Posted On 12/07/2021 By In Libros, Opinión, portada With 204 Views

La Teología de la Liberación en la encrucijada de los tiempos | Alfonso Ropero

David A. Roldán, Revelación de Dios y acción histórica. La crisis del paradigma histórico. Ediciones La Aurora, Bs. As. 2021

David A. Roldán es un joven teólogo evangélico argentino con una larga trayectoria editorial, autor de un buen número de artículos y ensayos de mucha enjundia teológica y filosófica, no en vano, a su doctorado en teología suma el de filosofía, lo que se transparenta en todos su escritos, ya que si en otros tiempos la filosofía era la ancilla o sierva de la teología, hoy la filosofía, remotamente más compleja en planteamientos y análisis, es la interlocutora de la teología, marcando pautas de racionalidad y mostrando nuevos acercamientos críticos a los viejos problemas ontológicos y epistemológicos.

A lo largo del último decenio, David Roldán se ha tomado como tarea personal ahondar en el significado y las posibilidades actuales de la Teología de la Liberación (TL), a cuyos representantes vivos más destacados ha conocido y conversado en diversas ocasiones. Frente a los que piensan que la TL ha pasado de moda, e incluso que fue un fracaso en el sentido práctico; o un desvarío en el sentido doctrinal, Roldán propone una batería de argumentos teológicos y filosóficos que va en dirección contraria.  Para él la TL ha pasado la prueba del tiempo y considera que sigue siendo un fermento necesario para entender la fe cristiana ante los retos del presente, que, en lo social, y debido al deterioro de la democracia y la creciente brecha económica entre los que más tienen y los que cada vez tienen menos, a lo que hay sumar la erosión de los derechos humanos por un número cada vez mayor de políticos cínicos y la hegemonía presente del pensamiento casi único neocapitalista, la TL, en cuanto reflexión sobre la obra de Dios en relación a los esclavizados, a los oprimidos, a los desplazados, a los fugitivos (migrantes), a las minorías marginadas, oprimidas, victimizadas, aun tiene mucho que decir y profundizar a la luz de la nueva situación política con el auxilio de nuevas herramientas críticas de orden político y social.

David A. Roldán es un veterano, y una autoridad nos atreveríamos a decir, en el estudio de la TL, a cuyo estudio dedicó su tesis doctoral (2011)[1], y dos últimos libros[2].  En el que aquí reseñamos, Revelación de Dios y acción histórica, emprende un denso análisis de la TL en relación a la hermenéutica, el mito y la historia desarrollada por el pensamiento moderno.

Quien, a juzgar por el título, se acerque a esta obra, Revelación de Dios y acción histórica, esperando encontrar un tratado de teología bíblica sobre la revelación de Dios en relación a la acción histórica del ser humano, puede quedar un poco defraudado, pues lo que el autor pretende y realiza, es asentar las bases teóricas de una teología comprometida, como es la TL, en el contexto del debate moderno y postmoderno sobre la historia y su aparente significado, o falta del mismo. Esta es una obra densa, donde el autor reseña las contribuciones más importantes de los filósofos modernos sobre estas cuestiones. El autor los invoca a decenas y nos remite a su producción literaria. Sus treintena de páginas de bibliografía nos pueden dar una idea de la enjundia y complejidad de su alcance.

Es común en el mundo evangélico conservador  mantener y defender que la inspiración de la revelación dada por Dios en la Escritura no es solamente histórica, general, sino “proposicional”, es decir, que afecta a todos los conceptos, ideas y doctrinas que en ella se proponen y contienen. El modelo de revelación proposicional busca enfatizar la objetividad literal de todas y cada una de las expresiones que componen la Escritura, con ello se quiere hacer frente a las interpretaciones consideradas liberales que no respetan el carácter divinamente inspirado de la Escritura. Para David A. Roldán, no podemos recurrimos a la Biblia como un manual o arsenal de proposiciones doctrinales objetivamente consideradas. Para él, la función primaria de la revelación es iluminar la experiencia creyente en cada nueva situación que la iglesia debe vivir a lo largo del tiempo, con sus retos nuevos y peculiares. La Biblia no es una cantera de textos positivos de los que extraer aquellos que más se ajusten al sistema doctrinal de cada cual. “Cuando llegamos a la Biblia –escribe Roldán-, lo hacemos ya en tanto que seres encarnados, como Jesús mismo, el Verbo encarnado”. Verbo encarnado que es Dios, del cual hablaron los profetas hebreos, pero cuyo acercamiento a la revelación divina en el Antiguo Testamento lo hace con una libertad inusitada, que no pudo menos que suscitar la ira de los guardianes de la revelación. Cristo se encarna e incardina vinculándose a los pobres, los sufrientes, los excluidos, se hace portavoz de los anhelos y de los lamentos que esperaban la aurora de una nueva era: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos” (Lc 4,18). Es en este espíritu que se nace y se desarrolla la Teología de la Liberación, escandalizada por la situación de inhumanidad que contempla en su entorno, ante la cual opone un muro de resistencia que es a la vez una vía cristiana de liberación y promoción de la persona; todo ello llevado a cabo con un alto sentido de responsabilidad humana y teológica, que no puede pasar de largo ante el clamor de los pobres que a la vera de los caminos expone su angustia y su desesperanza.

Por eso, en principio, la TL no es una teorización más de la teología, un ensayo de doctrina o dogma, sino una preocupación angustiosa, una praxis de buen samaritano que quiere recuperar para el mensaje cristiano su carga liberadora, del pecado personal, sí, pero también, del pecado social, incardinado en sistemas de gobierno y economías opresoras. Por eso no fue entendido por sus críticos que, inmersos en sus esquemas tradicionales, creyeron que la TL era una moda teológica más nacida al socaire del marxismo que, en aquella época, era como un torbellino que atraía la atención de las mentes más inquietas y que ponía patas arriba todas las instituciones de enseñanza.  “Se cree (a mi juicio, erróneamente) –escribe Roldán-, que el único interés de la Teología de la Liberación es proponer una síntesis entre Marx y el cristianismo. Lo cierto es que la Teología de la Liberación excede en intereses, de lejos, esa visión reduccionista.” El diálogo con el marxismo se produjo porque no podía ser de otra manera, pero siempre mediado por la fe en Cristo como aparece con claridad en figuras como José Míguez Bonino. Hoy se sigue dando la misma situación, como afirma David Roldán, pero teniendo toda la experiencia y crítica acumulado en estos últimos años, de modo que la nueva generación de la TL debe avanzar, incorporando las ciencias sociales como instrumentos necesarios para la elaboración teológica. “Si la TL deja de dialogar con teóricos marxistas pierde un instrumento clave para su desarrollo: la vigencia de la crítica de la ideología, tal como la continúan practicando, con sus múltiples matices, pensadores como Slavoj Žižek, Terry Eagleton, Perry Anderson, Alex Callinicos, Frederic Jameson, Martin Jay, Raymond Williams y Michael Löwy” (Roldán).

Respecto a aquellos que descalifican la TL como a un proyecto fracasado, Roldán responde: “Si la TL fracasó en su propuesta de transformación de la sociedad, también habría que revisar si el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento no debería ser abandonado por la misma razón, ya que su “proyecto histórico” nunca logró plasmarse (según Croatto, por ejemplo, el famoso “jubileo” nunca se su puso en practica). Lo mismo podría decirse del “proyecto histórico” de Jesús de Nazaret.”

En otro orden de cosas, pero relacionado con su tema principal, David nos recuerda que los orígenes de la teología evangélica o protestante latinoamericana pueden remontarse a la figura clave de Juan A. Mackay (1889-1983), misionero escocés que tuvo un importante desarrollo en Lima (Perú). Se lo suele describir como uno de los “pioneros” de la teología evangélica latinoamericana, junto con los mexicanos Alberto Rembao y Gonzalo Báez Camargo, en la década de 1940. Pero es otro autor clave el que desencadena una verdadera corriente teológica que habría de entusiasmar a los jóvenes: Richard Shaull (1919-2002), teólogo presbiteriano que residió en Brasil, mentor de Rubem Alves (1933-2014), quien figura como uno de los fundadores de la Teología de la Liberación. A este hay que sumar el argentino José Míguez Bonino (1924-2012), cuya obra se ha desarrollado siempre en la línea de una teología liberadora.

Para completar el cuadro, David hace referencia a la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), con René Padilla y Samuel Escobar a la cabeza. Estos teólogos –escribe- generaron un hondo impacto con sus ponencias en el Congreso de Lausana, en 1974, enfatizando la responsabilidad social de la Iglesia. Tampoco puede dejar de mencionar al misiólogo Orlando Costas, así como Juan Stam, Pedro Arana Quiróz y Andrés Kirk (Roldán es prolijo en referencias a autores).

En el capítulo dedicado al concepto de historia en el siglo XIX nuestro autor nos muestra la genealogía de todos aquellos pensadores que mantuvieran una guerra abierta contra la metafísica y la fundamentación de la verdad religiosa en una verdad absoluta e intemporal.

El capítulo 9 lo dedica al postestructuralismo en cuanto representa un verdadero desafío para la teología latinoamericana, pues su tesis radical sobre la estructura de la realidad no puede ser más contraria al pensamiento teológico: el ser no tiene sentido, y todo intento de “darle un sentido” estará condenado al fracaso. El significado siempre diferirá. La objetividad histórica está bajo sospecha. La acción humana y la racionalidad están en problemas.

Interesante es el espacio que dedica al gnosticismo moderno, esa antigua cabeza de hidra que reaparece en momentos significativos de la historia, especialmente en aquellos de incertidumbre y angustia. David nos remite a los importantes estudios realizados por el filósofo alemán Hans Jonas del gnosticismo, gnosticismo que ya inquietó a los autores del Nuevo Testamento y tuvo en jaque la doctrina de la iglesia durante tres siglos. Nadie como Jacob Taubes asume el mito gnóstico como pensamiento propio, en cuanto reacción frente al carácter tiránico y terrible del Creador de este mundo, objeto del rechazo gnóstico. David Roldán cita a Eric Voegelin cuando afirma que lo propio del gnosticismo es la negación del mundo, la voluntad de transformar este mundo hostil (o de abierta transgresión dado que sus leyes obedecen a un genio del mal).  Cada capítulo de la obra de Roldán, pese a no ser muy extensa, es una unidad merecedora de una reseña por sí misma, dada la densidad de los temas e ideas que contienen, pero baste lo escrito para animar a todos los interesados de entender su fe, y la naturaleza de la revelación, a la luz del pensamiento moderno para adentrarse en su estudio por ellos mismos, y si es posible acompañados de un buen diccionario de filosofía, o en caso contrario, siempre podrán recurrir a la wikipedia.

 

Alfonso Ropero


 

[1] Interioridad y exterioridad en la Teología de la Liberación. Un estudio con especial atención a Juan Luis Segundo y José Míguez Bonino. Publicia, Alemania 2015.

[2] La dimensión política del Reino de Dios (Teología y Cultura, Bs. As. 2014); Revelación de Dios y acción histórica. La crisis del paradigma histórico (La Aurora, Bs. As. 2021).

Alfonso Ropero Berzosa

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