el odio que día a día ejercen las instituciones e iglesias evangélicas sobre las personas LGTB. Creo que este subordinado es sólo el último eslabón de una cadena que empieza mucho antes: en los púlpitos, los estudios bíblicos, los seminarios, los consejos, la AEE(4) o en la propia FEREDE(5). Cuando este hombre le arrancó el vestido para poner al descubierto “el cuerpo del pecado”, o cuando la golpeó en aquellos pechos que transgredían las leyes de un dios cruel; no estaba sólo, le acompañaban miles de evangélicos españoles.

 

El fundamentalismo tiene muchas caras, algunas de ellas muy buenas y de las que sin duda hay mucho que aprender. Sin embargo no apuesta por el Reino de Dios, ni por la justicia, el amor y el respeto a la diversidad en la creación de Dios. Allí donde tiene una influencia significativa genera exclusión, violencia y sufrimiento. Por eso no es lo que nuestra sociedad necesita, y mucho menos el tipo de cristianismo por el que las iglesias deberían apostar. Sin embargo es el que tiene mayor influencia en la España evangélica de hoy, algo que no parece que vaya a cambiar a corto plazo. Por lo que sucesos como los ocurridos en la iglesia Christ Embassy de Vallecas pueden repetirse en el futuro.

 

Existen otras propuestas evangélicas para este país, existen creyentes que sienten la necesidad de estrechar su mano con Stephanie, de reconocer con ella a un Dios salvador que ama al ser humano tal y como es. Que a partir de esta experiencia quieren llevar un mensaje de liberación a la sociedad en la que viven. Propuestas basadas en el Dios que reveló un hombre que fue colgado en una cruz por todos, no sólo por unos escogidos. Quizás hay veces que estas propuestas no se escuchan con claridad, pero personas como Stephanie, que tuvo que escapar de un país en el que corría peligro su vida, recuerdan que hay que ser capaz de abandonar la casa de nuestros padres para ir en dirección a la tierra que Dios nos está mostrando(6). Únicamente situándose en una tierra nueva, se puede llegar a ser lo que Dios quiere de nosotros. Valentía o fundamentalismo, no creo que en este momento haya más opciones para las iglesias evangélicas en España.

 


Notas:

(1) Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.

(2) Consejo evangélico de Madrid.

(3) Bonhoeffer, D. “Vida en Comunidad”. (Salamanca; Editorial Sígueme, 1995), p.21.

(4) Consejo Evangélico de Madrid.

(5) Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España.

(6) Referencia a Gn 12, 1.


Carlos Osma, España


Sobre lo ocurrido el pasado 8 de agosto en la iglesia Christ Embassy de Vallecas, hay informaciones contradictorias. Lo único que se sabe con certeza es que hay interpuestas dos denuncias por agresión: una la de Stephanie, transexual nigeriana, a un miembro de  esa comunidad, y otra la de éste último a Stephanie. Periódicos, revistas digitales, la FELGTB(1), e incluso el CEM(2), se han posicionado de uno u otro lado haciendo su particular reconstrucción de los hechos. De todas ellas, uno ha sacado la suya propia.

Stephanie, a pesar de nacer con genitales masculinos, siempre supo que era una mujer. Lo cual, con toda seguridad, le crearía grandes problemas con su entorno familiar y social desde que era niña. En el caso de que proceda del norte de Nigeria, donde la religión mayoritaria es el Islam y se aplica la ley de la Shari’a, ha vivido con el peligro constante de recibir cien latigazos, o incluso ser apedreada. De hecho, hay en su país personas encarceladas por circunstancias similares esperando a ser ejecutadas. Si por el contrario ha nacido en una zona cristiana, su suerte no ha sido mucho mejor. El cristianismo es muy beligerante en este tema, basta recordar que el nigeriano obispo anglicano Peter Akinola, pedía hace unos meses cinco años de cárcel para las personas del mismo sexo que contrajesen matrimonio, y uno para los asistentes. Toda una muestra de hasta donde puede llevar el odio islamista y cualquier odio fundamentalista cuando las condiciones le son favorables. Cosa que no debe olvidarse a la hora de analizar lo que ocurrió con Stephanie dentro de su congregación en Vallecas.

 

Gracias a Dios, pudo escapar de Nigeria y llegar a Madrid donde intentaba conseguir asilo. Algo que hacen miles de personas cada año por causas semejantes. Quizás supuso, en su búsqueda de una vida más feliz, que también encontraría en esta ciudad una comunidad cristiana donde poder congregarse. El cómo pudo mantener su fe cristiana es toda una incógnita, y el porqué eligió una comunidad como Chist Embasy para reunirse, también. Aunque probablemente en este último punto influyera el hecho de que muchas de las personas que allí asisten son de origen nigeriano.

 

¿Qué es una comunidad? La mayoría de iglesias evangélicas de nuestro país parecen creer que son un club para heterosexuales donde se defienden unos dogmas determinados. Se olvidan que la fraternidad es un elemento esencial de la comunidad cristiana, y que hermano o hermana no es aquel que nosotros escogemos, sino aquel a quien Jesucristo ha justificado por la gracia de Dios, y ha llamado a la fe y a la vida eterna. Dietrich Bonhoeffer alertaba de la confusión entre “fraternidad cristiana y un sueño de comunidad piadosa”, entre “nostalgia comunitaria, propia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de la hermandad cristiana(3)”. Podemos negarlo y autoengañarnos, como parece hacer el CEM al tratar como una extraña a esta mujer tan evangélica como el resto de miembros de la comunidad de Vallecas; pero no es nuestra orientación sexual o identidad de género la que nos convierte en miembros de un mismo cuerpo, sino la cruz de Cristo. El CEM ha hecho lo correcto si aspira a desempeñar una función estrictamente legal, Stephanie no es miembro de esta iglesia; pero si desea ser una herramienta al servicio del evangelio, su labor pasaría por la mediación y la reconciliación entre Stephanie y su comunidad.

 

La iglesia Christ Embassy de Vallecas parece tener una fuerte orientación carismática: predicadores que gritan hasta dejarse la garganta, canciones repetitivas acompañadas de una música estruendosa, alabanzas, alaridos en lenguas angélicas…. Sonidos todos ellos ofrecidos a un Dios que está allá arriba, en las alturas, pero que se fueron ahogando hasta convertirse en un silencio sepulcral en el momento en que se dirigían a su hermana Stephanie, sentada justo al lado suyo. El motivo sólo uno: era una mujer transexual. Dice ella que la trataban como a una enferma, pero yo no lo creo, estoy convencido de que a una enferma la hubieran intentado ayudar de otra manera. La consideraban más bien como a una posesa, sólo el diablo podía atacar tan directamente lo que ellos consideran la voluntad de Dios. Pero en el fondo, ese demonio era simplemente la transfobia que impregna nuestras sociedades y se niega a diferenciar entre sexo biológico e identidad de género.

 

Dice Stephanie que su hermano en la fe no quiso estrecharle la mano al final del culto. Aunque ella no lo diga, supongo que fue entonces cuando emergió su experiencia de exclusión acumulada desde niña, y se dejó llevar por la rabia y la indignación, golpeándole con el bolso. Un bolso que le hubiera gustado tener a muchos evangélicos en algún momento de su vida para lanzárselo a más de un hermano o hermana, pero éste no es el camino de Jesús. La violencia no se justifica, más bien trabajamos para hacerla desaparecer, porque nos separa del prójimo y por tanto de Dios.

 

¿Fue la violencia de Stephanie la que desató la ira de un subordinado del pastor? Supongo que en parte sí, pero hay un elemento latente en esta agresión: el odio que día a día ejercen las instituciones e iglesias evangélicas sobre las personas LGTB. Creo que este subordinado es sólo el último eslabón de una cadena que empieza mucho antes: en los púlpitos, los estudios bíblicos, los seminarios, los consejos, la AEE(4) o en la propia FEREDE(5). Cuando este hombre le arrancó el vestido para poner al descubierto “el cuerpo del pecado”, o cuando la golpeó en aquellos pechos que transgredían las leyes de un dios cruel; no estaba sólo, le acompañaban miles de evangélicos españoles.

 

El fundamentalismo tiene muchas caras, algunas de ellas muy buenas y de las que sin duda hay mucho que aprender. Sin embargo no apuesta por el Reino de Dios, ni por la justicia, el amor y el respeto a la diversidad en la creación de Dios. Allí donde tiene una influencia significativa genera exclusión, violencia y sufrimiento. Por eso no es lo que nuestra sociedad necesita, y mucho menos el tipo de cristianismo por el que las iglesias deberían apostar. Sin embargo es el que tiene mayor influencia en la España evangélica de hoy, algo que no parece que vaya a cambiar a corto plazo. Por lo que sucesos como los ocurridos en la iglesia Christ Embassy de Vallecas pueden repetirse en el futuro.

 

Existen otras propuestas evangélicas para este país, existen creyentes que sienten la necesidad de estrechar su mano con Stephanie, de reconocer con ella a un Dios salvador que ama al ser humano tal y como es. Que a partir de esta experiencia quieren llevar un mensaje de liberación a la sociedad en la que viven. Propuestas basadas en el Dios que reveló un hombre que fue colgado en una cruz por todos, no sólo por unos escogidos. Quizás hay veces que estas propuestas no se escuchan con claridad, pero personas como Stephanie, que tuvo que escapar de un país en el que corría peligro su vida, recuerdan que hay que ser capaz de abandonar la casa de nuestros padres para ir en dirección a la tierra que Dios nos está mostrando(6). Únicamente situándose en una tierra nueva, se puede llegar a ser lo que Dios quiere de nosotros. Valentía o fundamentalismo, no creo que en este momento haya más opciones para las iglesias evangélicas en España.

 


Notas:

(1) Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales.

(2) Consejo evangélico de Madrid.

(3) Bonhoeffer, D. “Vida en Comunidad”. (Salamanca; Editorial Sígueme, 1995), p.21.

(4) Consejo Evangélico de Madrid.

(5) Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España.

(6) Referencia a Gn 12, 1.


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