Posted On 08/04/2022 By In portada, Teología With 589 Views

La búsqueda del Adán histórico | Alfonso Ropero

LA BÚSQUEDA DEL ADÁN HISTÓRICO

En un magnífico artículo sobre la difícil relación existente entre la enseñanza bíblica conservadora y la ciencia moderna, Hans Madueme, profesor teología en el Covenant College, nos informa sobre la encrucijada en que se encuentran las instituciones académicas evangélicas norteamericanas en los siguientes términos:

«Los avances en las ciencias naturales han planteado, y siguen planteando, difíciles cuestiones sobre la viabilidad de las formulaciones tradicionales de la doctrina cristiana. Los académicos de la línea principal llevan mucho tiempo haciendo las paces con el mundo moderno, pero debido a las recientes disputas estas cuestiones han alcanzado un punto álgido para los evangélicos. El profesorado titular, antaño sacrosanto, ha sido despedido o forzado a dimitir, profesores extinguidos que yacen sobre la cuna del evangelicalismo como las serpientes estranguladas junto a la de Hércules»[1].

Los ejemplos abundan Peter Enns[2], Westminster Theological Seminary; Karl Giberson, Eastern Nazarene College; John Schneider, Calvin College; Howard Van Till, Calvin College; Jim Stump, Bethel College; Michael Pahl, Cedarville University; Richard Colling, Olivet Nazarene; Anthony Siegrist, Prairie Bible College; Bruce Waltke, Reformed Theological Seminary; Stephen Barnett, Steven DeGeorge y Brian Eisenback, Bryan College.

 

El escándalo de la mente evangélica

Es este un problema que fue abordado hace unos años por un libro que dio mucho que hablar: Consider no Evil (No consideres el mal). Sus autores, Brandon G. Withrow y Menachem Wecker, cristiano uno, judío el otro, parten del hecho contradictorio entre la afirmación la verdad os hará libres y el conflicto que se produce cuando algunos profesores se toman en serio ese principio y lo aplican a la educación superior en los seminarios. ¿Qué ocurre, se preguntan los autores, cuando el profesorado y los estudiantes de las academias religiosas se enfrentan o se atreven a cuestionar los dogmas o las vacas sagradas que la institución defiende, valora, protege? Ambos destacan diversas dificultades institucionales experimentadas por el profesorado y los estudiantes que ponen a prueba los límites de la libertad académica en las instituciones conservadoras, y aunque hay que reconocer que existen restricciones a la libertad académica en cualquier contexto institucional, ya sea público o privado; teológico o científico, el hecho cierto, y muy preocupante, es que algunas instituciones de enseñanza superior evangélica no son realmente un colegio o una universidad, sino más bien una institución de adoctrinamiento donde la búsqueda de la verdad pasa a un segundo plano frente a la ortodoxia imperante. A los miembros del profesorado de estas instituciones se les aconseja tener cuidado con lo que piensan. “Si quieres ser un biólogo que acepte conclusiones basadas únicamente en las pruebas, sin tener en cuenta cómo afecta a la interpretación teológica o a la lectura de la Biblia en general, entonces una institución conservadora no es para ti”[3]. Withrow y Wecker sostienen que, aunque la teología y la forma de leer la Biblia son el centro de la mayoría de los problemas de libertad académica en las instituciones religiosas conservadoras, la teología o la visión que se tiene de la Biblia son, en realidad, narrativas justificativas para mantener el control. Es decir, en el centro de la mayoría de las dificultades está la lucha por el poder y el control, y la moneda de cambio es el miedo. Los debates teológicos sólo sirven de tapadera.

Por ejemplo, denominaciones como la Orthodox Presbyterian Church, que cuenta entre sus fundadores a John G. Machen, e instituciones de enseñanza como el Westminster Theological Seminary (Glenside, Pensilvania), tienen todo el derecho a descartar decisivamente los orígenes evolutivos de Adán y Eva en base a su fidelidad a la Biblia y a la Confesión de Fe de Westminter, como hizo en su Asamblea General de 1996, y reforzó en 2004, aduciendo que “nuestra comprensión de la obra redentora de Cristo, como último Adán, depende de nuestra aceptación de la historia del primer Adán”[4]. El problema consiste en que al imponer esta interpretación de la historia bíblica a las instituciones académicas que dependen de ella limita y coarta la libertad de investigación y la posibilidad de aportar otra interpretación alternativa, porque de lo que aquí se trata es de un problema de hermenéutica, no se olvide. Una hermenéutica que haga más justicia a los hechos, los de la historia sagrada y los de la ciencia históricas y de la naturaleza. Quien no es capaz de entender y aceptar otras cosmovisiones distintas a la suya corre el riesgo de convertirse en un fanático o en un sectario. Como decía el filósofo cristiano alemán Robert Spaemann (1927-2018)​, el creyente no puede eludir la confrontación con la “universalidad de la razón”[5]. La verdad de las cosas exige entender el lenguaje de la ciencia y conjugarlo con el lenguaje de la fe. De otro modo, la enseñanza se convierte en simple adoctrinamiento sectario, es decir, de escuela, de partido.

Con un problema añadido. Que con actitudes así se contradice o traiciona el principio reformado de regreso a las fuentes, a los orígenes, frente a la selva de las autoridades y tradiciones humanas de su época. Si el protestantismo se opuso en su día a la autoridad de la Escolástica y a la infalibilidad papal, no puede claudicar ahora a infalibilidades propias como las Confesiones de Fe del pasado reformado, como si estas no fuesen también obra humana, interpretaciones condicionadas por la situación de la época y el tiempo histórico. Perdemos el significado del texto bíblico cuando nos quedamos en el sentido que se le ha dado en otro tiempo conforme a otras necesidades. La revelación de Dios acompañó al pueblo elegido a lo largo de las vicisitudes de su historia acompañando y guiando su experiencia creyente en medio de los conflictos siempre nuevos a los que estuvieron sometidos. Aun cerrado ya el canon de la Escritura, la revelación de Dios no deja de ensañarnos cosas nuevas y cosas viejas en un proceso de constante actualización conforme a las circunstancias que en cada momento nos plantea nuevos retos a la vez que nos abre nuevos niveles de comprensión. La tradición teológica, los dogmas, los concilios y confesiones fe, nos ayudan como auxiliares de una fe siempre viva, y como protectores y guardianes en los giros demasiados pronunciados a los que nos somete el avance de las ciencias y del pensamiento. La teología es un ejercicio responsable que mira con atención hacia atrás, a lo revelado de una vez por todas y la exégesis del texto inspirado, pero siempre teniendo la vista puesta en el presente y su haz de verdades más incontrovertibles.

 

El ombligo de Adán

 Emulando The Quest of the Historical Jesus de Albert Schweitzer, William VanDoodewaard emprendió hace unos años lectores una búsqueda similar respecto al Adán histórico.

«Hay un estrecho paralelismo entre la búsqueda del Jesús histórico en el siglo XIX y la búsqueda actual del Adán histórico […] Ignorar esto, o simplemente aceptarlo sin más, es un signo de ciega ingenuidad más que de sabiduría intelectual y se hace por cuenta y riesgo de la Iglesia»[6].

VanDoodewaard es profesor de Historia de la Iglesia y Teología Histórica en el Puritan Reformed Theological Seminary (Grand Rapids, Michigan), e investigador visitante en la Escuela de Historia y Antropología de la Queen’s University de Belfast (Irlanda del Norte). Su estudio sobre la búsqueda del Adán histórico es un recurso muy valioso para los pastores y profesores que quieran ponerse al día con la teología histórica que hay detrás de esta discusión y para obtener una rápida comprensión de la situación teológica actual. VanDoodewaard hace un recorrido por la historia para presentarnos lo que se ha pensado de Adán en las distintas épocas: en la Patrística, Reforma y Post-Reforma, Ilustración, siglo XIX y principios del XX y finalmente desde el año 1950 al presente. El autor se ha molestado en registrar las opiniones de tantos autores a lo largo de los siglos, porque considera que la historiografía dominante ignora esa larga línea de teólogos, exegetas y pensadores que interpretaron Génesis 1-5 como historia literal[7]. Todos ellos son testigos de una larga cadena que interpretaba los primeros capítulos del Génesis como plenamente históricos, e incluso por encima del uso y abuso de motivos tipológicos, siempre mantenía la plena historicidad de la creación especial de la pareja original, Adán y Eva, en una tierra joven [con apariencia madura] sin antepasados evolutivos. Aparte de esta tradición literal es contribuir a la erosión de la inerrancia bíblica que conduce a una pendiente resbaladiza de trágicas consecuencias para la fe.

«En la historia de cada una de las “escuelas” de enfoques alternativos y de las instituciones y denominaciones que les conceden libertad, margen, hay un patrón ininterrumpido de movimiento progresivo, inicialmente alejado de la tradición literal de Génesis 1, luego alejado del Adán y Eva de la tradición literal hacia un Adán evolucionado, y luego hacia ningún Adán y Eva reconocibles o existentes. Ha habido excepciones e inversiones en esta tendencia, pero son raras»[8].

  ¿Qué entiende VanDoodewaard por sentido literal? Aplicado a Gn 1-2 significa que el relato genesíaco debe interpretarse «como un registro histórico no figurativo y detallado de los acontecimientos y la existencia narrados tal y como fueron realmente»[9]. Aunque pueden pertenecer a un género literario concreto, estos capítulos no son metafóricos ni míticos, sino claramente históricos y deben interpretarse como tales.  De esto se deduce que Génesis enseña literalmente que Adán fue creado por Dios a partir del polvo físico de la tierra. Fue el primer ser humano.  Se convirtió en un ser vivo cuando Dios le insufló vida. No tenía un padre o una madre biológica, humana, homínida o cualquier otra cosa.  La primera mujer, Eva, fue creada por Dios a partir de una costilla de Adán.  Tampoco tenía padres biológicos. Juntos, fueron los primeros seres humanos y los padres de todos los seres humanos que han vivido desde entonces.

Así que frente a los modelos evolutivos de los orígenes defendidos por autores evangélicos como C.S. Lewis, Derek Kidner, Tim Keller, C. John Collins, Francis Collins, Denis Alexander, Peter Enns, Daniel Harlow y Dennis Lamoureaux, el profesor VanDoodewaard defiende la interpretación cristiana literal y tradicional del Génesis que lo resume de la siguiente manera:

«Dios creó al primer hombre, Adán, del polvo de la tierra, y a la primera mujer, Eva, de la costilla de Adán (Génesis 1:26-31; Génesis 2:7, 18-25). Dios los hizo completos y maduros en su ser, a su imagen, separados y distintos de la creación de los animales, sin ascendencia. Dios hizo esto en un acto creativo divino, sobrenatural e íntimo, en un corto período de tiempo comprendido en parte del sexto día, un día similar en duración a nuestros días. Adán y Eva fueron las creaciones finales y culminantes de Dios, coronando la realización de toda su otra obra creativa. Son los primeros padres de toda la humanidad. Tanto el Génesis (cf. Gn 1-2; 3:20; 5:1-4; 6:6-8; 9:6), como el resto de la Escritura dan testimonio de esta realidad (cf. Ex 20:11; Dt 4:32; 1 Cr 1; Job 10:8, 40:15; Sal 8:5-6, 89:38-48, 104:23-24, 119:73; Ecl 3:19-20, 7:29, 12:1; Is 42:5, 43:6-7; Jr 27:4-5; Ez 28:12-13, 37:4-6; Mal 2:9-10; Mt 19:4-5; Mc 10:6-8; Lc 3:38; Hch 17:23-26; Ro 5:12-15; 1 Co 11:9-12, 15:21-22, 37-39, 45-49; Col 3:9-11; 1 Ti 2:13; St 3:9; Jd 14; Ap 4:11: 10:6)»[10].

VanDoodewaard se detiene en demostrar el consenso histórico reformado presente en todos los teólogos de la Reforma, que perdura hasta los días de Darwin. Entre otros, VanDoodewaard menciona a Juan Calvino, Wolfgang Capito, Girolamo Zanchi, Lambert Daneau, William Perkins, William Ames, Thomas Goodwin, Thomas Manton, John Owen, Bernard Pictet, Herman Witsius y Wilhelmus à Brakel. «Todo lo que contradecía o no coincidía con la lectura literal del texto del Génesis era rechazado como subversivo para la revelación de Dios»[11].

¿Se ha parado a pesar nuestro autor que en las épocas que él estudia en detalle el consenso sobre la historicidad de Adán y Eva era compartido por lo sociedad en general ya que no había ningún motivo, ningún descubrimiento, indicio o teoría alternativa que la pusiera en duda? Así que el “consenso reformado” no tiene ningún mérito, es decir, no es nada extraordinario como voluntad de fidelidad a la literalidad del texto bíblico concerniente a Adán y Eva, es que para ellos no cabía otra alternativa, excepto las ideas que circularon sobre los hombres pre-adanitas.

Y lo mismo ocurría con conceptos o visiones astronómicas que hoy nos parecen, o mejor dicho, sabemos, que estaban equivocados, como el considerar a la Tierra el centro del Universo sobre la cual giraban las estrellas y planetas[12]. De modo que lo que ocurrió desde finales del siglo XIX no fue una «desviación» intencional de la interpretación tradicional del Génesis procedente «de fuentes externas a la Escritura»[13], sino un proceso impuesto desde fuera, ajeno a la hermenéutica bíblica, procedente de los nuevos descubrimientos científicos tocante al origen de la humanidad. Fue lo mismo que ocurrió en el pasado con la teoría heliocéntrica de Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, que desbancó la teoría geocéntrica aplicada a la interpretación bíblica, con la única diferencia que la ciencia relativa al hombre y sus orígenes plantea muchos problemas anejos a la vez. Así que, antes de hablar de una “desviación” hay que preguntarse si los teólogos de la época tenían otra opción o si en proceso traicionaron o se desviaron de la fe. La pregunta es: ¿se pueden ignorar los datos que arrojan los descubrimientos científicos? Sus resultados pueden que obliguen al teólogo y al intelectual cristiano a un trabajoso ejercicio de comprensión lleno de dificultades y problemas en su labor hermenéutica, pero ¿hay otro camino sin caer en el sectarismo?

No, no lo hay. A estas alturas no se puede defender la historicidad de Adán y Eva bajo ningún concepto. No hay que entrar a discutir temas debatibles sobre la evolución humana del primate al hombre, basta con echar un vistazo a la paleoantropología para demostrar sin lugar a dudas que el relato bíblico de Adán y Eva no se corresponden en nada a lo que incontrovertiblemente sabemos del hombre prehistórico. Con eso no afirmamos que la Biblia mienta o caiga en el error, simplemente que Adán figura como un sujeto teológico para explicar la raíz del pecado y del mal en el mundo.

 

Del Homo sapiens cazador al Adán agrario

El autor sagrado nos presenta un Adán creado por Dios y colocado en el jardín del Edén para cuidarlo. Adán, por tanto, es un hombre muy civilizado que domina el arte de jardinería, al igual que sus hijos la ciencia de la agricultura y del pastoreo, oficios del todo imposible si se refieren al primer hombre moderno, el Homo sapiens de hace unos cincuenta mil años, que sobrevivía de todas las maneras posibles menos de la agricultura y de los animales domesticados. Todos los estudios realizados por los antropólogos indican que la agricultura y el pastoreo fueron inventadas por el ser humano hace unos 12000 años; antes de este descubrimiento revolucionario, el hombre vivía de la caza, la pesca, la recolección de frutos secos, y hasta de la carroña, cuando no, directamente, del canibalismo.

«Sabemos que las técnicas agrícolas, incluidos varias plantas y animales domésticos, surgieron a lo largo del Creciente Fértil —Mesopotamia asiática, entre los cursos inferiores de los ríos Tigris y Eúfrates—, sin un centro en particular»[14].

Según parece el arroz se domesticó en China entre 11500 y 6200 años a.C., seguido de otros cereales. Los cerdos fueron domesticados en Mesopotamis hacia 11000 a.C., seguido por las ovejas entre 11000 y 9000 a. C.[15] En las tierras bíblicas, Jericó, la ciudad más antigua del mundo, fue la primera en experimentar la evolución de una economía mesolítica de caza a otra neolítica agraria[16]. El paso de la caza y la recolección nómada a la agricultura sedentaria fue uno de los cambios comportamentales más importantes desde la aparición de los humanos, pero de esto no nos dice nada la Biblia, ya que el autor del Génesis no es un historiador, sino un teólogo.

Por si alguno duda que los individuos Homo sapiens que vivieron de forma tan primitiva antes de la agricultura y la ganadería eran plena y auténticamente humanos, tenemos que recordar que nos han dejado múltiples testimonios de una elevada inteligencia y hasta de espiritualidad muy afín a la nuestra, el arte rupestre y el enterramiento de sus difuntos. En todo el planeta hay vestigios más que suficientes para convencer al más incrédulo. Aquellos hombres primitivos eran seres inteligentes que a lo largo de milenios fueron perfeccionando sus armas de caza y su arte pictórico, dejando obras que todavía maravillan a los que las contemplan, hasta el punto que al principio los académicos se negaron a creer que sus autores  fueron seres primitivos, y lo atribuyeron a la falsificación moderna, como le ocurrió al español Marcelino Sanz de Sautuola, el descubridor las primeras pinturas rupestres (1879). La comunidad científica se negó en un principio a reconocer su autenticidad, pues se consideraba que este tipo de representaciones no correspondían con la primitiva capacidad técnica y mental que, se creía, poseía la sociedad prehistórica. Sin embargo, este panorama cambiaría totalmente gracias a posteriores hallazgos de otros sitios rupestres en España y Francia. A partir de entonces, la comunidad científica no ha descansado en la búsqueda y el estudio de manifestaciones rupestres alrededor del mundo: Argelia, Argentina, Colombia, Libia, Perú, Noruega, China, Australia… La antigüedad del arte prehistórico se remonta entre veinte y cuarenta mil años[17].

 

 

 

 

 

Localización de algunos sitios de arte rupestre en el mundo.

 

A la luz de estos y otros datos, es evidente que el “Adán” de la prehistoria no puede ser el Adán de la Biblia. Casi 40.000 años lo separan del Homo sapiens, con una larga historia de cacerías y lentos avances técnicos. De aquí se deduce con toda claridad que la Biblia no nos ofrece una historia científica de cómo fueron los primeros humanos, sino una historia religiosa, motivada por intereses teológicos.

A la luz de la ciencia no hay ningún reparo en reconocer un Adán y una Eva genéticos, de los que todos descendemos.  Una parte especial del ADN, tanto de hombres como mujeres, el mitocondrial, tiene la extraña propiedad de heredarse siempre de la madre; de hecho esta parte del ADN es una rareza remanente del importantísimo momento de nuestra lejana historia en que absorbimos a bacterias dentro de nuestras células, para ser una sola cosa desde entonces. Por lo tanto, los científicos pueden analizar el ADN de poblaciones actuales de las cuatro esquinas del mundo y, comparando sus cromosomas Y, y su ADN mitocondrial, concluir que todos los humanos modernos son descendientes de una sola mujer que vivió hace unos 100.000 años, de ahí que a esa mujer se conozca como la Eva mitocondrial[18]. Todas estas cuestiones que ocupan la atención y estudio de los científicos —y sobre el que queda mucho estudiar—, no pueden ser parte de los teólogos cuyo fin y propósito es enlazar al ser humano, varón y hembra, con su Creador y comprender el tipo que relación mantenido entre ambos. El lenguaje de la Biblia, a diferencia del de la ciencia, está lleno de metáforas y nos muestra un Adán sacado del polvo de la tierra por Dios, ante el cual se encuentra desde el principio en una relación de obediencia y responsabilidad.

«Las reconstrucciones científicas, hilvanando los datos científicos cambian constantemente, por lo que no es demasiado interesante precipitar síntesis o forzar concordismos, por más que haya posiciones científicas particularmente interesantes. Basta advertir que se trata de lenguajes compatibles. La tradición cristiana considera compatible con su fe que el cuerpo humano proceda de la evolución. Piensa, en cambio, que la singularidad del espíritu humano tiene que venir de Dios»[19].

Seguiremos.


[1] Hans Madueme, “Adam and Eve: ¿Un impasse evangélico?”, Christian Scholar’s Review 45/2 (2016), 165-183.

[2] Véase A. Ropero, El caso de Peter Enns. El conflicto de la inerrancia bíblica, https://www.lupaprotestante.com/el-caso-de-peter-enns-el-conflicto-de-la-inerrancia-biblica-alfonso-ropero/

[3] B. Withrow y M. Wecker, Consider No Evil: Two Faith Traditions and the Problem of Academic Freedom in Religious Higher Education, p. 150. Wipf & Stock, Eugene 2014.

[4] General Assembly of the Orthodox Presbyterian Church, Report of the Committee to Study the Views of Creation, Prefacio 7. Año 2004.

[5] R. Spaemann, El rumor inmortal. La cuestión sobre Dios y la ilusión de la Modernidad, p. 13. Rialp, Madrid 2010.

[6] W. VanDoodewaard, The Quest for the Historical Adam: Genesis, Hermeneutics, and Human Origins, p. 279. Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2015.

[7] VanDoodewaard, The Quest for the Historical Adam, p. 8.

[8] VanDoodewaard, The Quest for the Historical Adam, p. 279.

[9] VanDoodewaard, The Quest for the Historical Adam, p. 6.

[10] En la misma línea se manifiestan J.P. Versteeg, Adam in the New Testament (P & R Publishing, Phillipsburg 2012); Richard Phillips, ed., God, Adam and You: Biblical Creation Defended and Applied (P & R Publishing, Phillipsburg 2015); J.P. Moreland, ed., Theistic Evolution: A Scientific, Theological, and Philosophical Critique (Crossway, Wheaton 2017).

[11] VanDoodewaard, The Quest for the Historical Adam, p. 86.

[12] Véase A. Ropero, La ciencia moderna y la inerrancia bíblica. Copérnico, Lutero, Calvino. https://www.lupaprotestante.com/la-ciencia-moderna-y-la-inerrancia-biblica-copernico-lutero-y-calvino-alfonso-ropero/

[13] VanDoodewaard, The Quest for the Historical Adam, p. 277.

[14] Mark Thomas, Science, 7-2016.

[15] D.R. Harris, ed., The Origins and Spread of Agriculture and Pastoralism in Eurasia (UCL Books, Londres 1996); T. D. Price y A. Gebauer, eds., Last Hunters – First Farmers: New Perspectives on the Prehistoric Transition to Agriculture (School of American Research Press, 1995); Charles B. Heiser, Seed to Civilization: The Story of Food (W.H.Freeman & Co. Ltd 1981).

[16] Véase Jacquetta Hawkes y Leonard Woolley, “Prehistoria”, en UNESCO, Historia de la Humanidad, vol. 1, pp. 195-198. Planeta, Barcelona 1977.

[17] Recientemente la revista Science Advance publicó un reportaje sobre la cueva de Leang Tedongnge, situada en el sur de la isla de Célebes (en indonesio, Sulawesi), que alberga la pintura rupestre más antigua realizada por Homo sapiens que se ha descubierto hasta la fecha: habría sido pintada hace unos 45.500 años, según las dataciones por uranio. Representa a un jabalí verrugoso de Célebes (Sus celebensis), un animal autóctono de la isla, y forma parte de un grupo de 73 figuras (Science Advance, “Oldest cave art found in Sulawesi”, vol. 7, n. 3, Enero 2021. https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abd4648

[18] Lee R. Berger y Brett Hilton-Barber, Tras las huellas de Eva. El misterio de los orígenes de la humanidad. Ediciones B, Barcelona 2001.

[19] Juan Luis Lorda, Antropología bíblica, p. 62. Palabra, Madrid 2005.

Alfonso Ropero Berzosa

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