Admito el riesgo de ser acusado de radicalismo, pero es que, si bien puedo comprender el origen de ciertas formas de ecumenismo, tanto acomplejadismo ya me aburre. ¿Cómo puede sostenerse todavía que el ecumenismo busca la unidad entre las diferentes iglesias cristianas? ¡Eso es antiecuménico!
Recapitulemos. En el mundo hay un número incalculable de diferentes iglesias cristianas. Algunas se llevan bien entre ellas, y hasta se reconocen en comunión, y otras se llevan tan mal que, si no llegan a las manos, como mínimo se acusan entre ellas de herejes, y de no ser cristianas. Cada una de estas iglesias, además, está formada por personas que, con mayor o menor acierto, se identifican con unas creencias, unas prácticas, y hasta con determinadas orientaciones morales o políticas. A veces, dentro de una iglesia también hay personas que ven su discrepancia acusada de herejía, o que también llegan a las manos. Vaya, hasta aquí, nada nuevo.
Además de estas iglesias, hay también en el mundo un incalculable número de organizaciones cristianas más o menos transversales (ecuménicas, interdenominacionales) donde participan personas que forman parte de las iglesias anteriormente mencionadas, o no. Además, también hay personas que no participan en ellas, así como hay cristianos que no forman parte de ninguna iglesia.
Por si esto fuera poco, cada una de las iglesias puede tener en su seno cierta división por familias (por razones culturales, teológicas, políticas, lingüísticas…), algunas de las cuales puede relacionarse con otras iglesias, organizaciones, familias o personas, mientras que otras lo hagan con otras, o no lo hagan.
En definitiva: si aplicamos la combinatoria, veremos que, a este paso, ¡casi tenemos tantas pertenencias cristianas como cristianos hay en el mundo! ¿Todavía pensamos que el ecumenismo es buscar la unidad entre las diferentes iglesias cristianas? ¡Pero si hay iglesias diferentes pero unidas, e iglesias desunidas en ellas mismas!
Ecumenismo, ante esto, es simplemente una actitud. Una actitud, y una opción de fe. Ecumenismo es admitir, sin ninguna duda, que sólo Dios puede decidir quién es cristiano y quién no. Y que cada persona, desde su libertad, debe escoger las creencias y las prácticas que mejor respondan a sus convicciones. Y que, para que esto sea posible, el cristiano tiene el deber de escuchar y conocer a los otros. Y que debe estar dispuesto a cambiar tantas veces de opinión como sea necesario. Y que, seguramente, el que está más equivocado seguro que es uno mismo. Y que cambiar de iglesia puede ser sano. Y que participar en una iglesia no significa dejar de participar en la anterior, o anteriores. Y que no es necesario pertenecer a una iglesia para ser cristiano. Y que nunca, nunca, las iglesias deben pasar por delante de las personas.
Ecumenismo no es desear la unidad entre las iglesias, sino reconocer que, de hecho, ante Dios, iglesia sólo hay una.
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Hay un gran debate sobre ecumenismo, posecumenismo, y macroecumenismo. Me parece que el ecumenismo es una condición no para llegar a la unidad de la religiones como se creyó por mucho tiempo sobre todo en el horizonte de la modernidad. Creo que hoy día el ecumenismo sigue siendo válido por su apuesta de humanizar la vida; creo que eso debe salvarnos a todas aquellos que asumimos una identidad y horizonte ecuménicos.
Abrazos!
El verdadero crecimiento de la Iglesia del Señor, lo hace el Espíritu Santo, cuando los cristianos o hijos de Dios, lo “adoramos en espíritu y en verdad”, lo que significa obedecerle en Su amor o agapè y no por temor o por simple obediencia, sino porque lo amamos tanto que no deseamos ofenderlo.
Es importantísimo tener presente: Que Dios el Padre nos amo primero, a tal punto como lo expresa el apóstol Juan “que dio a su Hijo *unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.18 El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios.” (Jn. 3 NVI).
cristianos: “34 »Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros.35 De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. “ (Jn. 13:35 NVI).
El ser cristiano no para en que “nos amemos unos a otros”, es decir entre cristianos, sino en que vivamos en su amor agapè, o sea vivir en el espíritu (si con minúscula, en el espíritu regenerado de quien ha nacido de nuevo en forma genuina, donde mora el Espíritu Santo y El pone el amor de Dios o agapè). Entonces en nuestro espíritu, no solo podemos amar a nuestros hermanos en Cristo, sino también amar a nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen, hacer el bien a quienes nos aborrecen, y orar por los que nos ultrajan y nos persiguen (por ser cristianos, es obvio) (Mt. 5:44 RV/1960.). Vivir en el espíritu o en el Amor agapé, implica amar a nuestros hermanos en Cristo y conjugar en la práctica estos 4 verbos: amar, bendecir, hacer el bien y orar en la forma en que lo determinó el Señor. Esto no lo podemos hacer mientras vivamos a través de nuestra “alma” (compuesta por la mente, las emociones y la voluntad). “Vivir en el alma” equivale a “vivir en el mundo” y sus sistemas.
Mis Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo, desde Bogotá – Colombia, reciban mil bendiciones por tan excelente publicación, que nos bendice.
En primer lugar, las Sagradas Escrituras hablan de Unidad, desde Génesis a Apocalipsis. El Señor Jesucristo vivió en Unidad permanente con el Padre. Predicó con Su ejemplo y Palabra a sus apóstoles. Aclaró el verdadero sentido de la Ley, cuando un fariseo le quiso tender una trampa: Mateo 22: 35 Uno de ellos, *experto en la ley, le tendió una *trampa con esta pregunta: 36 —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? 37 —»Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente» [c] —le respondió Jesús—.38 Éste es el primero y el más importante de los mandamientos.39 El segundo se parece a éste: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» [d]40 De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.”
Jordi: Estoy de acuerdo contigo en lo que tu defines como Ecumenismo. Solo que este se da por el “Amor Agapè” que surge con el “verdadero Nuevo Nacimiento”.
En cuanto a sí “sólo Dios puede decidir quién es cristiano y quién no. Y que cada persona, desde su libertad, debe escoger las creencias y las prácticas que mejor respondan a sus convicciones. Y que, para que esto sea posible, el cristiano tiene el deber de escuchar y conocer a los otros. Y que debe estar dispuesto a cambiar tantas veces de opinión como sea necesario.” El Señor Jesucristo sí definió quienes son los verdaderos…
Iglesia solo hay una, iglesias hay muchas. Ambas afirmaciones son correctas y al mismo necesarias. El punto importante estará donde ubiquemos lo esencial, si el amor, una doctrina, un personaje mitificado, una antropología teológica, un proyecto social, una metafísica, o simplemente un sentimiento alternativa o la defensa de un derecho o causa.
Muy complicado. Y puede ser simple. Depende de la filosofía o teología con que se enfoque en la cabeza del pensador. Pero, en la realidad qué tenemos. Tradiciones y predicadores pidiendo dinero y muchas otras cosas más.
Sólo la evolución del cristianismo dirá lo que resultará al fin de cuentas con la iglesia cristiana en la historia, pero una pista puede ser lo que esá pasando fuera, ya que como movimiento histórico es parte del evento mundial. Un capitalismo entrado en una crisis tan fuerte y la emergencia de la indignación como síntoma, hacen ver una iglesia encontrada en la aceptación y el amor de unos por otros aunque sea sólo para no destruirse.
El fracaso del sistema es por ende importante para la esencia del cristianismo. Esperemos.
Todo este alegato supone a un Dios no revelado, con una autoridad que emerge de la subjetividad, a lo más de una intersubjetividad plana. El ecumenismo, así definido, sería el «dejar vuestras congregaciones, como algunos tienen por costumbre» en busca y captura de sensibilidades dialógicas que al final de cuentas convergen en círculos que apuntan, o no, a lo trascendente. La Biblia se adelanta a tal denigración de la fe, cuando, refiriéndose a la iglesia ecuménica, la llama: «Babilonia la grande, madre de todas las fornicaciones».
Jordi, y ésta búsqueda gregaria de los fieles, exceptuando a los cristianos que no pertenecen a ninguna iglesia, ¿no te parece que es una perversión de la fe, un modo de afianzarse en el rol social de saberse partícipe de un grupo?
Gracias. Un saludo.